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Las salamandras del activismo

Admiro el feminismo en sus más variadas y plurales expresiones.

El feminismo construido desde las ganas reales, auténticas e incluso rudimentarias para tender y enlazar las manos de mujeres con más mujeres.

Admiro a quienes con morral o bolso al hombro caminan brechas para hablarles a otras mujeres sobre los riesgos de la violencia de género.

Soy lectora voraz de esas mujeres que con el don de sus letras o sus palabras plasman vidas y secuencias de la lucha de mujeres que lo han superado todo, incluso los golpes.

Seguiré eligiendo batallas de sororidad sin cobrar el 30 por ciento de porcentaje a las mujeres a las que se ayuda para recibir recursos de algún programa federal.

Seguiré cuestionando la doble moralina de reflector barato fraguado en la política de género marketera con una transacción electoral.

Cuestiono los activismos que hacen de la lucha de género una auténtica orgía financiera a la sazón del pago de prerrogativas.

Analizo el doble discurso de mujeres “salamandra” que van comercializando el activismo de género.

Hace unos días escuchaba a mujeres en diferentes escenarios, roles y ocupaciones. Todas ellas me dieron estampas del oportunismo.

Las más jóvenes me contaron como las invitaban a participar en videos de activismo feminista con un trato despótico e indigno.

El pago era una torta, un refresco y 50 pesotes para que la consultora se llenara la boca de “sororidad” con fotos de la ex gobernadora Martha Erika Alonso.

Otras me contaron el entramado del negocio y los contratos que se amarraron con una doble moralina.

Cuando los discursos distan de acciones, la demagogia invade al pseudo feminismo plagado de “asociaciones civiles” que como raquetas y aves de rapiña, se pelean los recursos de programas, gobiernos o campañas donde puedan instalar estampas de la defensa de las mujeres representadas en fotos, presentaciones y mucha labia, sólo eso.

Estas salamandras del activismo, encontraron la rentabilidad en sus campañas de sororidad entendidas como la parafernalia para vestirse del color adecuado a sus intereses en cartera y chequera.

Ellas entienden el activismo a sueldo con la negociación en mano y se arrastran descalificando lo que les incomoda, lo que desnuda sus mal logrados discursos morados que están muy lejos de ser de auténtica sororidad.

El negocio del activismo de mujeres ha servido al letal oportunismo de quienes gustan vender y cobrar a costa de las propias mujeres.

@rubysoriano
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abril 4, 2021 - 9:30 pm

Por: Ruby Soriano

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