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Experiencias electorales

Joseph Roux escribió que nuestra experiencia se compone más de ilusiones perdidas que de sabiduría adquirida. En esa línea, me siento hoy a reflexionar sobre mis ilusiones puestas en la reciente jornada electoral.
Durante todo el proceso, los electores vivimos convocatorias antagónicas. Por un lado, se nos invitaba a votar, a ejercer ese derecho y a cumplir con nuestra obligación ciudadana. Por otro, se demeritaba el valor del voto, sugiriendo que nuestro descontento con los gobiernos y partidos políticos sólo podía manifestarse absteniéndonos o anulando. Los triunfos de candidatos independientes nos comprueban el gran valor de nuestro sufragio. Sí podemos manifestar nuestro enojo hacia los partidos, eligiendo candidatos que nada tienen que ver con ellos. Sí podemos expresar nuestro rechazo hacia candidatos institucionales, seleccionando candidatos ciudadanos.
Me ilusioné también con el repudio hacia los excesos económicos que sufrimos en cada elección. Campañas costosas por dentro y por fuera, que buscan crear candidatos potenciales donde no los hay. Cientos de millones tirados en fábricas de imágenes, ante la falta de identidad, congruencia y capacidad de partidos y aspirantes. En Jalisco, un candidato independiente a diputado local, triunfó, por un margen de dos a uno, con un presupuesto oficial de tan sólo 18 mil pesos.
Me ilusioné con acompañar a mi hija a votar por primera vez, en una ambiente de civilidad y tranquilidad, como cuando mis padres me acompañaron a votar a mí. Juntos, entramos a nuestra casilla, para encontrar a nuestros vecinos, como funcionarios de casilla, y a representantes de todos los partidos, dando transparencia al proceso. Al escribir este párrafo, no puedo dejar de compartir que la primera vez que voté, lo hice por mi padre. Lo hice así, no por el compromiso de la sangre, sino por mi profundo conocimiento de un hombre con una trayectoria intachable y con un verdadero compromiso social. Fue mi mejor decisión.
Me ilusioné, además, con que ningún poder, ni fáctico ni imaginario, diera por sentada su omnipotencia. Las posiciones políticas no deben lograrse como resultado de una lucha de fuerzas, sino como expresión legítima de la voluntad de los electores. Varios son los ejemplos del enojo ciudadano, expresado en las urnas, contra actos de corrupción, decisiones unilaterales y promesas incumplidas.
Quedan, sin embargo, muchas ilusiones por cumplir. Movernos de la democracia electoral a la democracia participativa; acotar el financiamiento público a los partidos políticos; obligar al cumplimiento de las promesas de campaña; aceptar la madurez de la sociedad y evitar la inmovilidad gubernamental, especialmente en programas asistenciales; alejarnos de la sobrerrepresentación; acercarnos a leyes electorales ciudadanas; procurar siempre la libertad de expresión, y no censurarla en las elecciones, bajo ningún pretexto.
Menudo reto.

junio 10, 2015 - 11:18 am
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Por: Carlos Palafox

Columnistas