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Abordaje

No sé qué tienen los aeropuertos, o las eternas esperas en ellos, pero estar sentado, varado, rodeado de cientos de seres que transitan hacia destinos desconocidos, lo ponen a uno a filosofar.

Recuerdo un espléndido texto de mi querida Natalia Herranz, publicado en Comouno.tv hace ya varios ayeres. Desde la incómoda silla de un aeropuerto hizo un magnífico recorrido hacia atrás y hacia adelante de su vida.

No es mi intención emularla. No podría ni acercarme a su excelsa reflexión. Pero sí quiero poner en palabras algunas de las cosas que pienso en esta ociosa espera viajera.

Todos tenemos un punto de partida y desde ahí anhelamos llegar a un destino por muy diferentes razones. Algunos saben exactamente por qué quieren llegar ahí, muy pocos saben realmente para qué lo desean. La mayoría no sabemos ni lo uno, ni lo otro.

Algunos viajan acompañados, otros lo hacen solos. De esos acompañados, hay algunos que se sienten solos, a pesar de la presencia que tienen a su lado. De aquellos que lo hacen solos, hay un tanto que se sabe profundamente acompañado, desde la distancia.

Hay quienes se resisten a viajar, y quienes desesperadamente anhelan hacerlo. Están los que viajan con la alegría de la ilusión, y los que emprenden el camino con la añoranza de lo que dejan atrás.

Hoy, en esta momentánea y obligada pausa, observo varios caminos frente a mí. Floto en un halo intemporal, en el que pienso lo complicado que ha sido este año, lleno de drásticos cambios, de muchas decisiones -algunas meditadas, otras abruptas-, de sentimientos encontrados, de incertidumbre, de impotencia, de incredulidad, de desesperación, de temor, de angustia; pero también de grandes ganas de no claudicar, de emprender, de reinventar, de vivir nuevos comienzos, de seguir disfrutando intensamente la vida, de corresponder a mis ángeles terrenales -antigüos y nuevos- que me han sostenido, protegido, impulsado y alentado.

Más que nunca valoro la lealtad, honro la amistad, bendigo a quienes se alejaron y amo a los que están a mi lado. Sí, bendigo a quienes se fueron y les agradezco todo lo que recibí de ellos. Sí, amo profundamente a esas personas que decidieron seguir/estar/llegar a mi lado y acompañarme en este nuevo viaje por destinos compartidos.

Amo infinitamente a mis padres. Amo inmensamente a mis hijas. Amo eternamente a mis hermanos. Amo agradecidamente a mis amigos. Amo ilusionado a mi Puebla. Amo esperanzado a mi México. Amo entusiasmadamente a la vida. Amo ilimitadamente a mi Dios.

Con todos ellos estoy agradecido y comprometido. Hoy viajo por un objetivo muy claro. El lunes lo haré por otro largamente anhelado. A finales de enero viajaré con toda la fe de seguir acompañado por mis dos más grandes motivos.

Cuál será el resultado de esos viajes. No lo sé. Francamente lo desconozco.

Lo que sí sé es que quiero viajar. De ida, y en ocasiones de vuelta. Con rumbo, y a veces sin él. Caminando, corriendo o volando. Con paciencia ante las pausas y eventualidades. Con fe ante la incertidumbre.

Quiero viajar ligero. Sin cargas, ni apegos. Quiero viajar siempre acompañado, ya sea con la presencia física o emocional de mis seres amados. Quiero viajar dejando huella de amor.

Parece que la neblina se disipa. Es hora del abordaje. Creo…

diciembre 14, 2016 - 10:43 am
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Por: Carlos Palafox

Columnistas