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Ponderan autores trascendencia de Juan Rulfo en la literatura

Como una de las voces centrales de la literatura hispaoamericana es recordado el escritor mexicano Juan Rulfo (1917-1986) por colegas como Elsa Cross, Dolores Castro y Jaime Labastida, para quienes se trata de una pluma que dejó marca imborrable en la literatura a nivel mundial.

En declaraciones difundidas por la Secretaría de Cultura federal, en ocasión del centenario de su nacimiento que se cumplirá este 16 de mayo, los autores consultados recordaron que con sólo 325 páginas (El llano en llamas y Pedro Páramo), Rulfo supo dejar huella indeleble y por su inigualable estilo deslumbró a autores como Jorge Luis Borges y Susan Sontag.

La poeta Dolores Castro es “un autor simplemente incomparable porque es el mejor escritor de México creo yo, es un escritor que pudo, a través de los muertos, dar un paisaje de lo que somos, de nuestras pasiones, de nuestro modo de ser, del sueño, de la realidad, en fin”.

“Creo que él es el escritor más capaz de pasar de la poesía a la narración, sin olvidar la poesía y dando una narración fantasmal, pero exacta, de toda la situación, sobre todo de las personas que viven en el campo y que son pobres”, añadió.

Al respecto, el también poeta y filósofo Jaime Labastida, director de la Academia Mexicana de la Lengua, lo consideró como quien inauguró la narrativa moderna en este país, pues si bien hubo narradores de primer orden que situaron la prosa de ficción al más alto nivel, como Alfonso Reyes, Martín Luis Guzmán y Rafael Muñoz, fue Rulfo quien recuperó en sus historias el ambiente rural con inigualable estilo.

El estilo de Rulfo es tan personal, tan único, tan suyo, tan escueto, tan lleno de frases de una economía y de un rigor tan increíbles, que inaugura por esa misma causa, la narrativa moderna.

La poeta Elsa Cross, Premio Nacional de Artes y Literatura 2016, consideró que “Juan Rulfo es una de las voces centrales de la literatura hispanoamericana. En su obra confluyen la fuerza poética, el misterio y una tremenda intensidad que impregna a sus personajes y sus tramas. Su obra es una lección permanente”.

Se dice que Rulfo es el escritor mexicano más leído y estudiado en el país y en el extranjero, ya que tan sólo “Pedro Páramo”, que el autor escribió en cuatro meses, ha sido traducido a casi 30 idiomas y recientemente estará disponible en náhuatl.

Cuando el escritor mexicano de origen español Tomás Segovia fue galardonado en 2005 con el XV Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe, que se entregaba en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara con el nombre de Juan Rulfo, señaló que este es uno de los novelistas y cuentistas más grandes del mundo.

Deslumbrado con su prosa, dijo, lo llamó un autor muy peculiar con un puro don, es decir, “es un escritor misterioso, nadie sabe por qué Rulfo tenía ese talento, porque en otros escritores uno puede rastrear el trabajo, la cultura, las influencias, incluso la biografía, pero Rulfo es un puro milagro”.

Para el poeta jalisciense Hugo Gutiérrez Vega, fallecido en 2015, “la obra de Juan Rulfo está por encima de la importancia, está en el terreno de los prodigios y de la pericia literaria, está hecha de murmullos, de silencios y de palabras, de los muertos que se quedaron pegados en los muros ruinosos”.

El propio Rulfo reconocía que “Pedro Páramo” pasó de una novela mexicana, a ser universal, pues “los problemas humanos son iguales en todas partes. No son temas nuevos el amor, la muerte, la injusticia, el sufrimiento, que están sugeridos en Pedro Páramo”.

Para escritores como Jorge Luis Borges, “Pedro Páramo es una de las mejores novelas de las literaturas de lengua hispánica, y aún de toda la literatura”, mientras que para Susan Sontag “la novela de Rulfo no es sólo una de las obras maestras de la literatura mundial del siglo XX, sino uno de los libros más influyentes de este mismo siglo”.

Elena Poniatowska recordaba que “Pedro Páramo” se llamaba “Los murmullos”, porque eso es lo que se oye en toda la novela, un rumor de ánimas en pena que vagan por las calles del pueblo abandonado. Rulfo se parece a esos hombres temerarios que aceptan la cita del fantasma y se ponen a hablar con él a medianoche.

En “Pedro Páramo”, comentó Dolores Castro, el autor “resume todo lo soñado con la realidad y presenta a muertos que viven esa realidad como si al revivir, pero en otra mirada fueran capaces de apreciar mejor esa realidad”.

En tanto que sobre “El llano en llamas”, autores como Evodio Escalante destacan la capacidad que tuvo para crear una obra que puediera ser leída por los campesinos y los habitantes de la ciudad, “yo creo que es uno de los autores nacionales con mayor penetración en todas las capas sociales, incluso en el campo, a mí me ha tocado ver a campesinos que tienen El llano en llamas, porque se identifican con el mundo que construye Rulfo”.

Si bien “Pedro Páramo” es una obra maestra, “algunos cuentos de ‘El llano en llamas’ son insustituibles, son maravillosos: ‘Diles que no me maten’, ‘Luvina’, ‘Anacleto Morones’, ‘Talpa’, son cuentos extraordinarios”, añadió por su parte Jaime Labastida, porque todo queda como sugerencia.

Comparado con Marcel Proust que es de una exuberancia y una enorme cantidad de detalles y delicadezas, Jaime Labastida apuntó que Rulfo es “escueto, son rasgos fundamentales, rasgos básicos de los personajes, está ahí también presente en un fondo de angustia personal enorme, el asesinato del padre y la orfandad de Rulfo, pues se refleja en esos hombres que quieren vengar siempre la muerte del padre”.

Juan Rulfo fue el tercero de cinco hermanos de una familia acomodada. Ingresó en la escuela primaria en 1924, el mismo año en que su padre falleció y siete años después falleció su madre. Quedó bajo la custodia de su abuela, posteriormente entró a un internado en Guadalajara.

Una huelga de la Universidad de Guadalajara le impidió inscribirse en ella y en 1934 se mudó a la Ciudad de México. A finales de esa década se inició como escritor y fotógrafo, y a partir de 1945 comenzó a publicar sus cuentos en dos revistas: América, de la capital, y Pan, de Guadalajara, mientras que sus imágenes aparecieron por primera vez, también en “América”, en 1949.

Fue en 1946 cuando comenzó a trabajar para una empresa de neumáticos como agente viajero y dos años después, contrajo matrimonio con Clara Aparicio con quien tuvo cuatro hijos.

En 1952 y 1953 obtuvo dos becas del Centro Mexicano de Escritores, lo que le permitió publicar en 1953 “El Llano en llamas”, donde reúne cuentos ya publicados en América e incorpora otros inéditos y, en 1955 salió a la luz “Pedro Páramo”, novela de la que publicó tres adelantos en 1954, en las revistas “Las letras patrias”, “Universidad de México” y “Dintel”.

En 1958 terminó de escribir su segunda novela, “El gallo de oro”, que no se publicó hasta 1980. En 2010 apareció la edición definitiva de esta obra, después de una revisión cuidadosa del original que permitió eliminar errores e inconsistencias de la versión previamente conocida.

A partir de la publicación de los dos primeros títulos el prestigio literario de Rulfo se incrementó de manera constante, hasta convertirse en el escritor mexicano más reconocido en México y el extranjero.

Entre sus admiradores se encuentran escritores de la talla de Mario Benedetti, José María Arguedas, Carlos Fuentes, Jorge Luis Borges, Gabriel García Márquez, Günter Grass, Susan Sontag, Elias Canetti, Tahar Ben Jelloun, Urs Widmer, Gao Xingjian y Kenzaburo Oe, entre muchos otros.

Su trabajo le valió reconocimientos como el Premio Xavier Villaurrutia en 1956 por “Pedro Páramo”, mientras que en 1970 ganó el Premio Nacional de Literatura. Posteriormente, en 1976, fue elegido miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, pero tomó posesión en 1980 y ganó el Premio Príncipe de Asturias de España, en 1983.

Mayo 15, 2017 - 6:02 pm
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Por: Staff

Cultura