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Corresponsabilidad

En las últimas semanas, nos hemos regodeado con las “fantásticas” historias de rampante riqueza de gobernantes mexicanos.

A través de los medios recorremos caballerizas de ensueño y suntuosas propiedades dentro y fuera de México; hablamos de empresas fantasma a través de las cuales se adjudicaron contratos multimillonarios; discutimos sobre obras inexistentes, despojos, “incumplimientos del deber legal”.

Recontruimos diálogos y estados de ánimo. Suponemos respaldos, traiciones y desprecios. Imaginamos detalles de fugas y encubrimientos. Apostamos por fechas, lugares y condiciones de capturas.

Vaya, nos convertimos en extasiados émulos de Oliver Stone.

Pero, inmerso en estos días de reflexión, me pregunto si nuestro país no se merece algo más que estas comedias políticas, con las que tanto nos gusta evadirnos de crudas realidades.

Me pregunto, en dónde estamos como sociedad, no al final de estas historias de corrupción, sino mientras ellas suceden. En dónde estamos, no al final de los periodos de gobierno, sino durante cada uno de los dos mil ciento noventa días que dura un sexenio.

¿Por qué nos desentendemos de la cosa pública, para que algunos la manejen como cotos impenetrables?

¿Por qué nos centramos sólo en los que matan a la vaca, y no en quienes le agarran la pata?

Nuestro sistema democrático está diseñado de tal manera que exista una vigilancia permanente en la actuación de nuestros servidores públicos. Los poderes legislativos auditan año con año las cuentas de los poderes ejecutivos; con la misma periodicidad realizan las glosas de sus informes de gobierno. La federación autoriza recursos a los estados y municipios, condicionados a la exacta justificación de su aplicación.

Entonces, por qué, ante los casos de corrupción, no señalamos también a quienes tácita o expresamente la permiten. Por qué no revisamos a quiénes autorizaron durante seis años, las cuentas públicas de estos exgobernantes. Por qué no releemos la forma en la que los diputados locales analizaron los seis informes de gobierno de estos tipos. Por qué no cuestionamos por qué la federación siguió proveyendo de recursos a estas entidades, sin revisar su puntual acreditación. Por qué no visitamos las hemerotecas, pera recordar las declaraciones de los representantes de diversos sectores al salir de los informes de gobierno de estas personas.

No dejemos los temas públicos en manos de unos cuantos. No nos limitemos a elegir a nuestros gobernantes. Comprometámonos a revisar permanentemente su desempeño y a señalar jurídicamente sus deficiencias.

¿O, preferimos seguir en el papel de víctimas de hechos consumados, y no en protagonistas de nuestro presente y futuro?

noviembre 2, 2016 - 11:27 am
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Por: Carlos Palafox

Columnistas