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Todo quedaba entre nosotros…

Siempre era en cuartos oscuros, bajo la tenue luz de la luna, la puerta siempre cerrada bajo llave y con los suspiros ahogados por nuestros labios.

Mis manos conocían a la perfección su cuerpo, mi lengua sabía llegar hasta el más profundo rincón haciéndola explotar de pasión, me encantaba ver sus pechos moverse al ritmo de mi respiración.

Sus gemidos junto a mi oído eran la mejor música nunca antes inventada, parecía un sueño pero era real, esa diosa convertida en mujer amaba ser poseída por mí, le fascinaba ser tratada con ternura y fuerza a la vez, me pedía que la besara lentamente toda y después disfrutaba que con mis dientes marcara su piel.

Cada noche mientras la ciudad dormía nuestras almas cobraban vida sobre las sábanas de mi alcoba.

Junio 2, 2016 - 5:50 pm
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Por: Staff

Historias de alcoba