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¿Los nuevos tiranos del poder?

La obsesión en un político puede ser el arma más letal para apresurar una derrota sin necesidad de ir a las urnas.

Cuando un personaje del poder, pierde la dimensión de su propia realidad, está en la antesala de una crisis sin fondo, donde su imagen, discurso, posicionamiento y amarres políticos pueden ir directamente al vacío.

Como en una novela de intriga política, a medio año del proceso electoral federal, en Puebla seguimos sin Gobernador. Qué bizarra realidad nos ha tocado dirimir con tanta polarización en los círculos de poder, pues en la sociedad y entre los ciudadanos de a pie, lo que se percibe es un hartazgo.

Todo lo anterior muestra a Morena y sus necedades o quizá la obsesión de Barbosa.

Tras los últimos acontecimientos en Puebla, la figura de este personaje también reporta un desgaste importante.

Faltan varios meses para ir a las urnas y el partido del presidente podría llevarse sorpresas en Puebla.

Lo que hace unos meses fue una gran bandera para Morena en Puebla ante los excesos, el cacicazgo, la corrupción y las imposiciones del grupo de Moreno Valle, hoy puede convertirse en su principal impedimento para tener el camino allanado y conseguir fácilmente el triunfo en la gubernatura.

Muchas son las historias que giran en torno al ex senador Luis Miguel Barbosa. Desde los negocios hechos al amparo del poder en Tehuacán, su despotismo, la misoginia, el desdén con el que trata a muchos de sus correligionarios, el dinero que le invierte a mercenarios de la información agazapados como “prensa libre”, los autos usados que dicen le regala a sus serviles empleados y esa obsesión por sentirse un Tótem sagrado en Morena cuya victimización ha dejado de ser funcional.

No son pocas las voces al interior de Morena que velan armas, muchas armas porque imponer a Barbosa como candidato sería la peor muestra de autoritarismo en el partido del mismísimo Presidente del Gobierno de México.

La postura de la presidenta Nacional de Morena, Yeidckol Polevsky (Citlali Ibañez, nombre verdadero) ha resultado intransigente, autoritaria, plagada de excesos y con un centralismo partidista similar a los del priismo en sus mejores épocas dinosáuricas.

A esta honorable señora, se le olvidan las bases, las fuerzas vivas de Morena, los personajes que mucho antes que ella llegara a presidir este partido, fueron construyendo los cimientos para hacer lo que hoy es el partido en el poder.

La presidenta Nacional de Morena ha mostrado falta de tacto al imponer el nombre de Barbosa como el candidato del dedazo, y de un dedazo ensombrecido por la tragedia.

Resulta francamente doloso para los poblanos, pensar en que el actual Congreso del Estado ejerza el mayoriteo que tanto criticaron en las época de Moreno Valle e impongan a personajes como un Héctor Alonso Granados con un historial más que distante de una auténtica izquierda morenista, o bien a Gabriel Biestro que no tiene ni una gota de poblanidad , pero eso sí mucha ambición.

Puebla no se merece que Morena muestre su peor rostro, porque las sorpresas pueden ser letales.

Luis Miguel Barbosa ha tenido una gran capacidad de convocatoria y de suma de voces, pero en su contra.

La mayoría de los poblanos siguen sin identificarlo, salvo cuando es troleado en redes sociales o su imagen protagoniza los memes políticos del día.

Morena en Puebla tiene grandes retos, entre ellos poder evitar que esas caricaturas de pequeños caciques se conviertan en los diques que frenen victorias y fortalezcan verdaderas militancias, no intereses de oportunidad.

Hoy me quedo con esta imagen que siempre recordé: El ex gobernador Rafael Moreno Valle empujando la silla de ruedas del entonces Senador Luis Miguel Barbosa. Eran los buenos tiempos, eran los tiempos donde los negocios y los pactos florecían al amparo de las complicidades.

@rubysoriano
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enero 6, 2019 - 7:30 pm
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Por: Ruby Soriano

Columnistas