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Cuatro horas con Carlos Luna: Una isla rodeada de agua (Parte 3)

Por: Mario Alberto Mejía / @QuintaMam

Dos nombres desvelan al pintor y escultor Carlos Luna (Pinar del Río, 1969): Cuba y Fidel Castro. Del segundo es que se extiende en esta conversación larguísima en la que hay jabugo y tinto español, aunque no Ropa Vieja y mojitos. ¿Odia a Castro? No sé. No se lo pregunté. Debí haberlo hecho. De lo que tengo certeza es que cuando habla de él algo se mueve en su interior. Sus ojos de lince se encienden. Eleva la voz. Manotea en el aire indefenso. Algo es claro también: lo vomita. Y es que Fidel ha estado para bien y para mal cerca de seis décadas en la vida de los cubanos. Carlos Luna, pues, se extiende sobre el “Viejito de las marionetas” y cuenta cómo subestimaron a un hombre que se apoderó de todos: hasta de los pensamientos más íntimos de sus paisanos. Incluso aventura una teoría sobre el “supuesto bloqueo” que ha vivido la isla desde los inicios de la Revolución. Esta visión sobre la Cuba de Fidel es un intermedio necesario para entender en parte la obra de este guajiro natural.

—Las vanguardias artísticas son un gran tema…
—Ningún movimiento en la historia del arte es autónomo en sus nuevos planteamientos sin estar permeado del movimiento al que rechaza, al que suplanta.

Un movimiento niega al otro, pero queda muy “atachado” (pegado) al movimiento anterior que ha sido negado.

—El vanguardista mayor es Picasso. Terminó regresando a las cuevas de Altamira…
—A Altamira, a las piezas del Fayum, a todo el arte de Oceanía, al arte africano…

—Cuando la gente decía que Picasso pintaba como niño no sabía que lo que hacía era regresar al origen. Esto es muy freudiano.
—Hay una colección de arte africano que pertenece a un tipo californiano. Tiene piezas que Picasso tuvo en su taller como referencia para la creación de varias obras. No hay que ir muy lejos. Si a ti te gusta un Giacometti, dices “qué vanguardistas esas figuras esbeltas”, pero te puedo mostrar varias piezas de arte africano en donde vas a ver las referencias de Giacometti.

Te puedo mostrar a los togos de Mali, del periodo clásico yoruba, de los bantús, y vas a encontrar referencias de Modigliani, de Picasso y de muchos de los artistas de la vanguardia del siglo veinte: limpios, puros. Éstos artistas tomaron la forma, crearon su propio concepto, y se teorizó como nuevo. Tradujeron su idea a nuevas visiones, a nuevos enfoques de algo que ya existía.

Si miras a Picabia, si miras a Duchamp, todos estaban “atachados” (pegados). Encontraron una vía, una puerta de la que se podían agarrar y reinterpretar en una necesidad de expresarse ellos mismos. Cuando tomo algo del pasado no voy a reproducir ese pasado, sólo voy a aprender de él o a retomar aquello que me pueda ayudar en mi necesidad expresiva en el presente.

—Volvamos a tu obra. Hay un poeta, Jaime Moreno Villarreal, que ha escrito muy puntualmente sobre tu trabajo.
—Tienes razón. Es muy agudo. Jaime me vio dibujar una vez. Le dije: “Te voy a enseñar algo que me sirve porque dibujo rápido y adelanto”. La realidad es que descubrí que venía por un problema mío: una condición de mis ojos que he usado a favor. Cuando estoy viendo un formato grande en un espacio cerrado mi ojo tiende a reducirlo. Lo descubrió un doctor que me hizo un examen del cerebro. Me dijo que mi cerebro, cuando se concentra en un objetivo, tiende a desechar lo que no necesita para actuar. Y el ojo lo reduce.

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Un caballo llamado Fidel

Al cubano le gusta el “choteo”, ironizar de sí mismo, pero también puede ser “vale madrista”: “Ahí está hablando el loco”, “mañana pasa el loco”. Este tipo de comentario sonaba cuando Fidel salía en los medios. (Risas). Sí, pero el “loco” era muy disciplinado, y se encargó de chingar una sociedad por 56 años. El adagio romano de “divide y vencerás” lo aplicó muy bien.

Fidel entendió esencialmente que la estructura, que la institución que mantenía a Cuba, era la familia, y se encargó de romper esa estructura. Dividió a las familias. En las familias mayormente numerosas apareció un comunista.

—¿Castro se convirtió en el “Viejito que decía mentiras” de las marionetas?
—Siempre fue el “Viejito que decía mentiras”. (Risas). Porque además tenía la desgracia de tener más de gallego que de cubano. No sabe bailar, no es simpático, no dice buenos chistes. (Risas). Entonces el cubano se confió de eso. Como el cubano se reía del español, que era el conquistador, no vio esa figura mesiánica. Esa idea de la figura mesiánica la vendió él.

—García Márquez lo amaba.
—“Gabo” tenía una fascinación por el poder que lo eclipsaba. El genio que tenía como escritor, para mi gusto, lo perdía con esa pasión por el poder. Y Fidel era el ejemplo perfecto de un personaje, una novela, para él. Supe por otros amigos que “Gabo” hizo cosas en pro del sistema de Fidel, en pro de hablar bien de Fidel. Un día llegó a México diciendo que en La Habana acababa de ocurrir un homenaje a José Lezama Lima. Algo totalmente falso. Lezama Lima, al día de hoy, aún está prohibido.

—Paradiso es una novela inconseguible en La Habana.
—Inconseguible. Todavía está prohibida su venta.

—Además vivió un acoso brutal por ser homosexual.
—Por ser homosexual, por amar la belleza. Las dictaduras son enemigas cien por ciento de la creación. La libertad se vuelve disidente. La belleza es disidente. Los dictadores no aman la belleza. Los dictadores se aman a sí mismos.

Fidel es un ególatra. Él ama su discurso y su locura y su demencia. Si no estás con él, eres hombre muerto.

—Aunque hubo intelectuales y poetas que sobrevivieron en una época. Pienso en Nicolás Guillén y Alejo Carpentier.
—Tengo mis opiniones respecto a los dos. Creo que Guillén fue un gran poeta antes de pactar con el Sistema. Y Carpentier es un gran escritor… desde París.

—“El cubano que hablaba como francés”, se burlaba Neruda.
—Sí. Inventó una historia muy curiosa alrededor suyo que se volvió realidad. (Risas), Y él, en su locura, contó una historia… como Fidel, que con su locura megalómana contó una historia que se volvió realidad. Míralo ahí: es un viejito jorobado, sigue vivo…

—Muy vivo…
—¡Sigue vivo el maldito! (Risas). ¡No se muere!

—Y está pactando con Obama.
—Ése es otro juego del que tengo algunas ideas. Eso ya estaba muy armado. Si tú analizas, Cuba, antes del año 59, es el segundo producto interno bruto de América Latina. Es una pequeña isla donde hay una clase media alta muy pujante, muy productiva, y cultivada. Toda la sofisticación que andaba por el mundo terminaba en la “vida loca” de La Habana, en la sofisticación de La Habana, en la belleza de una ciudad que desde el siglo XVIII –a finales del XVII– crea la sociedad “Amigos del país”. Cuando se crea esta sociedad no es otra cosa que la conveniencia de que Cuba sea la “llave” del Golfo de México.

Los barcos de España tenían que pasar a La Habana. Reestructuraban su carga, dejaban la información que venía del imperio antes de salir a Puerto Rico, a México, etcétera. Un cubano se encarga de corromper el sistema y le paga al capitán del barco por la información que era para el capitán general, y antes de que esa información llegue a América sale a venderla allá. Cuando el barco va de vuelta a España o a Portugal o a Inglaterra, la información llega a La Habana. Está guardada en sellos, la copian, la reproducen y salen a Europa a venderla primero. Se hicieron fortunas, y de ahí viene todo el dinero que le permite a Cuba ser una república boyante en tan poco tiempo.

¿Entonces qué sucede? El gobierno norteamericano (estadunidense) es al final el imperio moderno. Y el imperio necesita hacer “taxable” (gravable) todo lo que se mueva. Igual que Roma, igual que Egipto, igual que cualquier imperio. Toda la ilegalidad que no funcionaba en los Estados Unidos era libre en La Habana. Además de que era “el gran experimento”: todo florecía.

Se “cae” La Habana, crece Las Vegas, y crece el negocio del Caribe. Tan sencillo como eso. Cuba era el segundo país con el producto interno bruto más alto, y en 56 años se vuelve el país más pobre de América después de Haití.

¿Con qué inundan La Florida? La Florida no era otra cosa que Miami Beach, con cuatro o cinco hoteles. Lo demás era pantano. ¿Con qué inundaron, con qué crearon esa necesidad de sentimientos, de necesidades emocionales? Con un exilio de cubanos con el dedo índice más chiquito, porque todos los años decían: “¡este año se caen, este año se caen!”… ¡El dedo de esos cubanos es de este tamaño! (Hace una seña. Risas).

Entonces tienen que llegar a Miami a empezar de cero. Y hacen que La Florida, particularmente Miami, que era una ciudad en un pantano, con dos o tres hoteles, sea la capital de América Latina. Lo que era Cuba en el año 59. El juego en La Habana dejó de ser libre y se volvió “taxable” en Las Vegas, en Atlantic City, en Miami. Al final, el imperio tiene negocios concretos. Yo no me engaño. Se creó una revolución.

La revolución de Fidel, ¿quién la paga? ¿Quién hace de Fidel una figura internacional? El New York Times. ¿De dónde salió el dinero? ¿De los tabaqueros de Tampa? Mentira. Ése era muy poco dinero. El dinero venía de las familias del norte, neoliberales, aparentemente demócratas, que estaban haciendo su juego. Y el juego está ahí. ¿Quién cuidaba a Fidel cuando iba a dar discursos a Estados Unidos? Pero, además, ¿a quién le vende y a quién le compra Cuba? El bloqueo es una gran mentira.

La Chrysler ha vendido carros toda una vida a través de sus sucursales en México, América Latina, donde quieras. ¿Cómo se mantiene Cuba? A través del exilio. Yo veía los estrenos de Hollywood al otro día en La Habana. Bueno, yo decía: ¿cómo entra la película si estamos bloqueados? Antes de salir de Cuba, tuve una colección de los periódicos Granma con los discursos de Fidel. Después del año 62, la única constante en el discurso, de manera espiral, es el bloqueo… El bloqueo… El bloqueo… Cuentas una mentira hasta que se hace verdad.

—Pero todo mundo está convencido del bloqueo. Nadie duda de eso.
—¿Cuál bloqueo? Si los productos americanos siempre han estado ahí. Al alcance de todos. El cine de Hollywood era “diversionismo” puro. Era la frase estúpida que siempre usaban. Querían decir contrarrevolucionario. Yo veía todas las películas norteamericanas,. Seguía viendo Mickey Mouse. También me “echaba” las caricaturas rusas, que eran muy malas, muy malas…

—En esos televisores rusos enormes a los que había que pegarles para que funcionaran…
—La televisión oficial estaba controlada por el gobierno. Los canales eran dos, pero eran muy pobres.

—¿Entonces es un mito genial?
—Para mí es un mito. Un gran negocio. ¿Quién se está beneficiando del tema? Tres o cuatro familias que de alguna manera han estado influenciando y condicionado el exilio también. Para mí el exilio tiene muchos matices ––con el mayor respeto para aquéllos que sí padecieron una situación trágica con las transformaciones de Cuba después del 59.

Pero hay un grupo de familias que aparentemente fueron las que más perdieron con la entrada de Fidel. Sus emporios en América Latina crecieron de manera salvaje, y ahora son los que propician el regreso.

—¿Los Bacardí?
—Entre otros… ¿Entonces? Cambia el perro, pero sigue siendo el mismo collar. O cambia el collar pero sigue el mismo perro. (Risas).

—¿Y los dueños del ron Havana? ¿Y los dueños de Cohiba?
—Son un grupo de familias. Un buen grupo de familias que han tenido el monopolio, y son los dueños del país. Es un juego. Obama es un peón. No creo en los presidentes, honestamente. No me interesan.

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Fuente: 24 Horas Puebla

junio 20, 2016 - 12:30 pm
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Por: Staff

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