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La censura periodística en México

La censura es el poder que ejerce el estado, persona o grupo influyente para prohibir, la difusión a un estadio público, de una noticia, de un libro, de una película o de algún documento, a través y con el cual se pueda atentar contra la estabilidad de la persona o grupo, su subsistencia e incluso directamente contra su existencia.

La censura suele ser el recurso más utilizado por las naciones que observan una forma de gobierno cercana a lo que es una dictadura, por eso, todo lo que tiene que ver con el ejercicio del periodismo y las distintas formas que adoptará el arte, será el objeto de atención de aquellos organismos que en estos países tengan asignada la tarea de contralor.

La prohibición de difundir determinada noticia u obra puede ser explícita, es decir, que se haya echado mano de una ley primero que ampara a la misma, o bien, directamente, hacer uso de la fuerza, la coacción directa, para evitar que la cosa en cuestión sea difundida.

Un ejemplo muy común puede ser la estrategia de crear un ánimo colectivo de repulsión hacia determinado periodista o contenido televisivo o radial para que sea en definitiva la sociedad la que termine por hacerlo desaparecer.

La tarea primordial del periodismo moderno es la de informar, interpretar y guiar a la sociedad de la que es parte.

Los periodistas Carlos Marín y Vicente Leñero o, más concretamente, Julio Scherer y Manuel Buendía coinciden al señalar que el periodismo es una forma de hacer política.

Desde los inicios de la prensa escrita en México a principios del siglo XIX, el ejercicio periodístico ha mantenido de modo tenaz un diálogo permanente con el poder.

Mientras no se dé fin a la censura, sea estatal o de quienes tutelan los medios, en tanto no se encuentre garantizada la libre y responsable crítica periodística, nuestra sociedad no podrá avanzar ni mucho menos aspirar a vivir en un régimen de verdadera democracia.

La evolución del periodismo en nuestro país no ha sido fácil, ya que desde sus propios inicios la lucha política a favor del cambio ha sido uno de sus principales rasgos característicos.

El Diario de México (1805), en sus inicios fue de tendencia gobiernista y sus materiales de naturaleza noticiosa pero también doctrinal, poco a poco pasaron a la oposición llegando a tomar parte en la propia lucha independentista, como fue el caso de Jacobo de Villaurrutia y Carlos María de Bustamante, a quienes las propias autoridades virreinales llegaron a perseguir por sus escritos y pronunciamientos.

La efervescencia periodística cobra auge a partir de entonces y surgen notables órganos periodísticos como El Despertador Americano, editado por Miguel Hidalgo y Costilla en Guadalajara (1811), el Ilustrador Nacional y el Ilustrador Americano, elaborados con tipos de madera en Zitácuaro por Morelos al igual que El Correo Americano del Sur en Oaxaca. Todos ellos “periódicos de combate de propaganda a favor de la Independencia.

Para 1821 aparece el Ejército Mexicano de las Tres Garantías, cuya finalidad proselitista era manifiesta, lo mismo que El Mejicano Independiente, editado en Iguala con material llevado de Puebla. A partir de entonces y ante la consumación del movimiento de independencia prácticamente desaparecieron los medios que defendían la causa realista en México.

Periódicos como El Diario Liberal (1823), la Gaceta Imperial de México y más tarde El Águila Mexicana, se convirtieron en los conductos del nuevo gobierno al poder: el iturbidista, contrastando con otros órganos como El Sol, de filiación masónica, y la Abeja de Chilpancingo, de tendencia republicana.

Años más tarde, la lucha política en contra el presidente en turno, Anastasio de Bustamante, quedó de manifiesto en El Fénix, entre cuyos colaboradores figuraron los federalistas Vicente Rocafuerte, Quintana Roo, Mariano Riva Palacio, Manuel Crescencio Rejón y Juan Rodríguez Puebla, en contraposición de los que apoyaban la postura gobiernista, acaudillados por el ministro Lucas Alamán y cuyo órgano fue El Registro Oficial8. Para mediados del siglo XIX surgen nuevos periódicos de gran trascendencia como El Siglo XIX (1841) y El Monitor Republicano (1844), de filiación liberal, en tanto aparecían otros como El Tiempo, de corte monárquico.

Durante el Segundo Imperio, la prensa se encargó de atacar al propio Maximiliano, como lo evidencian La Voz del Pueblo, El Clamor Progresista, La Sombra y La Rabia. Poco más tarde, La Orquesta, de Carlos Casrín y Constantino Escalante, inaugura el uso de la caricatura política mientras en plena República los periódicos fomentan tanto la temática política como literaria. Toman parte en él literatos, políticos, abogados, religiosos y militares, en suma, la élite política del momento.

Reaparecen El Monitor Republicano, La Revista Universal, El Correo de México, El Sufragio Libre y La Iberia, y pronto comienzan a brotar los primeros intentos de periodismo de naturaleza socialista, como El Socialista (1871), en el que colaboró Guillermo Prieto, La Comuna (1874-1875), La Huelga (1875) y El Hijo del Trabajo (1876-84)10, a los que continúan dentro de una línea políticamente menos radical.

Porfirio Díaz de Benito Juárez y Sebastián Lerdo de Tejada heredaron un periodismo de oposición permanente que termina por desencadenar un profundo encono entre los ideólogos de la prensa y los detentadores del poder.

Nuevos periódicos como La Voz de México, La Prensa, dirigida por José María Vigil y Juan de Dios Peza, El Diario del Hogar de corte liberal a cargo de Filomeno Mata, El Partido Liberal de José Vicente Villada, El Mundo, El Tiempo o El País, incorporaron mejoras técnicas, impulsaron la habilidad de sus periodistas y promovieron de modo creciente la importancia del reportaje como género periodístico, siendo El Imparcial, bajo la dirección de Rafael Reyes Spíndola, el mejor ejemplo.

Proveniente de los Estados Unidos, en 1916 surge El Universal y en 1917 Excélsior, periódicos que habrán de inaugurar la era de los periódicos de circulación nacional con grandes tirajes, lo que contribuyó a profesionalizar e industrializar aún más al periodismo mexicano, además de posibilitar la total infiltración del Estado a través de obtener el control sobre el abasto de papel, la regulación de la publicidad oficial, la compra de acciones de las nacientes empresas periodísticas.

Escasos son los momentos de nuestra historia en los que la democracia y la libertad han privado. Tal y como se desprende de la revisión histórica sobre la evolución del periodismo mexicano a lo largo del siglo XIX, prácticamente desde su nacimiento ha sido víctima perenne de la censura.

En aras de garantizar una mayor protección al incipiente periodismo, en 1814 la Constitución de Apatzingan, establece que nadie podría prohibir a ningún ciudadano la libertad de hablar y manifestar sus opiniones mediante la imprenta.

El Constituyente de 1857 incorpora en sus disposiciones las libertades de imprenta y expresión. Durante la segunda intervención francesa el Imperio toma la decisión de suprimir la prensa escrita. El régimen juarista, por su parte, determina defenderla y promulga entonces la Ley Orgánica de Prensa (1868), ordenamiento de clara tendencia liberal que ratificaba el espíritu del propio del Constituyente.

No obstante, en 1883 el porfirismo acota lo establecido por la Carta Magna y a través de los ordenamientos penales, además de posibilitar que los periodistas podrían ser llevados ante tribunales del orden común, establece que tanto las prensas como los útiles de trabajo podrían ser confiscados, considerándose “instrumentos de delito.

En suma, libertad de expresión y libertad de prensa son derechos por los que la sociedad mexicana ha luchado permanentemente, ya que si bien desde 1917 están consagrados en los artículo 6° y 7° respectivamente de nuestra Carta Magna, su pleno alcance ha sido una conquista reciente, ganada tras décadas de ardua y permanente lucha gracias a aquellos que han ejercido un periodismo crítico en nuestro país.

En dicho año, a pesar de los avances constitucionales en materia de libertad de prensa, sus enemigos tienen que maquinar nuevas formas de represión. El 12 de abril, Venustiano Carranza emite la Ley de Imprenta, y con ella se establece un cuerpo jurídico que hasta cierto punto refuerza una censura institucionalizada vigente hasta el día de hoy.

No obstante, hubo algo mucho más peligroso: políticos y caciques partidarios de la acción directa, solían, aún a mitad del siglo, mandar a sus guardaespaldas como primer aviso a los editores ordenándoles asaltar talleres, mezclar los miles de letras de molde ordenadas en cajas y echar miel o azúcar entre los rodillos de las prensas para paralizar la impresión. Si la advertencia era ineficaz y el periodista insistía en sus críticas, se procedía al incendio y lapidación del edificio además de la destrucción de la maquinaria.

Panorama actual y perspectivas de la censura.

Al concluir el siglo XX los medios de información colectivos se han convertido en el centro del poder contemporáneo de nuestra nación. Es decir, ya no solo son instituciones importantes o el cuarto poder, sino que ahora son “el Primer Poder”.

El periodismo ha pagado muy caro los avances de la libertad de expresión. Por años ha sido considerado de alta peligrosidad y la lista de periodistas asesinados y encarcelados, perseguidos y presionados no ha cesado de incrementarse.

Si nos remontamos al régimen de López Mateos, recordaremos diversos casos de reclusión de periodistas en Lecumberri. Qué decir del régimen diazordacista, pero a partir de la administración de Miguel de la Madrid se desató una ola de asesinatos en contra de periodistas.

1968, 1988, 1994, 1997 y 2000 son cinco años que han marcado nuestra historia contemporánea, cinco grandes momentos que los medios han registrado con especial intensidad. 1968, marcado por el movimiento estudiantil y la masacre del 2 de octubre; 1988, por la inquebrantable lucha democrática llevada a cabo por Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo y el fraude electoral a favor de Carlos Salinas de Gortari; 1994, por ser escenario del primer gran debate entre partidos políticos: PRI, PAN y PRD y coincidir con la aparición del EZLN y el fracaso del proyecto político-económico de Salinas de Gortari; 1997, sobresaliente por el notable avance democrático que implicó el contundente triunfo electoral de Cárdenas como Jefe de Gobierno del DF y, por último, el año 2000 en el que tuvo lugar el ascenso al poder del PAN.

De todos ellos los medios y, especialmente la prensa escrita, dieron y siguen dando testimonio. En gran medida, lograron a partir de tales sucesos notables conquistas para la lucha por la libertad de expresión y su contribución al desarrollo democrático y a un sistema de partidos ha sido mucha.

Si en el siglo XIX el periodismo era de opinión más que informativo, hoy el periodista informa opinando, enviándole un mensaje obvio o críptico a un colega o a un alto funcionario. Quienes han llevado a la exageración este panorama son los columnistas y los articulistas de fondo, quienes trabajan frecuentemente de acuerdo con los intereses ideológicos o económicos de cada diario o revista.

Hoy en día, el periodismo sufre un altísimo nivel de represión y censura. Carlos Moncada, abogado de formación, director de la revista Impacto, en su libro Periodistas asesinados, hace un largo recuento de asesinatos “para acallar a la prensa”, analizando los mecanismos de los que se ha valido el propio sistema para controlar a los medios y que hoy en día no sólo involucran intereses políticos o ideológicos, sino también económicos.

En los comienzos de este siglo un buen número de periodistas participaron en los acontecimientos revolucionarios y pagaron, como cualesquiera otros mexicanos, su cuota de sangre.

Hoy vivimos una transición democrática, hoy nos enfrentamos día a día a la exigencia popular, expresada lo mismo en Chiapas que en Baja California o en Guerrero y Oaxaca, sin olvidar la ciudad capital.
Es por ello que los medios deben participar todavía con mayor fuerza. Hay que dejar de lado filiaciones partidistas o hacerlas menos evidentes, que el interés fundamental sea el ciudadano.

Recientemente la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) expresó su preocupación por las demandas que se acumulan contra la periodista Carmen Aristegui.

La periodista enfrenta una demanda por daño moral por el prólogo del libro “La Casa Blanca”, por el cual se le exige una indemnización millonaria.

Así las cosas estimados lectores yo coincido con Julius Fucik, checoslovaco que redactaba para dos periódicos durante la Segunda Guerra Mundial. Sabía que había sido condenado a muerte por un tribunal nazi en Berlín y con papel y pluma entrados de contrabando, escribió en la cárcel su último Reportaje al pie de la horca.

“El periodista, cuando es entero, tiene la posibilidad de analizar y hacer una crítica consecuente ante cualquier problema que enfrente, por más complejo que sea. Cuando el periodista dice la verdad y usa bien las herramientas de su oficio, tiene fuerzas multiplicadas para llegar a la conciencia del pueblo”.

Julio 25, 2016 - 8:19 pm
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Por: Rubén Ortínez

Columnistas