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El paro y la violencia

El paro del 9 de marzo no va a resolver el clima de violencia contra las mujeres, de ninguna manera. Imaginar que será así es una tontería. Tampoco será una manifestación que busque derrocar al régimen, sus efectos no son políticos sino sociales.

Entendamos que la violencia contra la mujer la provocan dos cosas: la cultura y un entorno de confrontación en el que se ha perdido el respeto a todo.

• La cultura machista que coloca en una posición de superioridad al varón y de sometimiento a la mujer.
• El entorno colectivo de confrontación con un estado de ánimo exacerbado que se torna violento a la menor provocación, en donde ya no hay respeto por nada, ni por la dignidad humana, ni por los más vulnerables (ancianos, infantes, mujeres), ni a la autoridad civil, ni a Dios y sus ministros, ni a la Ley, en una palabra, ya no se respeta ni la vida misma.

La única manera de comenzar a resolver el entorno social de violencia contra las mujeres es cambiando la cultura y bajando el estado de confrontación.

El paro servirá para poner en la agenda de toda la sociedad esta impronta: o hacemos algo o nos lleva el carajo. Luego vendrá el proceso de reflexión colectiva: ¿Qué debemos hacer? ¿Cómo podemos contribuir a cambiar la cultura? ¿Cuáles son los mensajes correctos hacia los hombres y hacia las mujeres para comenzar a hacer este cambio de cultura? ¿Cuál es el papel de los gobiernos ante esta situación? ¿Cuál es el papel de las iglesias, las escuelas, las empresas, las organizaciones sociales y civiles? ¿Qué medidas deben tomar las mujeres para proteger su integridad en tanto se contiene este episodio de violencia en contra de ellas? ¿Qué debemos hacer los hombres para reducir y combatir la violencia de otros hombres contra mujeres?

Esas y otras preguntas deben comenzar a responderse el próximo 9 de marzo en un proceso de reflexión colectiva, de lo contrario ni el paro, ni la bandita morada o blanca, ni las muertes emblemáticas de Abril, Ingrid y Fátima habrán servido de algo.

Ya es hora de que el presidente de México se baje de su pedestal y comience a gobernar para todos. Este es un momento decisivo en el que puede pasar a la historia como un verdadero Jefe de Estado, si decide conducir el cambio de cultura y ponerse a la cabeza de la solución. Eso requiere que deje de alimentar la confrontación y el linchamiento que solo contribuyen a incrementar el problema. La violencia contra las mujeres no es un asunto político y no debe de politizarse porque la política nos divide. Al señalar a “los conservadores” como los instigadores de la rebelión, el presidente convierte al paro del 9 de marzo en una causa política que debe de ser combatida por sus huestes. Grave error, así no avanzamos presidente.

Tienen razón los que afirman que la violencia contra las mujeres no es solo una conducta de hombres. La cultura machista también la reproducen mujeres, eso significa que cambiarla no se consigue mediante una batalla entre géneros.

Sí al paro del 9 de marzo. Sí a una reflexión colectiva que nos una y nos mueva a la acción. Sí a la participación de todos los partidos políticos, las iglesias, los maestros, profesionistas, empresarios, líderes sociales, periodistas, estudiantes, deportistas, artistas, obreros, burócratas. Solo unidos podemos cambiar el entorno de violencia que está matando a las mujeres y nos está matando el futuro a todos.

Un país de jodidos

Hace algunas semanas escribí un párrafo dedicado a los jodidos que apoyan a López Obrador. Se trató de un guiño provocador, un llamado a examen de conciencia, así lo hice a pesar de que el texto no requería de ese párrafo para comunicar su mensaje principal. Aquí el párrafo referido: “el avión presidencial es un vehículo que reafirma la superioridad moral de los jodidos. Y utilizo esa palabra “jodidos” para evitar menospreciar a los pobres, porque la pobreza es una dimensión humana que merece respeto y a todos nos compromete, pero la hipocresía no, y en mi concepto los jodidos son hipócritas, sátrapas y vulgares holgazanes. Si usted no es uno de esos no se dé por aludido o aludida.” En esta entrega haré una descripción un poco más detallada del perfil de esta gente y sus implicaciones en el contexto de la nueva cultura que la cuarta transformación pretende imponer.

Existe un grupo de mexicanos que apoya al presidente de la República seducidos por la idea de empobrecer a los ricos. Son felices imaginando un país de jodidos como ellos. Creen que los asiste el derecho por haber sido despojados históricamente. Justifican su condición social y económica actual en el mito de la inmoralidad de los “de arriba”. Son incapaces de reconocer sus carencias de carácter, detestan la libertad y la competencia porque les obligan a trabajar y a esforzarse. Saben que si se unen a López Obrador pueden compartir con él la victoria política a pesar de que su realidad no mejore.

El pago que este segmento recibe es moral. Su ego crece conforme el presidente subyuga a los empresarios y a los políticos del régimen anterior. Ese es el mensaje cifrado de la cena en la que López Obrador prácticamente obligó a los empresarios a comprar boletos de su rifa. Imagine usted, amable lector, la devoción que despertó en los jodidos que su presidente le sirviera tamales y atole a los “de arriba”, los obligara a ser cómplices del absurdo y les negara la exención de impuestos. Esa cena fue otro acto simbólico de sometimiento del poder económico al poder político. La 4t utiliza estos recursos para alimentar el delirio de superioridad moral de los jodidos.

El retroceso económico que registró el país durante 2019 no hace mella en el ánimo de los jodidos. Al contrario, se alegran de que sean los ricos los primeros afectados por el nulo crecimiento ya que, aseguran, ellos siempre han estado mal y su vida no cambia con una economía próspera o estancada.
Todo indica que los jodidos son un segmento con trabajos estables pero de bajos ingresos, quizá burócratas, obreros sindicalizados, jubilados o desempleados perenes. Gente cuya condición no se ve tan afectada con los ciclos económicos. Tampoco tienen conciencia de las implicaciones que una economía estancada o en retroceso ocasiona entre los segmentos sociales de menores ingresos y capacidades. Los jodidos tienen por norma reaccionar a impulsos emocionales, lo suyo no es la reflexión, impedidos de razonar por el desprecio que sienten ante el éxito y la prosperidad ajena.

El discurso oficial ha constituido una narrativa de jodidos. El presidente de México ha puesto de moda una corriente kitsch para los de abajo que exalta la fealdad y justifica la mediocridad. Las decisiones arrebatadas sostenidas con argumentos baladís, clasistas, revestidas con un lenguaje del populacho, reivindican el espíritu de los jodidos y lo convierte en una nueva categoría estética.

Siempre que me meto en estos embrollos recurro a los libros para aclarar las ideas. Dice Umberto Eco “¿Existen expresiones universales para lo bello? No, porque lo bello es distanciamiento, ausencia de pasión… A saber, un juicio estético implica un distanciamiento: yo juzgo bella una cosa aunque no la posea; dejo de lado mis pasiones. En cambio, parece que lo feo implica una pasión, precisamente el disgusto, la repulsión; ¿cómo puede haber un juicio estético de fealdad si no existe la posibilidad de distanciamiento?”. Al parecer, el acto deliberado de exaltar el espíritu de los jodidos es una provocación para justificar la ausencia de resultados. El gobierno de la 4t no puede ser juzgado con las mismas categorías que se juzga a los gobiernos neoliberales porque representa una estética que produce repulsión, disgusto y apego. Sin distanciamiento no es posible el juicio.

En la filosofía ya hay quien hubiese pensados estas cosas, al respecto continúo con Eco: “Sin embargo, en contra de Platón, que recomendaba evitar representar lo feo, a partir de Aristóteles se ha admitido en todas las épocas que también la fealdad de la vida puede ser representada de un modo bello o sostener una determinada tesis moral. Y, como decía Buenaventura… la imagen del diablo es bella si representa bien su fealdad”. Esto significa que ser jodido es una nueva aspiración social en los tiempos de la 4t, porque quien es, siente y reacciona como jodido, representa la nueva moral de la nación regenerada; es honesto. Por lo tanto, no hace falta la prosperidad material, ni la belleza del entorno, ni un gobierno que tome buenas decisiones, ni obras funcionales, ni un uso correcto del idioma, ni la seguridad en las calles, ni un sistema educativo pertinente, ni respeto a las mujeres, esas y otras carencias a cambio de la pretendida honestidad. Y si a caso alguna insuficiencia quedara en evidencia siempre se podrá culpar a otro, al neoliberalismo.

Quizá algunos de ustedes consideren una verdad de Perogrullo lo que acabo de escribir. A mí me parece que aclara la enorme contradicción intelectual a que nos somete el discurso del presidente López Obrador. La lógica es otra, muy distinta y alejada de aquello que nosotros -los que no pensamos como jodidos- consideramos objetivo y real.

Solo para iniciados

Definición de kitsch: “la esencia de lo kitsch consiste en el cambio de la categoría ética por la categoría estética. También puede ser aquello que finge la condición del arte sin llegar a conseguirla… es la obra que, para justificar su función estimuladora de efectos, se pavonea con los despojos de otras experiencias y se vende como arte… Si lo kitsch es tan ambiguo, resulta que lo que fue kitsch en el pasado puede convertirse en arte en el presente.”

Definición de Perogrullo: personaje ficticio a quien se atribuye presentar obviedades de manera sentenciosa.
Citas del libro “A hombros de Gigantes Conferencias en la Milanesina 2001 – 2015” de Umberto Eco, Ed. Lumen, 2018. Capítulo “La fealdad”, páginas 63 a 100.

Del mito a la superstición y el fanatismo

En el artículo de la semana pasada se quedaron algunos cabos sueltos. Decíamos que “la estrategia de comunicación obradorista es implacable porque manipula la naturaleza humana y hace presa fácil a los más débiles -no necesariamente a los más ignorantes- y los convierte a su nueva religión de Estado.” Muchos me han preguntado a quiénes me refiero cuando hablo de los más débiles.

La debilidad a la que hago referencia es la natural propensión humana a creer en mitos. Desde temprana edad nuestra conciencia fue imbuida con mitos de diversas clases. En internet encontré esta definición de mito: “Narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico. Historia ficticia o personaje literario o artístico que encarna algún aspecto universal de la condición humana. Persona o cosa rodeada de extraordinaria admiración y estima. Y persona o cosa a la que se atribuyen cualidades o excelencias que no tiene.” Se describen cinco clases:

• Mitos teogónicos: Relatan el origen y la existencia de los dioses
• Mitos cosmogónicos: Intentan explicar la creación del mundo
• Mitos etiológicos: Explican el origen de los seres y de las cosas
• Mitos escatológicos: Son los que intentan explicar el futuro, el fin del mundo
• Mitos morales: Son los que describen la lucha del bien y del mal, ángeles y demonio, etc. Aparecen en casi todas las sociedades.

En muchas personas sucede que del mito surgen la superstición y el fanatismo. Dice el Diccionario de la Lengua Española que superstición es una “Creencia que no tiene fundamento racional. Fe desmedida o valoración excesiva con respecto de algo”, y fanatismo lo define como “apasionamiento y tenacidad desmedida en la defensa de creencias u opiniones, especialmente religiosas o políticas.” Solo con las definiciones se puede concluir que los más débiles son los más propensos a la superstición y al fanatismo.

Valga decir entonces que quienes creen en López Obrador y lo idealizan como el sacerdote de la honestidad son por definición (de la RAE) personas supersticiosas y fanáticas. Aunque no lo he probado en forma científica, la intuición, la lógica y sobre todo la experiencia, me llevan a concluir que es así.

Existen en el internet muchos videos que dan cuenta de manifestaciones de fervor religioso cuando algunas personas están cerca de López Obrador. Le besan las manos, lo abrazan, hasta besan objetos que toca como las camionetas en las que se traslada. Lo tratan como si fuese una figura revestida de santidad, no como a un político.

Muchos de los simpatizantes del presidente que por accidente leen estos artículos (pues no son muy afectos a la lectura), me dedican sendos escritos plagados de insultos y frases que repiten una y otra vez como si fueran rezos o mantras: “prianista”, “lávate el hocico antes de hablar de AMLO”, “¿dónde estabas, por qué no criticabas a los de antes?”, “AMLO es el único que está luchando contra la corrupción”. Y los más recientes; “no hay crecimiento pero no hay deuda”, “la inseguridad venía desde antes, es culpa de Calderón”, “no se arregla en un año lo que destruyeron en 80, hay que darle tiempo”, entre muchas otras que son del dominio público.

Más allá de la broma o del insulto, subyace en esos mensajes -cuando son manifestaciones genuinas de mexicanos conversos en la nueva religión de Estado- un deseo de reivindicar la imagen de su líder quien les representa y encarna los anhelos que creían perdidos. Nadie debería de emitir un juicio sobre el corazón de esos mexicanos que creen ciegamente en López Obrador. Pero el juicio de la historia debe de ser implacable sobre aquellos que los manipulan para que actúen de esa manera.

La nota del fin de semana fue la frase “fuchi caca los corruptos”. Un presidente hablando a una comunidad indígena como un abuelito se dirige a una criatura de 3 años para mostrarle lo que no ha de meterse en la boca ¿Se da cuenta el caro lector de la manipulación y la falta de respeto del presidente hacia el pueblo? El ejemplo basta para exponer de cuerpo entero a un hombre que se asume como un mediador entre lo sagrado (la honestidad) y el común de los mortales. Esta es la forma grotesca en que elige exponer su homilía y difundir su evangelio a un pueblo que considera como menor de edad.

No es nueva la idea de que el estilo de AMLO es mesiánico. No pretendo descubrir el hilo negro, simplemente quiero profundizar en la idea y contribuir al debate político desde una perspectiva que ayude a abrirle los ojos a los menos débiles.

Concluyo. Hemos tenido presidentes con diferentes defectos y virtudes pero el actual es una pieza de artesanía. López Obrador tiene un pensamiento del pasado, en el presente utiliza las técnicas más modernas para manipular a las masas y compromete el futuro como ningún otro en la historia reciente. Así lo escribió un lector en Facebook, Michel Chaín: (AMLO es un) “líder premoderno en un país moderno, pero en un entorno posmoderno, arrasa políticamente usando medios posmodernos como las posverdades y las fakenews, y prometiendo asegurarse de que nos quedemos en la premodernidad”.

Entre la fantasía y la mentira

Conforme pasan los meses de este gobierno crece más mi fascinación por la capacidad de Andrés Manuel López Obrador de manipular a las masas. Es fácil argumentar que la ignorancia hace presa del pueblo. Otros dirán que es lógico después de tantos gobiernos corruptos que abusaron del poder. Los más inocentes dirán que el deseo de salir de la pobreza es la causa eficiente de la popularidad del presidente de México. La realidad es que ni la ignorancia, ni la corrupción, ni las malas condiciones de vida son el origen del poder de López Obrador. La explicación está en el diseño y ejecución de una estrategia de manipulación implacable pero sumamente perversa. Veamos de qué se trata.

Dice Yuval Noah Harari en su celebrado libro “De animales a dioses” que las sociedades humanas crecieron, fundaron ciudades y organizaciones gracias a los mitos colectivos. “Cualquier cooperación humana a gran escala (ya sea un Estado moderno, una iglesia medieval, una ciudad antigua o una tribu arcaica) está establecida sobre mitos comunes que solo existen en la imaginación colectiva de la gente.”

En el fondo lo que nos diferencia del resto de animales es nuestra capacidad de crear mitos, creer en ellos y cooperar gracias a ellos. Noa Harari lo pone así “La gente entiende fácilmente que los primitivos cimienten su orden social mediante creencias en fantasmas y espíritus… Lo que no conseguimos apreciar es que nuestras instituciones modernas funcionan exactamente sobre la misma base… Los hombres y las mujeres de negocios y los abogados modernos son en el fondo poderosos hechiceros. La principal diferencia entre ellos y los chamanes tribales es que los abogados cuentan relatos mucho más extraños.” Todo gira alrededor de contar historias y convencer a la gente de creer en ellas. “La dificultad no estriba en contar relatos sino en convencer a todos y cada uno para que se los crean… Piense el lector lo difícil que habría sido crear estados, o iglesias o sistemas legales si solo pudiéramos hablar de cosas que realmente existen como los ríos, árboles y leones”.

Mircea Eliade en su “Tratado de historia de las religiones” nos habla de las hierofanías como el fundamento de las religiones que se define como “algo que representa lo sagrado”. Según Umberto Eco “sobre lo absoluto se puede filosofar, respecto a lo sagrado la filosofía a lo sumo puede reconocer su existencia, o al menos su aparición como constante psicológica de la mente humana”. Lo que reconocen tanto Eco como Eliade es la necesidad humana de ver lo sagrado y de ahí nace la exigencia de una hierofanía, de una forma visible que adopta lo sagrado para ser comprensible. Los humanos hemos inventado diferentes hierofanías, las hay cósmicas (el cielo, las aguas, la tierra, las piedras); otras biológicas (el sol, los ritmos lunares, la vegetación y la agricultura, la sexualidad, etc.); las tópicas (lugares consagrados, templos, etc.), hasta las antropomórficas (con forma de hombres o mujeres). Alrededor de estas hierofanías se construyen mitos y ritos que requieren de quien los administre, entonces surge la figura de los hierofantes o los sacerdotes a quienes se les atribuye la capacidad de hacer “aparecer” lo sagrado.

Por generaciones milenarias hemos sido entrenados para admitir, primero, la existencia de “algo” sagrado que se manifiesta de diferentes maneras y segundo, que hay individuos revestidos de autoridad que actúan como mediadores entre lo sagrado y el común de los mortales. Lo sagrado para efectos prácticos es lo que se opone a lo profano, una dialéctica simple y eficaz.

Ahora solo hay que armar el rompecabezas en el contexto de una estrategia de propaganda política que utiliza y manipula los elementos culturales que hemos señalado. Recordemos que la dificultad no es contar el relato sino hacer que lo crean, de ahí el ingenio perverso de utilizar a las hierofanías como método político.

¿Qué es lo opuesto a lo sagrado en la retórica obradorista? La corrupción. Entonces ¿qué es lo sagrado? La honestidad. Como la honestidad no se puede ver se requiere de una hierofanía; “el hombre honesto” y un hierofante (el que hace aparecer la honestidad), ese es Andrés Manuel López Obrador. En consecuencia, quien está del lado de AMLO será honesto y el que está en su contra será corrupto. Una vez establecida la dialéctica se adaptó a la idiosincrasia de los mexicanos:

• MORENA: el movimiento político que apela a la virgen morena del Tepeyac
• Promesa: la regeneración nacional
• Mandamientos: “no robar, no mentir, no traicionar, al pueblo”
• Evangelio: la cuarta transformación
• Tributo social: estar del lado correcto de la historia para trasformar a México
• Liturgia: las mañaneras, las asambleas informativas, las consultas ciudadanas

Ahora ya tiene una explicación de por qué el propio presidente López Obrador comparó a su gobierno con el cristianismo y a sí mismo con Jesús, lo dijo el 26 de octubre del 2019 en Sonora.

La estrategia de comunicación obradorista es implacable porque manipula la naturaleza humana y hace presa fácil a los más débiles -no necesariamente a los más ignorantes- y los convierte a su nueva religión de Estado. Utilizó como vehículo para la implantación de su mensaje en la mente de millones de mexicanos, las tácticas del populismo establecidas por Ernesto Laclau y otros: presentar a un enemigo (el prian, la mafia del poder, la oligarquía rapaz); presentar un diagnóstico catastrófico de la realidad nacional y anunciar una crisis; utilizar significantes vacíos como símbolos que le ayudaran a consolidar una base popular (el avión “que no tiene ni Obama”, las pensiones de ex presidentes, la casa oficial de Los Pinos, entre otros); incorporar un lenguaje sencillo con frases del uso popular (me canso ganso, fifí, lo que diga mi dedito, entre muchas).

Regreso con Noah Harari: “los tipos de cosas que la gente crea a través de esta red de narraciones son conocidas en los círculos académicos como ficciones, constructos sociales o realidades imaginadas. Una realidad imaginada no es una mentira… A diferencia de la mentira, una realidad imaginada es algo en lo que todos creen y, mientras esta creencia comunal persista, la realidad imaginada ejerce una gran fuerza en el mundo.” La realidad de López Obrador solo la imagina el pueblo bueno que López Obrador creó en torno a sí mismo, al resto de los mexicanos nos parece una fantasía.

Solo para iniciados

Imprescindible el libro de Yuval Hoah Harari “De animales a dioses, breve historia de la humanidad”, Editorial Debate, México 2014. Para quienes tengan interés de conocer más sobre las religiones el libro de Mircea Eliade es como una biblia “Tratado de historia de las religiones”, Ediciones Era, México 2016.