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Dos almas

Al fin juntas en la intimidad, sin miradas que nos señalaran, sin criticas ni extrañezas.

Al sentir nuestros cuerpos juntos me percaté que han sido las caricias más suaves que había sentido, los besos más dulces que había probado y la entrega más cálida que había vivido.

En ese momento comprendí que más allá de entregarnos en cuerpo, fueron nuestras almas las que se fusionaron, dos almas que ansiaban liberarse, dos almas que dejaron de ser tabúes, dos almas llenas de pasión.

En la alcoba nada debe ser mal visto, nada debe ser prohibido, sin tabúes podemos vivir las mejores experiencias…

Arrebato de amor

Por fin después de tanto coqueteo, tantos primeros besos, nuestros cuerpos se conectarían en uno solo…

Desde el momento en que cerramos la puerta nos arrebatamos mutuamente la ropa.

Mi cuerpo sentía el cosquilleo mientras me recorría toda con su lengua, yo en mis manos sentía el grito de placer de su cuerpo.

Nos mirábamos con deseo, anhelo, queríamos saborearnos hasta el último aliento.

De los mejores encuentros que he vivido porque eso y mucho más es lo que se experimenta en la alcoba…

Trío amoroso

Éramos 3 almas, 3 cuerpos con deseos que habían estado cohibidos. Hoy por fin nos liberaríamos.

Nuestra fantasía de vivir un trío se hacía realidad, era el momento de sentir caricias sin ver rostros, de lamernos con lujuria y placer… Sin límites… Sin tabúes.

Sabía que solo duraría una noche y que al amanecer jamás nos volveríamos a ver, por eso era momento de entregarse sin pensar, sin timidez, dejarse llevar por los instintos y anhelos.

Dejando solo como testigos las sábanas y paredes de esta alcoba.

Tímida sensualidad

Fue una cita de una noche calurosa, aquella chica de falda larga y lentes grandes por fin se había atrevido a salir conmigo.

Ella era más que una cita de cortejo para mí, era como un reto, un trofeo que quería tener en mi cama.

Cenamos y mientras ordenábamos el postre noté como buscaba incitarme jugando con su pelo y mordiendo sus lentes mientras me miraba de arriba abajo. Fue justo ahí cuando caí en que quería jugar mí mismo juego.

Caímos en mi cama e hicimos el amor con la luz encendida, aquella tímida niña era una atrevida y sensual mujer que no solo sabía cómo darme placer sino también se complacía a si misma dejándome como un espectador deseoso de hacerla mía una y otra vez.

Porque esto y muchas cosas más se viven en la alcoba.

Mujer prohibida

La conocí en un bar y de inmediato me atrajeron su escote y sus piernas largas, platicamos y note a mayor detalle su mirada cazadora, desde ese instante ambos supimos que terminaríamos en la cama.

No hubo impedimentos, ni siquiera aquella argolla dorada que llevaba en la mano izquierda.

Entramos al lugar más alejado, en la habitación más oscura, guiados únicamente por nuestras caricias, poco a poco comencé a desabrochar su blusa, sus senos eran como un par de luceros que iluminaban mis deseos.

Ambos sabíamos que era el momento de acabar con la censura, de entregarnos como si nunca volviéramos a ver un mañana.

Y así es como vivimos cada viernes porque ella es entrega sin límites, ella es prohibida y es mi mejor historia de alcoba…

Caricias mayores

Por fin me había atrevido a invitarla a salir… Por fin había vencido mi timidez… Por fin la tenía justo dónde quería, en mi cama, entre mis sabanas y respirando a la misma velocidad de mis suspiros.

Mientras ella se coloca encima de mí, me dedico a contemplarla, recuerdo por qué la deseaba tanto, desde el día que la conocí quedé clavado por sus labios rojos y minifalda negra, la misma falda que hoy está en el piso de mi alcoba.

Se recoge el cabello y me deja ver por completo su sensualidad, confirmándome que los 40 son la mejor edad de la mujer.

Ella es más que cualquier chica de mi edad, más de lo que cualquier hombre pudiera merecer…

Porque solo ella sabe dar caricias mayores y esto y muchas cosas más pasan en la alcoba.

Sábanas blancas

Por Conde Eros

Su piel blanca llama al placer, sus ojos color miel transpiraban pasión, su cuero era una invitación al amor, acaba de cumplir los 19 años cuando tuvieron su primer encuentro, el cual resulto inolvidable.
Pasaron más de 13 años y seguían siendo amantes, furtivos y ocasionales, como suelen ser los profesionales de este oficio.
No había reclamos, no había promesas, solo dos cuerpos hambrientos de amar, de reconocerse por cada uno de sus poros.
Un día, ella le hizo una extraña petición.
– ¿Amor?
– Dime
– Oye
– ¿Uhum?
– Me puedes hacer el amor en mi propia cama
– ¿Cómo?
– Si, quiero que vayas a mi casa, toques a mi puerta cuando él no este y que fijas que eres el plomero que llega a arreglar la tubería que esta tapada, así como en una película porno.
– Jajaja no mames y ¿él?
– No está, yo te aviso, generalmente se va a de 8 a 15 horas y nunca regresa, anda ¿sí?
– Bueno, jajajaja

Sábanas blancas

Por: Conde Eros
Su piel blanca llama al placer, sus ojos color miel transpiraban pasión, su cuero era una invitación al amor, acaba de cumplir los 19 años cuando tuvieron su primer encuentro el cual resulto inolvidable.
Pasaron más de 13 años y seguían siendo amantes, furtivos y ocasionales, como suelen ser los profesionales de este oficio.
No había reclamos, no había promesas, solo dos cuerpos hambrientos de amar, de reconocerse por cada uno de sus poros.
Un día, ella le hizo una extraña petición.
– ¿Amor?
– Dime
– Oye
– ¿Uhum?
– Me puedes hacer el amor en mi propia cama
– ¿Cómo?
– Si, quiero que vayas a mi casa, toques a mi puerta cuando él no este y que fijas que eres el plomero que llega a arreglar la tubería que esta tapada, así como en una película porno.
– Jajaja no mames y ¿él?
– No esta yo te aviso, generalmente se va a de 8 a 15 horas y nunca regresa, anda ¿si?
– Bueno, jajajaja

Historias de Alcoba

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Una suave seda cubría mis ojos, mientras que unas cuerdas rígidas sujetaban mis manos. El sentir y no ver me excitaba más y más.

Hielos y cera de velas me confundían entre el dolor y el placer, no recuerdo cómo llegamos a este encuentro, ni quien lo inició, pero ¡benditos sean los bajos instintos que nos carcomen a los dos!

Me beso tiernamente la espalda y hasta mi cuello llegó y con una mordida de noche con fuerza de mi pelo tiró y a mí oído susurro: ¿Esto está bien?

Mordiéndome los labios le respondí: “No sé si está bien o mal, pero se siente genial”.

Porque esas y muchas cosas más pasan en la alcoba…

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