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El fin de una era

2013 pasará a la historia de nuestra patria como el año en que se rompieron los paradigmas que rigieron la vida nacional durante más de un cuarto de siglo.

El rostro de este país, desde los ochenta, se caracterizó por la definición que a su política económica le deba el gobierno en turno.

Así, fuimos desde el populismo derrochador sustentado en un auge petrolero, en el sexenio de López Portillo, a uno de férrea disciplina presupuestal e inicio de una apertura comercial, como fue el de Miguel de la Madrid.

De ahí se inició una estandarización de principios económicos seguidos al pie de la letra, que derivó en una urgentísima recomposición de la economía mexicana que, no sin altibajos, constituyó la formación de lo que hoy se tiene, una sólida macroeconomía que ha soportado los vaivenes de las crisis internacionales que todavía afectan a las grandes economías mundiales.

Sostener la macroeconomía tuvo un grave costo, ya que la rigidez casi dogmática de controlar el crecimiento para no afectar los indicadores, se pagó en el precio reflejado en el nimio desarrollo de la economía individual y por tanto, la familiar.

El conjunto de postulados económicos que prevalecieron para la conducción de la política económica nacional, fueron englobados en el término de neo liberales, hasta el punto de ser satanizados y dándole la connotación de enemigos de los intereses populares y sujetos a beneficiar a los grandes capitales nacionales e internacionales.

Funcionario neo liberal es sinónimo de carente de toda sensibilidad social.

Más allá del debate de teorías económicas, es claro reconocer que el gobierno de la República ha roto con mitos y paradigmas que prevalecieron en los últimos años.

También es de reconocerse que era necesario el golpe de timón. ¿De qué sirve tener las reservas en dólares más alta de la historia, si no se crean los suficientes empleos, aumenta la pobreza y no se ofrece crédito a la micro y mediana empresa?

Seguir haciendo lo mismo, solo daría los mismos resultados. El déficit cero se había convertido ya en una meta por sí mismo, dejando de lado los verdaderos objetivos y fines que justifican la existencia del Estado y por lo tanto de un gobierno, que es velar por el bienestar de la ciudadanía.

Insisto, no se trata de encender un polémica académica, si no de transitar por el sentido común, que si bien lo hecho en los últimos sexenios es muy valioso, al controlar la inflación, tener estabilidad cambiaria y demás indicadores macroeconómicos, es necesario ahora ir más allá y trasladar ese beneficio en acciones que se reflejen en los bolsillos del ciudadano y su familia. Ese fue el compromiso de Enrique Peña Nieto.

El Presupuesto de Egresos que fue presentado como parte del paquete económico y que empezará a ser discutido, más las reformas ya aprobadas –incluso la hacendaria- son la suma que marcan a este gobierno, al cual ya no se le podrá calificar de neo liberal, porque queda muy clara su vocación y compromisos social, en donde se atreve a plantear un endeudamiento responsable, como factor e instrumento compensatorio y encaminado a atender las carencias sociales.

Pero si hay que ser puntuales en lo siguiente: a este gobierno le quedan muy claras las historias del pasado, que hablan de gobiernos priistas que cayeron en los excesos de derroche sustentados en endeudamiento y crecimiento de la burocracia.

De lo cual se aprende, para no repetir errores. Se parte de metas y objetivos certeros, la disciplina de la gestión basada en resultados prevalece en toda la administración pública federal y es muy cierto que los ingresos nacionales tienen destinos y prioridades, jamás se verán reflejados en aumentar el gasto corriente.

Pero también es muy claro que es urgente trasladar todo esto a resultados. Los grandes beneficios que traerá el conjunto, deberán ser difundidos y conocidos por la ciudadanía, por que tan solo la creación del Sistema Universal de Seguridad Social, en donde exista el seguro de desempleo, la portabilidad en la atención médica, la pensión universal, son logros sin precedentes y que justifican las nuevas medidas impositivas.

Más allá de la discusión, esta reforma en materia fiscal va a beneficiar a los que menos tienen, punto. Junto con complementariedades encaminadas a fortalecer las medidas transversales en materia laboral, educativa e incluso de salud –impuesto a refrescos- por lo que nadie podrá negar entonces el enfoque social en la nueva conducción de la política económica del país.

Y se equivocaron aquellos que acusaban a este gobierno de estar sujeto a los grandes intereses capitalistas. Hoy el Presidente ha sido enfático al señalar que absorbe el precio a pagar, porque él no está en un concurso de popularidad.

Así, se demuestra que es cierto, que Enrique Peña Nieto no vino a administrar, él vino a transformar a este país.

noviembre 3, 2013 - 9:43 pm
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Por: Juan Carlos Lastiri

Columnistas