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El cártel siempre es el cártel

Tres ejes marcaron el registro de Genoveva Huerta a la dirigencia estatal de PAN:
Violencia de género, delincuencia organizada y corrupción.

Al amparo de un violentador como Inés Saturnino, con el cobijo del cártel de Los Valencia de la Sierra Norte y de los cotos de poder de los que saquearon a Puebla como Jorge Aguilar Chedraui y Pablo Rodríguez Regordosa, la diputada federal con licencia usó la misma estrategia de los tiempos morenovallistas: Acarreo, cooptación a militantes y el uso de la granja de bots para su posicionamiento en redes sociales.

En el panismo poblano no sólo hay fracturas y enfrentamiento que se antojan irreconciliables. También encontramos la resistencia obsesiva de una camarilla de sobrevivientes del morenovallismo, para mantener el control de un partido disminuido y sin la fortaleza de otros tiempos, incluso, de aquellos que este grupo se resiste a soltar.

Lo que hoy vemos es una caricatura forjada a la sazón de los viejos tiempos de un PAN operado por los dedos de Rafael Moreno Valle quien desde el puntal del poder, movía a su antojo al neopanismo forjado de las divisiones internas alentadas por el propio mandatario.

Puebla suele padecer amnesia crónica cuando de gobernantes se trata. Sin embargo, no se olvida que el sello morenovallista fue la corrupción y abuso de poder perpetrado por un personaje que se apreciaba obsesionado por ser un “Tiberio” quien gozaba con la humillación de sus propios aliados.

Puebla padeció la persecución, la violencia electoral, las imposiciones, el florecimiento de los negocios personales a gran escala, el lavado de dinero y el espionaje.

Esta es la Puebla que se le olvida a la hoy candidata a la dirigencia estatal del PAN, Genoveva Huerta a la hora de ensalzar la época morenovallista como una etapa “dorada” en el estado.

La camarilla de Genoveva es apenas una débil caricatura de los viejos tiempos.

Muchos de estos personajes que se aferran al blanquiazul, fueron humillados y minimizados por su entonces Mesías al que hoy casi canonizan.

Las redes de tráfico de influencias marcaron a esa Puebla plagada de autoritarismo y corrupción.

Hoy a Genoveva Huerta se le olvida el nombre de Eukid Castañón y cuántas veces recibió regaños del presidiario.

Jorge Aguilar Chedraui y el inicio de sus grandes negocios a partir de su paso por la Secretaría de Salud.

Los vasallos de todo momento y en toda posición como Jesús Giles y Sandra Izcoa.
Y muchos nombres que siguen agarrados de un panismo reinventado a la sazón de la ambición y las ganas de quedarse con la mejor repartición.

Así entonces, el PAN en Puebla se alista a ser un cuartel de la dádiva, el intento de fraude y la compra de votos.

El cártel siempre es el cártel.

@rubysoriano @alquimiapoder

El botín político de “Grace”

La visita a Puebla del Presidente Andrés Manuel López Obrador expuso la historia transexenal que se vive al margen de quienes resultan ser damnificados en una tragedia climática.

Muchos elegirán hablar de los espaldarazos y halagos entre Presidente y Gobernador, o bien centrarse en los gritos de inconformidad de quienes intentaron reventar la reunión de evaluación de daños y ayuda para los damnificados del huracán Grace.

Lo que fue visible es el manejo caótico que se sigue haciendo de los programas populares, utilizados como el gran botín político para que gobiernos y algunos personajes de las aldeas pueblerinas los manipulen y esos apoyos lleguen a veces a quienes ni siquiera son afectados, pero políticamente representan votos o capitalización.

Es verdad que el Presidente mostró las tablas al controlar y manejar una situación de airada protesta, para dar paso a las promesas de garantizar que la ayuda llegue de forma correcta a quienes se registraron en los padrones y no han recibido respuesta.

Está claro que falló la logística de una Secretaría de Bienestar donde lo que menos se ha visto en los últimos tiempos, es organización y trabajo. Digamos que todo esto refleja el tiradero que dejó Rodrigo Abdala, el sobrino de la hoy “Pandora-Papers” Julia Abdala, pareja del director de la CFE, Manuel Bartlett.

Sin embargo, también al Gobierno del Estado hay que pasarle la factura en lo que le corresponde.

Es verdad que el Presidente AMLO destacó la coordinación con el Gobernador Barbosa, a quien también balconeó al citar que fue el mandatario estatal quien le dijo que Puebla “se hacía cargo” y controlaba la situación.

Pues ya se vio que no fue así, una vez que ahí estuvieron decenas de afectados que a la fecha no han recibido respuesta alguna para resarcir sus pérdidas.

Ni el Presidente ni el Gobernador parecen haber medido la efectividad de los funcionarios involucrados en la responsabilidad de los programas sociales, pues al menos en Puebla, se exhibió la ineficacia a la hora de responder a las demandas de le gente golpeada por fenómenos meteorológicos.

Resulta casi un milagro solicitar a las esferas políticas y gubernamentales que dejen de convertir en botines políticos a las Secretarías de Bienestar donde los padrones de beneficiarios siguen siendo manipulados de acuerdo a los grupos, los gustos, la tendencia y el color en turno.

La pobreza y la desgracia son la dupla que se sigue administrando como ejes de las políticas públicas en las Secretarías Federal y Estatal del Bienestar, las que están para acercar y facilitar apoyos a quienes realmente lo requieran.

Los subsidios gubernamentales siguen siendo el arma de doble filo para ventilar la delgada línea que puede existir entre acercar apoyos y condicionarlos de acuerdo al momento y quienes operan los mismos.

Los ecos del “Huracán Grace” pudieron ser más recios en los reclamos, pero digamos que esta vez Presidente y Gobernador, la libraron. No así, la ineptitud de sus funcionarios que no midieron el poder de la protesta a la hora de ventilar las realidades.

@rubysoriano @alquimiapoder

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El riesgo de doblar las autonomías

La autonomía es una palabra que de pronto me empieza a preocupar, en muchos sentidos, en varias direcciones y con varios dilemas.

¿Dónde inicia y dónde termina la autonomía de un gobierno, de una Suprema Corte de Justicia, de una universidad, de un organismo para la transparencia, de un Congreso, de un partido político, de un medio de comunicación?

La autonomía de decidir, de elegir, de ejercer, de sentenciar, de dar a conocer, de transparentar, nos obliga a un análisis agudo sobre esas independencias que se pueden ver amenazadas cuando actores políticos y sociales se doblan frente a decisiones o imposiciones del máximo poder o poderes.

Desde la cúpula del ejercicio piramidal de gobierno, vemos a un Presidente como Andrés Manuel López Obrador acostumbrado a desafiar esas autonomías que no se alinean a sus mensajes.

Ahí tenemos los emplazamientos hechos al INE, al IFAI, a los medios de comunicación, por mencionar algunos.

Pero estas autonomías se ven resquebrajadas cuando se invade la vida institucional de una universidad, o se mete la mano de un gobierno en otro, como para dar líneas y anuencias.

La autonomía en los partidos políticos hoy luce más debilitada que de costumbre.

Los enfrentamientos y las vendettas internas, la ambición de dirigentes para perpetuarse en el poder, la sumisión de organismos estatales electorales, los compromisos en el poder judicial ponen el dedo en la llaga y nos obligan a replantear si realmente se ejercen esas autonomías cada vez más invadidas o ausentes en diferentes órdenes de gobernanza, ejercicio institucional, político y social.

Ojalá tengamos a gobiernos con la libertad de elegir, ejercer, desafiar, no imponer y defender.

Es muy delgadita la línea que puede señalar a un gobernante como sumiso frente a otro.

La política se construye de acuerdos, es cierto.
Pero la democracia no obliga a que esos acuerdos sean mandato en gobiernos o instituciones de la vida pública.

Cuánto trabajo nos cuesta en el país y en Puebla defender autonomías sin color, partido o padrinos.

La intromisión a las autonomías es como una plaga recurrente donde se pierde la perspectiva de la sumisión.

A los políticos no sólo hay que decirles lo que odian escuchar de su consultor: Una imagen genera percepción

Así que esa imagen puede comunicarnos mucho sobre todo cuando se habla de poder, sumisión, manipulación o intromisión.

Gobiernos en funciones, gobiernos entrantes, universidades privadas y públicas, organismos de diferentes órdenes sociales están obligados no sólo a defender su autonomía, sino a ejercerla. Ojalá no corran el riesgo de perderla.

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Los 21 tacones lejanos

Las mujeres tenemos que aprender a fomentar esquemas de sororidad que no estén en función de la lealtad a partidos, bancadas, colores o gobiernos.

En la nueva legislatura local, 21 mujeres ocupan curules en el Congreso del Estado.

Los inicios son buenos para replantear la nueva narrativa que estas mujeres nos pueden ofrecer a las poblanas, desde la responsabilidad conferida.

Y es que no es sencillo cambiar los viejos modos de un congreso local donde falta mucho para lograr espacios y decisiones a cargo de mujeres.

No es sólo ser parte de una mesa directiva o presidir una junta de gobierno en la que ni siquiera tienen la voz de mando; es lograr conjuntar decisiones que realmente reflejen cambios en una sociedad.

Las mujeres tenemos que aprender a exigir a aquellas que están en la primera línea de fuego.

A las señoras diputadas hay que recordarles que legislar no es subir al pleno, leer dos cuartillas, proponer ocurrencias sin trasfondo social y luego posar para sus redes sociales contabilizando esa participación como todo un logro, cuando muchas de esas iniciativas o si acaso puntos de acuerdo, no verán la luz, porque terminarán en la congeladora.

Las poblanas necesitamos 21 mujeres aguerridas no sólo con sus opositores, sino con sus propios coordinadores y partidos, para realizar un cabildeo que libere de vetos, rechazos o ignorancia, la urgencia de contar con una verdadera agenda de género desde el congreso del estado.

Hay muchos rostros, encuadres, tendencias y luchas que se aprecian en las 21 diputadas que hoy conforman el poder legislativo en Puebla.

Esperamos ver a una Mónica Rodríguez Della Vecchia más revolucionada no sólo con sus compromisos dogmáticos, sino también con la apertura que implica el trabajo con mujeres.

Esperamos que Laura Zapata ahora sí abandere la defensa de las mujeres y no repita aquel capítulo negro cuando con tibieza sólo aprobó la suspensión temporal del deleznable prófugo de la justicia Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre.

Esperamos que Nora Merino no sólo nos diga que es la gran Presidenta de la Mesa Directiva, cuando sabemos que no toma decisiones, sino sólo toma “anotaciones”.

Esperamos que la diputada Isabel Merlo desetiquete su oficialismo y abone a una agenda para las poblanas.

Esperamos que la diputada Guadalupe Leal trabaje sin estridencias y opere no sólo con voz, sino también con voto a favor de las mujeres.

Esperamos que Ruth Zárate ahora que estrenó su camiseta de morenista y “amlover”, siga denunciando la violencia política de género como lo hizo contra Inés Saturnino y no sólo vaya en busca de nuevos huesos políticos.

Esperamos que Tonantzin Fernández no sólo se la pase peleando en tribunales y nos haga ver su rentabilidad legislativa.

Esperamos que el buen trabajo y continuidad de Olga Romero Garci Crespo abonen a las mujeres de una importante región como es Tehuacán.

Esperamos en los nuevos rostros ver agallas y empoderamiento así como se advierte en el de Mónica Silva, una mujer que conoce a conciencia los temas que nos interesan ver y escuchar en las agendas de género con estructura, conocimiento y congruencia.

Esperamos que con la frescura de nuevas ideas, Aurora Sierra y Daniela Mier sorprendan con un trabajo contundente y no sólo de bisutería política.

Que la nueva narrativa de este naciente congreso poblano cambie la forma de plantear y hacer política legislativa, donde se priorice esa agenda de género que hasta ahora se minimiza y politiza, desdibujando la función de las propias diputadas.

En Puebla nos mereceremos una nueva generación de voces femeninas no sólo aprobando, sino peleando una batalla en común y plural.

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Foto: Es Imagen / Daniel Casas

Historias que no se cuentan

Hace cinco días, la Suprema Corte de Justicia de la Nación sentó un precedente que determinará cambios sustanciales en un México evolutivo que urgía lo que por unanimidad de votos determinaron los magistrados: Despenalizar el aborto en el país.

No pretendo uniformar opiniones en un tema que divide y provoca aún en estos tiempos, enfrentamientos estériles, basados en el extremismo de opositores y de defensores del tema.

Resulta fuera de un raciocinio lógico estar en contra de la vida. Sin embargo, la interrupción de un embarazo es una decisión personal que no debe dar pie a la criminalización de las mujeres que así lo decidan.

No es sencillo mirar desde los ojos de aquellas que han tomado una dura determinación.

Respaldo la decisión de la Corte, porque pienso en muchos escenarios cercanos y lejanos que se platican en voz baja o deciden no contarse.

En esta profesión periodística, se puede tener la oportunidad de encontrarse con mujeres que son o fueron víctimas de su propio destino por el temor a ser estigmatizadas frente a una sociedad que juzga la forma, pero omite mirar el fondo.

¿Por qué tenemos que condenar o criminalizar a cientos de niñas, adolescentes, incluso mujeres que en el seno de sus propias familias son abusadas por padres, hermanos o parientes muy cercanos? ¿Acaso la atrocidad de esas vejaciones tiene que obligarlas a la resignación de aceptar un embarazo?

Cuántas mujeres enfrentan la violencia doméstica no sólo con golpes, sino también con los abusos físicos y sexuales de un marido que las embaraza para reafirmar su control y maltrato.

Cuántas jóvenes y adolescentes son víctimas de violaciones como resultado de un asalto, secuestro y una serie de delitos que llegan esporádicamente.

Qué hay de las mujeres que teniendo una relación sentimental estable se embarazan y deciden que no es el momento para ser madres.

Y están aquellas que en el silencio más ominoso habitan las zonas indígenas del país, donde ser madre es ya una condena al cumplir apenas 12 años.
Quién se atreve a vivir el desasosiego de las que en el silencio, la clandestinidad y la orfandad toman la difícil decisión exponiendo su vida para evitar la cárcel y la estigmatización social.

La decisión de concebir o no, es personal. Nadie tiene derecho a ejercer sobre la voluntad de una mujer, la amenaza para obligarla a resignarse a un destino que no eligió.

¿Cuántas familias de esta “bienhechora” sociedad poblanísima conocen bien el tema desde la óptica de los viajes a Estados Unidos, hasta donde han llevado a sus críos para la interrupción de embarazos?

¿Acaso la estigmatización sólo vale en México y cuando viajan al otro lado, se les olvidan sus tabúes?

¿Qué hay de las mujeres que están en prisiones purgando condenas por abortar aun cuando ellas fueron violentadas?

¿Quién recuerda a las que han muerto en condiciones extremas por acudir a lugares insalubres y sin garantías médicas?

Lo votado por la Corte es una señal de la madurez de una sociedad obligada a reconocer la diversidad de decisiones y el respeto a la integridad de las mujeres.

En unos días rendirá protesta la nueva legislatura local y mediremos el “tamaño” de las y los diputados, en este tema.

Los congresos locales deberán armonizar códigos y leyes para estar ad hoc con los nuevos cambios.

Urge que el tema sea visto con la madurez de respetar la diversidad de posturas que seguirán fluyendo, pero que de ninguna manera obligan a una sociedad a pensar de la misma manera.

Como sociedad tenemos que aplicarnos en mejorar la educación sexual, el correcto uso de anticonceptivos y conocer lo que representa hoy, un aborto legal.

Que las mujeres reivindiquen sus derechos y asuman con madurez esta libertad sin criminalización para decidir sobre su cuerpo.

@rubysoriano
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Foto: Es Imagen / Archivo

Tiempos violentos

Nuestra querida Puebla no está en paz. Y no lo está, porque es evidente la ola de ejecuciones, levantones, desapariciones y violencia criminal que se palpa, se respira en diferentes zonas de la entidad.

Decapitados, encobijados, feminicidios, violencia que está ahí para palpar el clima de inestabilidad en la seguridad pública, resultado de los efectos colaterales que se dan con la expansión y reacomodo de las organizaciones criminales.

Poco se aborda el tema, quizá se deja en mención sin profundizar.
Sin embargo, Puebla no sólo alberga a los llamados cabecillas del huachicol, no claro que no.

Hoy podemos sentir y palpar que son otros los signos de violencia que se viven no sólo en la capital. Basta mirar hacia la zona de Tehuacán donde los secuestros y desapariciones están a la orden del día.

En la sierra norte de Puebla los asaltos a mano armada están muy bien documentados por los habitantes de varios municipios.

En la mixteca las ejecuciones están ahí como señal de la conexión con otros territorios.

Reitero, poca es la información oficial que circula en torno a los grupos delincuenciales que han sentado sus bases en puntos de nuestra entidad.

Bien valdría la pena esperar que los hombres del gobernador como el Secretario de Seguridad Pública, Rogelio López Maya y el mismísimo fiscal, Gilberto Higuera Bernal nos permitieran conocer la radiografía delincuencial que tenemos en el estado.

Muchas son las señales que desde hace tiempo indican que, “esta plaza” está en combate.

Ignorar la durísima transformación de Puebla, sólo es evadir la realidad que se documenta diariamente no sólo en los medios de comunicación, sino en la voz y el testimonio ciudadano.

No es sólo señalar la violencia como dato duro de la problemática social, es mirar todas las vertientes que con ella nos conducen a otros caminos de la criminalidad.
Narcomenudeo, trata de personas, redes de secuestros y el surgimiento de esos minilaboratorios de fentanilo, el nuevo oro maldito en el mundo de los estupefacientes.

¿Cuándo nos podrán detallar las autoridades estatales en cuántas vecindades de esta Puebla capital operan laboratorios clandestinos donde se “cocinan” los nuevos psitrópicos?

Esta realidad letal de hoy, nos lleva a la amargura de mirar en nuestros días a la Puebla con sus nuevos tiempos violentos.

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El cadáver exquisito

El poder es tan efímero que destrona, destroza y olvida en cuestión de segundos a aquellos que estuvieron a punto de, a casi nada de, a un centímetro de ser.

Ahí donde gestó sus fidelidades, en las entrañas de Morena es donde le dieron no una, sino varias estocadas, a quien hasta hace unos meses sentía tocar las nuevas mieles del edén poblano.

A Gabriel Biestro le duró muy poquito la aventura y el sueño propio de los delfines que se sienten tener el pase de picaporte y la venia de las cargadas izquierdistas, las mismas que le voltearon la espalda para repetirle no una, sino varias veces lo que se le dijo públicamente; a él no le alcanzaba con su hechiza ciudadanía poblana y su flamante presidencia en el Congreso local para arrasar en las urnas.

Hoy Biestro deambula en los traspatios de la política local esperando el rescate tal vez del Partido de Trabajo, sí, el mismo del delincuente Mauricio Toledo.

El ex Presidente de la Junta de Gobierno del Congreso local probó la durísima lección del delfín destronado, a quien se le llenaban la boca y las manos para prometer y dar apoyos en aras de retribuir su campaña que nunca llegó.

Con la soberbia que tanto criticó a su acérrima rival Claudia Rivera, Biestro se cansó de exhibir lo mismito que desde el Congreso toleró y acuñó.

De un zarpazo la política local lo opacó de las filas de aquellos que se perfilan para tener un futuro en la gobernanza poblana.

Y si bien lo rescaten en la filial de Morena, este personaje no tienen mucho que aportar.

En Morena pocos se acuerdan del activismo de un Biestro que al amparo del gobierno en turno, se sintió a un pasito de ser el ungido, espejismo que lo perseguirá por un buen rato, pues las derrotas en política marcan y te exhiben como lo que pudiste ser, pero no eres.

Dicen que los cadáveres exquisitos son el resultado de su propia rapiña, veamos quién se atreve a revivirlos.

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La pequeñez del priismo poblano

Ahí en el priismo poblano se esfumaron las “bufaladas”, “caballadas”, “cargadas”, hoy en el tricolor ya no alcanza ni siquiera para citar las frases que los han colocado en la historia del acarreo y los dedazos.

Y no, no alcanza, porque hoy el Partido Revolucionario Institucional vive momentos de grisácea y mediocre representatividad.

Sin sorpresas, Néstor Camarillo se erige como candidato único a repetir en la representatividad estatal de su partido.

En estos nuevos tiempos del PRI, se siente una decadencia gestada a partir de las deficiencias de una cúpula nacional representada por “Alito” (Alejandro Moreno) quien hace honor a su nombre y cuyo liderazgo sólo ha servido para dividir a un partido y negociar prebendas personales.

En Puebla el caótico PRI refleja a un partido desarticulado y poco identificado con lo que ellos han llamado desde su fundación “bases”.

La gente ha dejado de ver en el priismo a la llamada justicia social, pues sus vengadores se han transformado en rémoras del PAN con quien navegan a buen resguardo, conformándose con pírricas victorias.

Néstor Camarillo no ha logrado consolidar un liderazgo fortalecido que represente la renovación o los nuevos tiempos de un tricolor que tendría que reinventarse para constituirse como una oposición fortalecida y crítica.

Sin una plataforma propia que enuncie temas de interés estatal, la dirigencia del PRI en Puebla seguirá remando no sólo con la corriente y la línea que se dicte desde la curul de Jorge Estefan Chidiac o desde los intereses muy personales de su Presidente Nacional.

Expertos en la formación de cuadros, los priistas en Puebla se han dividido y emigrado sabiendo que en el tricolor como en el juego de las sillas, siempre se sentarán los mismos en los cargos de poder.

Con sólo 21 municipios ganados como fuerza priista, la era de Camarillo se consolida como una presidencia por encargo y muy lejos de reconstruir a partido que se debilita no por sus opositores, sino por la ambición interna de varios sus militantes, quienes siguen utilizando al PRI como oficialía de partes para aterrizar grandes negocios personales que se han quedado en la burbuja cupular.

Frente a este panorama es desalentador en Puebla el futuro del priismo, pues es fácil prever que el tricolor no recuperará sus tiempos de gloria como un partido donde la unidad la presumía no sólo en sus liderazgos, sino con la gente.

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Juanas azules y gandallas

La paridad de género y la violencia política son dos conceptos que tomaron suma relevancia luego de mucho trabajo de mujeres que desde diferentes escenarios, exigieron piso parejo y eliminar la violencia en las prácticas “tradicionales” de esa política fuera de tono.

Pero resulta, que algunas mujeres, vieron en la paridad la oportunidad perfecta para negociar prebendas, candidaturas, reelecciones y enjuagues que difícilmente reivindican la lucha de género.

Y es que un logro consumado por mujeres, se ha convertido en el instrumento usado por el dirigente nacional del Partido Acción Nacional, Marko Cortés, para disfrazar de paridad, lo que en realidad se trata de una desbandada para articular a las “Juanas Azules” que serán utilizadas como “tropa” de primer frente para que el líder nacional de los panistas, busque mantenerse en un puesto donde sólo ha mostrado incapacidad, ineptitud y debilidad para aglutinar a su propia militancia.

La estrategia del “inteligente” dirigente blanquiazul no puede dejar al margen la ambición fraguada en Puebla a través de la dirigencia estatal liderada por Genoveva Huerta, cuyos méritos se los ganó a pulso, como viuda del morenovallismo y vieja aprendiz de las prácticas lascivas donde la imposición de candidaturas y la guerra sucia contra sus opositores, coronaron los triunfos pírricos de un grupo de neopanistas, impulsado por la mujer que como servidumbre de Moreno Valle, llegó sólo para cuidar la puerta y se metió hasta la cocina.

Genoveva suele llenarse la boca y las ganas cuando habla de género, sin embargo, habría que escuchar la voz de mujeres panistas que enfrentaron el bloqueo, la guerra sucia y los golpes bajos de su Presidenta, sólo por oponerse a ser parte de un séquito malsano.

Hoy, esta joyita de la viudez morenovallista, intenta venderle a su militancia un discurso rancio de paridad política de género, cuando ella ha sido una de las principales violentadoras para frenar a sus opositoras.

El piso parejo no lo conocen Genoveva ni su patiño Eduardo Alcántara.

Luego de acomodar en candidaturas, regidurías y cargos administrativos a incondicionales y familia política, la Presidenta estatal del PAN empezó a reclamar espacios y cargos en los ayuntamientos panistas que se alzaron con la victoria.
No conforme con lo anterior, ahora pretende repetir en la dirigencia estatal de su partido y a la vez, conservar su curul como diputada federal en San Lázaro.

Es decir, que la viuda del morenovallismo pretende cobrar sueldo por dirigir al PAN en Puebla pero a la vez, también pretende estirar la mano para cobrar su jugosa dieta en San Lázaro.

La paridad de género y la violencia política nada tienen que ver con la estrategia “acomodaticia” y gandalla de mujeres que sin una real militancia, llegaron sólo para cumplir órdenes de un personaje que dividió y dicho sea de paso, destrozó al panismo local, en aras de crear una corriente de nuevo panismo donde la máxima siempre fue: Hacer negocios para él y sólo para él.

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La agenda de la ignominia

El tema de las desapariciones en México está empujando la apertura de una agenda nacional de seguridad y justicia donde se coloque el tema como una de las problemáticas que junto a los feminicidios, ensombrecen la actuación de Gobierno de la República.

Una desaparición puede ser riesgosamente el preámbulo de un feminicidio.

En el país diariamente aproximadamente 11 mujeres pierden la vida en circunstancias de violencia doméstica, conyugal, laboral, víctimas de crímenes de odio, trata de personas o a manos del crimen organizado.

En la última semana, dos contactos me permitieron tomar nota en mi agenda personal periodística sobre la crudeza de una realidad que las mujeres viven particularmente al norte del país.

Mujeres de Sonora, Baja California, Tamaulipas, Sinaloa y Michoacán están buscando a sus familiares desaparecidos por cuenta propia y al margen de la actuación de autoridades que de manera intencional ignoran o dan carpetazo a las búsquedas.

Al establecer contacto con Ceci Flores, fundadora del Colectivo Madres Buscadoras de Sonora, pude conocer desde su narrativa, la búsqueda que realizan de sus hijos a partir de largas caminatas por territorios norteños llevando pico, pala y uñas para rascar la tierra y encontrar en decenas de fosas clandestinas restos humanos que puedan dar indicios de algunos de sus familiares.

A lo anterior, se suma la labor titánica de otra mujer del norte del país.
María Salguero Peñaloza, una geofísica que le está corrigiendo la plana al gobierno, con la elaboración de un mapa nacional de feminicidios.

Con herramientas como la geolocalización, María lleva adelante desde hace 5 años, la documentación de feminicidios diarios, para que las víctimas dejen de ser cifras y tengan un nombre e identidad que permita hacer un análisis detallado por zonas, causas, edad, parentescos, perfil de agresores y toda una serie de datos que suman para entender una de las problemáticas de mayor violencia que hoy enfrentamos en México.

Los casos de desapariciones y feminicidios en México hoy tienen el reflector internacional por el cine independiente promovido a través de series como “La tres muertes de Marisela Escobedo” y las películas: “La Civil” y “Sin señas particulares”.

En la realidad, Ceci Flores quien encabeza al colectivo Madres Buscadoras de Sonora enfrenta varias amenazas de muerte.

En tanto, María Salguero creadora del Mapa de Feminicidios documenta cómo las muertes siguen, de manera constante y agravando las circunstancias de impunidad en las que se dan los asesinatos.

En Puebla ambos temas como se diría en el argot cinematográfico permanecen enlatados.

La realidad supera esa ficción que hoy desnuda a un país donde ya no es posible ignorar los miles de desparecidos y las decenas de mujeres que siguen muriendo diariamente en circunstancias violentas.

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Burócratas de corbata y curul

En la renovación de los Congresos siempre es bueno analizar si los diputados electos por voto popular realmente son funcionales para una sociedad o para los gobiernos en turno.

Tanto a nivel federal como estatal, los diputados no sólo están ligados con corrupción e impunidad, sino también con el servilismo que aplican en su desempeño al llegar a una curul y convertirse en mansos borregazos que asienten y acatan con cabeza y dedo, las instrucciones de la cúpula gobernante.

En San Lázaro hemos visto desfilar de todo, desde abusadores, violentadoras, defraudadores y “joyitas” que con un fuero hacen y deshacen al amparo de su investidura.

En el caso de los congresos locales los hemos visto operar como oficialías de partes de los gobiernos estatales en turno, sin distingo de partidos.

En la época dorada del priismo se apreciaban las nóminas abultadas de aviadores que religiosamente pasaban a cobrar en el inmueble de la 5 poniente.
Con los panistas las viejas prácticas no mejoraron, al contrario.

En la época del gobierno de Rafael Moreno Valle eran memorables “los bonos” que los entonces diputados recibían de la oficina del mandatario estatal, para tenerlos alineados a sus más estrictos caprichos.

Las cosas no cambiaron con el congreso local saliente dominado por morenistas.
Que no se olvide el papelón de Gabriel Biestro al frente de la Junta de Gobierno en el Congreso del Estado.

Desde ahí forjó su sueño de Presidente Municipal que derivó en un gran descalabro que lo borró políticamente del radar morenista. Tanto así, que el ex delfín del gobernador tendrá que comerse sus desgastados discursos de ideología morenista, para aprenderse ahora los del Partido del Trabajo, donde se dice ingresará para agarrar lo que le den.

Los ciudadanos nos hemos acostumbrado a mantener a una gran fauna de burócratas de corbata y curul.

Los congresos estatales tienen que dejar de ser el “garrote” gubernamental, desde donde se cocinan venganzas, prebendas, mandatos y por supuesto candidaturas.
La autonomía legislativa sigue siendo letra muerta a todos los niveles.
En el Congreso de la Unión, la voz presidencial sigue tirando línea a sus aliados para empujar lo que se cocina en Palacio Nacional.

En Puebla los tiempos de renovación están lejos de asomarse si desde ahora no se guardan por lo menos las formas oficiales de una sana distancia gubernamental.

Las diputadas y diputados deben dejar de ser los burócratas del gobernador que palomean lo acordado y sólo responden: “Enterados, sí Señor”.

Urge una reconstrucción democrática en las figuras políticas de elección popular, para dejar de tener diputados serviles, camaleónicos y poco ortodoxos a la hora de legislar no para la sociedad, sino para los gobernantes en turno.

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Genoveva y su cobro por derecho de piso

A la dirigente del Partido Acción Nacional en Puebla, Genoveva Huerta, le resulta complicado entender no sólo las voces y demandas de su militancia, sino los procesos democráticos, donde la ciudadanía y no sólo sus correligionarios fueron los que votaron y eligieron a quienes en breve ejercerán gobernanza.

Genoveva se ha convertido en un personaje distante de los propios principios que pregona su partido, el blanquiazul.

Formada en la militancia arcaica de las servidumbres, Genoveva se refugia en la memoria onírica de quien fuera su líder moral (Rafael Moreno Valle) y el responsable de encomendarle un cargo que le ha quedado grande.

La dirigente del PAN en Puebla es hoy en día uno de los principales diques para que su partido consolide una unidad que se halla resquebrajada frente a las intentonas de esta mujer, para manejar su partido como una trastienda personal.

Como si se tratara de una proeza, Huerta se atreve a reclamarle a Eduardo Rivera Pérez, el 25 por ciento de los cargos de dirección en el próximo Ayuntamiento.

Cuando se analiza el comportamiento de estas especies políticas, se concluye que existen pocas diferencias entre todos los partidos políticos que grandes o pequeños, siguen pensando en sus militancias como negocios meramente personales.

Escuchar hablar a Genoveva Huerta y a su alfil de marras Eduardo Alcántara, es concluir que ambos tienen un acotado discurso y breve preparación para argumentar sus señalamientos que rayan en lo burdo y desfachatado.

Resulta que la dirigente del PAN en Puebla con la mano en la cintura pretende invisibilizar los 318 mil 424 votos con los que Lalo Rivera ganó la capital poblana e insistir en la intentona de cobrar derecho de piso para imponer a sus aliados en el próximo Ayuntamiento de Puebla.

El oportunismo de los sobrevivientes del morenovallismo es una de las razones para mantener vigente el cisma dentro del Partido Acción Nacional.

A Genoveva no le bastó con sus pifias al imponer candidaturas y colar a su peón Alcántara como el próximo coordinador de la bancada de diputados en el Congreso del Estado.

Ella quiere comerse la mayor parte del pastel, aunque ello implique asegurar con descarada desfachatez que existe un “acuerdo” que se niega a cumplir el alcalde electo de Puebla capital.

Hasta hace unas semanas, la dirigente del PAN en Puebla conjuraba en las oscuridades con Fernando Manzanilla.

Hoy frente al sólido triunfo de Rivera Pérez busca con terquedad imponer su “posverdad” que pocos avalan y muchos reprueban, advirtiendo que los días de Genoveva como Presidenta del PAN en Puebla, ya tienen fecha de vencimiento.

Que su obsesiva ambición, la redima.

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Foto: Es Imagen / José Castañares

Gobernando con “los malos”

El país se encuentra en un punto de quiebre en materia de seguridad nacional, luego de las ejecuciones de 15 civiles en las calles de Reynosa, Tamaulipas a manos del crimen organizado.

La muerte de civiles ultimados al azar como una forma de sembrar el terror frente a la lucha interna y descarnada de los cárteles del narcotráfico en el norte del país, evidencia la falta de control y acciones para contener a la delincuencia organizada que hoy gobierna el país de manera paralela con la llamada cuarta transformación.

Resultan risibles las declaraciones dominicales del Presidente Andrés Manuel López Obrador quien se ufana de señalar la paz, tranquilidad y gobernabilidad en la que se haya un país que sólo él puede percibir desde su óptica palaciega.

La guerra y reacomodo entre los cárteles de la droga en México se encuentra en su apogeo.

Es innegable la abierta participación del crimen organizado en el pasado proceso electoral.

Las ejecuciones, secuestros y amenazas dejaron al descubierto las presiones y los oscuros financiamientos que rodearon a muchos candidatos que asumirán gobiernos camuflados de colores partidistas, pero que en realidad responderán a intereses de la delincuencia organizada.

El Presidente ha soltado las riendas de la lucha contra los cárteles de la droga en México arguyendo no querer “la guerra, sino la paz”, aunque ello implique la ejecución de civiles que murieron sin deberla a manos de sicarios que en palabras de ellos, buscaban “calentar la plaza” para intimidar a sus adversarios.

La llamada fuerza nacional se mueve con letargo y estratégicamente en zonas donde sólo hay que contener migrantes, organizar jornadas de vacunación o aplicar planes DNIII frente a inundaciones, pero del resto parecen tener poco interés o bien seguir la instrucción de caminar de manera paralela y sin molestar a quienes operan territorios prácticamente controlados por el crimen organizado.

Tal parece que los grandes operativos donde se decomisaban estupefacientes también quedaron en el pasado sexenal, pues ahora hay silencio extremo sobre las acciones del ejército en los territorios calientes.

Lo que vimos en Reynosa es sin duda la máxima expresión de la falta de control del Gobierno de México ante un crimen organizado que se apresta a tocar a la población civil para controlar nuevas “plazas”.

El gobierno del Presidente AMLO permanece indolente frente a la urgencia de replantear su estrategia de seguridad que a todas luces ya fue rebasada.

Cientos de gobiernos municipales se alistan para entrar en funciones junto a decenas de diputados federales y locales a varios de los cuales no se puede eximir de nexos con organizaciones delincuenciales.

Por lo anterior sería un error negar que el narcotráfico tendrá su cuota gubernamental y legislativa para los próximos meses, lo que se convierte en una riesgosa advertencia para las presidenciales del 2024, donde si nos descuidamos también la delincuencia podría hasta ponernos Presidente.

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Foto: Presidencia de México

Agendas por encima de nombres

Concluido el proceso electoral intermedio en Puebla, ganadores y perdedores empiezan el armado de su propio ajedrez político.

En la dinámica mediática, las próximas semanas será para el armado de equipos, ayuntamientos y bancadas.

Ante ello, es buen momento para hacerles saber a los ganadores sin distingo de colores, que soplan nuevos vientos de exigencia ciudadana.

A los ganadores ojalá les caiga el veinte de la importancia de priorizar agendas por encima de los nombres de quienes ingresarán a las burocracias doradas de Puebla.

Es imprescindible conocer no sólo agendas electoreras con nombres rimbombantes, es prioritario meternos a detalle de los temas y las sinergias para accionar el trabajo en áreas como la seguridad, el respeto a la cultura de la diversidad, políticas públicas que combatan la violencia de género y los feminicidios.

Más que institutos o nombres de mujeres, empresarios, militantes, simpatizantes, estamos en un momento donde en Puebla se quieren ver los verdaderos efectos de haber votado por todos aquellos que se alzaron con la victoria.

¿Qué cambios serán capaces de accionar los diputados y alcaldes electos, reelectos para iniciar con acciones que nos den la buena señal de la inclusión, la apertura, la suma de opiniones?

Los poblanos hemos visto tantas historias tan conocidas que estamos ciscados y advertimos antes de empezar a ver señales de lo mismo de siempre.

Amiguismos, compadrazgos, nepotismo, contubernio, corrupción y lo que se sume ha golpeado a un estado como Puebla, donde hay decepción, desconfianza pero también una interesante inquietud ciudadana de presionar y dar marcaje personal a quienes ya tienen su constancia de ganadores.

La involución de Puebla en estos dos últimos años está a la vista de una sociedad que se lanzó a las urnas para obligar a los cambios en un mapa electoral que es diverso y con contrastes que serán notorios a la hora de gobernar.

Espero en verdad, que los gobiernos municipales electos no organicen sólo foros para recabar la supuesta opinión y propuestas ciudadanas.

Estas herramientas están más que quemadas, pues en dichos actos se invita a los amigos de los amigos, a los cercanos de fulanito, a las amigas de menganita.

Ojalá este nuevo ciclo para todos los que ejercerán gobernanza sea de mucha exigencia de parte de cada uno de nosotros.

Estamos viviendo tiempos donde los cheques en blanco no funcionan si quienes liderarán gobiernos evitan la autocrítica hacia sus propuestas y equipos.

Las agendas son y deben ser el anticipo para saber hacia dónde vamos, con quién vamos y en qué circunstancias iremos.

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Socavón electoral de Morena en Puebla

El triunfo de Eduardo Rivera Pérez a la alcaldía de Puebla deja una lectura dura para esa izquierda que enfundada en la figura de la Presidenta Municipal con licencia Claudia Rivera Vivanco, recibió un revés contundente de la ciudadanía frente a los desatinos y acciones erráticas que en dos años exhibieron inexperiencia y mucha, mucha corrupción.

En este proceso electoral intermedio, quedó claro que Morena en Puebla terminó pulverizada por sus propias guerras intestinas, que provocaron vendettas de antología exhibiendo excesos de aquellos que llegaron con el lema de austeridad republicana y terminaron con excesos monárquicos.

Si bien las cifras seguirán fluyendo y Morena conseguirá abrirse paso en el interior del Estado con alcaldías y diputaciones locales, la joya de la corona se perdió en una dolorosa y humillante derrota de dos dígitos.

Para Morena Puebla es una dura lección resultado de mucha ambición acumulada en personajes que arribaron al partido del Presidente y otros que desde sus bases fundadoras se sintieron el nuevo mesías de la aldea.

El voto de castigo para Rivera Vivanco fue un factor que la sepultó frente a la oleada de protestas que fueron reales y la confrontaron en diferentes momentos de su campaña.

Queda claro que la reelección en su primer experimento arroja resultados negativos cuando se trata de votar tras una evaluación de dos años de trabajo político.

Hace menos de tres meses, la alcaldesa decía en corto a sus allegados que ella sería quien repartiría candidaturas en Morena porque contaba con todo el apoyo federal.

Así como estas escenas, se recuerdan otras donde algunos de sus esbirros como Andrés García Viveros solicitaba a secretarios y funcionarios no meter las manos en licitaciones, pues esas se decidían en el primer equipo de la alcaldesa.

La violencia política de la Presidenta Municipal exhibida en grabaciones cerró la pinza para desmantelar su imagen y derrumbarla ante una ciudadanía harta de ver un Centro Histórico devastado por la delincuencia e inseguridad.

Las horas de la derrota serán largas para Rivera Vivanco quien ni siquiera se atrevió a encararla pues la devastó la misma soberbia de días anteriores con la que hizo gala de excesos de prepotencia con medios de comunicación.

Seguro la veremos regresar a la Presidencia Municipal de Puebla a intentar limpiar el desorden y encarar la ola de denuncias que contra su administración seguirán fluyendo.

El caso de Claudia Rivera en comunicación política es un claro ejemplo de la prefabricación de una marca personal muy lejana a la personalidad que mostró en su campaña de 2018.

Rivera “quiso pertenecer” e hizo todo por ser parte de un círculo de poder minúsculo donde le vendieron sueños irreales que terminaron alejándola de la realidad, donde su nombre y su gestión se desgastaron rápidamente ante los nulos resultados que entregó a la ciudadanía poblana.

Que sirva de experiencia para quienes piensan que la marca López-obradorista alcanza para seguir detentando el poder para poder.

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Morena y su voto “blando”

A una semana de ir a las urnas en Puebla, el voto duro de Morena se reblandece sobre todo en las zonas urbanas, donde algunos ciudadanos no están convencidos de volver a otorgar su voto de confianza al partido del presidente Andrés Manuel López Obrador.

En mes y medio de campaña, partidos y candidatos particularmente morenistas, reportan un excesivo desgaste frente a la ola de escándalos y señalamientos, por el manoseado proceso interno en la selección de sus candidatos y en segundo lugar por los escándalos de corrupción que envuelven a sus principales personajes políticos.

Todo lo anterior advierte un día D donde la batalla no la tienen ganada los morenistas que en la víspera del 6 de junio le apuestan al voto masivo para la marca, usando la figura y las frases del líder moral AMLO.

El voto duro de Morena ha perdido fuerza sobre todo en las regiones urbanas, donde la gente mira con recelo los enfrentamientos internos y los pocos resultados que reportan muchos de los que van tras una apretada relección.

El voto en las zonas urbanas de Puebla se pronostica más reflexivo y dando un peso mayor no a la marca, sino a los personajes. Asimismo es importante tener en cuenta el voto de castigo para todos aquellos que ya tuvieron dos años de trabajo y que sin haber cumplido, hoy regresan a las urnas con un desgaste que evidencia su incumplimiento a todas aquellas promesas con las que ganaron en la primera vuelta.

La ausencia del líder moral morenista en la boleta es sin duda uno de los factores que enciende la alerta para este partido, que en su joven existencia ha dado muestra de una fragmentación severa debido a la división y confrontación de grupos que buscan sólo en discurso defender un llamado proyecto, que en términos reales ha sido utilizado para la integración de camarillas sectarias, donde se han priorizado la postulación de personajes “non gratos”, se ha puesto en el reflector el vínculo de algunos candidatos con la delincuencia organizada y se han utilizado recursos públicos para financiar campañas de quienes buscan reelegirse.

Con este panorama el voto duro de los morenistas se ablanda entre más cercana está la fecha de ir a las urnas.

El hartazgo ciudadano obliga a la reflexión de votar de manera razonada y con un análisis personal.

Los morenistas le sigue apostando a “capitalizar” la llamada esperanza de los pobres que también han empezado a despertar frente el encarecimiento de los costos básicos para sobrevivir, el brutal desempleo y una oleada de repuntes que pegan directamente en el bolsillo de millones de familias mexicanas.

Puebla capital, como muchos otros lugares urbanos, es una de las ciudades donde el voto morenista no ha logrado una consolidación que les garantice un triunfo holgado.

El segundero electoral avanza hacia la hora marcada donde el llamado voto duro de la transformación reporta su parte de guerra con la decepción de muchos simpatizantes, la intromisión de figuras externas al llamado movimiento izquierdista y los escándalos de corrupción y excesos que hoy involucran a varios de sus candidatos.

Puebla se enfrenta al reto de quebrar el llamado voto duro que hace dos años logró el triunfo en una ciudad donde muchos ciudadanos esta vez, le darán un no a la llamada transformación que ha resultado efectivamente ser de cuarta.

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Del “fakeminismo” a las gafas violentas

Con el disfraz de activistas, candidatas y funcionarias, varias mujeres en Puebla abanderan en este proceso electoral la violencia política de género con falsos argumentos de campaña para atacar a los y las adversarias, invadiendo la vida pública pero también la privada.

Estos comicios han desnudado a las mujeres que dobletean en moralina púrpura, morada y tiñen su defensa de acuerdo a los intereses de oportunidad que les pongan enfrente.

Es lamentable analizar que en este proceso electoral vigente, las mayores violentadoras son las propias mujeres que se han lanzado a calumniar, atacar y revictimizar a sus pares, con el único objetivo de atacar a sus adversarias políticas.

Estamos viviendo desafortunadamente, tiempos donde el “fakeminismo” de hojalata expone los verdaderos intereses de las mujeres que decidieron traspasar la delgada línea de lo público y lo privado.

Aquellas que hoy violentan desde sus páginas de lodo y contraste tienen hijos, familia y mucho andar en los anales de la resaca que viven detrás de las manos ejecutoras de las acciones de más bajo nivel.

Hay algunas que eligieron victimizarse en aras de justificar las embestidas contras otras mujeres para desviar la atención de aquellos actos que están lejos de aclarar y que las envuelven en el halo implacable de la corrupción.

La violencia política y de género en Puebla está más vigente que nunca. Desde las arengas vacías de funcionarias universitarias, pasando por activistas de medio tiempo que vendieron en 400 mil pesos los ideales a cambio de una postulación, pasando por las que se desgarran las vestiduras moradas para volver a declararse impolutas cuando en Puebla son ampliamente conocidas por sus shows de gafas violentas.

A estas señoras del fakeminismo las veremos a corto plazo ensalzando una nueva campaña de negociación o pactos políticos para conseguir nuevos cargos con quienes hoy denostan.

Son expertas en el chaquetismo de oportunidad.
Otras se quemarán en su propio carbón y con sus sueños guajiros de grandeza universitaria o quizá en las traiciones bien avenidas que siempre dejan huella y marcan la memoria de quienes hoy se erigen como juezas de rectitud socavada por un lenguaje soez de alcoba.

Estas son las violentadoras que tanto se ufanan en defender mujeres abrazando discursos de cartón pero articulando las guerras de contraste desde los pantanos raseros de su exacerbada ambición política.

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Campañas pandémicas

Una parte de la batalla electoral inició en Puebla y en todo el país, donde las escenas se repiten con rostros y poses insulsas, como robotizados y de fenomenal hastío, donde no se sabe si se sonríe con o sin cubre bocas, si se abrazan o se tocan las manos, si se hacen concentraciones con la excusa de una inexistente sana distancia.

Los comicios intermedios de 2021 reflejan la irresponsabilidad de los partidos y sus contendientes, quienes actúan como si la pandemia dependiera de la fragilidad de una mascarilla que para colmo, se usa sólo en fotos posadas donde todos se abrazan y se estrechan las manos.

Está claro que los políticos no pueden hacer una campaña diferente a los tiempos de antaño. No hay novedad, ni sorpresa.

Y de personajes mejor ya ni hablamos.
En todos los casos nos encontramos a los mismos gatos de revolcón sólo que con diferentes nombres y marcas, pero sin nada nuevo que ofrecer en tiempos donde el ciudadano ya no quiere verlos ni en pintura.

Ahí vemos a los priistas con sus típicas comilonas y caminatas que ya resultan de la era godzilesca.

Los panistas y su falso entusiasmo que poco convence a la hora de ver que quienes posan en las fotos, son los que ayer golpearon y saquearon a Puebla.

En Morena sólo falta instalarles el pancracio y dejar que solitos se rompan toda su agridulce mandarina que tiene hartos a los que una vez creyeron en la llamada cuarta. Pues como dice el buen Porfirio Muñoz Ledo, en el partido del Presidente se encargaron de transformar la frase: “Hasta que la dignidad se haga costumbre” en “Hasta que la indignidad los alcanzó”.

Y el resto de los competidores, como buenos partidos satélites se aprestan para ser las funcionales comparsas del mejor postor a quien le garanticen dividir el voto para salvar su registro, que les permita seguir viviendo del presupuesto.

Ante un panorama de cruda irresponsabilidad donde los partidos poco han entendido sobre los efectos que esta pandemia ha dejado en los ciudadanos, poco se puede decir a favor de quienes hoy contienden y van tras los votos, cuando la gente está en busca de empleo y salud.

Las guerras intestinas en los partidos políticos son muestra de la lucha de poder y no del interés que una marca electoral tendría que tener para ofertar acciones de gobierno que contengan las necesidades emergentes de una sociedad ávida de desterrar no sólo a personajes de la política, sino también a derrumbar los viejos y sempiternos cacicazgos de poder.

El 4 de mayo inicia el segundo coletazo en un proceso electoral que se antoja incoloro y sin sabor, con muy pocas y vacías expectativas de convencer a un electorado rebelde y a prueba de politiquería que nos hace pensar que los tiempos pasados, nunca se fueron.

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Las salamandras del activismo

Admiro el feminismo en sus más variadas y plurales expresiones.

El feminismo construido desde las ganas reales, auténticas e incluso rudimentarias para tender y enlazar las manos de mujeres con más mujeres.

Admiro a quienes con morral o bolso al hombro caminan brechas para hablarles a otras mujeres sobre los riesgos de la violencia de género.

Soy lectora voraz de esas mujeres que con el don de sus letras o sus palabras plasman vidas y secuencias de la lucha de mujeres que lo han superado todo, incluso los golpes.

Seguiré eligiendo batallas de sororidad sin cobrar el 30 por ciento de porcentaje a las mujeres a las que se ayuda para recibir recursos de algún programa federal.

Seguiré cuestionando la doble moralina de reflector barato fraguado en la política de género marketera con una transacción electoral.

Cuestiono los activismos que hacen de la lucha de género una auténtica orgía financiera a la sazón del pago de prerrogativas.

Analizo el doble discurso de mujeres “salamandra” que van comercializando el activismo de género.

Hace unos días escuchaba a mujeres en diferentes escenarios, roles y ocupaciones. Todas ellas me dieron estampas del oportunismo.

Las más jóvenes me contaron como las invitaban a participar en videos de activismo feminista con un trato despótico e indigno.

El pago era una torta, un refresco y 50 pesotes para que la consultora se llenara la boca de “sororidad” con fotos de la ex gobernadora Martha Erika Alonso.

Otras me contaron el entramado del negocio y los contratos que se amarraron con una doble moralina.

Cuando los discursos distan de acciones, la demagogia invade al pseudo feminismo plagado de “asociaciones civiles” que como raquetas y aves de rapiña, se pelean los recursos de programas, gobiernos o campañas donde puedan instalar estampas de la defensa de las mujeres representadas en fotos, presentaciones y mucha labia, sólo eso.

Estas salamandras del activismo, encontraron la rentabilidad en sus campañas de sororidad entendidas como la parafernalia para vestirse del color adecuado a sus intereses en cartera y chequera.

Ellas entienden el activismo a sueldo con la negociación en mano y se arrastran descalificando lo que les incomoda, lo que desnuda sus mal logrados discursos morados que están muy lejos de ser de auténtica sororidad.

El negocio del activismo de mujeres ha servido al letal oportunismo de quienes gustan vender y cobrar a costa de las propias mujeres.

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Puebla en guerras intestinas

Vivimos tiempos de polarización absoluta en Puebla, donde el desgaste afecta a marcas políticas y a personajes que sin haber iniciado la contienda electoral, acumulan negativos fortaleciendo la desafección política en tiempos de pandemia.

A unos días de iniciar los comicios intermedios que serán los más atípicos que hemos vivido por la situación sanitaria que enfrentamos, podemos vaticinar que las impugnaciones y denuncias de violencia política concentrarán las decisiones no en las urnas, sino en las impugnaciones y resoluciones del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

Los enfrentamientos que hoy vemos en los partidos políticos, principalmente en el Movimiento de Regeneración Nacional y en el Partido Acción Nacional reflejan la falta de trasparencia y aseo político.

Pero lo gravedad se centra en su falta de democracia interna donde por ejemplo, los morenistas determinaron candidaturas en lo oscurito y sin necesidad de revelar la metodología de sus dichosas encuestas.

En tanto en el PAN, la dirigencia estatal se valió del dañino dedazo a cargo de Genoveva Huerta y su camarilla de cómplices.

El resto de los partidos en Puebla está envuelto en pequeñas batallas de membrete donde se cuentan violentadores, simuladoras de activismo feminista, hampones del ámbito empresarial, dinosaurios del priismo duro y hasta pedófilos.

La paradoja de la política local de nuestros días es que el próximo proceso electoral en Puebla no será una guerra entre Morena y PAN, no claro que no. Será una descarnada batalla entre las estructuras internas donde irán morenistas contra morenistas y panistas contra panistas.

Las oposiciones quedaron desdibujadas para otro momento, pues la falta de unidad partidista empuja las vendettas entre correligionarios quienes harán todo lo que esté en sus manos para vencer al de casa y no al de enfrente.

El fenómeno de la polarización política y social marca a una Comunicación Política en tiempos de pandemia, donde se conjugan elementos que van ligados a las acciones gubernamentales, salud, pobreza y el derecho a elegir a quiénes deberán contender en elecciones atípicas y únicas.

En países de América Latina como México, esta polarización es resultado de una guerra interna fraguada en la partidocracia y desafección política que golpea a grandes sociedades como la mexicana. Varios elementos marcan a México en la polarización de estos tiempos: Un gobierno con falta de contrapesos sociales, discursos políticos fuera de la realidad, políticas públicas poco incluyentes, corrupción, violencia de género y feminicidios.

Esta confrontación entre gobiernos y grupos de la sociedad civil da como resultado una constante descalificación tanto de las acciones gubernamentales como de una debilitada y aislada oposición que poco puede hacer frente a tanta desinformación.

México como otros países de América Latina asume los costos de una mala gestión de crisis frente a una pandemia que ha dejado miles de muertes.

En la víspera de un proceso electoral intermedio, la sociedad mexicana refleja enojo, desconfianza y poco interés de acudir a las urnas para elegir a quienes ejercerán cargos de elección popular.

Los enfrentamientos sociales y políticos en tiempos de una crisis sanitaria se han convertido en grandes detonadores de fallas que evidencian las acciones erráticas de quienes hoy ejercen gobernanza.

Tan solo en el último año, las sociedades de América Latina se han encargado de desplomar la popularidad de gobernantes y partidos políticos.

En ellas, una palabra define la polarización en tiempos de pandemia, y ésta es: Decepción

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La ineptitud de Rodrigo Abdala

Sus méritos están a la vista y no me refiero a su desempeño laboral, sino a ser el sobrino de Julia Abdala, “pareja sentimental” del director de la CFE, Manuel Bartlett.

Con este “mérito” Abdala guerrea desde hace más de dos años. Primero en Morena, donde no dio una en lo político y mucho menos en los encargos territoriales que le dieron.

Luego por los buenos oficios de su tío político, lo acercaron el calor presidencial para nombrarlo como rimbombante delegado de la Secretaría de Bienestar en Puebla, desde donde se decía tendría la mano de hierro, el derecho de picaporte, los hilos políticos, en fin.

Sin embargo, lo que hemos visto de Abdala Dartigues es un manejo caótico que raya en la negligencia e irresponsabilidad.

Sin crear una estrategia logística para que el Programa de Vacunación en Puebla opere de manera coordinada con el Gobierno Estatal, el grisáceo delegado comete errores que evidencian la falta de organización y sensibilidad para el trato que se debe dar a los adultos mayores.

El pleito entre el gobernador Miguel Barbosa y el delegado Rodrigo Abdala traspasó esos límites donde la población no tiene por qué pagar los embates de dos personajes políticos.

Con los padrones de beneficiarios a su entera disposición, el titular de Bienestar se ha dedicado a confabular con resultados mediocres.

Puebla es hoy en día uno de los lugares a nivel nacional, donde el programa de vacunación refleja una desorganización y lentitud debido a la falta de organización del delegado federal.

Es lamentable que en tiempos de la llamada Cuarta Transformación los desencuentros políticos provoquen efectos lamentables en la efectividad para agilizar el proceso de vacunación entre la población de adultos mayores.

Los membretes políticos así como los padrinazgos y cercanías políticas siguen pesando e incidiendo en los resultados que tendría que tener una población vulnerable que merece un trato digno y preferencial en la aplicación de vacunas.

Las imágenes que circulan sobre el proceso de vacunación en Puebla indignan, sobre todo cuando miles de adultos mayores pululan sin información fidedigna y con la burocracia desorganizada que poco acierta responder frente a tantas preguntas.

Puebla nuevamente es un referente en los índices nacionales. Aquí el proceso de vacunación fluye a cuentagotas y con una ausencia de sensibilidad para facilitar el proceso a quienes hoy son los que más necesitan recibir las dosis para aminorar sus riesgos de contagios.

Nada cambió.

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