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El objeto antes llamado TV

En ocasiones anteriores ya he escrito en este espacio sobre los cambios que se han presentado en la televisión a raíz de la aparición de los diferentes sistemas de streaming.

No es novedad enterarse que los niveles de audiencia de la televisión abierta en nuestro país van a la baja. De entrada, ante la mayor presencia de canales (sean de TV abierta o de cable) lo obvio que sucede es que las audiencias se acercan más a cero. Esto es muy sencillo si existe un pastel que anteriormente se dividía entre 6 canales era obvio encontrarse con rebanadas gigantescas, sin embargo con el paso del tiempo y ante la aparición de muchos canales esas rebanadas se han ido haciendo cada vez más pequeñas.

Sería natural preguntarse si la televisión mexicana se durmió en sus laureles, y la respuesta es sí. A estas alturas lo único que puede salvar a la televisión abierta son propuestas realmente interesantes que obliguen a la gente a sentarse día a día a la misma hora a ver ese contenido en específico y tolerar los cortes comerciales, las nuevas generaciones ya no están acostumbrados a eso.

Y este no es un fenómeno que solamente se presente en nuestro país, pero en otros países (como Estados Unidos o España), la televisión abierta se ha ido preparando con una diversidad de programas que han logrado mantenerse en el interés del público.

Estados Unidos es el rey en materia de producción televisiva, las cinco cadenas existentes tienen una barra programática nocturna que acapara todos los espectros de audiencia posibles (quizá con excepción del infantil). Cada serie se transmite a través de su propia ventana y una vez finalizado puede verse vía Internet en las diferentes plataformas de cada canal, lo cual genera visitas a sus páginas y número de reproducciones a sus programas. Esta es una forma real de medir lo que la gente ve y disfruta.

En España desde hace años se implementó el sistema de temporadas que se lleva en Estados Unidos, atrapando a la gente con barras programáticas bien estructuradas de manera anual.

México ha tratado de utilizar las famosas temporadas, pero lo cierto es que no lo hemos sabido hacer. Si bien ha habido series que aprovechando que están grabando hacen dos o tres temporadas y van sacando los episodios poco a poco, lo que debe suceder es tener un arco dramático perfectamente creado para cada temporada, realizarla, descansar y volver a retomar el trabajo. En nuestro país por ahorrarse presupuesto no lo hacen así.

Hoy en día los cambios en la televisión mexicana son de verdad impresionantes. El fin de añejas exclusivas, el despido de grandes productores, el término de vetos y la posibilidad para que los actores y productores independientes puedan verdaderamente trabajar por proyecto donde les de la gana, nos habla del cambio serio de muchas cosas en las entrañas de las empresas televisivas.

Será cuestión de tiempo, habrá que invertir mucho dinero y las televisoras deberán darse cuenta que precisamente donde deben apostar es en la creatividad de los escritores a quienes han tenido relegados desde hace décadas. No es haciendo refritos de telenovelas como se va a lograr conquistar al público.

México, sin dudarlo, es un país telenovelero pero que está migrando su interés a las series y es cuestión de años para que esa gran tradición desaparezca del ADN de los nuevos televidentes.

El dicho bien dice que hay que renovarse o morir y confío en que las medidas nuevas que han implementado las televisoras mexicanas sirvan para darle a nuestro país la televisión que nos merecemos.

agosto 28, 2017 - 7:15 am
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Por: Gilberto Brenis

Columnistas