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Dulces deseos

Habíamos estado jugueteando con las miradas, coqueteábamos con indirectas, nos celábamos con nuestras respectivas parejas y hoy por fin nos encontrábamos a solas…

Desabotonó mi blusa y acaricio mis senos con sus manos cálidas y con su lengua besando mi cuello me estremecía.

Mis uñas recorrían con dulzura su espalda, mientras me tomaba por la cintura para enredarme en sus cadera.

Fue adentrándose suavemente en mí derritiéndome con su mirada.

Luego me recostó en la cama y comenzó a inclinarse sobre mí, le di suaves mordidas en su pecho y aspiraba ese varonil aroma que me traía loca.

Volvió a entrar en mí, para hacerme gemir y desear que nunca amaneciera…

Encuentro virtual

Nos conocimos por una red social, desde que nos miramos mutuamente nuestros perfiles comenzamos a desearnos.

Platicábamos de todo un poco, pero un día al caer la noche cayó también nuestra timidez y la plática se tornó más intensa…

Él empezó a hacerme preguntas sobre lo que me gustaba experimentar en la cama, y con cada respuesta que le daba se excitaba.

Avanzaba la noche y yo me retorcía en mi cama, por lo excitada que me tenía la charla. ¿Estás desnuda? – Me preguntó. “No, pero me estoy tocando bajo la ropa”. – Le respondí.

¿Puedo ver cómo lo haces? – Me pidió él.

Le envíe un par de fotos y le pedí que también me mostrara su cuerpo, a lo que él, aceptó.

¡No podía creer lo excitaba que me tenía sin tocarme!

Entrando la madrugada hicimos una “sexo video llamada”, donde nos exploramos a nosotros mismos incitados por las palabras y gemidos que nos decíamos.

Jamás había experimentado tanto placer con mis propias manos, fue como recorrer un mapa nuevo, guiado por una voz ardiente, un ser ansioso por contemplar mi orgasmo.

Ahora solo nos falta llevar esta fantasía a la realidad y humedecer las sábanas juntos…

Amor tormentoso

Entre él y yo había lo que muchos llaman una relación tormentosa, estábamos llenos de intensidad y se reflejaba en nuestros besos, peleas y forma de hacer el amor.

Sin importar que tanto podíamos llegar a pelear mi cuerpo volvía a sus manos y a su lugar.

Su nombre lo llevaba tatuado en mi piel, solo él era el dueño de todo mí estremecer.

Era un juego de pertenencia, celos y entrega y aunque las reglas me apuntaban a perder, tenerlo dentro era mi mayor placer.

No había necesidad de dar explicación, ni razón solo era dejarnos llevar por la pasión y revolcarnos en el colchón.
Entendía lo que necesitaba y en cada caricia me hacía gemir y pedirle que no se detuviera.

Mi parte favorita era cuando llevaba mis piernas arriba de sus hombros y mientras se adentraba a mí sus manos sujetaban mis pechos, haciendo que me derritiera completa.

Nunca supe si fue un suicido o mi reencarnación pero estando con él me sentía más viva que nunca.

Fuera de la alcoba

Después de la primera cita llegamos a mi departamento y desde la puerta la pasión se encendió.

Comenzamos a besarnos apasionadamente, quitó mi corbata con los dientes y abrió mi camisa. Comenzó a besarme y morderme el pecho haciendo que me prendiera como nunca.

Poco a poco comencé a desabotonar su blusa y noté en sus senos como su excitación aumentaba.

La coloqué sobre la mesa para quitarle la falda y mientras me adentraba en ella me tomó por el cuello y de mi cabello me jalaba.

Se acercó a mi oído y entre gemidos me pedía que no parara.

Fue increíble hacerle el amor fuera de la alcoba.

Su amante…

Era la mejor aventura de mi vida, la adrenalina corría sin cesar por mis venas, era tentación, pasión y un hombre prohibido.

No mostrábamos afecto en público. Siempre nos encontrábamos en una calle oscura, para ir a un lugar a estar a solas y hacer el amor con locura.

No usaba labial, lo besaba con cuidado para no dejarle marca, ni siquiera era necesario dejar una huella porque me llevaba en su respiración y su memoria.

Era la única mujer que le despertaba la lujuria, llevando al máximo su hombría para hacerme gemir y desear jamás dejar de ser suya.

Y aunque era un hombre compartido lo sentía más mío que nunca, sabía que yo era su verdadera mujer la que le inspiraba a hacer el amor como nunca se lo haría a ninguna.

Sin prisas

La tenía frente a mí, mirándome con pasión y ternura… Besé suavemente sus labios y me fui deslizando por su cuello, le quité la blusa y desabroche su brassiere para después desprenderlo por completo con mi boca.

Era tan excitante contemplar sus senos con el reflejo de la luna en ellos, hacía frío pero la calenté con el calor de mi aliento.

Fui rodeando su cintura y poco a poco le quité la falda, para adentrarme en ella.

Comenzó a gemir y a pedirme que no me detuviera, la pasión se desbordaba entre mis sábanas.

Hicimos el amor lentamente, sin prisas, sin tiempos, sin reloj. Solamente éramos ella y yo en mi habitación.

Mujer fría

Era tan fría, tal calculadora y lo peor era que su indiferencia me volvía loco, cada que pasaba junto a mí con su altanera minifalda solo podía pensar en tenerla en mi cama.

Una noche y sin previo aviso se apareció en mi departamento luciendo un sexy escote y jeans ajustados.

Mi miró fijamente y me dijo que estaba aburrida en casa y pensó en ir a verme para invitarle una copa de vino.

Quedé boca abierta y de inmediato la invité a pasar.

Le serví la copa de vino que tanto deseaba, después de llevar las copas a la cocina me sorprendí al ver que ya se había ido a la alcoba.

Su forma tan directa de mostrarme lo que quería me enloquecía.

Le quite la ropa con caricias que la estremecían y gimiendo me pedía que la hiciera mía.

La tomé por la cadera para llevar sus sexys piernas a mis hombros, ambos nos volvimos locos.

Luego ella tomó el control y sobre mí se colocó, dejándome deleitar sus hermosos senos.

Y así fue como esa mujer fría se derritió entre mis sábanas.

Sin barreras

Mi pareja y yo siempre hemos sido muy abiertos con nuestra sexualidad, miles de fantasías nos hemos cumplido mutuamente y ambos sabíamos que era el momento de brincar nuestro mayor reto.

Era un reto que incluía a alguien más…

Tenía muy claro que habíamos experimentado de todo, pero ¿Qué tanto estábamos dispuestos a arriesgar esta vez?

Buscamos a un viejo amigo que siempre le había traído ganas a mi mujer, por fin se le haría tenerla en su cama, pero todo lo harían frente a mí.

El encuentro se dio en un lugar discreto, acompañados únicamente por una cama, un sofá y una botella de vino. Me coloqué en un lugar que me permitía ver todo para no perderme ni un solo detalle.

Él comenzó a quitarle poco a poco la ropa y a besarla de la cabeza a los pies, ella correspondía a sus caricias sin temor.

Sin quitarme la mirada de encima dejo que él entrará en ella haciéndola gemir sin control.

Nunca creí que fuera tan placentero compartirla, mirarla deshacerse de placer en los brazos de otro, era una mezcla de celos, excitación y placer.

Después de brincar nuestra mayor barrera volvimos a nuestra habitación para continuar viviendo y experimentando nuevas formas de gozar en el colchón.

Cita a ciegas

Después de tanto pensarlo accedí a salir con el amigo de una amiga, ya saben una cita a ciegas.

Me invitó a cenar un viernes por la noche y como me intrigaba su foto de perfil de Facebook, una minifalda y blusa escotada fueron mi mejor opción.

Cenamos, bebimos vino, platicamos, todo lo usual que se hace en una primera cita.

Me fue a dejar a mi casa y justo cuando estábamos en la puerta, lo besé apasionadamente y lo lleve hasta mi alcoba, después de todo soy una chica inusual.

Lo arrojé sobre mi cama y mientras me desnudaba frente a él pude notar lo excitado que estaba.

Desabotoné su camisa con mis dientes, mientras sus manos me recorrían entera.

Me tomó de las manos para colocarse sobre mí y con su lengua recorrió las curvas de mis senos, hasta llegar a mi entre pierna…

Hicimos el amor de una forma tan deliciosa que su aroma se quedó impregnado entre mi piel y mis sábanas.

Del odio a la cama… Hay un solo paso

Desde que entré a ese trabajo me odio, me miraba con coraje, en juntas cuando tomaba la palabra, desviaba la mirada hacia la ventana o la pared mostrando que todo le interesaba más que lo que yo podía decir.

Cuando no le quedaba de otra y tenía que hablarme lo hacía con sarcasmo e ironías.

Hasta que un día por burla del destino nos tocó trabajar juntos.

Llegó a mi departamento con desagrado, comenzamos a diferir sobre el proyecto y discutimos de tal forma que solo había dos formas de terminar la pelea; matándonos o revolcándonos en la cama… Por suerte elegimos la segunda opción.

Comenzamos besándonos y quitándonos la ropa desesperadamente.

Me jaló con fuerza sobre ella y tomándome con sus piernas me llevó hasta su rincón más ardiente.

Comenzó a gemir con fuerza, repitiéndome que la volvía loca.

Posteriormente giró con suavidad y se colocó sobre mí, dejándome contemplarla completa.

¿Te gusta? – Me pregunto
– También me vuelves loco

Competimos por el placer hasta el amanecer.

Al día siguiente todo volvió a ser igual, pero cada viernes ella vuelve con su mejor lencería y vestida de pasión para revolcarnos en mi habitación.

Fue bailando como comenzó…

Fue bailando como comenzó…

El ritmo de la música y los roces de nuestros cuerpos nos incendiaron a los dos.

Llegamos a una oscura habitación para seguir con nuestras habilidades de movimiento encima del colchón.

Con movimientos suaves y besos sobre toda mi piel, nuestra ropa hasta el suelo llegó.

La recosté sobre la cama y con mi lengua hasta su punto más sensible llegué.

Sus gemidos eran ahora la música que llegaban a mis oídos, encendiendo todos mis sentidos.

Hicimos el amor como dos locos, con deseo de saciar hasta el más sucio de nuestros deseos.

Experiencia de placer

La lleve a lo más oscuro de mi alcoba y con caricias le quité prenda por prenda.

La tenía completamente desnuda sobre mis sábanas de seda.

Inicie besando sus carnosos labios… poco a poco fui bajando hasta sus senos, hasta que mi lengua llegó a su ombligo y un poco más abajo…

Sus gemidos se impregnaban en mis sentidos encendiendo cada vez más mis instintos.

Me gritaba que no parara, su cuerpo se retorcía, me encantaba sentir que ya era mía.

Hicimos el amor como nunca nadie lo ha hecho, sin tabúes, sin miedos, sin compromisos. Sin pensar en un mañana simplemente vivir el momento.

Desde ese día su aroma vive en mi alcoba…

Perdiendo la compostura

Era lo más sexy que había visto, lo más atractivo y seductor que había conocido y el amor más prohibido con el que me he enredado.

Ansiaba tanto que pasara la semana de prisa para disfrutarlo durante dos días enteros en los que no veíamos nada más que nuestra lujuria encerrada en 4 paredes.

Que irónico era estar encerrados y liberados a la vez.

Frente a todo el mundo guardábamos la compostura, nos saludábamos educadamente y apenas y nos dirigíamos la mirada, pero en cuanto nos encerrábamos en lo alcoba nos arrastraba la fuerza de nuestros deseos, nos despojábamos de la ropa con los labios y recorríamos con la lengua nuestros cuerpos.

Me excitaba tanto que mientras me hacía el amor me decía lo mucho que me deseaba y lo difícil que le era disimular frente a las personas.

Dejaba la marca de sus mordidas en mi piel y su aroma entre mis sábanas, llevándose a escondidas mis caricias y fotografías.

Eres mi ardiente deseo

Tu piel lleva tatuadas mis fantasías, en tu boca deseo vaciar mis deseos y que tus manos apaguen la erupción de estas ardientes ganas que te traigo.

Bajo tu ropa se encuentra un cuerpo perfecto que me incita a besarte hasta los recuerdos.

Todos mis pensamientos desean recorrer las curvas de tus senos y sincronizarse con los gemidos de tus labios.

Quiero colarme hasta el más mínimo rincón de tu cuerpo y que juntos lleguemos a un lugar de placer jamás inventado. Y que cada noche me pidas visitarlo de nuevo.

Encuentros prohibidos

Nunca había sentido tanta fijación por alguien, quizá era por los años que me llevaba, quizá era por el porte que lo distinguía, o quizá porque era una pieza prohibida.

Yo apenas era una adolescente sedienta, con ganas de probar cosas nuevas y vivir aventuras con un hombre de verdad.
El primer encuentro se dio un día que falté al colegio, cambié las lecciones de los cuadernos para experimentar en sus manos.

Me decía que le enloquecía la suavidad de mi piel y que mi aroma era como la brisa de la primavera.

Él fue quien me hizo el amor por primera vez, la fusión de mi timidez y su experiencia nos dieron el mayor placer que cualquiera pudiese sentir.

Me hacía explotar al pasar en cada beso de la ternura a la pasión, tomándome sin temor, conducía mi cuerpo a la excitación sin necesitar instrucciones ni mapas, era como si me conociera a la perfección, como si siempre le hubiera pertenecido.

A solas

Todo en ella era placer, desde los vestidos ajustados que usaba cada vez que nos veíamos hasta la manera en que jugaba con su pelo mientras me miraba de arriba abajo mordiéndose el labio inferior incitándome a llevarla a un lugar más privado.

Nunca olvidare la forma en que me bailaba poco a poco mientras se desnudaba, en cada encuentro llevaba la mejor lencería, ideal para el jugueteo y las caricias.

Gozaba cuando se recostaba en la cama, levantando los brazos para dejarme poseerla.

Le encantaba que le mordiera la piel entera y que mis manos perdieran el control al tocarla.

Me pedía que le dijera al oído todas esas cosas que no podía decirle frente a las personas, era como frenar el mundo, el tiempo, solo existíamos ella, yo y nuestros deseos…

Todo quedaba entre nosotros…

Siempre era en cuartos oscuros, bajo la tenue luz de la luna, la puerta siempre cerrada bajo llave y con los suspiros ahogados por nuestros labios.

Mis manos conocían a la perfección su cuerpo, mi lengua sabía llegar hasta el más profundo rincón haciéndola explotar de pasión, me encantaba ver sus pechos moverse al ritmo de mi respiración.

Sus gemidos junto a mi oído eran la mejor música nunca antes inventada, parecía un sueño pero era real, esa diosa convertida en mujer amaba ser poseída por mí, le fascinaba ser tratada con ternura y fuerza a la vez, me pedía que la besara lentamente toda y después disfrutaba que con mis dientes marcara su piel.

Cada noche mientras la ciudad dormía nuestras almas cobraban vida sobre las sábanas de mi alcoba.

Una sexy fiera

Siempre había sido el tímido de la universidad, que solo tenía novias de mi edad y tranquilas, hasta que un día conocí a una verdadera leona, una fiera candente que hacía que cualquiera se excitara con solo verla.

Estaba sentado en la biblioteca, cuando de pronto la vi entrar, fingió buscar un libro, volteo a verme y levanto la ceja.

Con toda seguridad se acercó a mí y dejándome mirar por completo su pronunciado escote me dijo: “Hace calor, invítame un trago”.

Asentí con la cabeza y de inmediato tomó mi mano y me sacó de ahí.

Está de más decir que nunca fuimos por el trago. Nos fuimos directo a mi departamento.

Me sentó a orilla de la cama y se puso atrás de mí, desabotonó mi camisa y mordisqueó mi espalda, me quitó el cinturón con la boca mostrándome su experiencia y la fiera ardiente que vivía en ella.

Me desnudó por completo dejándome solo con la corbata puesta para jalarme sobre ella.

Me dejó disfrutarla a mi entero antojo, expresándome todo lo que le gustaba al oído.

Cuando estaba a punto de terminar me dijo que le excitaba mi timidez y que le encantaba poseerme.
Desde ese entonces esa sexy fiera pasa todos los viernes en mi alcoba.

“S-EX” Encuentros

Quien diría que al deslindar nuestros sentimientos nos unirían más nuestros deseos.

Si bien nuestros encuentros eran placenteros ahora como ex novios son los mejores.

Ya no me preocupa que pensarás de mí, ahora puedo pedirte exactamente lo que deseo, cómo lo deseo y cuánto lo deseo.

Lo mejor es que hemos llegado a lo impensable, a tener sexo en los mejores lugares, nos hemos atrevido a nuevas experiencias y a disfrutar sin límite llevando a la realidad nuestras más perversas fantasías.

Encontrarnos en sitios prohibidos vuelve más divertida nuestra aventura, ya no apagamos la luz, ahora nos arrebatamos la piel con las luces encendidas, guiándonos por el sonido de nuestros gemidos y como en este juego el que se enamora pierde lo mejor es jugar sin compromiso e intensamente en la alcoba.

Tu fantasía

Soy la mujer con la que sueñas, la que despierta tu ansiedad, con la que deseas hacer hasta lo inimaginable, con la que te excitas hasta con el más mínimo roce.

El simple hecho de imaginarme en tu cama te produce más placer que cuando haces el amor con la que duerme a tu lado.

Soy la única mujer capaz de desafiar tu instinto de cacería, justo cuando crees que por fin podrás tenerme, emprendo el vuelo, aumentando cada vez más tu deseo.

En algún momento me dejare caer en tus sabanas y mi mente, mi voz y mi cuerpo te pertenecerán para pasar de ser tu fantasía a tu más intensa realidad…

Solo espero que tu hombría esté al nivel de mi apetito carnal y me robes hasta el último aliento, que tus caricias sean intensas y deliciosas, que tu aroma se quede impregnado en mí para que cada vez que me vaya desee volver siempre por más y en cada encuentro hagamos retumbar las paredes de tu alcoba de puro placer.

Tierno y perverso

Mucho se habla de la primera vez de una mujer, pero no hay que olvidarse que existen dos “primera vez”. La primera vez que tienes sexo y la primera vez que tienes buen sexo.

Mi primera vez fue con un chico de mi edad, ambos estábamos llenos de curiosidad y timidez, recuerdo que al estar en mi cuerpo apenas y me miraba, me tocaba con dudas y fue un encuentro muy breve.

Mi segunda primera vez fue con un hombre de voz ronca, manos grandes que me derretía con su mirada, la seguridad con la que me tomaba con fuerza por la cintura me enloquecía.

En la intimidad me di cuenta que sus manos no solo representaban su edad, sino la experiencia de hacer vibrar a una mujer. Hizo que descubriera ese pequeño punto que engloba mi universo, el lugar donde se concentra todo el placer.

Me tocaba sin temor y en todo momento me miraba con ojos cazadores como si quisiera saquearme hasta el último respiro que daba

En todo momento me hablaba al oído y me decía las cosas más bellas y perversas… Su voz aun retumba en las paredes de mi alcoba.