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Los peligros del centralismo

La propuesta del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, de concentrar todo el peso de la administración federal en sus incondicionales, tal vez tenga buenas intenciones, pero conlleva muchos riesgos innecesarios llamados centralismo.

México en el siglo XIX vivió el modelo centralista impulsado por los conservadores, quienes derogaron la constitución federal de 1824, para dar paso al modelo centralista plasmado en la carta magna de 1836 mediante la cual, se creó la figura de los departamentos y la concentración del poder plasmada en las llamadas “siete leyes”.

Resulta irónico que en pleno siglo XXI y a casi 200 años de la puesta en marcha de este modelo que fracasó de manera rotunda y que trajo como consecuencias la perdida de una buena parte del territorio nacional, producto del separatismo que tuvo su punto culminante con la independencia de Texas y Yucatán, ahora se busque regresar a este viejo esquema de concentración de poder.

También llama la atención que dos de las llamadas siete leyes contemplaban, en la segunda, la creación del llamado poder supremo, el cual estaba por encima de los tres poderes (ejecutivo, legislativo y federal) y que podía disolver en cualquier momento a alguno de estos, sin ningún contrapeso.

En la sexta se establecía la división del territorio en departamentos y suprimía las legislaturas locales y establecía la creación de juntas departamentales dependientes del poder Supremo, acaso no suena familiar esto.

No me extraña nada que la cuarta transformación, que encabeza el presidente electo, busque modificar la Constitución a su modo, tal y como ya lo adelantó el “ideólogo” morenista, Porfirio Muñoz Ledo, quien será el próximo líder de la bancada mayoritaria en la cámara de diputados.

La intención de crear la estructura de los llamados coordinadores generales (virreyes) atenta contra el pacto federal establecido por las diferentes constituciones y asentada en la última de 1917.

La intención de concentrar la entrega de recursos a través de estos personajes, relegando a un papel secundario a los gobernadores de las entidades, resulta peligroso.

Si Ramos Arizpe, el padre del federalismo mexicano y constituyente en las Cortes de Cádiz en el año de 1814, viviera se volvería a morir de ver el bodrio que se quiere implementar en este hibrido que por un lado concentra el poder en unos cuantos, pero envía a las diferentes Secretarías a operar fuera de la Ciudad de México.

En el siglo XIX la idea de hacer a un lado a los gobernadores para imponer todo desde el centro trajo consigo el levantamiento del estado de Zacatecas, el primero en pedir su separación de la incipiente nación que estaba en formación.

La rebelión fue apagada por Santa Anna, quien en castigo mutiló al estado de Zacatecas, quitándole parte de su territorio con el cual se creó el hoy estado de Aguascalientes. Más tarde Texas, Tabasco, Tamaulipas y Yucatán, encabezaron movimientos para separarse de México.
El centralismo solo trae consigo la creación de más burocratismo y corrupción.

Muchos alegarán, déjenlo gobernar, aún no gobierna y ya lo critican, lo cual es cierto, pero difícilmente se puede obtener éxito si se echa mano de viejos modelos que ya demostraron en el pasado su escasa efectividad. Ni duda cabe, el hombre es el único animal que se tropieza dos veces con la misma piedra.

La acumulación del poder, la ausencia total de los equilibrios suficientes para ser el contra peso natural, son una mezcla muy peligrosa y ojalá me equivoque.

Tal vez esto es lo que necesita una sociedad como la mexicana, un gobierno sin contra pesos, como ya lo explique en otra de las entregas, una tiranía, entendida como el gobierno de un hombre audaz, el cual arriba con el apoyo popular al poder.

Los ejemplos de este tipo de gobiernos abundan en todas partes del mundo y los resultados desafortunadamente no son nada alentadores.

En los hechos hay que reconocer que el federalismo representa al espíritu del liberalismo, mientras que aunque muchos no les gusten, el centralismo es la representación más pura y viva el conservadurismo.

Ilustración: Alejandro Medina

agosto 14, 2018 - 9:50 pm
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Por: Ricardo Morales

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