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¡Adiós Chespirito!

Debo confesar que sigo en estado de shock.
No lo quiero creer. Me niego a creerlo.
La muerte de Roberto Gómez Bolaños ‘Chespirito’ el pasado viernes 28 de noviembre me ha ido cayendo lentamente.
Como muchos mexicanos, yo sabía que el final estaba cercano y que llegaría en cualquier momento. Como muchos mexicanos sabía que Chespirito no sería eterno, al menos físicamente.
De su carrera profesional y personal hemos escuchado todo durante este fin de semana. Pero tengo que hablar, si me permite el atrevimiento, en primera persona de lo que representó Chespirito en mi vida.
Le puedo decir que fue mi primer ídolo. Que esperaba con ansia los lunes y miércoles para ver los capítulos de ‘El Chavo del Ocho’ y ‘El Chapulín Colorado’, respectivamente. Que con cartulinas hice mi vecindad del Chavo y mis propios personajes y con una cámara Fisher-Price hacía, desde mi escritorio, el programa que se transmitía en ese momento por televisión, la magia ocurría en mi propio cuarto y en mi propio escritorio.
Recuerdo que lloré cuando, por alguna razón, en 1979 dejó de transmitirse los miércoles ‘El Chapulín Colorado’ para dar paso a ‘La Chicharra’… estaba yo en primaria. Nunca entendí la razón, era mi héroe y de momento salía del aire. Recuerdo la despedida de Chespirito en el último programa de ‘El Chapulín’ diciendo que había que dar paso a nuevas cosas y que el show tenía que seguir.
Recuerdo que cuando era un niño todo el elenco del programa visitó Córdoba, Veracruz y abarrotaron el estadio de béisbol, yo estaba muy cerca del escenario y verlos a todos de cerca… fue mágico.
Recuerdo los álbumes de estampitas, los cómics semanales, los muñecos de plástico que metía a la lavadora y las horas y horas que pasé frente al televisor en compañía de todos los personajes.
Sus programas para mí, fueron diversión, risas, compañía, entretenimiento, ilusión y magia. No puedo asegurarlo pero quizá me dediqué a la televisión por esa semilla que ‘El Chavo del 8’ sembró en mí. Por esos juegos de la tele en mi escritorio, por querer saber si dentro del barril del Chavo había un elevador y si abajo estaba su cama y su cocina.
‘Chespirito’ marcó mi infancia y adolescencia, de eso no me cabe duda. Tuve la oportunidad de entrevistarlo dos veces. La primera en el Teatro Principal cuando vino con la obra ‘Once y Doce’ y la segunda en 1995 cuando dejó de transmitirse al aire su programa semanal. En ambas ocasiones me trató como si fuéramos amigos de toda la vida. Calmó mis nervios con una sonrisa y se mostró humano al pedirme que me sentara a su lado derecho pues del izquierdo no escuchaba muy bien del todo. De nuevo, un par de momentos mágicos.
Hoy su presencia física ya no está más con nosotros. Me queda la certeza de que sus programas quedarán para seguirse transmitiendo siempre, pero lo que me queda en el corazón es la magia que provocó en tantos instantes que marcaron mi vida.
Descansa en paz, Chespirito… y ¡GRACIAS POR LA MAGIA!

@GilbertoBrenis

diciembre 1, 2014 - 4:05 pm
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Por: Gilberto Brenis

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