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203 años de independencia

A lo largo del año hemos comentado y analizado, a manera de prospectiva, la necesidad de impulsar las reformas estructurales como un sustento de la transformación nacional. Hoy que nos encontramos en medio de las turbulencias propias del viaje, vale la pena reflexionar sobre la trascendencia del momento histórico que vivimos.

Desde 1997, en que por primera vez no hubo una bancada que tuviera mayoría en la Cámara de diputados, el país cayó en un detente legislativo que paralizó el avance de propuestas e iniciativas reformadoras. Cada intento de los partidos y del gobernante en turno se tornó en encarnizadas batallas, que detuvieron el crecimiento económico y desarrollo nacional.

En consecuencia, cada presidente estuvo muy consciente en su momento de lo que se tenía que hacer, tal vez con un modo y forma diferente, pero al final se encontró con Congresos fragmentados y poco proclives a negociar y llegar a los acuerdos necesarios para impulsar reformas hacendarias profundas y que propiciaran cambios sistémicos en las estructuras nacionales. De igual forma, se abortaron los intentos para reestructurar Pemex, lográndose sólo modificaciones a medias, que no resolvieron los problemas de fondo de la industria energética.

Esa tremenda realidad llevó al país a una parálisis, que sumado a los demás temas definitorios, como el bajo nivel educativo del mexicano y la deficiencia en la calidad del sistema educativo, han relegado a nuestro México ante los demás países en indicadores que se resumen en bajo crecimiento, poca productividad, aumento de la pobreza y una asfixiante desigualdad social.

Muy fácil transitar en un escenario de seguir administrando la mediocridad. Demasiado cómodo entrar en una zona de confort en donde la inercia campeé y haga de lo cotidiano su reino. Dejar pasar y no hacer nada. Heredar un país convulsionado, desanimado y sin expectativas. Ver el cambio como algo necesario pero inalcanzable. Sin embargo, Enrique Peña Nieto, desde su campaña, se propuso dar un golpe de timón para enfrentar este escenario y devolver a los mexicanos la expectativa de creer en un mejor futuro.

En esta colaboración semanal, hemos revisado uno a uno de los temas estructurales, antes del 1 de diciembre y posterior a éste, analizamos la importancia específica de ellos y el gran valor de alcanzar el total de las transformaciones propuestas. Hemos revisado que el gran ariete para derrumbar las paredes de la intransigencia se llama Pacto por México, y que hoy está sometido a un presión extrema, pero de la cual, va saliendo avante.

Resultados: existe ya un nuevo marco legal para la educación nacional. Hay un andamiaje renovado para el sector de telecomunicaciones, y va viento en popa la reforma financiera. Es decir, es sustancial el avance logrado. Pero entramos al ojo del huracán, con la discusión en materia hacendaria y energética, como las joyas de la corona.

Es sabido que ningún tipo de modificación fiscal deja contento a todos los sectores sociales. En ningún país del mundo se da la unanimidad en estos temas, por eso cualquiera que hubiera sido la propuesta gubernamental en este sentido, daría como resultado inconformidades de algún sector.

Pero, sin ser populista, la iniciativa de Peña Nieto y el paquete económico en su conjunto que se presentó a la Cámara de Diputados, va encaminado a cumplir uno de sus principales compromisos, lograr mejorar el ingreso de las familias, es decir, alcanzar una real mejoría económica y social para los amplios sectores del pueblo mexicano, que para eso sirva el presupuesto público y las políticas gubernamentales y no sólo para cuidar las cifras macroeconómicas, por tanto, Peña Nieto está siendo congruente con sus propuestas y planteamientos y en un escenario adverso hizo lo que tenía que hacer, apostar por las mayorías en un acto de justicia social redistributiva.

Sólo eso.

Ahora bien, si en la etapa de negociaciones se alcanzan consensos, el paquete presentado podría presentar modificaciones, caso el IVA para colegiaturas, que nos habla de la misma congruencia para alcanzar acuerdos con los grupos parlamentarios. Con firmeza, decisión e inteligencia, el gobierno de la República va avanzando en el momento histórico de México.

octubre 1, 2013 - 12:35 am
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Por: Juan Carlos Lastiri

Columnistas