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México, la narcocracia perfecta

La detención del ex secretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos Zepeda cimbró a un gobierno mexicano que una vez más, sucumbió frente a la plana que le corrige el Gobierno Norteamericano, desde donde se articuló la llamada “Operación Padrino” para la detención de uno de los hombres más duros del Ejército Mexicano.

Muchas son las versiones que corren sobre la investigación contra Cienfuegos, lo real es que agarraron en curva no sólo al ex secretario, sino también al gobierno de la 4T que ni las manos metió, pues le remitieron la información como a todos los demás.

Todo lo anterior quizá fue la clave del éxito de una operación donde no se dio la posibilidad de filtraciones o pitazos.

Hoy nos queda claro que el fiscal Alejandro Gertz Manero es una figura decorativa que no ha podido tomar los hilos en un país donde es un secreto a voces, que el narcotráfico permeó no sólo en el gobierno, sino en el ejército, en el sistema de impartición de justicia, en la política partidista, en las empresas y en una gran parte de los sectores de una sociedad, donde se ve y se siente la mano, el poder y el dinero de la delincuencia organizada.

Estados Unidos volvió a asestar un golpe a México con la detención de un militar cuya carrera castrense rebasa los 50 años.

Frente a esta detención por vínculos con el narcotráfico, venta y distribución de estupefacientes, protección a organizaciones criminales, podemos pensar que los hilos de la madeja llevan a varias direcciones donde seguramente hay muchos más implicados.

En las fuerzas castrenses se dice que hay una máxima que no falla y ha conservado perpetuidad. “Secretario pone Secretario para protegerse”.

En el ejército saben que Cienfuegos pensó en su sucesor como un garante para no abrir las cajas de pandora.

Por lo anterior, resulta precipitado el espaldarazo del presidente Andrés Manuel López Obrador hacia el actual Secretario Crescencio Sandoval González, quien seguro tiene mucha información sobre los andares de su antecesor.

Durante sexenios, las fuerzas castrenses en México han estado rodeadas de un oscurantismo y hermeticidad propia de las cofradías donde se pactan silencios y excesos.

Los gobiernos han dado manga ancha a militares para tener en la práctica una autonomía que por momentos pareciera caminar al costado de gobiernos que han visto en ellos, socios, cómplices y puentes de negociación con las organizaciones criminales.

En la última década hemos visto las detenciones de Jesús Gutiérrez Rebollo y de Mario Arturo Acosta Chaparro, donde la constante ha sido la misma, sus nexos con la delincuencia organizada.

Hoy en México tenemos un ejército hincado frente a la marea de investigaciones donde saltarán muchos nombres, no sólo del área castrense, sino también de la política y el sector empresarial.

Sería bueno sugerirle al presidente AMLO no madrugar inocencias, porque se puede quemar.

Resulta francamente doloso que los golpes certeros a la corrupción en México se den desde las cortes neoyorkinas y no desde la Procuraduría General de la República que hoy actúa como un paquidermo silencioso, muy silencioso.

Los militares en nuestro país recobraron oxígeno con el arribo de la 4T. La limpia no se ha dado, ahí están, los mismos que acompañaron a Cienfuegos una y mil veces en sus oprobiosos discursos contra la corrupción.

Como apunte anecdótico de la picaresca nacional, el Gobierno de México habría de hacer una llamadita a Turquía para hablar con su Cónsul Isabel Arvide, quien conoce muy bien al ex secretario Cienfuegos.

México refleja una descomposición de Estado, donde la narcocracia ya es una forma de gobierno. El mismo gobierno que hoy tiene justo en los militares a sus principales socios.

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Foto: Gobierno de México

Madruguete a la “nomenklatura” morenista

Qué poco le ha durado el gusto democrático al Movimiento de Regeneración Nacional que ante su joven existencia como partido político de nueva creación, hoy enfrenta una de las peores crisis internas, cuyo pronóstico anuncia un largo litigio donde los perdedores serán los propios morenistas.

Lejos ha quedado aquella aplanadora que arrasó con votos en un país donde vendieron un buen marketing social y de masas sustentado en la figura del fundador, líder moral y hoy presidente Andrés Manuel López Obrador.

La mezcla de intereses, personalidades y egocentrismos desató la maldición de las tribus donde hoy todos se erigen como morenistas de sepa cuando muchos de ellos, ni siquiera figuraron en el trabajo de resistencia que durante años llevó a cabo Andrés Manuel López Obrador.

Hoy Morena es rehén de sus propios vicios, donde hay una “nomenklatura” como en los viejos partidos donde el dedazo se disfraza de mediciones, pronunciamientos financiamientos y lo que haga falta para mantener el control de parte no sólo del líder moral, sino de las ligas de poder que de ninguna manera están dispuestos a perder la ventaja de manejar y distribuir candidaturas en los diferentes bastiones de poder en el país.

La definición del nuevo dirigente nacional de Morena se antoja larga y aún tardía, sobre todo por el madruguete que la tarde del domingo aplicó Porfirio Muñoz Ledo al adelantarse y nombrarse como legítimo ganador de la presidencia anunciando que este lunes lo hará oficial.

El resquebrajamiento de la unidad morenista es el reflejo de lo que ha sido el manejo de un poder fáctico que sucumbió al estilo y usanza de las viejas estructuras de poder político, donde la llamada plataforma de principios ha quedado como muestra fiel de lo que ni ellos mismos han sido capaces de cumplir.

Con un presidente que por momentos desconoce ser la cabeza del rebaño morenista pero que sigue moviendo las decisiones de poder al interior del mismo, las tribus de este partido cruzan lanzas para defender sus intereses amparados en quienes creen será el mejor dirigente para Morena.

El partido del presidente es el mejor ejemplo del desmoronamiento de esas militancias donde hoy los puros y neo-morenistas se preparan para la carnicería que será pelear y arrebatarse candidaturas, aunque en ello se ponga en juego la fidelidad con el presidente AMLO.

“Les quedó grande el pueblo”

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Las mujeres del presidente

Alineadas con el discurso mesiánico, invisibilizadas y con un mínimo margen de maniobra en sus responsabilidades, así son las “Mujeres del Presidente”.
Todas ellas llegaron con una amplia expectativa de consolidar el llamado gabinete paritario muy lejos de ser realidad.

Varias de ellas han intentado opinar, maniobrar o simplemente equilibrar, pero son regresadas al redil con la clara instrucción que en la 4T todo funciona de manera piramidal, desde esa cúspide donde el gran Tlatoani veta o da el visto bueno a estas mujeres que son instrumento para ejecutar, más no para decidir.

A ellas les tiran línea, frente a sus ojos la política de género en México no se ve, no se siente, pero tampoco se menciona.

Cuando se trata de la voz ahogada de millones de mujeres inconformes frente a un gobierno indolente, todas ellas pasan de costado y evaden opinar, como si sus pares no existieran.

Hace décadas que en México no teníamos una Secretaría de Gobernación ignorada.

Los tiempos de Bucarelli donde se hacían amarres, se tenía la información, se maniobraba el cabildeo político, pasaron a mejor vida con el arribo de Olga Sánchez Cordero quien es un elemento meramente logístico y de adorno, pues ni siquiera puede decidir, ella sólo avala.

En la Secretaría de la Función Pública tenemos a una mujer del Presidente, tan es así, que Irma Eréndira combate la corrupción con los ojos de la 4T, cuidando los intereses de “casa”.

Para ella la corrupción no está en los negocios que hace su familia, sino en la crítica o inconformidad de quienes se atreven a señalar los errores presidenciales, a ellos son a los que persigue.

En la Secretaría del Trabajo está Luisa María Alcalde, una auténtica mujer del Presidente que sólo ha engrosado la nómina con familiares y amigos. Ha decidido como darle el pitazo a su papá para que asesore a los sindicatos, pero no hemos conocido un programa de política laboral pensado en las mujeres de México.

Graciela Márquez Colín en la Secretaría de Economía es meramente la pantalla que está como ventanilla de atención al público empresarial, una vez que las decisiones se toman en otro escritorio, como por ejemplo el de Alfonso Romo.

Alejandra Frausto en la Secretaría de Cultura ella hace trabajo de traspatio. Digamos que sólo prepara su mano para firmar cuando el Presidente anuncia la desaparición de fideicomisos o más apoyos invisibilizando a uno de los sectores que tendría que tener un gran respaldo en un gobierno como el de la 4T.

En Semarnat tenemos a María Luisa Albores muy conectada con las comunidades indígenas pero amarrada de pies y manos para frenar los proyectos que están en marcha y que impactarán al medio ambiente.

La polémica Rocío Nahle al frente de la Secretaría de Energía como guardiana del discurso de su jefe donde hay que regresar a la vieja tecnología y frenar las energías verdes. Contradictoria e ignorante.

Qué decir de la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum quien señaló a una mujer por hacer activismo personal a favor de las mujeres feministas. Una caricatura de las rancias izquierdas.

En la Suprema Corte de Justicia de la Nación está Margarita Ríos Farjat haciendo la labor de camuflaje para fingir una autonomía que es dependencia y línea de Palacio Nacional.

La cereza pastelera es sin duda Rosario Piedra Ibarra una mujer que ha hecho de los Derechos Humanos una caricatura al no poder entablar un diálogo con las mujeres que feministas o no, reclaman una sola palabra: Justicia.

De las mujeres en el Senado y la Cámara Baja podemos decir que poco hacen para romper la línea de su bancada y el dedo flamígero del Presidente.

Todas estas mujeres bailan al son lópezobradorista sin darnos una mínima señal de congruente rebeldía frente a la invisibilidad que hoy enfrentamos las mujeres en México.

Ahí detrás de la cortina de humo, se haya la principal de todas: Beatriz Gutiérrez, diciendo no soy, no estoy, emulando lo que no es y quisiéramos que fuera.
Veneno dulce para las hadas feministas en estos tiempos de la cuarta deformación.

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Reelección y maldición en el Charlie Hall

Seguramente somos varios los poblanos quienes hemos hecho un ejercicio de simulación mental para imaginar lo que le diríamos a Claudia Rivera Vivanco si la tuviéramos enfrente.

Quitemos las filias y fobias para verla en una perspectiva de cruda realidad.
A dos años de haber llegado a la Presidencia Municipal de Puebla hemos visto mucha política, guerras internas, corrupción, ineficiencia, activismo gubernamental y trabajo a cuentagotas siempre precedido por su “limitación” para destinar recursos, que es lo que realmente queremos los poblanos.

Como ciudadanos nos interesa que las autoridades respondan a lo que de manera inmediata y próxima está en nuestras necesidades cotidianas: Servicios Públicos, Seguridad, Programas REALES de apoyo para población en condiciones de pobreza, etc.

Ahora bien, hoy nos enteramos que el Ayuntamiento de Puebla, sí el mismo que pregonaba transparencia, donde se presumía que no era como “el Gobernador”, hizo lo mismo. Reservó por cinco años los contratos que signaron durante la pandemia, así como los padrones de beneficiarios de despensas.

¡Qué bonito negocito! Digamos que se recurre a lo oscurito para que no se caiga el teatrito.

Cinco añitos para saber a dónde fueron a parar las paupérrimas despensas que durante la pandemia la comuna entregó a la población de escasos recursos.
Cinco años para enterarnos si la hermana incómoda sobregiró los precios de compra de víveres.

Así es como Rivera Vivanco iguala a los que critica, pero hoy los emula de manera milimétrica.

Seguramente varios tenemos ganas de tener a Claudia enfrente para decirle que antes de hablar de reelección o de escuchar sus típicos discursos a manera de poesías setenteras de izquierda desfasada, nos responda cuándo podremos circular por las calles de la ciudad sin los enormes cráteres que vemos por todos lados, ver a la ciudad limpia, poder ir al Centro Histórico a comer, de compras sin lamentarnos de tanta inseguridad, comercio informal y prostitución a plena luz del día. Ya sólo falta ver los giros negros en los portales o afuerita del Palacio Municipal.

Sus funcionarios dejaron de atender las necesidades de una ciudadanía para dar paso a un trabajo de proselitismo donde en este tiempo de gobernanza han seguido dos vertientes: Golpeteo con el Gobernador y hacer proselitismo interno para fortalecer un proyecto político sin pies ni cabeza.

Muchos de sus actuales funcionarios en conversaciones off the record cuentan cómo se articulan los negocios personales del primer círculo de la edil. Narran cómo se les pide a los funcionarios dejar pasar, dejar hacer o hacerse a un lado cuando se trata de licitaciones o asignaciones donde los moches fluyen a nombre del Che Guevara y con la bendición de la “austeridad republicana”.

Considero que a estas alturas Claudia y su equipo saben que el teatro se cayó. Que la mejor muestra de su incompetencia es ver a Puebla en condiciones lamentables.

Claudia empezó como como rehén de los intereses de poder emanados de un sexenio que vio en ella la presa perfecta. Nuestra Presidenta se deslumbró con su primer viaje a Washington, luego le pusieron en charola “asesores”, gurús, gabinete y negocios.

Hoy a ella y varios de su equipo les gusta y mucho levantar el puño revolucionario para proclamar a la izquierda, pero buscar vivir a todo lujo como la derecha.
¿Queremos tres años más a Puebla en un limbo de izquierda disfrazada?

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Prensa vendida

El enfrentamiento entre el presidente Andrés Manuel López Obrador y una parte importante de los medios de comunicación en México agudiza la polarización que se siente en un país confrontado y dividido.

El desplegado firmado por 650 intelectuales, periodistas, científicos, académicos, puso el dedo en la llaga sobre la delgada línea que hoy divide a México entre los que están “con el Presidente” o en “contra del presidente”.

Diferir en estos tiempos, es ser calificado de cualquiera de los dos extremos como “prensa vendida”.

Retomo algunas líneas que expuse en mi reciente participación en un Foro organizado por Puebla contra la corrupción donde intercambié planteamientos con colegas poblanos sobre la situación actual de los medios de comunicación.

Quiero iniciar refiriéndome a lo que llamo la prostitución y el regenteo de la información en los medios de comunicación, mismas que siguen intactas y son transexenales.

Sucede que tenemos una ausencia evidente de medios independientes y una gran proliferación de “portavoces” y alfiles informativos que se disfrazan con rimbombantes nombres, que operan desde una fan page de Facebook o un perfil de Twitter.

Esto les basta para empezar a escribir columnas financiadas por los mecenas que se encargan de apuntalar los golpes contra sus adversarios políticos, mismos que están muy lejos de hacer periodismo o investigaciones, se trata de amarillismo que en repetidas ocasiones da paso a la difamación, violencia de género o intromisión en la vida personal.

Considero que este tipo de periodismo que seguimos viendo no sólo desde la etapa del morenovallismo en Puebla, sino desde sexenios anteriores, responde a ese regenteo de periodistas, columnistas y reporteros que ceden a comercializar la información a cambio de garantizar convenios anuales que a su vez les permitan amarrar clientes en cadena.

Todo lo anterior me parece es una brutal muestra de la prostitución informativa que enfrentan una parte importante los medios de comunicación en Puebla.

Estos escenarios se replican a nivel nacional, cuando se satanizó el desplegado de los llamados intelectuales a los que despedazaron y situaron como damnificados del salinismo y del calderonismo.

El mismo presidente AMLO dijo que “ellos” tendrían que pedir disculpas, pero ¿será que piense lo mismo de todos los que estuvieron como él dice con el “neoliberalismo” y ahora son sus aliados?

Al presidente se le olvida por conveniencia que aquellos otros medios a los que en el pasado sometió a su inquisición popular, hoy son con los que hace negocios, como: Televisa, TV Azteca, Grupo Imagen y algunos más que se suman a los nuevos porristas sexenales.

Los negocios y el poder trascendieron a esa prensa y medios de comunicación que serán enjuiciados, sometidos, amagados, consentidos o comprados, de acuerdo al lugar y momento sexenal por el que se encuentren transitando.

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De partidos políticos a empresas familiares

En México la democracia se subasta cuando la clase política nacional sigue viendo la creación de partidos políticos como el inicio de operaciones de una empresa, en muchos casos familiar, donde el clientelismo político se impone a esos dogmas que desde hace mucho son letra muerta y sólo sirven de pantalla.

En nuestro país sabemos que muchos de estos partidos surgieron para servir de satélites a esos poderes fácticos que necesitaban la simulación de contrapesos.

Por décadas la arena electoral sólo se tiñó con los colores de un sempiterno PRI que mantuvo por 70 años los hilos del poder en México. En la otra esquina, conocimos el lado azul del panismo surgido como la oposición conservadora.

Tengamos memoria para recordar cómo operaban los partidos políticos con recursos que recibían de la Secretaría de Gobernación. Eran tiempos donde «ni por equivocación» se hablaba de un árbitro electoral con perfil ciudadano.

Los partidos políticos fueron surgiendo como vasos comunicantes cuya función es desde dividir votos, afianzar acuerdos, establecer componendas, negociar cargos de elección popular, pero sobre todo vivir de las jugosas prerrogativas que provienen del dinero de todos los mexicanos.

Estas empresas disfrazadas de partidos, nos han dejado un mal sabor de boca sobre todo cuando a la larga, con una mínima representación ganan cargos de elección popular que se distribuyen entre parientes, amigos y quienes inyectaron «recursos» para conseguir el objetivo.

Ahí tenemos en la memoria al PANAL que fue utilizado por Elba Esther Gordillo como sucursal magisterial para negociar poder y dinero.

También recordemos a Jorge González Torres y su disfraz ecologista para fundar el PVEM a través del cual hizo y mantiene jugosos negocios.

Está el Partido del Trabajo con Alberto Anaya, quien lo sigue utilizando como la marca de negociación de candidaturas y espacios de poder, pues en este partido lo que menos se representa es a los trabajadores.

En Puebla tenemos el mejor ejemplo en Compromiso por Puebla, creado exprofeso y a capricho de Rafael Moreno Valle para detentar más poder y control político.

En este desfile de empresas partidistas, no podemos dejar fuera al partido del Presidente AMLO. Morena surgió de un movimiento desde la ciudadanía para dar paso a un estrategia muy bien planeada donde la marca y su principal promotor, fueron piezas claves para lograr un arrastre social que hoy, si bien se mantiene, nos hace recordar la guerra interna que se libra en ese partido, donde se presumen traiciones, desvíos de recursos y mucho clientelismo popular.

Los partidos políticos están obligados a transparentar el dinero que reciben y gastan.

Hoy estas marcas electorales han perdido credibilidad y en algunos casos son vistas como verdaderas empresas de corrupción política y lavado de dinero.

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La urgencia de vertebrar a la sociedad poblana

Frente a la polarización política y social que enfrentamos en Puebla, se hace urgente vertebrar a una sociedad que desde diferentes sectores pueda expresarse con claridad, pero sobre todo con libertad.

Los empresarios, las universidades, las organizaciones ciudadanas hacen mucha falta en un momento donde en Puebla se notan vacíos, que abren más frentes para generar polarización y guerras mediáticas de baja intensidad.

Todos los partidos políticos sin excepción están en guerra, librando batallas que excluyen al ciudadano común, quien mira con desdén y desconfianza lo que ocurre con estos personajes cuya credibilidad se ha desgastado al máximo.

Los últimos ocho años han sido fatídicos para Puebla.

Tiranías gubernamentales, fraudes electorales, interinatos y gobiernos inexpertos que exceden su poder amparados en la máxima del clientelismo político: “En política, todo se vale”

Hoy en día hacen falta voces, muchas, que no busquen colgarse de instituciones, cámaras empresariales, o asociaciones ciudadanas para emitir pronunciamientos que lleven un color, marca o tendencia.

En Puebla como en todo el país, es real la ausencia de una oposición que equilibre los excesos de los gobiernos en funciones.

Hasta ahora seguimos en el debate estéril, sin rumbo, donde hay mucha grilla política pero una gran ausencia de ciudadanos.

Y es que es difícil mirar a quienes realmente quieran mirar con imparcial opinión el trabajo de los gobiernos y de los principales actores políticos en Puebla.

Me parece que es momento de darle mucha voz a quienes han permanecido como espectadores, pero tienen mucho que contar.

Las universidades tienen que apuntalar estos semilleros de opinión que no incuben intereses de partido, sino que abran y propicien debate, intercambio de ideas, propuestas y planteamientos de una sociedad que no ha dejado de moverse, pero que parece ser ignorada ante la inercia de los escándalos que hoy estamos viviendo.

Que las confrontaciones entre los gobiernos, los escándalos que están en puerta, las decisiones mediáticas que marcarán nuevos rumbos políticos, no nos quiten el compromiso y las ganas de apuntar los aciertos errores, opinar sobre las decisiones, cuestionar la opacidad y evidenciar los actos de corrupción.

Antes cuando se hablaba de vertebrar a una sociedad surgía la asociación con una entidad política. Hoy estamos en otro momento y escenario donde se hace urgente movilizar desde diferentes frentes a una ciudadanía que tiene voz y quiere ser escuchada.

La pandemia, la corrupción a todos los niveles, la inexperiencia gubernamental, la guerra interna en los partidos políticos y la invisibilidad de los empresarios poblanos, hace necesaria la construcción de una narrativa donde se sume la diversidad de voces que están buscan opinar y manifestar lo que realmente se quiere no sólo para Puebla, sino para todo un país enfrentado y muy dividido.

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AMLO y sus molinos de viento

En medio de una pandemia y de escándalos de corrupción, México lleva al reflector nacional el tema de la corrupción, una de las banderas del gobierno López-obradorista quien hasta ahora sólo ha logrado una real y evidente polarización social.

Ya no se trata sólo neoliberalismo como presunto culpable de las desgracias mexicanas, se trata también, de la forma de aplicar justicia en un México que repite las viejas prácticas en un presente, donde el actual gobierno, elige minimizar todo viso de corrupción que apunta hacia su más cercanos, como en el caso de su hermano Pío López Obrador.

En estos tiempos hablar de corrupción en México, tendría que ser remitirnos no sólo al pasado donde se ha mencionado a una gran parte de la clase política nacional ligada a los recientes ex presidentes.

Se trata también, de mirar a un gobierno de cuarta transformación, hablar de una impartición de justicia a modo y acomodo de las conveniencias actuales, para minimizar los abusos de su director del IMSS Zoé Robledo, para ignorar los negocios inmobiliarios de su Secretaria de la Función Pública o sancionar mínimamente al hijo de uno de sus Secretarios predilectos como lo es Manuel Bartlett.

Así al estilo del presidente López Obrador se intenta limpiar lo que también ya les ha salpicado de manera contundente.

Hasta el momento la lucha anticorrupción de AMLO se ha concretado a replicar la misteriosa filtración de videos y documentos que se sabe han salido del propio Palacio Nacional, con la finalidad de viralizar y polarizar aún más las polémicas declaraciones de Emilio Lozoya Austin.

De todo lo que se prometió a los mexicanos en cuanto a la lucha contra toda la red de corruptelas, sólo se han dado dichos de un ex secretario peñista que ha sido desmentido por todos los implicados.

Hasta ahora sólo se ha mostrado un solo video de un operador cercano al Gobernador queretano Francisco Domínguez. No hay más; se ha filtrado una declaración firmada que puede hacerla y desmentirla cualquiera.

Lo que sí vimos fue el video del hermano de presidente AMLO recibiendo dinero para la campaña de su hermano.

Escuchamos a la NO primera dama Beatriz Gutiérrez intentar exculpar a su cuñado con uno de sus pasajes históricos que la hicieron ridiculizar a una de las heroínas de la independencia como Leona Vicario.

México está inmerso en una trama de poder y venganza.

Como si todo esto no bastara, el país superó los 60 mil muertos por Covid-19 con un vocero (Hugo López Gatell) rebasado por su propio reflector, que hoy tiene el poder de manejar doce mini secretarías dentro del sector salud.

Para coronar los enfrentamientos con la sociedad, el presidente AMLO sigue adelante asestando golpes de hierro a sus críticos, a todos aquellos que no piensen como él o que se atrevan a cuestionar lo que para la cuarta transformación debe ser dogma.

México se desgasta frente a un gobierno sordo y ciego, que como el buen Quijote lo vemos luchar contra sus molinos de viento.

La demencia y el poder inhiben la crítica y limitan las libertades de quienes no se callarán frente a la locura o los excesos de los nuevos simuladores.

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Los López y sus muertos

La relatoría del Gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador perdió efectividad desde el momento en que las cifras de muertes por Covid-19 se duplicaron, triplicaron y salieron de control en contraste con el discurso presidencial que mantiene la decisión de sostener una estrategia fallida, donde Hugo López Gatell ha quedado marcado por su falta de reacción frente a una situación que rebasó todos sus pronósticos.

Es verdad que hoy en día los hospitales lucen con menos gente.

En un recorrido a las afueras del Hispital Covid, que se ubica en San Manuel, el área de urgencias lucía semivacía con al menos cinco personas en las afueras, familiares de enfermos de Covid.

Esta es una de las tantas narrativas que los gobiernos liderados por el de México, toman como referente para darnos esa otra visión que según el propio AMLO señala como las indiscutibles señales de que el país está en la ruta de salida de la pandemia.

Al corte de hoy, las cifras Covid en México provocan escalofrío al dimensionar la cifra mayor a 52 mil muertes que podríamos equiparar con la desaparición de todo un municipio similar a Cuetzalan tomando como referencia su número de habitantes.

El vocero de la pandemia Hugo López Gatell mantiene con alfileres su errática estrategia diaria de forzar credibilidad y mostrar cifras subjetivas que nos llevan a especular por el número real de muertes que hasta estos momentos acumula México como resultado de la pandemia.

A todo esto, hay que sumar otra narrativa prácticamente invisibilizada no sólo por el Gobierno de México, sino también por los Gobiernos de los Estados, quienes se han enfocado a la estadística central, olvidando la otra realidad de los que ni siquiera tuvieron la oportunidad de llegar a un hospital.

La pandemia ha sido y sigue siendo igual de dura en las comunidades rurales donde está la gente más pobre. Hasta ellos apenas si ha llegado información, y de medidas sanitarias mejor no hablemos.

Ellos, los más pobres de los pobres han hecho su vida al margen de los anuncios y campañas de prevención, siendo sorprendidos por los que ellos han llamado: “Tos, gripa y calenturas” que los llevaron a la muerte.

Todos estos decesos están al margen de la estadística clarita de “Los López” quienes en una dupla irresponsable (presidente y vocero) intentan defender lo indefendible.

México ha cometido serias negligencias en el manejo de una pandemia que hoy acumula un saldo de pérdidas en vidas humanas debido a reacciones tardías y a los caprichos personales para defender cultos de personalidad por encima de la inmediatez de reflejar que el país soltó los hilos de control en esta pandemia sanitaria.

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Foto: Presidencia MX

La otra violencia política

Me alegra y celebro que hace unas semanas el esfuerzo principalmente de la diputada Rocío García Olmedo haya rendido frutos en las reformas que harán posible la sanción por violencia política que se ejerce particularmente contra mujeres poblanas.

Sin embargo, es motivo de análisis lo que ocurre con la otra violencia política, la que se ejerce debajo de las cañerías institucionales y partidistas, donde muchas mujeres pueden dar testimonio de lo que ya se vive, no en uno, sino en varios partidos contra militantes o simpatizantes a las que se les empieza a advertir que pueden ser el centro de una campaña de desprestigio o intimidación si se les ocurre levantar la mano para buscar candidaturas en las elecciones intermedias de 2021.

En esta violencia política, la velada, la que se encarga de soterrar aspiraciones, participan mujeres, así que se puede decir que: Mujeres violentan mujeres.

Desde hace unas semanas vengo recibiendo testimonios de mujeres que no tienen ningún nexo o coincidencia partidista entre sí, más que las de ser mujeres y estar involucradas de lleno en la política local.

A una se le “avisó” de parte de otra mujer que ni intente moverse porque las diputaciones ya están dadas para las “santonas” que van en caballo de hacienda por convenirle ni si siquiera a los intereses de ellas mismas, sino a los intereses de terceros que encabezan los cacicazgos y grupos políticos de siempre.

Otra mujer de la política poblana que inició cabildeo para el trabajo rumbo a una diputación, la frenaron en seco, esta vez los “señores” de su partido fueron quienes le dijeron: “A ver, ahorita no te toca, va fulano porque ya metió recurso para asegurar su posición en la lista. Si tienes más recurso que él, adelante”.

A la tercera que se mueve en las merititas izquierdas, a ella le dijeron: “Del lado donde te estás moviendo primero va toda la parentela de la Presidenta que ya anda hasta prometiendo lugares en su lista”.

Esta es la otra violencia política que no se ve, pero se siente en la intimidación que se ejerce contra mujeres poblanas de diferentes militancias que saben que la libre participación es un mito, cuando en sus propias estructuras partidistas no se han terminado los padrinazgos o acuerdos para enviarlas a determinado distrito con una misión: Perder, porque así conviene a la negociación de sus dirigencias.

Ojalá cada vez haya más mujeres involucradas en la política que hablen de esta otra violencia, la oculta, la que sigue intacta y que se ejerce frenando aspiraciones y proyectos por priorizar los intereses de partido que están muy lejos de favorecer las verdaderas aspiraciones de las mujeres poblanas.

Son tiempos de acabar con las viejas y obsoletas formas de amedrentar o minimizar la participación de mujeres en la política. No se trata de colocar en agendas al feminismo extremo o al otro feminismo el que busca sólo hacer negocios con las mujeres. Se trata de otorgar equilibrio en tiempos donde las mujeres cambiaron discursos, están más preparadas y pueden resultar mucho más competitivas que los viejos y desgastados cuadros partidistas del sempiterno cacicazgo que sigue apadrinando las viejas mafias de poder.

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Foto: Es Imagen / Katia Fernández

El Piso 51

La campaña de Enrique Peña Nieto estaba en su mero apogeo.

Ahí, en el corazón de la Avenida Reforma en la Ciudad de México arribaban las Suburban, las avanzadas, los matraqueros y los operadores.

Semanalmente se convocaba a la reunión de Cuarto de Guerra con todas las estructuras, vocerías y equipos de comunicación en el país.

La abundancia se sentía, era campaña sí, pero el derroche de los recursos se re direccionaban para los grandes monstruos de la Comunicación en el país que ya habían amarrado convenio para la cobertura completita de la campaña del “Candidato Guapo”.

La célebre foto del Cuarto de Guerra Táctico en la que aparecen en mangas de camisa “los muchachos de Peña” hoy es la remembranza de los que fraguarían la más grande red de sobornos.

En ese piso 51 fluía “la liquidez” y se percibía el manejo de recursos de una campaña que iba con paso firme al rescate nuevamente de Los Pinos.

Las emblemáticas figuras de Luis Videgaray, Emilio Lozoya, Aurelio Nuño se dejaban ver poco en el cuarto de guerra mediático, donde el control lo ejercían Jorge Carlos Ramírez Marín, Eduardo Sánchez, Alejandra Lagunes, Rafael Pacchiano y Beatriz Pagés.

Eran los inicios del contraste entre la bufalada y una campaña digital que despegaba para crear la imagen de un candidato conciliador, con sentido social y que evocaba a las nuevas juventudes priistas.

Al interior de este cuarto de guerra se aleccionaba a las vocerías de todo el país para actuar en manada y en bloque compacto diluyendo los ataques y propiciando el contrataque hacia los opositores peñistas.

La rubia cabellera de Alejandra Lagunes se movía al ritmo de sus ejércitos de bots para dar la indicación de a qué hora se atacaba y a qué hora se defendía al candidato.

Jorge Carlos Ramírez Marín era el conciliador en ese cuarto de guerra donde se reclamaba lo que es tradicional en las campañas: “El recurso no está bajando a los Estados, necesitamos pagar medios locales” –decían los voceros provincianos-
Eduardo Sánchez fiel a la vieja institucionalidad priista pedía tiempo y paciencia porque se estaban “aceitando” primero los medios nacionales.

Ahí con esa visión de campaña mercantilista se aceleraban giras, se cerraban tratos, se decidía en minutos la compra de miles de cuentas de twitter para darle fuerza al “ejército digital”.

Era el PRI y su campaña a todas luces rebasando y burlando los topes de campaña que eran mera simulación.

Seguros de que el dinosaurio (PRI) les cumpliría, estos personajes que eran los que movían los entretelones de la campaña recibieron su recompensa y fueron colocados en el gabinete o en diputaciones plurinominales.

Hoy muchos de estos personajes retomarán el reflector como posibles indiciados que veremos saltar a la luz de la mano del presunto cobro de sobornos.

Muchas interrogantes saltan a la esfera de la opinión pública, pues si bien aquí nos centramos en la vinculación con el Caso Odebrecht, la pregunta es cuántos casos similares se dieron antes del sexenio peñista, lo que nos hace pensar no sólo en los 12 años de panismo, sino en las viejas épocas del sistema político mexicano donde todo se pagaba o se compraba al mejor postor.

El México de todos los tiempos que probablemente en seis años incluyan a la propia 4T.

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Foto: Captura de pantalla de Youtube

Feminicidios y desapariciones, en aumento

Puebla rebasó los 70 feminicidios en lo que va del año. El tema no se agota ni tampoco es suficiente la difusión y la visibilidad que se da a la muerte de mujeres de manera violenta.

El activismo sigue haciendo su parte, sin embargo, las voces y las plumas ya son insuficientes para seguir narrando la muerte de mujeres que no debe normalizarse como estadística diaria.

Es crudo el análisis en torno a los feminicidios en Puebla y en el país.

La violencia hacia las mujeres en México encuentra uno de los principales diques en la figura del presidente Andrés Manuel López Obrador quien una y otra vez insiste en minimizar una realidad que sólo las mujeres entendemos al vivir en Puebla, una entidad que hoy se considera de alto riesgo por la violencia que se ejerce contra el género.

Hemos saltado esa barrera donde antes se tenía esperanza en los organismos creados para dar acompañamiento al género en Puebla. Podemos decir que desde hace meses pasaron a mejor vida por su incompetencia para atender un tema que es crucial en la seguridad de miles de mujeres.

Hablar de la Alerta de Género es remitirnos a una herramienta que ya ni a eso llega, pues al menos antes, la sola frase servía para llamar la atención pública.

Hoy estas alertas están totalmente invisibilizadas debido a que ni el Gobierno de México ni el resto de los gobiernos estatales o municipales han encontrado respaldo de parte de las instancias federales.

Ojalá no sólo el Gobierno del Estado, sino también los Ayuntamientos pusieran algo más que espectaculares con campañas dirigidas a un solo destinatario.

El llamado también es para las presidencias municipales donde la atención es mínima para un tema de alta prioridad.

La cifra de desapariciones de mujeres en Puebla alarma frente al riesgo de hallar sin vida a quienes son más buscadas en redes sociales que por las propias autoridades.

Los feminicidios son un desafortunado sensor en materia de seguridad, sobre todo cuando los gobiernos en todos sus niveles, han sido rebasados por la violencia que hoy en día enfrentan entidades como Puebla.

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El PRI, en región 4

Muy poco tiempo les ha llevado a los priistas poblanos abaratar aún más a su propio partido.

Hablar de cuadros y liderazgos hoy en el tricolor poblano, es referirnos a la pedacería electoral que están recogiendo para organizar la batalla electoral de 2021 con borregos de poca monta que están muy lejos de ser auténticos militantes o bien, son empolvados esquiroles del pasado “dinosáurico”.

El PRI en Puebla y a nivel nacional es presa de un pasado que lo persigue y lo conmina a seguir las viejas prácticas que se han replicado en otros partidos.

El dedazo, la imposición y el veto están de regreso con el priismo poblano que muy difícilmente se levantará de la lona, con un dirigente como Néstor Camarillo.

Los grupos hegemónicos en el tricolor están de luto al ver una vez más, la llegada del oportunismo de elección que quizá no debe operar más allá de los acuerdos y negociaciones pactadas desde el centralismo que abandera el tal “Alito”, Alejandro Moreno y que hasta ahora sólo ha mostrado ser un Presidente de relumbrón sin liderazgo y empuje, por lo menos para buscar la unidad interna del propio PRI.

El tricolor pasa por su peor etapa, ni siquiera es la sombra de una oposición que cuestione con buenos argumentos al partido gobernante.

¿Cómo y con quiénes operará el PRI en los comicios de 2021?

La nueva dirigencia no llega ni agrupo político, pues se recuerda el pésimo desempeño de Camarillo en su encomienda como Presidente Municipal.

Al tricolor le cuesta desempolvarse y hacer una verdadera limpia de dinosaurios que siguen apadrinando la novatez e incompetencia de quienes hoy no están ni siquiera totalmente identificados con el PRI.

Con este panorama tan raquítico, se antoja pensar que el papel del PRI para las elecciones 2021 no irá más allá de ser un esquirol de oportunidad que negociará lo que le ofrezcan con tal de no quedarse sin nada.

El llamado voto duro del priismo en Puebla es ya una vieja leyenda agotada y acotada por las nuevas hegemonías políticas que están en medio de un reacomodo un poco más digno que el del tricolor.

La desbanda que se ha dado luego de darse a conocer el arribo de Néstor Camarillo como dirigente estatal del PRI no sorprende frente a esta nueva imposición.

Si el PRI mantiene estos liderazgos forjados en la ocurrencia y padrinazgos, que le vayan avisando a Néstor que le tocará el indigno trabajo de ser el enterrador del tricolor en Puebla.

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Piso parejo, ¡los están asfixiando!

El sector restaurantero vive sus peores momentos.

Los últimos cuatro meses se agudizó una crisis que ya arrastraban desde el año pasado pero con la irrupción pandémica ha propiciado cierres y los que aún sobreviven no pueden resistir más tiempo pagando salarios a mitades, así como rentas y gastos que han seguido corriendo de manera normal.

Todo lo anterior agrava más la situación, cuando aún con semáforo rojo en Puebla, se recorre el Centro Histórico parcialmente cerrado pero muy activo con todo el comercio informal que está vendiendo a sus anchas y donde se puede conseguir todo tipo de comida callejera.

Es verdad que los comerciantes informales también requieren reactivar su economía, pero entonces hay que pedirle a las autoridades estatales y municipales que armonicen y apliquen reglas parejas para todos.

Es preocupante que se tenga marcaje personal a los restauranteros amenazándolos con multas y sanciones si infringen las medidas de restricción sanitaria, mientras que cada vez son más ambulantes los que se han lanzado a las calles para vender lo que se pueda y como se pueda.

Y que no nos salgan con el discurso de que nadie sabe, nadie supo a quién le están pagando los ambulantes por ocupar la vía pública.

La presidenta municipal Claudia Rivera Vivanco no puede ignorar la irrupción de todo lo que se cobra al comercio informal, mientras se siguen aplicando todas las medidas restrictivas a los locatarios formales. ¿Acaso ellos no dan cuotas como las da el ambulantaje?

En la reciente reunión que la presidenta municipal sostuvo con cámaras y empresarios del ramo, me cuentan que les dijo que no tiene problema en que bran. El tema es que los empresarios saben que pueden ser sujetos de sanciones de parte de otras instancias.

Y que las autoridades en sus diferentes niveles no nos vayan a salir con el discurso de impolutos izquierdistas que no saben o ni siquiera tienen idea a dónde va a parar todo el dinero que se está recogiendo por la permisión del ambulantaje no sólo en calles del centro, sino también en tianguis verdaderamente rentables en varias zonas de la capital.

El gobernador Miguel Barbosa también tiene que reaccionar ante el dispendio con que se trata a unos y se restringe a otros.

Hoy domingo Puebla capital reportó un movimiento casi con la normalidad que se tenía antes de la pandemia.

Los puestos de comida en la vía pública son los que reactivaron su actividad sin que nadie los moleste pues como varios de ellos dicen, siempre que se pague “la cuota” ahí la tenemos segura.

Ojalá eso mismo dijeran los empresarios restauranteros que ni reactivando el servicio de delivery han podido recuperar por lo menos para el pago de servicios y gasto de operación.

La corrupción a la sombra de la pandemia hace su agosto con autoridades que se hacen de la boca y mirada chiquitas para grabar videítos hablando de todo, menos de lo que realmente le interesa a una ciudadanía cansada de tanta ineficiencia.

Los restauranteros han sido pacientes al respetar las medidas dictadas por las autoridades municipales y estatales. Sin embargo el tiempo se agotó.

Muchos de estos establecimientos de alimentos reconocen que no resistirán un mes más y hoy se declaran en abierto riesgo de cierres definitivos.

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Los tiempos oscuros de Harfuch

La familia no se escoge esa es una herencia cuyo estigma a veces nos alcanza con todo y el pasado.

En México nos cuesta trabajo tener memoria, solemos etiquetar con facilidad a héroes o villanos según sea el caso, por eso vale recordar de dónde vienen esos personajes, quiénes son y cómo llegaron a donde están.

El atentado contra el secretario de Seguridad Ciudadana del Gobierno de la Ciudad de México, Omar García Harfuch, ya marcó un precedente importante de violencia en el Gobierno de la 4T.

Conviene mesura a la hora de analizar la figura del joven funcionario policiaco, pues los pronósticos siempre deben ser reservados a la hora involucrar policías y delincuencia organizada.

Es del dominio público que G. Harfuch creció entre policías y ladrones. Nieto de Marcelino García Barragán, secretario de la Defensa Nacional, en tiempos del sexenio de Díaz Ordaz y uno de los protagonistas de los hechos de Tlatelco, su progenitor siguió con la estirpe policiaca al quedar al frente de la oscura policía que funcionó como brazo armado del priismo en México y cuya organización (Dirección Federal de Seguridad) dirigió su padre Javier García Paniagua en el sexenio de José López Portillo.

Son muchas las anécdotas sobre García Paniagua y sus andanzas con la policía de esos tiempos, entre ellas se dice que fue el “creador” de varios narcos en México.

El delfín de esta estirpe policiaca Omar Hamid García Harfuch ha sido sobreviviente no sólo de su reciente atentado, sino también de varios tiempos y momentos políticos.

Fue en 2008 cuando Harfuch ingresó por la puerta de Genaro García Luna para hacerse responsable de la Policía Federal en el Gobierno capitalino.

La periodista Anabel Hernández en su libro El Traidor narra con especial detalle aquella época en la que se dieron ejecuciones sangrientas en la Ciudad de México, donde menciona un curioso referente: Eran las épocas en las que el Cártel de Sinaloa operaba a sus anchas en dos sedes, Culiacán y el entonces Distrito Federal.
En aquella época se recuerdan las ejecuciones en cafés y en la vía pública de personajes como Aristeo Gómez, Ricardo Velasco, el General Mario Arturo Acosta Chaparro y Edgar Millán entre otros.

García Harfuch sobrevivió en el sexenio de Enrique Peña Nieto y es cuando lo envían a Chipalcingo, Guerrero desde donde se hace cargo de la Policía Federal.

En 2014 ocurre lo de Ayotzinapa y el joven policía no sale bien parado, debido a la operación que se sabe tuvo la corporación a su cargo en la “noche negra de Iguala”.

En el 2016 vuelve a dar un salto, y esta vez es a la salida de Tomás Zerón cuando lo nombran Director de la Agencia de Investigación Criminal.

En 2019 vuelve a brincar, pero esta vez dentro del bunker de la 4T capitalina al lado de Claudia Sheinbaum, quien lo nombra secretario de Seguridad Ciudadana.

Después del atentado de hace unos días, la pregunta es por qué la Fiscalía de la Ciudad de México es la que lleva a cabo la investigación, pues tomando en cuenta, el calibre del armamento y la logística del ataque, tendría que ser una investigación que encabezara la Fiscalía General de la República, para que resultara más imparcial.

Llaman la atención los tuitazos de Harfuch minutos después de haber llegado a Médica Sur, desde donde señaló de manera contundente al Cártel Jalisco Nueva Generación como responsable de su atentado.

Las preguntas son inevitables, ¿por qué se fue por la libre y lo hizo público sin consultar a la jefa del Gobierno de México? ¿Le llamaron para amenazarlo?

A 18 meses del Gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador vemos que se sigue recurriendo a las estirpes policiacas de los viejos tiempos sexenales, que estuvieron y siguen muy adentro de la maraña del crimen organizado y que terminaron formando parte de las complicidades con muchos de ellos.

¿Por qué Harfuch sabe quiénes fueron los responsables de su atentado, sin antes iniciar la investigación?

Cautela, mucha cautela que esta historia ya comenzó.

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Una oda a Eukid “Campeador”

Corrían los tiempos del poder absoluto en Puebla. La mano del morenovallismo aplastaba todo a su paso. Eran las buenas épocas de Eukid “Campeador” quien rodeado de sus “chicas” de apoyo legislativo entraba al salón de plenos en la LIX Legislatura desde donde tiraba línea para negociar y reprimir.

Ahí en su curul sonreía, se burlaba, aplacaba y soltaba la aplanadora de votos que como buenos carros romanos sólo dejaban pedacería legislativa.

En esas épocas me tocó presenciar uno de esos lúgubres y puntillosos despliegues mafiosos del principal operador morenovallista.

El escenario fue un hotel en pleno Centro Histórico poblano, hasta donde llegó el entonces Campeador flanqueado por su escolta y camioneta blindada, protegido con un despliegue de poderío que paralizó al personal de aquel lugar.

Rápido y presuroso ingresó a una suite hasta donde lo esperaban dos personajes de la política local.

Qué lejos había quedado aquel burócrata de la Sedecap. En esos tiempos se había convertido en el dedo flamígero del Gober. Presumía su colección de arte y autos antiguos.

Ahí en esa suite fue rápido pero certero en su conversación.

Al más puro estilo siciliano preguntó a sus interlocutores: ¿A ver, qué quieren? Pidan que ando de buenas. “Dejen de hacer chingaderas y trabajen del lado correcto”.
La conversación se desvió por varios rumbos y personajes.

En menos de dos minutos, desbarató la reputación de sus compañeros de bancada a quienes llamó “pendejos” (Jorge Aguilar Chedraui y Paty Leal).

Luego deslizó información de la vida privada de más diputados y remató: “Yo hice a toda esa bola de pendejos. Están ahí por mi mano, porque los hice ganar elecciones.

Directo se dirigió a aquellos personajes poblanos y tajante les dijo: “La próxima reunión será para saber que ya están de este lado”. Con tono burlón halagó la buena decoración del lugar y abandonó la habitación.

Así eran esos tiempos del absolutismo y las vendettas cobradas a la mínima provocación.

Los zapatos de Eukid no sólo pesaban en el Congreso, también se oían en la zona de La Paz, en aquellas oficinas hasta donde desfilaban los azules y no tan azules para pedir favores o “amnistías”.

Recuerdo a una mujer de la política local que a diario prendía dos veladoras: Una para su “gobernador” como ella le decía, y la otra para el jefe Eukid.

Ninguna estrategia de campaña le embonaba sin antes ir a preguntar a La Paz si Eukid le iba a dar “recurso” para aceitar la maquinaria del voto.

Embrutecidos por la soberbia del poder, así eran los hombres del morenovallismo, muchos de ellos, hoy guardan silencio para desviar la atención, algunos otros devuelven notarías y otros más, se disfrazan de diputados independientes intentando borrar sus excesos.

De los pasajes de Eukid “Campeador” recuerdo quizá uno de los más reprobables.

Dos escenarios, dos amigos empresarios, rebeldes y alzando la voz contra el poder absoluto de Rafael.

Fue entonces, cuando la voz de una mujer fuerte, entera, me llamó en una madrugada para decirme: “Me van a levantar”. Ella había sido amenazada por el hombre fuerte del Gobernador Moreno Valle.

En el otro escenario, un amigo, un empresario. Eligió salir del país, luego volvió para ser obligado a aparecer junto a Martha Érika en campaña.

Ambos personajes vivieron en vilo, supieron que integridad y familia estaban a merced del entonces “Campeador”.

Estos eran los tiempos de esa “grandeza” morenovallista que muchos prefieren olvidar por los abusos y excesos de poder.

La reciente conversación donde Eukid amenaza a dos abogados sólo refleja lo que siempre fue. Un operador y mercenario del poder.

Y sin embargo, por ahí andan los “remedos” de “Eukid Campeador”, en otros partidos, con otros colores y en la región 4.

Ojo Señores, que en política la máxima letal siempre se cumple sin distinción alguna:

“Los carniceros de hoy, serán las reses del mañana”.

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Vivir en la “Yihad” morenista

Son varias desgracias las que encara México en este 2020 al margen de la pandemia sanitaria. Los más de 117 mil contagios y casi 14 mil muertes muestran a un país donde a toda costa se busca eclipsar el pésimo manejo gubernamental en materia de salud pública frente a la debacle mundial del Covid-19.

Es imposible seguir ignorando el clima de crispación y confrontación que existe en un país donde la división se siente, se palpa, se respira.

¿Hasta dónde vamos a llegar en las confrontaciones estériles alentadas por cúpulas sociales, patronales, intelectuales y por el propio Gobierno Mexicano?

El país encara la muerte de miles de personas a causa de una pandemia, pero también enfrenta una crisis económica que se siente a todos los niveles.

Es una realidad que los grupos que el presidente Andrés Manuel López Obrador etiqueta como “conservadores” han resurgido para señalar con mayor acuciosidad los errores de un gobierno que poco hace por enderezar el camino y abrir los canales de diálogo y consensos.

¿Por qué empeñarse en dividir al país? ¿Por qué quien gobierna México hoy pretende agruparnos en liberales o conservadores?

La frase del presidente AMLO pronunciada este fin de semana, fue sin duda uno de sus grandes desaciertos para alentar la confrontación, cuando al país le urge una cruzada de “Reconciliación Nacional” y no una arenga que siembre las semillas de una “Yihad” al estilo morenista.

El presidente dijo: “O se está con la transformación o se está en contra de la transformación del país”

Y ante esto, nos preguntamos dónde queda la necesidad de los contrapesos sociales, de esa inminente urgencia de generar equilibrios para que un gobierno de izquierda camine en la mira de los ciudadanos que votaron por esa aparente transformación.

A pesar de estos lamentables gazapos presidenciales, el partido del mandatario AMLO mantiene ventaja en las preferencias de voto en varias entidades del país.

Los costos electorales y gubernamentales pueden ser muy altos para el partido que hoy gobierna el país, sobre todo cuando la figura presidencial fue la que catapultó la mayoría de los triunfos en territorio nacional y hoy poco se hace para revertir la confrontación del propio presidente no sólo con una buena parte de conservadores como él los llama, sino también con esos sectores donde realmente hay molestia y enojo frente a las ocurrencias y pleitos que insiste en atizar un Andrés Manuel que regresó a sus años de intolerancia y rijosidad.

México emula una bestia dormida que había empezado a revivir con nueva piel; la piel de nuevos tiempos y cambios.

Hoy nos damos cuenta que esa bestia se ha quitado el disfraz para mostrarnos a un nuevo dinosaurio que evoca lo viejo, lo paralizante y con pocas ganas de cambiar.

El país necesita de crítica que construya, de nuevos canales de diálogo y de ciudadanos que difieran con el poder de un presidente.

Urge entender que no estar de acuerdo con el presidente no es irse al otro extremo del conservadurismo.

La descalificación hacia los opositores debilita a este gobierno. Así como lo debilita la necedad de etiquetar a medios de comunicación o de “aplastar” cualquier indicio de crítica gubernamental.

La división de un país fragmenta no sólo al pueblo, también debilita a los hombres que detentan el poder y no entienden que los absolutismos son un indicio para construir democracias disfrazadas.

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Regresó la movilidad sin “Susana” distancia

Y después de dos meses de haber permanecido en la congeladora virulenta de la pandemia desatada por el Covid-19, se regresa a una actividad etiquetada como “La Nueva Normalidad”.

A pesar de las cifras escalofriantes de contagios y muertes a nivel nacional y estatal, nos queda claro, que las estrategias en el manejo de la pandemia no resultaron con los pronósticos previstos.

Mañana si bien se anunció inicia de manera “escalonada” el retorno a una nueva normalidad, lo cierto es que el golpe económico aceleró las prisas en diferentes sectores donde ya es prácticamente imposible seguir guardando confinamiento cuando los gastos siguen adelante.

En Puebla nos quedó claro que la llamada estrategia en el manejo de esta pandemia sanitaria fue desastrosa.

Inicialmente tuvimos las ocurrentes declaraciones del Gobernador Miguel Barbosa que iniciaron restándole importancia a la pandemia, para luego recular y aplicar mano dura con medidas como el “hoy no circula” que no aminoraron la movilidad.

Desde este fin de semana, las calles del Centro Histórico en Puebla lucieron con la acostumbrada movilidad de los fines de semana.

Algunos con cubre bocas y otros sin protección se dieron de alta para regresar a las calles, a mirar aparadores de zapaterías, tiendas de bisutería y un gran número de comercios que sin estar dentro del giro de no indispensables, retornaron a la actividad sin Sana Distancia.

Los mercados, tianguis y áreas comerciales en colonias y juntas auxiliares regresaron a la actividad dominical esperando reactivar la venta que los dejó en la lona durante las semanas de inactividad.

Recuperarnos de los golpes económicos no será sencillo y demandará resistencia no sólo de las grandes empresas, sino también de los negocios que desde la microeconomía tendrán que ser ingeniosos y cautelosos para regresar a esa nueva normalidad que aún abre muchas interrogantes para pronosticar o vaticinar cuántos negocios podrán sobrevivir, cuántos más se declararán insolventes y cómo nos golpeará a todos la oleada de desempleo que incrementará el comercio informal y riesgosamente la inseguridad.

La nueva normalidad también se notará en el comportamiento de una ciudadanía que tras un confinamiento regresa para encontrar nuevos escenarios en sus entornos personales. Algunos con trabajo, otros a buscar nuevas ofertas y otros más a desafiar la forma de sobrevivir.

Son los nuevos tiempos post Covid19 que se sienten en el ánimo de la gente, en un país muy confrontado donde es más fácil diferir que coincidir.

Habrá que hacer cientos de operaciones cicatrices entre gobiernos y ciudadanos para retomar acuerdos, acciones, estrategias y dinámicas que ayuden a reactivar una economía lastimada, contagiada pero sobre todo una credibilidad hacia los gobiernos duramente desgastada.


Fotos: Es Imagen / Daniel Casas

Mujeres activistas, NO oportunistas

En la vorágine de esa violencia palpable que hoy resurge en los peores momentos de una pandemia sanitaria, se hace necesario y urgente poner atención para evitar repetir los patrones de oportunismo que se dan bajo la excusa de disfraces del “feminismo a modo” para liderar ambiciones o preparar reflectores para futuras candidaturas.

Estamos en un momento crucial para México como país, donde es importante derribar los antagónicos prototipos del: “Mujeres juntas, ni difuntas”.

Sin embargo, es un buen momento para evitar que el oportunismo se infiltre en expresiones de protesta, inconformidad y denuncia, sobre todo porque estamos en un esfuerzo colectivo para visibilizar y actuar contra la violencia de género.

Veo mucha inquietud disfrazada de reflectores oportunos donde se pretende un montaje sobre activismos desgastados y carentes de la seriedad que en estos momentos exigen una propuesta libre de intereses particulares.

Celebro la irrupción de colectivos congruentes como Artemisaas, Brujas del Mar, Mujeres de la Sal, FEMXFEM y movimientos como Mujeres en Plural que desde sus respectivos espacios están haciendo lo propio con mucha cautela para evitar esos dobles discursos donde se ponga en riesgo el verdadero objetivo de un movimiento nacional.

También están las mujeres que desde la política están dando batalla y voz desde el Congreso de la Unión, los Congresos Locales y los Gobiernos de los Estados y los Municipios.

Las cifras son contundentes y ya no se pueden disimular, ignorar o minimizar.
Son momentos donde se hace imprescindible la pluralidad, inclusión pero sobre todo respeto al objetivo central de estas muestras colectivas de protesta donde lo que se busca es lograr cambios y acciones muy específicas.

Las mujeres en México estamos para empujar, trabajar y difundir las voces de muchas otras, siempre que éstas no nos utilicen como carne de cañón para negociar candidaturas o cargos gubernamentales. Es decir, evitemos ser trampolines del oportunismo que empieza a pensar en las mujeres como capital político y no como un tema prioritario que debe ser considerado como emergencia nacional.

Es lamentable seguir escuchando con el doble discurso del presidente Andrés Manuel López Obrador, quien muy a la fuerza hoy reconoció que “los feminicidios tienen que disminuir”.

Esperemos que el mandatario reconozca el propio planteamiento de Conavim para trabajar de manera real y no sólo en discurso o en comunicados, la erradicación de la violencia contra las mujeres en México en cualquiera de sus expresiones.

Seamos vigilantes mutuas para saber identificar “los movimientos” disfrazados de reflectores oportunistas. Evitemos la contaminación de pronunciamientos con posturas personales y llenas de protagonismos que en esta lucha por visibilizar la violencia de género en México, no nos sirven de nada.

Foto: Es Imagen / Katia Fernández

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La violencia del presidente

¿Cómo le explicamos al presidente Andrés Manuel López Obrador que las mujeres en México tenemos otros datos?

Invisibilizar el riesgo que miles de mujeres corren frente a sus agresores, con quienes se mantienen en confinamiento, también es una forma de violentar al género.

El discurso del Presidente AMLO resulta desquiciante cuando descalifica los llamados de auxilio de cientos de mujeres que están pidiendo garantías y protección para no terminar siendo una nueva cifra en las estadísticas feminicidas.

Es importante pedirle al mandatario del país no violentar a las mujeres con un discurso donde sus argumentos ideológicos se mezclan con una aberrante realidad que hoy se vive en México y que él trata de ignorar.

Es lamentable, que la carta firmada por más de 6 mil mujeres mexicanas entre activistas, diputadas incluso del mismo partido del Presidente y organizaciones gubernamentales no haya llegado a las manos de un mandatario que en el tema de las mujeres sólo ha demostrado una nueva misoginia de izquierda que en tiempos de la pandemia no nos sirve de nada.

Las cifras de violencia están al alza y los feminicidios siguen reportándose con esa “normalidad” letal que lastima ante la ausencia y el acompañamiento de autoridades que ignoran y bloquean las denuncias de delitos por violencia de género.

El Gobierno de México se está caracterizando por ignorar una política pública que respalde los derechos y garantías individuales de las mujeres para denunciar y dar seguimiento a los procesos contra cientos de agresores y feminicidas que siguen gozando de impunidad.

Hablar de cifras ya no es suficiente. El presidente AMLO se ufanó al rendir protesta como mandatario de gobernar con una gabinete paritario que hasta hoy ha servido de muy poco cuando se habla de respaldo para las mujeres del país.

Tampoco se trata sólo de ventilar las voces de ultrafeministas o del activismo con intereses particulares. La violencia feminicida en México tendría que ser un asunto de seguridad nacional cuando miles de mujeres en diferentes regiones del país siguen perdiendo la vida en condiciones violentas.

Muchas de ellas hoy ya son estadística, pero hasta hace algunas semanas pidieron auxilio sin recibir respuesta o apoyo para saber qué hacer, dónde resguardarse o cómo denunciar.

Si esto lo vivimos en las regiones urbanas del país, sería bueno contarle al Presidente que hay otra realidad silenciada en las zonas rurales.

Ahí les quedamos debiendo a las mujeres indígenas que en la total orfandad enfrentan la violencia en su máxima expresión.

Las mujeres en México rechazamos que la ideología se use para minimizar el riesgo de más violencia y muertes a manos de agresores que siguen actuando bajo el amparo letal de la impunidad.

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La triple batalla

Lo escrito por los diarios The New York Times y El País abrieron un boquete abismal a la credibilidad trastocada del presidente Andrés Manuel López Obrador y trío de superpoderosos Covid-19 (Hugo López Gatell, Marcelo Ebrard y Zoé Robledo).

Desde hace semanas era ilógico lo que estábamos contabilizando en cifras, cuando las voces en los hospitales empezaron a narrar lo contrario.

Es una realidad que para un régimen de izquierda que hoy gobierna por vez primera un país, resulte letal contabilizar de manera real y objetiva el impresionante número de contagios y muertes a razón del virus SARS CoV2.

Algo no se nos dijo desde hace semanas, algo se omitió, algo se “suavizó” y algo más se intentó minimizar con la estridencia y egocentrismo de varios funcionarios que hoy pasan del protagonismo al señalamiento de encubrimiento.

No ha sido uno, han sido varios los reportajes documentados por medios de comunicación independientemente de los testimonios de personas que dan cuenta de la saturación en hospitales.

Ahí están los médicos, los soldados que están en el frente de guerra y son los que están dando una triple batalla, no sólo para cumplir con su trabajo en las condiciones ínfimas de seguridad, sino también para salvar vidas, dar un trato digno de acuerdo a las posibilidades e instrumental con el que cuentan en los hospitales, y finalmente para enfrentar la guerra interna de cifras con sus mandos inmediatos, donde reciben las instrucción de apaciguar el tema de las defunciones para que la cifra de decesos no resulte tan impactante como los 3 mil 465 muertos que México acumula.

Algo ha fallado y como en toda crítica o cuestionamiento al régimen de la Cuarta Transformación se recurre a la teoría del complot.

Y sin embargo, la realidad supera a la ficción, una vez que más allá de Claudio X. González, del New York Times, de El País y de los medios que se han sumado para cuestionar el manejo que el gobierno lopezobradorista está dando a las cifras de la Covid-19, están los testimonios de médicos, enfermeras, intendentes que ahí, dentro de los hospitales están viviendo minuto a minuto lo que muchos mexicanos ignoramos desde afuera, donde la cuarentena y la pandemia la vemos sólo con cubrebocas.

“Aplanar la curva” de un día para otro ya no es creíble, tampoco construir figuras marketeras de funcionarios taquilleros y muchos menos, los discursos demagógicos de un Presidente ausente, solo, sentado en su escritorio de Palacio Nacional hablándole a un país desde su gran burbuja.

Con o sin medios de comunicación, las cifras Covid-19 son una bomba de tiempo que tarde o temprano develarán lo que ya es una realidad.

México no se merece ser un país donde la pandemia sanitaria se mida ideológicamente.

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