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Termómetro de inseguridad

Ahora que el gobernador electo Antonio Gali está realizando los Foros Ciudadanos para dar voz a todos aquellos que quieran presentar propuestas en alguno de los temas de políticas públicas que conformarán su Plan Estatal de Desarrollo, es importante poner atención en la seguridad pública.

El termómetro social más allá de estadísticas con o sin maquillaje indica que la situación de seguridad pública en Puebla rebasó esos límites que por mucho tiempo nos hicieron ver a nuestra entidad como un lugar seguro.

La capital del Estado no es sólo el referente de lo que ocurre en diferentes regiones del interior. Más allá de todas las circunstancias de índole político, la percepción real es la que tiene el ciudadano quien diariamente se sube al transporte público y lo hace con temor después de los acontecimientos que se han suscitado en rutas del transporte público que circulan en la Angelópolis.

Los asaltos en las afueras de sucursales bancarias ya no pueden considerarse recurrentes, ni hechos aislados.

Desafortunadamente en Puebla hemos atestiguado el incremento de una delincuencia que ha ido avanzando en diferentes rubros.

De aquí estriba la importancia que el mandatario electo le pueda dar a las directrices que en materia de seguridad deberán regir en su gobierno.

Más allá de la continuidad de algunos personajes que hoy son los responsables de nuestra seguridad en Puebla, es importante concientizar al gobierno entrante, de la urgencia de nuevas estrategias que se pongan en marcha tomando como referente a una entidad que hoy registra un mapa muy diferente en materia de criminalidad.

Más allá de comisiones, organismos interdisciplinarios y la tan cacareada depuración en las corporaciones policiacas, será importante conocer si el nuevo gobernador presenta una propuesta en materia de seguridad que contemple no sólo la delincuencia común, sino también a un crimen organizado que sería francamente ridículo seguir negando que sus huellas al menos las hemos percibido en los dos últimos años.

El cambio de un gobierno siempre es buen momento para oxigenar no sólo las corporaciones, sino también a quienes las encabezan, de ahí la importancia de conocer todo lo que Tony Gali está captando a través de lo que la ciudadanía le hace llegar a través de los Foros Ciudadanos.

Toda renovación es buen momentos para depurar y hacer una limpieza a fondo que permita a Puebla contar con nuevas herramientas en materia de seguridad pública, que nos permitan a los ciudadanos volver a confiar y tener la certidumbre de habitar en una ciudad con estándares aceptables en materia de seguridad.

Este es un tema que sin duda siempre será puntilloso para todo gobierno, sin embargo, es una buena oportunidad para mirar el nuevo rostro gubernamental y conocer las propuestas que en esta materia esperamos los ciudadanos.

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Reflectores rosas

Hay temas que se imponen en las agendas gubernamentales y sociales, más allá de toda la polémica y división de opiniones que puedan generar. Soslayar la creciente muerte de mujeres en Puebla sería intentar ignorar una realidad que está a la vista de una sociedad, de gobiernos e instituciones que se han dejado llevar por una politización absurda, que poco suma, a la urgente atención que ameritan los feminicidios en nuestra entidad.

Las cifras, historias y casos desafortunados de mujeres que han perecido por diferentes circunstancias a manos de sus parejas y algunas más en condiciones aún sin esclarecer, están ahí, a la vista de una realidad social que desafortunadamente se insiste en ignorar.

A la par de lo anterior, es desafortunado que algunos personajes politicen un tema que amerita una atención seria, donde las medidas deben llevar a acciones conjuntas entre gobiernos, instituciones y grupos de la sociedad civil que contribuyan a determinar verdaderos ejes de PREVENCIÓN, EDUCACIÓN y ACCIONES que de manera real contrarresten esa descomposición del tejido social que ha llevado a tantos crímenes desafortunados.

De nada nos sirve que una diputada como Geraldine González pida una alerta de género sólo en la lectura de un documento, cuando la legisladora no mueve un dedo en términos reales para hacer una propuesta integral que ayude a mujeres poblanas.

Tampoco nos sirve que diputados como Franco Rodríguez y Lizeth Sánchez evidencien una negativa por default ante la posibilidad de una Alerta de Género.

Una alerta de género refiere un mecanismo de protección dentro de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia para garantizar la vida, libertad, integridad y seguridad de las mujeres y niñas.

La alerta consiste en tomar acciones gubernamentales de emergencia para enfrentar y erradicar la violencia feminicida en un territorio determinado. La violencia feminicida es la forma más extrema de violencia contra las mujeres.

El golpeteo político y social generado a raíz de la petición de dicha alerta resulta desgastante y sin duda golpea al gobierno del estado.

Me parece que abrir los canales y esa posibilidad de este llamado social para implementar mecanismos no sólo de protección, sino principalmente de prevención, abonarían y en mucho, a la imagen de un gobierno comprometido con su sociedad.

Decretar la alerta de género no demerita a una entidad, por el contrario, fortalece las políticas públicas que están encaminadas a dar una rápida respuesta a situaciones como las que hoy vivimos en Puebla.

Mujeres poblanas han perecido como resultado de la violencia, el machismo, el maltrato de sus parejas y también la inseguridad.

Poder mirar una realidad social desde diferentes aristas, siempre contribuirá a encarar esos temas que se aprovechan para denostar, cuando lo que se necesita y de manera urgente es prevenir e informar para evitar que se sigan replicando más muerte de mujeres en Puebla.

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La catarsis de un país

La noche del sábado, la plancha del zócalo capitalino exhibió la catarsis de un país. Miles de personas se dieron cita para presenciar de esos conciertos que sin duda pasarán a formar parte de un referente musical y social en México.

Roger Waters, uno de los fundadores de la mítica banda de rock Pink Floyd hizo lo inimaginable, logró reunir a miles de personas, fanáticos, villa melones, conocedores de ese rock de culto y hasta las nuevas generaciones que nunca en su vida habían oído hablar del músico británico.

Las redes sociales fueron el mejor eco para revolucionar las ganas de miles de mexicanos que acudieron a un concierto gratuito, donde lo previsto se cumplió: Presenciar de esos espectáculos de primer mundo, donde sacaron la emoción, la euforia, la alegría el enojo y la indignación.

Ver la plancha del zócalo capitalino a reventar fue la mejor postal para reflejar las ganas de un país que quería gritar como no lo pudo hacer el pasado 15 de septiembre.

Fue emocionante escuchar los acordes de #TheWall un himno para miles que al escucharlo, no pudieron ignorar la terrible realidad política y social que hoy vive nuestro país.

El ingenio nacional se hizo más que evidente cuando las redes estallaban y llevaban a tendencia #RogersWatersEnElZocalo. De pronto #RogelioAguas empezó a hacer de las suyas en los memes donde #LosHijosDePinkFloyd estuvieron desatados ante la euforia que provocó el concierto más esperado de los últimos tiempos.

Lo ocurrido en el concierto de Roger Waters es materia de análisis sobre todo cuando ya no se puede ignorar el tamaño de la inconformidad y de la indignación hacia el gobierno que encabeza el Presidente Enrique Peña Nieto.

Como en una dosis de aliento y desfogue, tras la interpretación de The Wall, el zócalo retumbó en una sola frase que golpeó los muros de ese Palacio Nacional, testigo silencioso del enojo de una gran multitud: ¡Fuera Peña!

En las gigantescas pantallas apareció la frase que volvió a encender los ánimos de la multitud: RENUNCIA YA. A casi minutos de concluir el magno concierto, el cantante británico volvió a leer un mensaje contundente y directo para el mandatario nacional:

“Señor Presidente, más de 28 mil hombres, mujeres, niños y niñas han desaparecido, muchos de ellos durante su mandato, ¿dónde están?, ¿qué les pasó?”.

“Es hora de derribar el muro de privilegios que divide a los ricos de los pobres. Sus políticas han fallado. La guerra no es la solución, escuche a su gente, señor Presidente. Los ojos del mundo lo están observando”, concluyó.

Cuántas ganas tenía México de gritar verdades en esa enorme plancha del zócalo capitalino, que le cerró las voces a miles de ellos justo el día de la independencia.

Si bien el Presidente Peña sigue de viaje, seguramente a su regreso y fiel a su costumbre de amnesia e ignorar la realidad que golpea su imagen, guardará su acostumbrado silencio.

Lo cierto es que la música fue el canal perfecto para llevar a un país a mostrar el enojo y la indignación que hoy siente por su gobernante.

Dos años de montaje, simulación e impunidad

Mañana se cumplen dos años de la desaparición de los 43 estudiantes de la normal de Ayotzinapa en Iguala, Guerrero.

Después de 24 meses, el esclarecimiento de uno de los casos que marcaron la vida política y social de nuestro país durante el mandato de Enrique Peña Nieto, se mantiene en vilo, por todas las pifias, montajes y versiones francamente poco creíbles, que sólo han logrado evidenciar las complicidades entre instituciones judiciales, militares y Gobierno de la República.

Muchas han sido las versiones que en estos 24 meses se han vertido en torno al destino de 43 jóvenes estudiantes que vivieron una terrorífica noche en septiembre de 2014.

Mientras los padres de los estudiantes han vivido una verdadera odisea para que la desaparición forzada de sus hijos mantenga ecos internacionales, no han faltado los vivales que han capitalizado el dolor de estos padres, para manipular la búsqueda de los jóvenes.

En tanto en el gobierno la farsa se ha mantenido con alfileres. Renuncias, versiones descartadas, destituciones y sobre todo silencio, un silencio mordaz que nos deja intuir lo turbio de un caso que si llegara a esclarecerse vehementemente, creo que los mexicanos nos aterraríamos de conocer el destino que se dio a los jóvenes de la normal Isidro Burgos.

Una duda atroz ha pasado por la cabeza de todos nosotros. ¿Quién o quiénes tuvieron las condiciones como para desaparecer a 43 personas?.

La inverosímil versión gestada por el desafortunado José Murillo Karam sobre la quema de los cadáveres en los basureros de Cocula, ha quedado como un referente cínico, de un gobierno federal que buscaba a toda costa diluir las investigaciones para entorpecer el esclarecimiento de la verdad.

Con el paso del tiempo, el crimen de estado es difícil de soslayar cuando la intuición nos conduce al ejército.

Ayotzinapa se convirtió en el estigma del sexenio del Presidente Enrique Peña Nieto, Guerrero sigue siendo uno de los territorios donde la ley de la impunidad se rige con la protección de los mismos, de aquellos que involucrados con el crimen organizado, siguen operando con el más lastimoso descaro.

Hundidos en la prisión, el matrimonio Abarca sigue manteniendo –dicen algunos- el control de los grupos en Guerrero Unidos, quienes hacen de las suyas en esta tierra caliente.

Mientras la realidad de muchas familias de los jóvenes desaparecidos cambió drásticamente con esta tragedia, los hijos del matrimonio Abarca exhiben en sus redes sociales el tren de vida que mantienen con viajes y gustos exóticos que evidencian los excesos económicos.

El poco optimismo nos invade cuándo pensamos si alguna vez se develará esa verdad letal que nos diga dónde están estos 43 normalistas.

En la historia moderna de México, Ayotzinapa se ha convertido en una de las grandes vergüenzas históricas que ha mostrado de la manera más cruda, os excesos del poder y de la impunidad.

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El grito de la pobreza

La puesta en escena fraguada por el Gobierno de la República para intentar apagar las voces de reclamos al Presidente Enrique Peña Nieto, durante la pasada ceremonia del 15 de septiembre, resultó todo un fiasco, al ser evidenciado todo el “complot” ─como diría El Peje─ gestado desde las entrañas de Los Pinos.

Este tinglado sirvió para que se estrenara el flamante y recién nombrado Secretario de Desarrollo Social, Luis Enrique Miranda Nava, quien fiel a su naturaleza priísta de acarreo con pan y circo, echó mano de las llamadas “bases” burócratas y lo que es peor, de cientos de beneficiarios de los programas sociales, con la finalidad de ejercer presión para llevar el mayor número de personas, que sirvieran de “coristas” y que opacaran los gritos de protesta y repudio de otros cientos que no pudieron ingresar a la plancha de zócalo.

Miranda Nava echó mano de los aliados como la prima del Presidente, Carolina Monroy, presidenta municipal de Metepec, de Eruviel Ávila gobernador del Estado de México y del Secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong, quienes articularon la estrategia para el acarreo masivo y vergonzoso principalmente de personas provenientes del Estado de México y de Hidalgo.

Lo que sucedió la noche del 15 de septiembre en el zócalo reflejó lo que hoy se vive en México.

La simulación de mostrar una ceremonia que no era de ambiente festivo, sino de enojo con el mandatario del país.

A pesar de los cientos de acarreados que fueron obligados a asistir a la ceremonia del grito, el desánimo se hizo presente a la hora de gritar Viva México.

En los alrededores de la plancha del zócalo, vimos la cara del México real, donde cientos de personas se manifestaron y solicitaron por enésima vez, la renuncia de Enrique Peña Nieto.

Lo ocurrido el pasado 15 de septiembre, lanza un alerta para seguirle los pasos y vigilarle las manos a quien se encarga del combate de la pobreza en el país.

Sin el menor reparo y con la consigna de proteger a su compadre de las rechiflas y mentadas de madre, Luis Enrique Miranda actuó como un alfil priista.

Esta es la manera de utilizar los programas sociales en México, como una forma de presión para evitar evidenciar el desplome de la popularidad e imagen de un Presidente.

Estamos viviendo los coletazos de un dinosaurio que se sabe aniquilado por esa impopularidad y enojo ciudadano. Lo que venga seguramente no será para fortalecer a un PRI desdibujado.

Seguramente esperamos más pifias de un peñismo que se encuentra subsistiendo con respiración artificial.

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Del anecdotario de las hipocresías

Corría la década de los 90, la Puebla de los Ángeles, la Puebla mocha, tradicional defendía la santidad de sus valores y costumbres, acuñados en los roperos de esas abuelas castrantes que presumían sólo en México los apellidos de abolengo, pues en España y en Líbano, eran más corrientes que el agua del grifo.

Así, en esos tiempos, la iniciativa privada local estaba conformada por “los grandes santones”, padres de uno que otro de los que el sábado marcharon por “la defensa de la familia”.

Aquellos tiempos, eran de los hombres de closet, de las mujeres golpeadas, humilladas, engañadas que ocultaban sus desgracias con el estandarte de la abnegación y las buenas costumbres.

Era la Puebla de las hipocresías que buscaba acallar divorcios, infidelidades, amasiatos y escándalos de asesinatos entre homosexuales, uno que otro vinculado a esas organizaciones de membrete donde se hacen llamar caballeros y damas de Colón o hasta del mísero Hernán Cortés.

De esos anecdotarios de oro, rescato la doble moral, de un encumbrado empresario que en esos tiempos, lideraba el moralista Centro Empresarial de Puebla mejor conocido como Coparmex. Defensor de la moral, la familia y las buenas costumbres, este dirigente empresarial, regañaba a reporteros y daba cátedra de la rectitud. Sin embargo, una noche, corrió con la mala suerte de encontrarse con estos rijosos reporteros a los que regañaba en uno de esos lugares “non santos”, donde las chicas de la noche, complacían y encorvaban la rectitud del entonces líder patronal.

Eran también los tiempos de la impunidad de los miserables curas, que en algunas arquidiócesis de Puebla, cometían abusos contra niños y niñas de comunidades indígenas. Tehuacán era rehén de los cacicazgos religiosos disfrazados de evangelización y sobornados con los excesos de su curia.

Varias historias se cuentan en torno a la figura del máximo jerarca católico de aquellos años. Don Rosendo Huesca y su venia en los casamientos, bautizos y todo tipo de ceremonias celebradas por “esos buenos católicos” que intentaban acallar su conciencia con las generosas “limosnas”.

El entonces Arzobispo era de mucho aguante, sobre todo cuando de licor se trataba ¿y por qué no? Cuando había que dar rienda suelta a los gustos terrenales.
La simulación es algo que se práctica de manera magistral en una sociedad como la poblana.

Tolerancia y respeto fue lo que menos se observó en una marcha en defensa de la familia, donde vimos muchas caras de esos “buenos ciudadanos, cristianos, hijos, curas, empresarios y uno que otro político” que alentaron un ambiente de odio y rechazo hacia las opiniones y decisiones diferentes a lo que ellos defienden como una verdad única.

Las sociedades evolucionan, cada quien es responsable de sus creencias, sus valores, sus afectos y su decisión de elegir la familia con la que quieran vivir la vida.

Muchos de los que el sábado pasado marcharon son magistrales a la hora de simular lo que ellos denominan “familias normales”. Cuántos de los que ahí estuvieron, hoy retornaron al closet, volvieron al síndrome de la negación con tal de esconder la homosexualidad de sus hijos.

Hace unos días, en Buenos Aires, Argentina, una pareja de chicas lesbianas se encontraba tomando un café en La Biela, uno de los cafés más simbólicos y tradicionales ubicados en el Barrio de La Recoleta. Cuando las chicas se dieron un beso, uno de los meseros les pidió salir del lugar. Después de este acto discriminatorio en un país donde hace dos años se aprobaron los matrimonios igualitarios, la respuesta de la comunidad lésbico-gay no se hizo esperar.

Días después, decenas de parejas de mujeres acudieron a La Biela y a las puertas del conservador café porteño, se fundieron en largos y románticos besos.

Una sociedad se construye y evoluciona con apertura, con la aceptación y el respeto por los derechos de las mayorías, pero también de las minorías.

La riqueza de la diversidad se haya en la capacidad de ser tolerante. De aprender a respetar decisiones, relaciones, códigos de conducta, formas de vida, condición social y sexual. Nos merecemos poder mirar y vivir con PLURALIDAD y RESPETO.

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La reencarnación de Córdoba Montoya

Las creencias hindús nos hablan de esas reencarnaciones acertadas que generalmente acercan “divinidades” al plano terrenal. Sin embargo, éstas, no siempre son exitosas.

Tal parece que en el plano político, nuestro país vive una de esas reencarnaciones no tan exitosas y más bien, pareciera que somos testigos de la creación de un Frankestein, cuya torpeza la contagia a “su creador”.

¿Quién es el nuevo Córdoba Montoya del sexenio peñista? La respuesta salta con la inmediatez y obviedad.

Tal parece que Luis Videgaray no sólo se erigió como el jefe de los hilos económicos, sino que “mete su cuchara” en todos los temas, donde las consecuencias de sus “asesorías o consejos” no han dejado bien librado al Presidente Enrique Peña.

La contundente cercanía de Videgaray, lo ha convertido no sólo en uno de sus secretarios de Estado con mayor poder, sino también en una especie de “Presidente sustituto” que bloquea, decide, orquesta y pone en marcha esas ocurrencias de un ministro de Hacienda cuya falta de tacto ha quedado evidenciado en varios momentos de la vida política del país.

Hablarle al oído al Presidente Peña, es para Videgaray su pan nuestro de cada día.

Lo peor, es que el mandatario escucha sin reparo a su amigo, no a su secretario de Estado, quien francamente no da una, en cuestión de política.

Con el manejo de la caja chica y de la caja grande de los dineros del país, Videgaray se empeña en hacer sentir su fuerza, aunque con ello se provoque la división y ruptura interna del equipo presidencial.

“El hijo de Córdoba Montoya” como algunos lo han empezado a llamar, dista mucho de ser siniestro y calculador como el ex asesor salinista. Videgaray es torpe y con una visión tan corta que todo lo quiere resolver con “los dineros” del país.

La torpeza más inmediata de este flamante secretario es haber sido el artífice directo para la invitación y visita de Donald Trump a México.

Su discurso tan repetitivo sólo sirvió para evidenciar que el resto del equipo presidencial dejó solos al dúo Videragay-Peña quienes no pudieron revertir la avalancha de indignación que entre los ciudadanos provocó la presencia del candidato estadounidense.

Lo que se diga para dimensionar la crisis que hoy vive el gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto es poco. Concluyó su cuarto año de mandato inmerso en lo que llamaría la peor debacle sexenal.

Una cadena de desaciertos persigue al mandatario, donde la lógica, la congruencia, la obviedad, la estrategia y hasta la asesoría, parecen ser sus peores enemistades.

Podemos citar el caso del Presidente Enrique Peña Nieto como el mejor ejemplo para lograr un AUTODESGASTE político y de marca personal.

Y cuando todos pensamos que los errores de la Presidencia tocaron fondo, viene el siguiente para recordarnos que es posible cometer más y peores torpezas.

La imagen del Presidente Peña, vive momentos de descalabro con un fatídico pronóstico para su “delfín” y para su partido.

El actual sexenio inició inmerso en esa polémica que desató el triunfo de un Presidente cuestionado desde su legitimidad por ganar una elección que distó mucho de ser un proceso limpio.

Tener un mandatario con un empobrecimiento intelectual, nos cuesta mucho a los mexicanos. Lo hemos visto dar tumbos de una u otra manera, pasando por temas coyunturales y ocurrentes que sólo refrendan la derrota para un #PRI que difícilmente permanecerá en Los Pinos.

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¿Quién me ofrece más? … Más impunidad

En la víspera del último trimestre del año, los reacomodos políticos a nivel nacional no dan tregua, pese al desgaste de un gobierno federal rebasado en todos los sentidos.

Muchas son las mediciones que se hacen y se intensificarán en los próximos meses, para generar el posicionamiento y la percepción de todos aquellos que suspiran por las candidaturas grandes, es decir, las que lleva el premio mayor a Los Pinos.

En un escenario tan adverso para el Partido Revolucionario Institucional es previsible simular escenarios donde difícilmente el partido que alguna vez gobernó el país por 70 años vaya solo en las presidenciales del 2018.

Me parece que los escenarios de aquella vieja palabra llamada “concertacesión”, acuñada en el sexenio de Carlos Salina de Gortari volverán a la esfera política, dadas las condiciones de desgaste que enfrenta el gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto.

Las señales que empiezan a enviar los diferentes actores de la política nacional en torno a la próxima sucesión presidencial nos remiten a distintas lecturas, donde se prevé que el partido del Presidente busque alianzas y pactos, pues sabe que el desgaste de su marca electoral ha sido contundente como para pensar en un triunfo en el 2018.

Por otra parte, la competencia interna en el Partido Acción Nacional vivirá sus mejores momentos en los meses por venir, donde habrá que medir si el crecimiento de Margarita Zavala es real o se desinfla en las internas del blanquiazul, donde seguramente habrá una batalla a morir.

En tanto, el Movimiento de Renegación Nacional con su eterno candidato y mesías (Andrés Manuel López Obrador) se prevé muestre más virajes en sus discursos, mensajes y propuestas con la finalidad de crear esa percepción más “accesible” y sin el toque radical que atemoriza a diferentes sectores del país.

¿Quién o quiénes emergerán como los candidatos independientes en el 2018? El ensayo y error en estos primeros meses ha resultado desalentador debido a que se generaron muchas expectativas hacia los personajes que dieron este gran paso y que en la realidad no han hecho nada diferente; el caso más inmediato lo vemos indudablemente con Jaime Rodríguez Calderón alias “El Bronco”, quien se desinfló y tiró por la borda toda la mercadotecnia con la que ganó.

Enrique Peña Nieto habrá de emprender un tejido fino para buscar al partido y personaje o personajes que le garanticen simple y llanamente impunidad.

El actual sexenio concluirá con un lastre de corrupción que difícilmente podrá limpiar a la figura presidencial, es por ello que desde ahora se empiezan a medir las aguas y las turbulencias para ir vislumbrando con quiénes se harán los pactos que garanticen una salida –por la puerta de servicio- pero sin procedimientos judiciales.

La búsqueda de esta impunidad pone el dedo en la llaga y nos hace replantear la forma y las decisiones que tomamos los mexicanos para elegir a nuestros gobernantes.

Y es que quizá repliquemos algo similar a los españoles quienes no se atrevieron a abrirle la puerta a un gobierno de izquierda y aplicaron el viejo dicho de “más vale malo conocido que bueno por conocer”.

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Durmiendo con el enemigo

Me parece que sería una pérdida de tiempo elaborarle en este espacio un ranking para evaluar quién ha sido el peor Presidente de México, al menos en la época reciente.

Lo que estamos atestiguando con la actuación errática de nuestro actual Presidente Enrique Peña Nieto, rebasa la lógica y la congruencia que parece atentar contra la inteligencia de millones de mexicanos.

El desgaste de la figura presidencial no sólo devastó el nombre y marca personal de nuestro mandatario, sino que podríamos decir responde en mucho, al poco tacto e imagen que su pareja la ex actriz Angélica Rivera se empeñó en acrecentar desde que inicio el actual sexenio.

La caída libre en la imagen y aceptación hacia el mandato de Enrique Peña no únicamente responde a su desempeño político, en mucho es una consecuencia de todo su entorno personal, donde la palabra corrupción difícilmente lo ha podido librar de los cuestionamientos que diversos sectores de la sociedad plantean ante el estallido de escándalos donde su esposa es una de las principales protagonistas.

Ante los últimos acontecimientos donde nuevamente se exhiben esas “tentaciones” de la familia presidencial por entrar a los conflictos de interés con sus “posibles contratistas” a quienes misteriosamente les aceptan casas, departamentos y quizá mucho más de lo que aún no nos enteramos, la indignación hacia la figura presidencial se ha intensificado de manera importante.

Hablar en estos casos de un manejo de crisis para la familia presidencial es prácticamente decirles claramente que ellos son el epicentro de cualquier crisis y que por lo tanto, han hilado cada uno de sus desaciertos provocando una caída que difícilmente se revertirá en lo que resta del actual sexenio gubernamental.

Lo peor de todo es que aquella disculpa que ofreciera Enrique Peña por el escándalo de su Casa Blanca perdió todo mínimo efecto, pues la credibilidad nunca se la concedimos.

Cuando un mandatario vive en una constante negación de su realidad, indudablemente no sabe cómo enfrentar sus responsabilidades.

El Presidente vive evadiendo los temas que más golpean a su gobierno. Su sistema de comunicación y vocería son francamente deficientes ante el manejo y control de crisis que pareciera le gusta acrecentar en lugar de controlar los daños.

Como si no bastaran las evidencias que salen a la luz cada vez que se hace una denuncia de los excesos de la esposa del mandatario, la vida de lujos de los hijos e hijastras de la pareja presidencial, se reproduce sin empacho alguno en las revistas rosas mexicanas que dan todo detalle de viajes, autos, ropa, romances y todo lo que francamente resulta insultante ante la situación que enfrentamos en un país severamente golpeado por los desaciertos de un Presidente que ha dado muestra de poco liderazgo político.

No se necesita tener una bola de cristal para visualizar que el partido del Presidente –el PRI¬- saldrá de Los Pinos por la puerta trasera, como resultado de todo lo que hoy estamos viendo y lo que aún falta por develar.

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La pobreza perfumada de Meade y Videgaray

¿Cómo se mira la pobreza en México desde un escritorio? Se mira con la indolente visión de un funcionario tecnócrata que me atrevería a decir, jamás ha probado vivir con 100 pesitos en el bolsillo y la presión de conseguir un empleo.

La mirada de los hombres que son puntales en la política económica y social del Presidente Enrique Peña Nieto, están muy distantes de esa realidad que hoy vivimos en un país que está enfrentando una dura crisis, no sólo económica sino también social y política.

Luis Videgaray y José Antonio Meade Kubreña miran la pobreza en México pero de lejitos.

Difícilmente estos alfiles del Presidente Peña Nieto se ensucian los zapatos, es más cómodo, usar a los operadores y peones de sus Secretarías para palpar el pulso económico y social de un país.

Cada vez son menos los que defienden esta política sexenal donde es irrefutable que estamos viviendo al más puro estilo de los finales presidenciales priistas, donde ya no funcionaba apretarnos el cinturón, sino prácticamente asfixiarnos con la escalada de incrementos a alimentos y servicios que han golpeado de manera contundente los bolsillos de quienes vivimos al día.

El fallido intento de maquillar cifras de pobreza en el país, refleja la más pura contradicción de un gobierno federal que, no ha hecho otra cosa más que contradecir todas sus promesas de campaña.

El peñismo se ha convertido en el vivo ejemplo de cómo tirar y hacer cachitos una plataforma electoral que les ayudó a recuperar Los Pinos.

El pasado fin de semana, el nuevo incremento al precio de las gasolinas nos cayó como otro balde de agua fría, sin contar todos los incrementos que se siguen registrando en productos de la canasta básica.

Mientras el Presidente Enrique Peña anda de gira por Argentina simulando que vamos a cerrar muchos y jugosos acuerdos comerciales, sus hombres, los perfumados y que muy pocas veces se rosan con los ciudadanos, suman sus erráticas declaraciones a una verdadera falta de sensibilidad política y social.

El ejemplo inmediato es el del responsable del combate a la pobreza en el país, es decir, el Secretario de Desarrollo Social José Antonio Meade, quien ahora pone a chambear a las ONG´S. Y es que el secretario les pidió que lo ayuden a detectar la pobreza.

Señor Secretario, camínele, váyase a cientos de zonas que hay en el país donde la gente está comiendo una vez al día; pregunte cuántos están en el desempleo sobreviviendo como pueden. Es decir, levántese del escritorio y deje la tecnocracia para trabajar en la cruda y lastimosa realidad del país.

Es así como se perfuma a la pobreza en un momento donde los desaciertos siguen sumando golpes, que van directos a los bolsillos de la ciudadanía y mantienen intactos los excesos de la gran burocracia dorada del Gobierno Federal, donde se prioriza el gasto para el posicionamiento político con miras al 2018 y se adelgazan programas de impacto social.

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Los hijos de Malverde, de la realidad a la ficción

En el arrebato de las contradicciones que surgen en una sociedad golpeada y vulnerada por el narcotráfico, el auge de las series inspiradas en las acciones del crimen organizado es contundente, principal y paradójicamente en países como México, Colombia y Estados Unidos.

 

Más de una decena de este tipo de series y telenovelas han resultado ser una mina de oro para las grandes cadenas de televisión que alargan una y otra temporada con la finalidad de exprimir la rentabilidad de estos dramas llevados de la realidad a la ficción.

 

Al hacer un análisis de contenidos de estas series inspiradas en los capos de la droga se hallan innumerables “códigos” que se transmiten a una audiencia masiva, donde los narcos, los capos, los jefes además de mostrar su violencia, prepotencia y casi omnipotencia, presentan ese otro doblez donde se les tiñe de humanidad.

 

Ellos, los jefes y jefas de los cárteles se enamoran, lloran, aman, perdonan vidas, mueren y reviven fingiendo muertes, se cambian el rostro y la identidad.

 

Ellas las mujeres de los capos son casi soldaderas del siglo XXI quienes se involucran, manejan parte del negocio, lavan dinero, admiten y compiten con las amantes.

 

Estas organizaciones intentan justificar su existencia mostrando la corrupción de las lides políticas, muestran la compra de conciencias, ponderan las ejecuciones y presumen sus nexos con el ejército.

 

Como en toda mafia los códigos entre capos no siempre se respetan. Traiciones, entregas, muertes, familias ejecutadas, hijos exiliados, raptos y lo que se acumule.

 

Lo realmente lamentable, es cómo estas series televisivas han logrado emular a narcotraficantes con ídolos.

 

Vidas de ensueño donde los lujos muestran mansiones, ropa, autos, joyas que son la cotidianidad de los prófugos de la justicia que igual huyen en sus aviones, barcos o túneles edificados con su propia infraestructura.

 

El manejo de ficción y realidad ha logrado dañar a los propios protagonistas de estas series que de pronto, pierden la noción de lo que viven y se mimetizan con su  personaje. Estos actores, se ligan con las redes criminales o caen en las garras de las adicciones.

 

Casos como los de los actores Kate del Castillo y Rafael Amaya reflejan esas carencias sociales que hacen perder el hilo conductor de una realidad cruda, donde ninguna serie puede disimular la sanguinaria vida de un narcotraficante.

 

El Capo, El Cártel de los Sapos, La Reina del Sur, Rosario Tijeras, El Patrón del Mal, El Señor de los Cielos son tan sólo algunas de las series que más rating han logrado en cadenas televisivas de habla hispana en los países antes mencionados.

 

El fenómeno de las series que rinden tributo al narcotráfico también han provocado que en la sociedad, algunos jóvenes y niños se vuelvan fanáticos de estos dramas, donde celebran las acciones de los capos, también se mimetizan con los personajes y lo más grave, es que varios de ellos terminan convencidos que ese es el camino para lograr ganar dinero rápido y fácil.

 

Estas series le asignan un estatus a los narcos, capos o jefes; estatus que en una sociedad como la mexicana, permea más fácilmente en aquellos que sumidos en la pobreza, consumen los contenidos televisivos que se tienen a la mano, y que en estas circunstancias no sólo son basura, sino representan un riesgo por los mensajes que difunden. Al final, jóvenes y niños terminan añorando ser los nuevos hijos de “Malverde”.

 

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