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Resistir, sobrevivir o medio vivir

Los movimientos de resistencia civil que han surgido en diferentes puntos del planeta para rechazar esta política discriminatoria del nuevo Presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump tienen esa gran valía que nos obliga a revisar no sólo estas manifestaciones de protesta mundial. Nos llevan a mirar lo que está ocurriendo en México, para tener conciencia del tiradero y caos en el que nos encontramos inmersos.

Mirar las calles de Washington y de las principales ciudades norteamericanas repletas no sólo de mujeres, sino de un mosaico caracterizado por esa diversidad que decidió alzar la voz, ante la demencia de un hombre que no tiene un gramo de sentido de gobernanza, tiene una gran valía.

Sin embargo, en México andamos por las mismas y nos estamos viendo lentos ante la reacción que a muchos nos gustaría sentir en nuestro país, frente al declive sexenal del gobierno de Enrique Peña Nieto.

Leyendo la prensa mundial que ha dado toda la cobertura a estos movimientos de protesta y rechazo hacia el discurso de confrontación de un Trump que advierte endurecerá no sólo sus palabras, sino sus acciones, hallé una perfecta descripción en el periódico La Vanguardia, donde definieron el objetivo de la Marcha de Mujeres así:

“Fue una protesta mucho más amplia, hombres y mujeres de todas las edades salieron a defender la diversidad, la igualdad, la inclusión, los derechos reproductivos y a condenar el racismo y la misoginia que ven en Trump”.

Después de leer, concluí que lo podemos aplicar perfectamente para nuestro país y seguramente para muchos otros países, donde se vulnera todo lo anteriormente mencionado.

Que la ola Trump no nos gane toda la atención para perder de vista lo que hoy estamos viviendo en México.

La resistencia civil no sólo son movilizaciones. Una sociedad organizada puede empujar de manera contundente y hasta demoledora, todo aquello que se proponga transformar.

México está en plena ebullición donde se conjuntan muchos sentimientos encontrados que van desde el enojo, la impotencia, el rechazo y la indignación hacia una clase política que hoy carece de una buena parte de credibilidad.

Los verdaderos coletazos de la crisis que hoy vivimos en México se sienten no en los discursos, spots gubernamentales, cifras oficiales o actos de gobierno donde se busca maquillar todo este sentimiento de inconformidad y hastío.

Los golpes de esta realidad nacional se sienten en la cartera y bolsillos de quienes vivimos de nuestro trabajo. Están en quienes sostienen familias, en quienes de manera contundente tienen que elegir entre comprar una despensa mucho más raquítica o comprar otros artículos de primera necesidad como ropa o zapatos para los hijos.

Esta realidad social de empobrecimiento es la que Enrique Peña nunca se atreverá a mirar por su falta de congruencia y sentido social.

Cómo decirle a un país que no hubo de otra más que volver a golpear a esa clase media y baja para salir de una situación insostenible, cuando el mandatario de un país carece de toda la sensibilidad para vender un avión o dejar de gastar millones en su imagen y la de su familia.

Son tiempos donde sólo la sociedad es la que puede consolidar estos cambios que ya no tienen demora.

La corrupción y excesos de partidos, gobernantes y sistema de impartición de justicia, agotó la paciencia de la sociedad mexicana.

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enero 22, 2017 - 9:05 pm
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Por: Ruby Soriano

Columnistas