¡Escúchanos por internet!

Derrotar a AMLO es derrotar al pasado

Nadie puede negar la importancia histórica de las elecciones del 2021. La oposición lo sabe pero no lo afirma con sus acciones. Los líderes políticos de los partidos tradicionales están más ocupados en pleitos y disputas internas o escondidos por miedo a desatar la ira de “ya sabes quién”. Los aspirantes a una candidatura están más preocupados en conseguir la nominación para que ganen ellos o ellas sin importarles que está en juego el país y las instituciones que nos hemos dado para ordenar nuestra convivencia.

En estas circunstancias, el país necesita un dique político que contenga la destrucción de nuestras instituciones democráticas, de la economía, del medio ambiente y del futuro del país. Necesitamos detener el despilfarro del presupuesto federal, el empobrecimiento acelerado de todos los sectores de la sociedad y la manipulación de las masas con mentiras, cajas chinas y cortinas de humo. Eso se puede lograr en las próximas elecciones.

Así de importante es la coyuntura del 2021 y así de trágica se observa la realidad de los actores políticos en el 2020. Quizá me equivoco. AMLO puede resultar un cordero noble y obediente ante las instituciones democráticas. Por otra parte, puede ocurrir que los partidos estén pertrechados tras un escudo de silencio que esconde una estrategia política tan coordinada y eficaz que solo ellos la conocen. Sin embargo, la evidencia indica que López Obrador es más un dictador que un demócrata y la oposición está cundida de miedo y de ambiciosos.

Los más preocupados por el futuro del país somos los ciudadanos. Por esa razón les comparto un conjunto de hallazgos que hemos obtenido en el transcurso de nuestras más recientes investigaciones que pueden apuntar hacia una estrategia política efectiva en contra de la retórica del régimen.

En una encuesta telefónica nacional que levantamos a una muestra de líneas móviles a principios de agosto pasado, encontramos que el 39% prefiere que la oposición gane la mayoría en la Cámara de Diputados “para que haya equilibrios” contra el 32% que prefiere que Morena conserve la mayoría. A principios de septiembre levantamos una encuesta domiciliaria estatal en Puebla y la proporción de los que eligen un triunfo de la oposición fue del 47% contra un 33% que opta por el triunfo de Morena. Traducción: un tercio del electorado respalda la continuidad del cuatroteísmo sin límites, mientras que hay una mayoría creciente que se decanta por el equilibrio del poder.

Estos números no anticipan un triunfo de los partidos tradicionales. Querer que gane la oposición para que existan equilibrios no significa que votarán por alguno de los otros partidos. Esta es la contradicción que estudiamos en grupos focales y ahora entendemos que la gente espera “algo diferente” en la oferta de los partidos, algo que los motive a volver a creer en ellos o al menos a otorgarles el beneficio de la duda.

La retórica de López Obrador resultó muy efectiva para deteriorar la estatura moral de la clase política mexicana. Existe la creencia en buena parte de la ciudadanía que el triunfo de Morena en 2018 fue una señal de progreso, un mensaje de la sociedad en contra de los abusos y los excesos, un símbolo de la voluntad popular redimida y re-significada. En esa medida, para muchos el votar nuevamente por el PRI o por el PAN e incluso por cualquiera de los otros partidos “de antes”, significa un regreso al pasado, una especie de traición al camino elegido. Esa es la razón por la que esperan algo, una muestra en la oferta de los partidos tradicionales que las haga creer que votar por ellos no significa traicionar el cambio, ni un salvoconducto para la corrupción y los abusos.

Una oferta distinta significa:
● Candidatos que no representen a la clase política del pasado, vinculada con corrupción, abusos y privilegios
● Candidatos con expedientes limpios
● Candidatos que representen los intereses genuinos de la sociedad y no de la clase política.

Lo importante de este hallazgo es que por fin hay un símbolo político que favorece a la oposición, un elemento que puede incorporarse al debate para debilitar al cuatroteísmo.

¿Por qué ocurre esta situación? Porque la mayoría del electorado cree en la ventaja de los equilibrios, intuye que hay un riesgo si Andrés Manuel López Obrador concentra demasiado poder.

Aquí hay un símbolo que debe estimularse con cuidado para hacer crecer esa conciencia. Después, habrá que decirle al electorado (con las palabras correctas) que la única manera de materializar ese equilibrio es votar por los partidos de antes. Finalmente, habrá que convencer a una parte de la sociedad de que esos partidos ya acataron el mensaje del pueblo y por eso postularon a candidatos capaces de gobernar para restablecer un equilibrio a favor de los ciudadanos y no de los privilegios.

Si la oposición entiende lo que acaba de leer habremos avanzado.

Hay mucho por estudiar para diseñar la estrategia política que derrote a Morena en el 2021. Los investigadores estamos para eso pero de nada servirán nuestros hallazgos sin la voluntad de los políticos. La impronta para la oposición es destruir su propio pasado para aspirar a recuperar una parte de la confianza ciudadana, dinamitar el entramado de intereses de los que ya gobernaron y presentar una oferta renovada que pueda dialogar con los ciudadanos sin remordimientos.

El hígado contra el estómago en las elecciones del 2021

Es bien sabido que pesan más los impulsos que las razones al momento de elegir a uno u otro candidato. Esto significa que en el proceso de formación de las preferencias políticas las emociones se activan primero y tienen un papel decisivo cuando los individuos se ponen a pensar por quién votar. Hay diferentes emociones o impulsos emocionales primarios que tienen influencia en las decisiones políticas, me refiero al miedo, la ira, la tristeza y el asco. Estas emociones primarias estarán compitiendo en la intimidad de cada ciudadano a la hora de tomar su decisión electoral: votar por la ratificación o por la rectificación del rumbo del país o simplemente evadir la decisión.

Tendemos a identificar a las reacciones emocionales como procesos aislados del cerebro, hoy sabemos que eso no es cierto, de hecho se activan ciertas regiones cerebrales cuando sentimos y reaccionamos ante impulsos provenientes del entorno. Sin embargo, el proceso de las emociones primarias es instintivo mientras que reflexionar o razonar requiere de un mayor esfuerzo porque se activan más regiones del cerebro. Entre las expresiones coloquiales se tiende a asociar al hígado y al estómago como órganos representativos de las reacciones emocionales. El primero se relaciona con la ira y el asco, mientras que al segundo con el miedo y la tristeza.

El panorama electoral tendrá diversos elementos que van a influir en los mexicanos. El gobierno ha enfocado sus esfuerzos a exhibir casos emblemáticos de la corrupción del pasado, quiere recordarle a los electores las razones que los llevaron a votar por López Obrador y los suyos en el 2018. Los casos de Emilio Lozoya y César Duarte serán utilizados como recursos políticos para armar sendas campañas de propaganda que exhiban al “régimen corrupto y abusivo del PRIAN”. La apuesta es por ganar la narrativa ante un entorno de franco deterioro en todos los aspectos: crisis económica, delincuencia creciente y violencia descontrolada, miles de muertos por Covid-19, gobiernos de MORENA disfuncionales, omisos y corruptos, sumisión ante Donald Trump, entre los más relevantes.

Veremos lo que he llamado la guerra del hígado contra el estómago. La ira y el asco que despierta en la sociedad la conducta de los gobernantes del antiguo régimen, compitiendo contra el miedo y la tristeza (decepción) que provocan la incompetencia y la omisión del actual gobierno en prácticamente todas las tareas a su cargo.

La elección será una batalla entre la realidad y una puesta en escena, el presente contra el pasado, las carencias de hoy contra los abusos de ayer. La polarización que nos espera es un debate por la atención del público en la corrupción y la impunidad del pasado o las insuficiencias e incoherencias del presente.

¿De qué hablaran los mexicanos durante el segundo semestre del 2020 y el primero del 2021? Responder a esa pregunta será la clave para definir el resultado electoral. En el mundo previo al internet era una tarea relativamente sencilla el orientar la discusión pública a través de los medios tradicionales como la televisión, la radio y la prensa escrita. Unos cuantos comunicadores acumulaban el monopolio de la verdad pública. En la actualidad no hay manera de conducir lo que se discute en las redes sociales y tampoco es posible esconder temas incómodos, evadir responsabilidades o estimular reacciones emocionales colectivas. La credibilidad de los comunicadores está fragmentada, incluso atomizada, hoy los famosos “influencers” en You Tube tienen tanto o más poder persuasivo que los conductores y periodista profesionales de la televisión y la radio.

El otro aspecto que dificulta la tarea de construir una percepción de la realidad es lo que conoce como la posverdad. En este mundo hipercomunicado han perdido relevancia los datos y los hechos objetivos ante la narración y la interpretación. Esto significa que la percepción de la realidad puede no coincidir con los datos y los hechos reales, sino con la manera que se interpretan. El diccionario de Oxford define a la posverdad como el fenómeno que se produce cuando «los hechos objetivos tienen menos influencia en definir la opinión pública que los que apelan a la emoción y a las creencias personales». El diccionario de la Real Academia de la Lengua define a la posverdad como la “distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales. Los demagogos son maestros de la posverdad.”

El filósofo Anthony Clifford Grayling lo explica de la siguiente manera: «Todo el fenómeno de la posverdad es sobre: ‘Mi opinión vale más que los hechos’. Es sobre cómo me siento respecto de algo». Por esa razón es que nunca como en el 2021 las emociones tendrán un papel protagónico en la definición de las preferencias políticas.

La democracia liberal fue concebida como un método para dirimir la disputa por el poder público fundamentado en la razón de los ciudadanos. Es decir, supone que existe un proceso racional en el que los electores deciden sus preferencias políticas. La posverdad desafía el fundamento de la democracia y en alguna medida puede socavarla hasta destruirla.

Candidatos, comunicadores y consultores políticos tendremos una tarea fuera de lo común. Nunca como en esta elección utilizaremos tácticas inéditas para ganar el debate público en un entorno determinado por el distanciamiento social al que nos someterá la pandemia. Los actores del oficialismo harán todo lo posible para que se hable del pasado, la oposición se esforzará por que se hable del presente ¿Quién ganará? No lo sé, pero debemos tener cuidado de no polarizar al grado que la abstención sea la alternativa para millones de mexicanos, con ella el gobierno resultará beneficiado y la democracia será la gran derrotada, no solo en esta elección sino por muchos años.

La oposición posible ante el 2021

Sin duda que una amplia mayoría de mexicanos aspiramos a que las instituciones sean un contrapeso al poder del presidente de la República. Somos millones los que queremos que el poder controle al poder y que la próxima elección sea una rectificación del camino emprendido, no un regreso al pasado y tampoco la continuidad del absurdo que nos impone la 4ª transformación. Me pregunto ¿Podemos soñar con una plataforma política opositora capaz de vencer a Morena y sus aliados en cada distrito electoral federal?

Ya lo dijo Mijaíl Gorbachov en su Perestroika: “La política es la ciencia de lo posible, todo lo que está más allá de lo posible es irreal”. La realidad es que la política no se destaca por el sacrificio ni se reconoce entre las conductas humanas por la generosidad y el amor desinteresado. A pesar de que en la historia política se han dado los casos en que opositores se unen para vencer al adversario común, la realidad es que eso no siempre es posible.

La búsqueda del poder es una acción impulsada por el ego que pretende satisfacer necesidades de dominación y reconocimiento. El zoon politikón no es producto de la razón sino de los instintos, el poder es una conquista del ego que satisface apetitos primarios de los individuos. Esa es la causa de que en la política se realicen las peores conductas, las más ruines y reprobables a pesar de que su función determina el éxito o el fracaso social. En raras ocasiones la política se conduce mediante razones de Estado, a lo sumo son las razones del gobierno en turno las que orientan las decisiones, aunque la mayoría de las veces son decisiones fundadas en los intereses particulares de los políticos que las toman.

Las elecciones del 2021 en México serán definitivas para el futuro del país. El resultado de ese proceso electoral determinará uno de dos escenarios posibles. La ratificación de una amplia mayoría de Morena y sus aliados o la rectificación mediante una nueva mayoría conformada por la oposición política. Si el resultado ratifica el poder del presidente López Obrador lo que le espera al país son años de oscurantismo medieval -y no exagero cuando me refiero a una forma de vida equivalente a la Edad Media- sin respeto por las personas, ni por la razón, la ciencia, la técnica, los derechos individuales, la ética de servicio público, la propiedad privada, el desarrollo económico y el bienestar colectivo. La presidencia imperial será restaurada con el único propósito de perpetuarse en el poder lo más posible.

Si el resultado de las elecciones modifica la correlación de fuerzas en la Cámara de Diputados significaría un freno al poder del presidente, quien estaría obligado a negociar con la oposición. Ello impediría el avasallamiento de que están siendo víctimas las instituciones y abriría una oportunidad para que sobreviva el régimen democrático y el Estado de Derecho.

A pesar de que las condiciones de vida son mucho más adversas de lo que eran en los últimos sexenios, e incluso serán peores en las postrimerías del proceso electoral del 2021, creo que la oposición todavía tiene que vencer muchos obstáculos antes de soñar con ganar la mayoría en la Cámara de Diputados. La gente no le va a entregar su voto a los partidos tradicionales solo porque se unan en una gran coalición opositora o presenten candidaturas comunes en algunos o en todos los distritos. Incluso, el llamado a ejercer el voto útil tampoco será efectivo si antes no se resuelve un aspecto fundamental que habita en la conciencia del pueblo mexicano: los privilegios de unos frente a la marginación de muchos.

Se equivoca la oposición al suponer que el pueblo rectificará el camino motivado por la profunda crisis económica, social, sanitaria y de inseguridad. En la lógica popular el pueblo ha estado mal porque al régimen anterior le convenía mantenerlos jodidos. Hoy que gobierna López Obrador el pueblo no está mejor pero los de arriba tampoco, eso le satisface al pueblo porque al menos ya no existe un régimen de privilegiados. Por eso es que la caída en la intención de voto de Morena no beneficia a ninguno de los otros partidos, porque la gente percibe que la oposición lo que busca es recuperar sus privilegios.

Los partidos opositores deben recocer que algo hicieron mal y pedirle perdón al pueblo. La campaña no debe plantearse en contra de López Obrador, sino a favor del interés de las personas. Si la oposición es capaz de convencer al electorado de que hará todo lo que sea necesario para mantener los programas que beneficien al pueblo y de actuar para construir un régimen sin privilegios y con apego a la Ley, tendrá una oportunidad de competir y de ganar la mayoría.

El presidente de la República es un experto operador electoral. Desde hoy está construyendo el terreno simbólico sobre el que quiere enfrentar a sus opositores, sabedor de que él no estará en la boleta, necesita que la campaña tenga como telón de fondo los elementos que le favorecen. López Obrador no quiere que la elección sea una ratificación de su gobierno porque los resultados han sido pésimos en todos los aspectos. Si el escenario tiene como protagonistas a partidos opositores redimidos y exculpados que ofrecen comparaciones entre cómo vivían los mexicanos en 2003, en 2009 ó en 2015 y como viven en 2021, Morena perderá sin remedio.

Por esa razón Andrés Manuel inventó e hizo aparecer al BOA (Bloque Opositor Amplio), el enemigo simbólico con atributos de serpiente. Porque fue una serpiente la que pervirtió a Eva. La víbora es la representación del mal y nadie quiere perdonar ni redimir a la serpiente que es la culpable del pecado original.

La oposición posible primero tiene que doblegar los apetitos e intereses de sus dirigentes y precandidatos para después armonizarlos con un solo propósito: vencer a Morena convertida en partido de Estado. Luego, los partidos tendrán que acordar la mejor plataforma para presentarse ante la ciudadanía y lo más importante, hacerse de un discurso armado de humildad y cargado de sensibilidad que logre el perdón del pueblo.

Este texto lo escribí pensando en la militancia de los partidos no en los dirigentes. Creo que este es el tiempo de los militantes, quienes deben presionar a sus dirigentes para que actúen con responsabilidad. Ayer vi a un Marko Cortés que no termina de entender lo que está en juego, actúa con la soberbia de saberse el retador más fuerte. Y de Alejandro Moreno “Amlito” no se sabe nada, precisamente porque su función es desaparecer al PRI.

Toda la oposición es importante, pero si el PAN y el PRI no se ponen de acuerdo lo más probable es que Morena resulte triunfadora. Hay una razón de Estado que solo la militancia de los partidos puede hacer que prevalezca. López Obrador sí está leyendo el tablero de ajedrez y ya hizo movimientos. Toca el turno a la oposición, el tiempo se agota.

Consideraciones sobre cómo interpretar los datos de las encuestas electorales

Consideraciones técnicas

1. La técnica más confiable para levantar encuestas es la que se hace mediante entrevistas en la vivienda de los informantes, cara a cara. Es la más confiable porque mediante esta técnica puede representarse casi al 100% de los ciudadanos, esto significa que casi todos tenemos la misma probabilidad de ser entrevistados. En estos tiempos no se pueden hacer encuestas domiciliarias mientras estemos en confinamiento por la pandemia del COVID-19.

2. La segunda mejor opción es la encuesta a teléfonos celulares. De acuerdo con datos del INEGI el 83% de los ciudadanos mayores de 18 años cuenta con un teléfono móvil para uso personal (ENDUTIH, INEGI, 2019)

3. Las encuestas en Facebook podrían representar únicamente al 56% de la población ya que el resto no son usuarios de esa red social, de acuerdo con la misma fuente del INEGI.

4. Solo el 43% del electorado cuenta con número de teléfono fijo en sus domicilios. Las encuestas a teléfonos fijos representan a una población con perfil urbano, escolaridad e ingreso superior a la media.

5. Las encuestas de auto-llenado como son las que se realizan por Facebook o por WhatsApp tienen un problema muy importante; no todos los sujetos del universo muestral tienen la misma probabilidad de participar en la encuesta. Esta debilidad convierte a estas encuestas en no probabilísticas y por lo tanto no se les puede asociar un margen de error, aunque algunas empresas lo pongan.

6. Las encuestas de auto-llenado tienen otros problemas técnicos. El primero tiene que ver con quien las responde, ya que puede existir alguna motivación en cierto grupo del universo muestral que provoque un sesgo en el resultado de la encuesta. Por ejemplo, puede ocurrir que los simpatizantes de la 4T tengan mayor interés en responder a una encuesta en Facebook que los no simpatizantes, y esa sola condición provocará un sesgo, eso significa que la media de la muestra tendrá una desviación muy grande con respecto a la media del universo poblacional.

7. Otro problema técnico de las encuestas de auto-llenado es la extensión de los cuestionarios. Suele ocurrir que la gran mayoría de los informantes de esas encuestas abandonan la entrevista después de la quinta pregunta. Esta situación obliga a los investigadores a partir sus cuestionarios y distribuirlos en varias muestras que pueden tener los mismos tamaños pero no fueron respondidas por los mismos informantes. En este caso el problema es que no se puede hacer cruce de frecuencias con variables respondidas por distintos informantes.

8. Las encuestas levantadas en puntos de afluencia como pueden ser avenidas, centros comerciales o plazas públicas solo representan a la población que pasó por ahí en el momento de la encuesta, ya que solo esa población tuvo oportunidad de ser entrevistada. Los resultados de esas encuestas no son probabilísticos para el conjunto de la población y por lo tanto no se conoce el margen de error asociado a esa muestra.

Consideraciones políticas

9. Las elecciones del 2021 serán inéditas debido a la gran cantidad de cargos que se van a elegir: 300 diputaciones federales de mayoría, más de 2,000 ayuntamientos, 15 gubernaturas, 655 diputaciones locales de mayoría.

10. La mayoría de los ciudadanos forman sus preferencias basados en quienes son los candidatos más que en los partidos. En este momento aun no hay candidatos.

11. Las encuestas actualmente muestran preferencias ciudadanas determinadas por la imagen de los partidos. Esta situación favorece a MORENA ya que sigue presente en el imaginario colectivo la narrativa de la campaña del 2018 en la que el hoy presidente Andrés Manuel López Obrador fustigó y señaló a los partidos tradicionales como la fuente de todos los males del país.

12. Mientras los partidos tradicionales sean percibidos como símbolo de la corrupción y los abusos, los ciudadanos decepcionados de MORENA y del presidente de la República preferirán esperar a que se nombren candidatos antes de decidir por quién votar. Incluso muchos preferirán abstenerse ya que ninguna de las opciones partidistas satisface sus expectativas.

13. La tendencia observada en los últimos meses -de acuerdo con las encuestas que se han publicado-, es una caída en las preferencias por MORENA de la cual ningún partido de oposición se ha beneficiado. Esto significa que los decepcionados del partido en el poder no regresan a votar por los partidos tradicionales, sino que muchos de ellos están a la espera de conocer los nombres de los candidatos para evaluar si votarán o no y eventualmente por quién lo harán.

14. En este momento la democracia mexicana no ofrece opciones para gran parte del electorado. Muchos de los que responden que votarían por MORENA lo hacen por mencionar al menos malo o porque se sienten obligados a responder a la entrevista pero en realidad en este momento se abstendrían.

15. Las decisiones más radicales se toman con el estómago, es decir, son decisiones motivadas por impulsos emocionales que buscan satisfacer ciertas necesidades (recordar la pirámide de Maslow). En el 2021 la situación económica será muy adversa para la población y mientras más precarias sean las condiciones del electorado, más peso tendrá la economía en la decisión de votar a favor o en contra del partido en el poder.

16. Finalmente, la foto de las encuestas a un año de las elecciones es una imagen distorsionada y confusa. Las condiciones sociales y políticas serán muy diferentes en la primavera del 2021 a las que se viven en la primavera del 2020. Conviene centrar la atención en variables que miden el humor de la sociedad y como se relacionan los diferentes estados emocionales con la evaluación de autoridades y con la percepción de los partidos políticos.

Balance de la crisis por el coronavirus

Valdría la pena preguntarse qué se hizo bien, qué se hizo mal, que no se hizo y qué se puede hacer en esta difícil coyuntura mundial pero que cada país enfrenta a su manera. Intentaré hacer una descripción objetiva de lo ocurrido en México.

En cuanto al manejo de la crisis sanitaria.

Se hizo bien:

– Nombrar a un funcionario calificado como el «zar» de la crisis sanitaria quien debería de tomar las decisiones y coordinar acciones con dependencias de los 3 niveles de gobierno y con la sociedad.

– Tratar de retrasar las medidas de distanciamiento social. Ahora entiendo que nos metimos en casa mucho tiempo antes de lo necesario.

Se hizo mal:

– Utilizar el modelo «Centinela» para tratar de darle seguimiento a los efectos de un virus sumamente contagioso. Todo se salió de control: no se identificaban casos ni se aislaban enfermos, y como no se identificaban tampoco ni se aislaba al círculo social de los casos positivos.

– Bloquear las fronteras a la importación de pruebas. La falta de pruebas equivale a tratar de apagar un incendio con los ojos cerrados. Intentar abrir la economía sin pruebas suficientes y disponibles para quien la necesite, equivale a ir a la guerra sin fusil.

– No se compraron equipos y materiales para el sector salud desde enero que se supo de la enfermedad, al contrario se vendieron millones de tapabocas a China que luego se recompraron más caros.

– No se preparó infraestructura para aislar a los enfermos con síntomas leves o asintomáticos. Ubicar en hoteles a esos enfermos habría reducido mucho el contagio entre sus familiares y amigos.

– No se le ofreció hospedaje, alimentación y servicios de transporte al personal médico. Se le expuso ante una sociedad ignorante y asustada.

– El «zar» se convirtió en un «rock star» que comenzó a jugar a la política con las cifras de la pandemia. Su estrategia sanitaria fue funcional a un discurso político y no al interés general de la población. Nadie cree en los datos oficiales porque fueron tergiversados en forma deliberada para producir la percepción de que el gobierno de la 4ª transformación tenía todo bajo control.

– Los líderes políticos tienen actitudes irresponsables ante la gravedad de la situación. El presidente de la República no usa tapabocas, sale de gira en automóvil por el país y organiza eventos multitudinarios, se expresa con desdén y desinforma a la gente con mensajes optimistas que distorsionan la percepción social. Frases como «ya domamos la curva de la pandemia» o el célebre «con mole de guajolote se cura el coronavirus», consiguen darle licencia al pueblo ignorante para que salga a hacer su vida normal y con ello se multipliquen los contagios y los muertos.

En cuanto al manejo de la economía.

Se hizo bien:

– Conservar los programas sociales. A pesar de que no resuelven las condiciones económicas de las familias, sí contribuyen a aliviar un poco la difícil situación económica.

Se hizo mal:

– Obligar a todas las personas morales a pagar el ISR en marzo. Pudo postergarse el pago para aquellos contribuyentes con ingresos menores a 10 millones de pesos en el año 2019. Eso habría ayudado a muchas empresas pequeñas y micro a enfrentar la crisis con mayor liquidez.

– No emitir un subsidio al distanciamiento social mediante la transferencia directa de dinero a la población de menores ingresos. Ese dinero habría facilitado que la gente se pudiera quedar en su casa sin tener que salir a trabajar. Si la población que vive al día no cuenta con recursos tendrá que salir para sobrevivir y la autoridad no podrá obligarle a colaborar con el distanciamiento social.

– No transferir recursos fiscales mediante créditos baratos y de fácil acceso para que las micro, pequeñas y medianas empresas puedan mantener a sus empleados y estar en condiciones de trabajar cuando la economía se reabra.

– No contratar créditos internacionales o usar la línea de crédito que tiene el país con el Fondo Monetario Internacional para financiar medidas contra-cíclicas para apoyar al aparato productivo y para subsidiar el distanciamiento social de los pobres.

– Persistir en la construcción del Tren Maya, de la refinería de Dos Bocas y de la terminal para aviones de Santa Lucía. Proyectos que en esta coyuntura mundial resultan innecesarios y consumen cuantiosos recursos fiscales.

El balance de la situación.

– Todo se salió de control. La curva de contagios y de muertos no para de crecer después de que muchos llevamos casi 3 meses sin trabajar. Sin haber controlado a la pandemia se tendrá que abrir la economía, lo que ocasionará más muertes innecesarias.

– De acuerdo con estimaciones del INEGI hay 12.5 millones de nuevos desempleados como consecuencia de la pandemia. Eso significa que miles de empresas y pequeños negocios no pueden sostener a sus empleados o simplemente han desaparecido.

El futuro.

– Una vez reabiertas las actividades productivas nos encontraremos con una economía dislocada. No habrá clientes ni muchos proveedores, falta de liquidez y falta de materias primas. La mayoría de las empresas tendrán que reducir personal lo que ocasionará más desempleo.

– La economía entra en recesión y las consecuencias sociales serán muy graves. Millones se incorporarán a las filas de la pobreza. Crecerán la delincuencia y la violencia. Veremos más prostitución y consumo de drogas, además de tráfico de mujeres y también de menores. Salida de capitales y migración de personas. Gente de todos los estratos sociales intentará cruzar a los Estados Unidos o buscará rehacer su vida en otros países porque en México la situación será insostenible.

La batalla electoral del 2021 y el Covid-19

Los competidores de las próximas elecciones no han comprendido que el escenario electoral será muy distinto, inédito. La pandemia por el Covid-19 lo cambiará todo, hasta la manera de hacer campaña y de ganar elecciones. Creer que para el verano del 2021 habrá una vacuna o un tratamiento y que la vida volverá a ser como era antes, equivale a comprar un billete de lotería esperando pagar una hipoteca. Los efectos de la pandemia van a extenderse durante algunos años y eso tendrá implicaciones en la manera en que los candidatos se comunican con los ciudadanos, se posicionan, intentan persuadirlos, conforman sus listas de simpatizantes y movilizan a sus votantes.

En la columna de la semana pasada hablé de los factores que determinarán el resultado de las próximas elecciones:

● La aprobación del presidente de la República
● La aprobación del gobierno federal, así como de los gobiernos estatales y municipales, en especial los emanados de MORENA
● Los costos políticos derivados de la pandemia, si los paga el gobierno federal o los gobiernos locales
● Los candidatos de MORENA quienes deberán enfrentarse al escrutinio público sin el manto protector de AMLO, porque el presidente no estará en la boleta
● La estrategia de la oposición, si los partidos compiten en bloque o se dividen
● El papel de las organizaciones civiles y los movimientos anti AMLO
● La participación electoral que estará impulsada por la enorme cantidad de cargos locales que se renovarán en esas elecciones. Hemos observado que una mayor participación ciudadana en las elecciones afecta al partido en el poder, aunque eso puede cambiar en tiempos de la 4ª t.

El peso de cada factor en la ecuación cambiará en cada estado, incluso en cada municipio. En los estados donde se elegirá gobernador será más importante la aprobación del gobierno estatal y el perfil del candidato de MORENA. En los estados donde solo se elegirán presidentes municipales y diputados federales, la evaluación del presidente de la República, de los ayuntamientos en funciones y del gobierno federal, así como los candidatos de MORENA a presidentes municipales de los municipios más poblados, serán factores más determinantes.

Sabemos que la competencia se librará en un escenario diferente debido a los efectos de la pandemia. En este terreno cuyo elemento distintivo será el distanciamiento social obligatorio, las estrategias de campaña deberán de adaptarse e incluso adelantarse para conseguir el propósito de ganar en las próximas elecciones.

Las redes sociales ya eran muy importantes antes del Covid-19, ahora serán definitivas. El peso de las campañas descansará 60% en las plataformas digitales, 25% en los medios electrónicos tradicionales como la radio y la televisión, y solo 15% en las actividades a nivel de tierra. La apuesta por construir campañas ganadoras debe hacerse desde ahora, en medio de la jornada de “sana distancia” que nos impone el quedarnos en casa. Los aspirantes a una candidatura que más pronto comiencen a adaptar sus estrategias a estas nuevas condiciones tendrán una ventaja frente a quienes apuesten por un esquema tradicional en espera de que el coronavirus les permita operar.

Quien se adapte más rápido y sea capaz de innovar las formas de hacer campaña logrará sobrevivir al desafío que nos impone el distanciamiento social. Existen múltiples recursos que se han utilizado en el pasado:

● Entrevistas en radio y televisión
● Publicidad estática en carteleras, lonas y bardas
● Listas de distribución de mensajes vía Whats App
● Campañas de crecimiento de seguidores en Facebook y Twitter
● Campañas de posicionamiento vía telefónica
● Producción y difusión de videos en plataformas digitales, entre muchas otras.

Ahora se trata de modificar las prioridades y canalizar más tiempo y recursos a los medios que mejor se adaptan al distanciamiento social. En esta nueva forma de hacer campaña la tecnología y la creatividad son factores esenciales para el éxito. La pandemia está abriendo un espacio de exigencia para la innovación que no necesariamente encarecerá a las campañas, incluso las hará más baratas.

Sé que muchos políticos tienen dudas de dar el salto, ellos tardarán más tiempo en adaptarse y cuando lo consigan puede ser tarde.

El liderazgo político será más virtual que real. El reto para los estrategas de campaña, publicistas, diseñadores y productores es crear la percepción, en un ecosistema digital, de atributos como cercanía, honestidad, compromiso, trabajo, preparación, capacidad, entre otros. Será la primera ocasión que votaremos por candidatos que nadie o muy pocos hayan visto personalmente en campaña. Incluso, puede ser la oportunidad para el surgimiento de nuevos liderazgos que con poca o ninguna carrera política previa, irrumpan en el escenario para ganar elecciones.

Esta nueva normalidad social ocasionada por la pandemia también producirá una nueva normalidad democrática. Aun no sabemos si será para bien, esto es, si se ampliarán los espacios de participación libre y con apego al Estado de Derecho, si las elecciones serán limpias o si los partidos abrirán espacios para nuevos liderazgos que representen las nuevas aspiraciones sociales.

Mucho se va a escribir en los próximos meses sobre los efectos del Covid-19 en los procesos electorales y en la democracia. Hay que observar con atención lo que ocurrirá en las elecciones de los Estados Unidos el próximo mes de noviembre. Será una fuente de aprendizaje esencial para afinar las estrategias de nuestras campañas en México.

Los factores del 2021

Las elecciones del 2021 serán las primeras en que el nuevo gobierno federal será sometido al escrutinio ciudadano. Una elección de ratificación o rectificación del poder. Si MORENA y sus partidos satélites conservan o pierden el control de la Cámara de Diputados será crucial para el proyecto del presidente López Obrador ¿Qué factores determinarán el resultado electoral?

Lo primero que habría que señalar es el tamaño de la elección, pues el próximo año se elegirán al mayor número de autoridades de la historia de México. Estarán en las boletas 300 diputados federales, 655 diputados locales de mayoría relativa, 15 gobernadores y más de 2,400 ayuntamientos. Solo en el estado de Durango no serán renovadas las autoridades municipales.

Luego habrá que señalar el factor de la participación ciudadana ¿A quién favorece que participen más o menos ciudadanos? La aprobación del presidente de la República será otra variable de la ecuación, junto con la percepción social de los ciudadanos con respecto a los gobiernos de MORENA. El prestigio y la trayectoria de los candidatos del partido en el poser serán mucho más relevantes de lo que fueron en 2018. Otra variable será la unidad de la oposición y la estrategia que cada partido elija seguir. Y finalmente, el papel que jugarán las organizaciones civiles como las cámaras empresariales o los movimientos opositores al presidente López Obrador.

La participación ciudadana

El hecho de que tengamos elecciones concurrentes en las que casi todos los ayuntamientos estén en juego, nos hace pensar que la participación ciudadana será más elevada que en cualquier elección intermedia del pasado reciente. A los ciudadanos les interesa mucho votar por sus presidentes municipales porque son la autoridad más cercana y es la que atiende buena parte de sus demandas. También les interesa votar por el gobernador del estado, lo que incrementará aun más la participación en aquellas entidades donde se renueve al ejecutivo estatal. Normalmente un incremento en la participación ciudadana juega en contra del partido en poder, aunque eso era antes, en tiempos de la 4ª transformación aun no lo sabemos.

La participación suele ser más alta con la edad y la escolaridad de los ciudadanos. Los jóvenes de 18 a 25 años tienden a abstenerse, situación que comienza a cambiar conforme aumenta la edad. Las personas con estudios profesionales son el segmento con mayor tasa de participación en las elecciones.

Otro factor que influye en los votantes es el estado de ánimo. En las encuestas de salida hemos encontrado que los informantes declaran sentirse más satisfechos y optimistas que en las encuestas a población abierta, lo que nos lleva a suponer que quienes tienen un ánimo pesimista engrosan el número de abstencionistas. Por lo tanto, el ánimo nacional jugará un papel determinante la participación ciudadana, sobre todo por las condiciones económicas que vivirá el país como consecuencia de la pandemia.

Aprobación del presidente y evaluación de autoridades locales de MORENA

El presidente López Obrador recuperó parte de la caída que sufrió su aprobación durante el primer trimestre del año. La crisis sanitaria fue determinante para ayudar a cambiar la percepción ciudadana, ya que dejó de poner su atención en los problemas no resueltos e incluso agravados por el gobierno actual como la inseguridad y la mala economía.

Las autoridades locales electas por MORENA están sometidas al escrutinio público al igual que las electas por los partidos tradicionales. En lo general los gobiernos estatales y los ayuntamientos de MORENA están reprobados o con calificaciones muy bajas, tan bajas como cualquiera del PRI o del PAN. En las entidades donde MORENA gobierna perderá el atributo diferenciador de ser una oferta de cambio o al menos ya no será percibido como un partido capaz de hacer mejores gobiernos.

Los candidatos de MORENA

En el 2021 Andrés Manuel López Obrador no será la figura carismática que arrastre el voto a favor de los candidatos de su coalición. En esa medida pesarán mucho más la imagen y la trayectoria de los nominados, quienes ya no podrán mimetizarse con las siglas del partido y tendrán que salir a enfrentar el escrutinio ciudadano. Conviene recordar que MORENA no tiene una clase política propia y depende de los despojos o las escisiones de sus adversarios, muchos de los cuales ya son autoridades y sus resultados no son tan reconocidos por la ciudadanía. Además, las luchas internas por los cargos del partido y por las candidaturas son sumamente agresivas, donde muchos de los aspirantes serán eliminados por ataques provenientes de sus compañeros morenistas.

La oposición

En este momento la oposición se percibe debilitada y desorganizada. Los dirigentes de los partidos administran su papel con cautela, mientras que las militancias no le exigen a sus dirigencias que asuman posiciones más críticas frente a las decisiones del gobierno.

El control de la Cámara de Diputados dependerá de si los partidos de oposición juegan para que pierda MORENA -en la lógica de facilitar el triunfo de algún candidato opositor- o contribuyen al triunfo de MORENA mediante la división del voto anti régimen. Existe una línea muy tenue pero definitiva entre competir para dividir a la oposición o competir para que uno de los opositores gane.

En este factor entran los nuevos partidos, unos que jugarán abiertamente a favor del régimen y otros que probablemente jueguen a dividir a la oposición. El partido México Libre de Felipe Calderón podría llevarse una parte decisiva del voto panista y hacer que el PAN pierda algunos distritos urbanos.

Las organizaciones sociales y civiles

Ante la parálisis de la oposición política han surgido infinidad de movimientos sociales en contra de López Obrador y de MORENA. Las cámaras empresariales también han estado entre los opositores más críticos del nuevo régimen. Estos grupos han crecido en simpatía y en influencia. En este momento no sabemos qué papel jugarán esas organizaciones, si favorecerán solo a un partido, si apoyarán a los candidatos de oposición que puedan ganar sin importar el partido que los postula o simplemente no tendrán una participación orgánica en las campañas.

Finalmente, la variable que aún falta por despejarse es la llamada “nueva normalidad” con todas sus problemáticas que ocasionarán costos políticos ¿Quién pagará esos costos políticos de la pandemia? Nadie lo sabe. Lo que sí sabemos es que el electorado está dividido en 4 grupos. Uno que se moviliza totalmente a favor de López Obrador y otro que lo hace en contra, faltaría por definir cómo se comportan los que aún apoyan al presidente pero se están decepcionando y los decepcionados que prefieren abstenerse porque nadie les satisface.

La moneda está en el aire y la del 2021 será, quizá, la última oportunidad para rescatar intacta a nuestra democracia. Recordemos que los votantes elegirán entre los malos del pasado o los malos del presente ¿Quién será peor? En poco más de un año lo sabremos.

El enterrador del neoliberalismo

Los fantasmas de Palacio Nacional ya se acostumbraron a la presencia del nuevo inquilino. Las ánimas de Benito Juárez, Sebastián Lerdo de Tejada, Francisco I. Madero, Lázaro Cárdenas, hasta las de Agustín de Iturbide y Antonio López de Santa Anna se aparecen de cuando en cuando en la conciencia del ahora presidente López Obrador.

El bueno de Andrés Manuel vive o quizá sueña -nadie lo sabe a ciencia cierta- un diálogo con los recuerdos de esos inmortales de la patria. Las paredes del Palacio Nacional le recuerdan que su cita con la historia aun no se formaliza. Sabe por lo que le cuentan los fantasmas que un presidente será recordado por uno o dos hechos relevantes. Que la entrada a las páginas doradas de la historia es una elección que se toma en pleno ejercicio del poder y con la convicción de cumplir con el deber al que se está llamado en su tiempo.

El acceso a los libros de historia estaba cancelado por la vía de la cuarta transformación porque el proyecto venía “haciendo agua”, los resultados eran sumamente adversos en todos los frentes. Pero el destino siempre brinda una segunda oportunidad. La irrupción de la pandemia “cayó como anillo al dedo”, pues ahora será el pretexto histórico para justificar que el bien intencionado de López Obrador fue incapaz de cumplir con todas las promesas que hizo a lo largo de 18 años de campaña.

El COVID-19 resultó el intruso perfecto de la misión histórica de transformar a México. El presidente López Obrador no podrá concretar en su sexenio los cimientos del futuro luminoso que imaginó para el país. Atrás quedaron las promesas de crecer al 4 por ciento y la generación de 1 millón de empleos cada año, pacificar a México y regresar al ejército a los cuarteles, sacar de su condición a millones de pobres, rescatar a la industria petrolera nacional y volver a los modos de convivencia comunitaria de mediados del siglo pasado. Se dirá que el maligno coronavirus trastocó las posibilidades de hacer de México una nación próspera, justa y fraterna que el discurso obradorista pregonó por todos los rincones de la patria.

Ya no será la terquedad del jefe de las instituciones y la incapacidad de buena parte de los funcionarios que le acompañan. El relato histórico, o al menos el discurso oficial, podrá culpar a la pandemia de que México haya caído en un abismo de precariedad y miseria, de delincuencia y violencia incontrolables, de sufrimiento y desesperanza.

La realidad: el desempleo

El Instituto Mexicano del Seguro Social informó de la pérdida de 555 mil empleos solo en el mes de abril del 2020. Estamos hablando de empleos formales que contaban con las prestaciones de Ley. El 66% de los nuevos desempleados tenían empleos permanentes y el 34% eran eventuales, cientos de miles de trabajadores que hoy buscarán en la informalidad la manera de enfrentar la crisis.

En materia de empleo el sexenio de López Obrador obtiene una marca negativa. México registra 530 mil empleos menos de los que había en el último mes del gobierno de Peña Nieto, pasamos de 20.46 millones a 19.93 millones en 17 meses del nuevo gobierno.

El coronavirus no es culpable del incumplimiento de las metas en materia de empleo. Al mes de febrero del 2020 el país registraba tan solo 156 mil empleos más de los que había en noviembre del 2018, un paupérrimo incremento del .76 por ciento. Y lo peor es que México es el país de la OCDE que menos recursos ha destinado a salvar empleos. Todo indica que entre las prioridades del presidente no está la de mantener viva a una planta productiva capaz de sacar adelante a las familias mexicanas después de la crisis sanitaria.

La realidad: más pobreza

El discurso del candidato López Obrador estuvo plagado de promesas para los pobres. Nadie puede negar que al menos en el discurso la pobreza siempre fuese motivo de su inspiración.

De acuerdo con proyecciones que hizo el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social -CONEVAL-, la afectación económica derivada de la pandemia por COVID-19 repercutirá en 10.7 millones de mexicanos que se agregarán a la pobreza extrema con respecto a los que había en 2018. La pobreza extrema se refiere a la población con un ingreso inferior al valor de la canasta básica alimentaria (carecen de ingresos suficientes para comer). México regresará a las condiciones imperantes hace dos décadas, significa que se perderán 20 años de esfuerzos por mejorar las condiciones de vida de los pobres.

Es absurdo culpar a la pandemia sin detenerse a observar las causas directas del terrible aumento en el número de pobres. De acuerdo con lo señalado por el CONEVAL el culpable del aumento en la pobreza es el desempleo ya que existe una elevada correlación entre ambos indicadores: a menores ingresos laborales crece el número de personas en pobreza. Entonces me pregunto ¿Por qué no endeudarse para salvar a México del desempleo si al hacerlo se salva a los pobres?

La realidad: delincuencia y violencia

El fenómeno delictivo no se ha detenido con la llegada al poder de Andrés Manuel López Obrador. Las cifras oficiales dan cuenta de meses con elevados índices de violencia. A pesar de la pandemia con las consecuentes medidas de distanciamiento social, el mes de marzo del 2020 fue el de mayor número de homicidios en la historia del país. Aun no se hacen públicas las cifras de abril pero todo parece indicar que el crimen no se detuvo en medio de la crisis sanitaria.

Hace unos días se publicó un Acuerdo Presidencial que formaliza el uso del Ejército y la Marina en labores de seguridad pública hasta el 2024. La decisión confirma que fracasó la estrategia inicial del gobierno y que la Guardia Nacional no puede con el paquete de combatir a la delincuencia al mismo tiempo que cuida la frontera del paso de migrantes, exigencia del presidente Trump.

Realidad alternativa contra la realidad razonable

“Ningún pretexto te hará trascender” le recuerdan los fantasmas del Palacio Nacional, “tienes que pasar a la ofensiva, piensa Andrés Manuel, piensa lo que te hará llegar a los libros de historia”. Y entonces el presidente de México abrazó una idea luminosa: si no es posible arrancar a México del neoliberalismo mediante la cuarta transformación, entonces lo va a destruir. La nueva misión histórica es acabar con el enemigo ideológico. Ahora López Obrador quiere convertirse en el enterrador del neoliberalismo cueste lo que cueste. El fin de la historia contado por Andrés Manuel y no por Fukuyama. Solo así, con esta explicación demencial, puedo entender el conjunto de decisiones absurdas que el presidente ha tomado en las últimas semanas.

Dependerá de usted, amable lector, si compra el discurso oficial con todo y su versión alternativa de la realidad o le hace caso a la razón. Observar las cifras de crecimiento económico, pobreza, desempleo, sumisión ante los americanos, corrupción, abuso, omisión y opacidad no significa claudicar ante los neoliberales. La razón carece de ideología, el buen juicio es patrimonio del pensamiento libre y de personas inteligentes, hágale caso.

La muerte en México

Comencé este artículo con la idea de investigar sobre las causas de muerte en el país durante los primeros de meses de 2018 y 2019 para compararlas con las de 2020. Creía que sería interesante el poder identificar las diferencias de frecuencias y con ello estimar el sub registro de muertes por COVID-19 e incluso establecer cuantos de los muertos por iban a perder la vida por las enfermedades que padecían y el coronavirus solo aceleró el proceso. La mala noticia es que no hay información pública disponible ni siquiera en la unidad de consulta de datos beta del INEGI. Los datos del 2019 se conocerán hasta el segundo semestre del 2020 y los de este año seguramente estarán disponibles entrado el 2021.

El INEGI es una fuente confiable porque obtiene la información de “los registros administrativos generados a partir de los certificados de defunción suministrados por las oficialías del Registro Civil, los Servicios Médicos Forenses y de los cuadernos estadísticos suministrados por las Agencias del Ministerio Público”. Supongo que el retraso de las cifras se debe a que carece de un sistema de captura en línea que alimente una base de datos electrónica, la cual podría actualizarse diariamente y con esa herramienta se tendría información disponible, actualizada y oportuna. La realidad es que la herramienta no existe o no es pública.

Lo que sí encontramos fueron datos sobre las causas de muerte a nivel nacional hasta el 2018, cifras sobre la incidencia epidemiológica de la influencia estacional y de las infecciones respiratorias agudas, así como la base de datos “oficial” sobre la incidencia del COVID-19 en el país. Hay muchos informes sobre las causas de muerte en México, aquí les dejo la liga a uno del INEGI https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2019/EstSociodemo/DefuncionesRegistradas2019.pdf

Lo que hicimos fue bajar los datos sobre las causas de muerte entre 1999 a 2018 publicadas por el INEGI, analizar su comportamiento y correlacionarlas con otras variables de fuentes oficiales.

En el periodo que analizamos de 1999 al 2018 la tasa de mortalidad anual aumentó de 455 a 577 por cada 100 mil habitantes. Esto significa que entre 1999 y 2018 creció un 27% la mortandad en México. El incremento observado en el periodo se explica, entre otras causas, por un incremento en la tasa de homicidios y en la de muertes por enfermedades del sistema respiratorio.

Encontramos que ha aumentado la tasa de mortalidad por enfermedades del sistema respiratorio por cada 100 mil habitantes, al pasar de 42.8 en 1999 a 48.5 en 2016, 47.8 en 2017 y 52.9 en 2018. Nos dicen médicos especialistas que en los últimos años se han elevado las cifras de casos de inflamación de vías respiratorias ocasionados por alergias y contaminación ambiental, lo que ha ocasionado la muerte de mucha gente. Por otra parte, descubrimos que el incremento de las muertes por enfermedades del sistema respiratorio no se correlaciona con las temperaturas anuales más bajas en el promedio nacional (datos proporcionados por la Comisión Nacional del Agua). Ello significa que en los años más fríos no se observa un incremento en las muertes por esas enfermedades, este hecho confirma la incidencia de otros factores como las infecciones, la contaminación y las alergias, entre las causas de los decesos por dichas enfermedades del sistema respiratorio.

Ya entrados en el análisis de datos encontramos que el aumento de las muertes por homicidios tiene una fuerte correlación positiva con la temperatura máxima promedio en el país, es decir, a mayor temperatura corresponde una tasa mayor de muertes por homicidio. Pueden ser fenómenos que no están relacionados realmente ya que el cambio climático es una constante mundial, mientras que el aumento de las muertes por homicidios no ocurre en todo el planeta. Sin embargo, el calor puede ser un factor que eleve la propensión a la violencia aunque de momento no lo podemos asegurar.

También encontramos que las altas temperaturas disminuyen significativamente la incidencia de muertes por ciertas enfermedades infecciosas y parasitarias. Mientras que las muertes por enfermedades del sistema digestivo aumentan en los meses calurosos de mayo y agosto. Los meses en que más mexicanos pierden la vida son enero y diciembre; entre febrero y noviembre del año 2000 al 2018 murieron un promedio de 45,536 personas, mientras que en esos mismos años el promedio de muertes en enero fue de 55,819 y en diciembre de 52,176.

Encontramos el Informe Semanal de Vigilancia Epidemiológica de Infecciones Respiratorias Agudas emitido por la Secretaría de Salud del Gobierno Federal. El documento más reciente concierne a la semana 16 del año en curso, es decir, del 13 al 19 de abril del 2020. Sorprende el hecho de que el número de infecciones respiratorias agudas (IRA) registradas en el país se encuentre en la zona de éxito de acuerdo con el propio informe. Y sorprende más que en comparación con la misma semana del año anterior “se presenta un decremento del 49.3% en el número de casos”. Por lo tanto, el COVID-19 no es considerado una enfermedad respiratoria aguda o el año 2019 fue más malo que el 2020 en términos de la incidencia de infecciones respiratorias. Al revisar el mismo informe concerniente a la semana 16 del año 2019 encontramos que el número de infectados también se encontraba en la zona de éxito, e incluso hubo un decremento en el número de casos en comparación con el mismo periodo del año previo.

En el Informe Semanal de la Temporada de Influenza Estacional 2019-2020 correspondiente a la semana 18, el pico de contagios en esta temporada ocurrió entre la tercera y la cuarta semana del mes de enero del 2020 y fue menor al de otras temporadas. Para las semanas 12 a 16 la curva venía en franco descenso con menos de 200 casos confirmados a la semana y 359 defunciones, casi 500 defunciones menos que las registradas en la temporada previa. Dice en el informe: “Al comparar el comportamiento de los casos notificados al Sistema de Notificación Semanal de Casos Nuevos a la misma fecha de corte 2019 (De la semana 40 del 2019 a la semana 16 del 2020) se observa: Decremento del 10.6% en casos de IRA y un decremento del 13.5% en casos de Neumonía y Bronconeumonía.”

Los reportes sobre incidencia epidemiológica que emite la subsecretaría a cargo de Hugo López Gatell nos dejan muchas dudas. Para un inexperto como yo en materia epidemiológica no es verosímil que el número de infecciones respiratorias agudas sea menor en 2020 que en 2019. Además, esos reportes no incluyen el número de defunciones ocasionadas por las IRA, información que nos servirían para identificar cambios de un año a otro, incluso de una semana a otra. En resumen, tenemos los ojos vendados ante la pandemia, no hay datos para establecer hipótesis de investigación y tampoco para profundizar en la comprensión de los fenómenos de salud pública que afectan al país.

Es triste que siendo México miembro de la OCDE y la economía 15 del planeta con 130 millones de habitantes, cuente con sistemas de información tan pobres y omisos.

Libertad a cambio de confianza

Algunos llevamos 6 o más semanas detenidos en casa, sin trabajar, sin ir a la escuela ni hacer vida social. Nada de ir al trabajo o juntas de negocios, ir al cine, restaurantes, vacaciones, reuniones con amigos o familiares, nada. El pequeño COVID-19 nos ha secuestrado en nuestros domicilios y de algún modo le hemos entregado nuestras libertades al Estado para que se consiga “aplanar la curva de contagios”, el bien común más mencionado en las últimas semanas ¿Pero qué han hecho los gobernantes con esa libertad entregada por sus ciudadanos?

En España están molestos con el gobierno por lo que consideran la peor gestión sanitaria del mundo. A pesar de que tuvieron poco tiempo para prepararse frente a la pandemia, España ha aplicado una gran cantidad de pruebas diagnósticas equivalentes a 22.3 por cada 1000 habitantes, mantienen la tasa de mortalidad dentro de la media mundial, la información sobre la enfermedad ha fluido sin cortapisas y el gobierno ha dedicado grandes sumas de dinero público para el sistema de salud, el rescate de empresas y el sostenimiento de los desempleados. Los españoles están inconformes pero no lo suficiente para cambiar a la coalición gobernante en caso de que en este momento se realizaran elecciones generales, esto lo pude confirmar en varias encuestas publicadas en internet.

Los norteamericanos están igualmente molestos con el exótico presidente Donald Trump a pesar de que su gobierno ha destinado millones de millones de dólares para salvar a su economía del desastre. La administración federal y los gobiernos locales han hecho un esfuerzo enorme para aplicar el equivalente a 16.4 pruebas diagnósticas por cada 1000 habitantes, en una población de 327 millones. La pandemia en los Estados Unidos es la más diagnosticada del planeta con enormes recursos humanos, científicos y materiales dedicados a la tarea de combatir al virus invasor. A pesar de los enormes y onerosos esfuerzos, es el país con más contagios y muertes de todo el mundo. De acuerdo con el sitio www.realclearpolitics.com en este momento la manera en que Trump abordó la crisis sanitaria le estaría costando su reelección como presidente.

En el Reino Unido el Primer Ministro Boris Johnson también desafió públicamente las advertencias sobre la letalidad del coronavirus y, al igual que Trump, perdió mucho tiempo antes de instrumentar acciones de contención como el distanciamiento social. La osadía de Johnson casi le cuesta la vida porque se contagió de COVID-19 y tuvo que ser atendido en terapia intensiva durante varios días. Hoy el número de muertos en el Reino Unido casi alcanza al de España y es tercero en Europa. Tras una caída en la aprobación del Primer Ministro en el mes de marzo del 2020 de acuerdo con el portal www.YouGov.co.uk Johnson recuperó con creces el apoyo de los británicos en el mes de abril, tras sobrevivir a la infección.

Francia e Italia son los países con el mayor número de muertes por COVID-19 en Europa, sin embargo, sus gobernantes han mejorado significativamente su evaluación en la crisis sanitaria. El apoyo al ejecutivo italiano ronda el 70% y el del francés Macron “ha crecido como la espuma” de acuerdo con un reporte publicado en www.elconfidencial.com de España. El apoyo a la canciller alemana Angela Merkel está en sus máximos históricos cercanos al 79%.

La clave del éxito de muchos Jefes de Estado se relaciona con la aplicación oportuna de medidas drásticas, con la sinceridad de su comunicación y sobre todo con la capacidad de transmitir seguridad y firmeza. Los líderes que consiguen el apoyo de la mayoría en tiempos de crisis lo hacen porque la gente atemorizada busca la protección de un líder que se muestra responsable, claro y firme en el mando. En otras palabras, los ciudadanos de todos esos países le han entregado al Estado su libertad y en muchos casos los resultados han sido malos o pésimos en términos de contagios y muertes, pero la evaluación de sus presidentes parece no relacionarse con las estadísticas de la pandemia, sino con la percepción de transparencia y firmeza en la conducción de la crisis.

Veamos los casos de Italia y España. Ambos países sufrieron el ataque del coronavirus casi al mismo tiempo con efectos muy similares, pues son punteros en contagios y muertes del continente europeo. Sus gobiernos reciben calificaciones muy diferentes. El italiano goza del apoyo mayoritario de sus gobernados, mientras que el español ha sido cuestionado porque la gente duda de la veracidad de la información que comunica. En España ocurre que el gobierno perdió la confianza entre los ciudadanos lo que le ha impedido al presidente Pedro Sánchez que su aprobación mejore significativamente con la pandemia.

Lo que muchos analistas observan es un reposicionamiento generalizado de los liderazgos políticos en tiempos del COVID-19, salvo casos específicos en los que han desaprovechado la coyuntura al traicionar la confianza ciudadana. A pesar de la complejidad de las circunstancias sociales que produce la pandemia, los ciudadanos buscan liderazgos firmes y claros a donde refugiarse. Solo aquellos gobernantes que han dado muestras de irresponsabilidad, opacidad o inconsciencia son los que han dejado pasar la oportunidad de afianzar su liderazgo. Tales son los casos de Donald Trump, Jair Bolsonaro, Lenin Moreno o Andrés Manuel López Obrador.

En México ocurre que el subalterno encargado de gestionar la crisis sanitaria es más confiable para la población que el propio presidente de la República. Este hecho explica con claridad la razón por la cual la aprobación ciudadana de Andrés Manuel López Obrador cayó durante marzo y prácticamente todo el mes de abril del 2020. En México se tiene más confianza en las instituciones que en el jefe de ellas para gestionar la coyuntura del coronavirus.

Se equivocan quienes piensan que los costos políticos estarán relacionados con el número de muertos o de contagios. Las encuestas en todo el mundo demuestran que los efectos perniciosos de la pandemia no afectan la aprobación de los presidentes, de ahí que es inútil pretender maquillar las cifras o evadir la gravedad de la situación por temor a perder popularidad. Los gobernantes que han cedido a la tentación perdieron la confianza ciudadana, el valor más apreciado por la gente a cambio de entregar su libertad.

La cultura de la precariedad

Antes de comenzar a escribir este texto desde mi posición de neófito o al menos de jugador amateur en materia de cultura, me preguntaba cómo definirla. Ya imaginaba que habría muchas definiciones de cultura pero cuando le consulté al oráculo de Google, Wikipedia contestó que en 1952 los investigadores Alfred Kroeber y Clyde Kluckhohn encontraron 250 definiciones y conceptos diferentes aplicables al uso de la misma palabra.

Una maestra solía decir que cultura es todo lo que queda cuando lo demás se ha olvidado. Puede ser una definición correcta desde múltiples puntos de vista. Si hablamos de valores o costumbres presentes en una sociedad o grupos de individuos, bien podríamos concluir que algunos serán olvidados pero otros valores sobrevivirán y guiarán su conducta. Si pensamos en las manifestaciones artísticas presentes en un momento determinado de la historia, valdría pensar que son aquellas que fueron capaces de expresar el alma de las personas en ese contexto, determinado por las condiciones del entorno, y que las demás expresiones simplemente resultaron irrelevantes y por lo tanto olvidadas.

El lenguaje es el vehículo por excelencia de la cultura. La riqueza de las palabras y de los conceptos es muestra de la cultura de los pueblos. La capacidad de pensar y de comunicar lo pensado contribuye a la formación de activos intangibles y es motor de progreso. Pero la cultura también se forma por otros símbolos que trascienden al lenguaje de palabras, signos y grafías. Las expresiones humanas que utilizan los sentidos para comunicar su mensaje, ya sea a través de la música, la pintura, la danza, el teatro, la escultura, entre otras, también son manifestaciones de la cultura y al mismo tiempo son formadoras de nueva cultura.

Ahora que estamos a punto de vivir las consecuencias de esta pandemia de COVID-19, tenemos ante nosotros un imperativo que nos impone la naturaleza y que necesariamente modificará la cultura de la humanidad. Como en otros tiempos del devenir humano, ahora le corresponde a esta generación la tarea de adaptarse a las nuevas condiciones del entorno. El proceso de adaptación determinará los nuevos límites de nuestra cultura. Por eso afirmo que imaginar el futuro después de la pandemia es necesariamente trazar el rumbo de los cambios culturales.

Desde mi punto de vista la palabra que definirá al entorno post COVID-19 será precariedad. La situación que enfrentará el mundo y particularmente México será de un entorno económico precario. Desempleo, empresas quebradas y endeudadas, familias que pierden o rematan su patrimonio, pobreza creciente. Incluso los dueños del dinero la van a pasar mal cobrando a sus clientes morosos, otros se aprovecharán de la desgracia ajena y se harán de propiedades a precios irrisorios. Veremos manifestaciones de voracidad y desesperación, de insensibilidad y angustia.

La precariedad económica obligará a que cambie la cultura de consumo. Muchos bienes que antes de la pandemia proporcionaban gran utilidad a las personas, comenzarán a perder importancia e incluso dejarán de adquirirse. Puedo imaginar que los autos de lujo, los viajes al extranjero, la joyería y ropa de marca entre otros bienes suntuosos, perderán relevancia en la canasta de consumo entre las clases acomodadas y por lo tanto sufrirán abruptos declives en sus ventas. Otros bienes correrán la misma suerte pero en otros segmentos de la sociedad hasta llegar a la base la pirámide. Entre los pobres comer carne era un lujo antes de la pandemia, después quizá será una casualidad.
De la precariedad material saltaremos a la precariedad moral. El fenómeno de escasez puede ocasionar que se rompan más límites morales para poder sobrevivir. Es muy probable que en los primeros meses de la etapa post pandemia se observen todo tipo de crímenes, asaltos, robos, estafas y fraudes. No será percibido como un nuevo brote de delincuencia porque ésta ya existía. La diferencia profunda entre la delincuencia de antes y la nueva será la motivación. La mayor parte de la delincuencia previa al COVIT-19 estaba motivada por el deseo de consumir y de poseer sin esfuerzo, la posterior a la pandemia será por sobrevivir porque no habrá en dónde trabajar.
La precariedad moral también motivará la precariedad de empatía. Estaremos más preocupados en solucionar nuestros propios problemas que no tendremos tiempo ni ánimo para pensar en la gravedad de los problemas del prójimo. Mucho menos para atenderlos.
En medio de la pandemia la precariedad más grave es de conciencia. Unos porque no colaboran para reducir la curva de contagios y otros porque al quedarse en casa solo le pusieron pausa a su vida cotidiana. No parece ser un momento de despertar de conciencia. Al menos no con vista al futuro de precariedad que nos espera, ni siquiera el presidente de México ha dado muestra de ello.
Seguramente los mexicanos cambiaremos como consecuencia de esta pandemia pero es posible que esos cambios no sean duraderos a menos que existan guías adecuados de la conciencia colectiva.
En este momento apelo a los rebeldes que siempre y en todos los tiempos han existido en la humanidad. Hagamos un movimiento de contracultura. Si la precariedad material, moral y de empatía será la marca distintiva del futuro próximo, los inconformes podemos hacer un movimiento en sentido contrario por la solidaridad, la colaboración y el amor al prójimo. Los inconformes son la resistencia anti-sistémica que ha adquirido conciencia. Entre los inconformes siempre se encuentran artistas que en sus obras plasman el renacer de la sociedad, porque su ideal de perfección del espíritu humano es la semilla del nuevo progreso.
Lo peor que le puede pasar a la humanidad en esta coyuntura histórica es que sus artistas se suban al mismo tren de la precariedad. Seamos artistas de un futuro posible que yace en nuestra imaginación y en lo profundo de nuestro espíritu. Pongamos nuestra voluntad del lado de la razón y la empatía para levantar a México más fuerte y unido, solidario y fraterno.

Cambio o continuidad después del coronavirus

Tanto que decir. El tiempo sobra y las palabras se vuelven escasas. El aislamiento es una especie de realidad paralela. La eficiencia de antes se ha extraviado entre las noticias de la pandemia, el miedo paralizante, las tareas domésticas, los hijos, la mascota y la gestión emocional de un entorno colectivo obligado a quedarse dentro porque simplemente no hay a donde huir.

Unos reflexionan sobre la profundidad del cambio de rumbo que seguirá la humanidad como consecuencia del COVID19. Otros simplemente añoran que todo termine para recuperar el tren de sus vidas, algo como quitarle la pausa a la película de su cotidianeidad. ¿Quién ganará el guión de la historia, los que sueñan con un salto cuántico de la conciencia humana o los que solo esperan una señal para que todo vuelva a ser exactamente como era antes del coronavirus? No hay una respuesta sencilla.

A pesar de que estoy entre quienes añoran que muchas conductas cambien en los seres humanos, también soy consciente de la dificultad y dolor que implica conseguirlo.

Hace algunas semanas en una entrevista de televisión analizábamos el número creciente de delitos y de crímenes violentos que azotan al país. Nos preguntábamos como es que eso podría detenerse pues lo que subyace es la pérdida absoluta de respeto por la dignidad humana entre quienes ejecutan esas atrocidades. En aquella ocasión concluimos que solo una catástrofe que cale hondo en la sociedad es que podremos revertir el proceso de deshumanización en el que nos hemos metido, la última vez que una situación así se vivió fue en la Segunda Guerra Mundial.

Hoy tenemos a COVID19 en las calles y buena parte de la humanidad metida en casa. Imágenes extraídas de los infiernos de la Divina Comedia las vemos en los noticiarios y las redes sociales casi en tiempo real. Wuhan, Bérgamo, Nueva York, Madrid, Guayaquil, zonas atacadas por el enemigo silencioso que igual mata al rico que al pobre, al honesto que al corrupto, al médico que al paciente. ¿Será el pequeño COVID19 capaz de cambiar la tendencia homicida de los criminales? Para lograrlo debe arder más profundo en el alma de la humanidad, estamos demasiado acostumbrados a desestimar el dolor ajeno.

Tampoco sabemos cómo vamos a salir del asedio en que nos mete COVID19. La inminente segunda oleada de contagios nos lleva a imaginar que pronto estaremos de vuelta en casa pegados a los monitores esperando a que la curva se aplane. Los chinos están en ese momento, el resto del mundo lucha por recuperar su libertad la primera vez.

Las únicas consecuencias que sí son evidentes y lo serán más con el transcurrir del tiempo son las económicas. Slavoj Zizek escribió un ensayo titulado “El coronavirus es un golpe al capitalismo a lo Kill Bill…” que despertó los instintos más primitivos entre las huestes socialistas o al menos entre los que detestan al enemigo público del momento: el neoliberalismo. Zizek es filósofo, sociólogo, psicoanalista y crítico cultural, una figura de peso entre los intelectuales contemporáneos. En ese pequeño ensayo hace preguntas sobre el futuro del capitalismo y la posibilidad de “pensar en una sociedad alternativa, una sociedad más allá del estado-nación, una sociedad que se actualiza a sí misma en las formas de solidaridad y cooperación global”. He leído una y otra vez el texto y no encuentro la luz que nos lleve por otro camino distinto al capitalismo, simplemente señala que la pandemia del coronavirus es un golpe al corazón del sistema al estilo Kill Bill, una metáfora provocadora pero solo eso, una chispa en medio de la noche.

Creo que no podemos apostar a que habrá grandes cambios después de la crisis. Sabemos que habrá heridas en las empresas y en las familias, que el desempleo y precariedad serán parte de nuestra realidad durante algún tiempo, que mucha gente habrá muerto víctima del coronavirus o de la neumonía atípica (un eufemismo mexicano para el mundo), y que todos vamos a sufrir por la pandemia, poco o mucho. Sin embargo, los límites de los cambios están determinados por nuestra naturaleza humana y por el entorno natural en el que se desarrolla la vida.

Somos seres egoístas, aun los comunistas gustan de infringir dolor al enemigo pues maximiza su satisfacción de haber triunfado sobre él. Ya sea que se consiga el poder mediante el dinero o mediante el predominio del Estado, los operarios persiguen un fin egoísta que maximice su utilidad. Ese es el límite de lo que somos capaces y no creo que esta versión del coronavirus logre modificar siquiera un poco esa condición humana.

Dentro de los límites sí podrán ocurrir algunos cambios, se me ocurren algunos. La colaboración digital se va a revolucionar después de la pandemia. Muchos estudiantes habrán aprendido a aprender en un entorno digital. Habremos probado la fórmula del trabajo en casa como una opción eficiente que reduce costos a las empresas y a los empleados e incluso reduce costos ambientales al planeta. Los filósofos, sociólogos, antropólogos, psicólogos y demás estudiosos del ser y de la sociedad producirán nuevas teorías y nuevas explicaciones. Los médicos, biólogos, químicos, epidemiólogos y demás científicos obtendrán nuevos conocimientos sobre los virus, los sistemas inmunológicos, tratamientos, vacunas, esquemas de intervención ante pandemias. Incluso las familias habrán aprendido más sobre sí mismas, muchas se romperán después de la crisis porque aumentarán los divorcios pero otras se fortalecerán y sanarán viejas heridas.

Creo que los cambios más significativos pueden ocurrir al interior de cada uno. Este es un escenario que difícilmente volverá a ocurrir en nuestras vidas. Hoy, aquí y ahora, tenemos tiempo para pensarnos y reinventarnos desde dentro. Cada quien sabe cuáles son los valores que norman su vida, es más, solo usted -amable lector- sabe sinceramente si algún valor o apetito inconfesable guía su conducta. Quizá es momento de perdonarnos por las afrentas que nos causamos a nosotros mismos y así haremos que el aislamiento social haya valido la pena.

Solo para iniciados

Slavoj Žižek, “Coronavirus es un golpe al capitalismo al estilo de ‘Kill Bill’ y podría conducir a la reinvención del comunismo”, publicado en Russia Today, 27 de febrero del 2020.

Hay un pequeño libro de Ernst Friedrich Schumacher titulado “Lo Pequeño es Hermoso”, puede servirle a quien le interese la búsqueda de alternativas al modelo económico predominante.
La estupidez humana es infinita y en México la vamos a sufrir como pocos países en el mundo. Eso será tema de otras reflexiones.

Pensar fuera de la caja y a contracorriente

El mundo ya se detuvo como consecuencia del aislamiento social, la condición de moda que todos hemos asumido como políticamente correcta. Y quizá lo sea en el corto plazo pero pocos se han detenido a pensar en el mediano plazo. Lo que estoy a punto de decir puede resultar incómodo para gran parte de mis caros lectores y los entiendo. Sin embargo, creo que es necesario formular preguntas que nos lleven a soluciones alternativas, pues lo costos previstos por este aislamiento social “políticamente correcto” serán muy graves, desastrosos.

Lo primero que pregunto es ¿Qué ganamos con quedarnos en casa? La respuesta es obvia, no contagiarnos y con ello evitar que el virus se propague. La siguiente pregunta ¿Cuántas semanas tendremos que estar encerrados para alcanzar el objetivo de reducir la propagación del virus? De acuerdo con la información que tenemos, el periodo de incubación del virus COVID-19 de un máximo de 14 días, tiempo en el que el portador puede contagiar a otros sin presentar síntomas de la enfermedad. Lo que nos lleva a suponer que el periodo mínimo requerido es de 14 días, aunque habría que considerar que no todos se quedarán aislados y por lo tanto tendría que extenderse el periodo una o dos semanas más.

Siguiente pregunta ¿Cuánto le cuesta al mundo que las actividades económicas se paren durante un mes? Algo alrededor de un doceavo de su producto interno bruto, lo cual suma una cantidad enorme de dinero, aunque los costos pueden ser mayores porque tomará más tiempo regresar al nivel de actividad que se tenía antes de la emergencia. En el transcurso del aislamiento se perderán empleos, cerrarán y quebrarán empresas, y habrá que reorganizar muchas actividades económicas que saldrán severamente dañadas como el turismo, la industria manufacturera o el sector financiero. Nadie se va a escapar de la crisis económica ocasionada por la pandemia.

Dado el enorme costo que supone el aislamiento social tenemos derecho a preguntar ¿Cuándo todo termine ya no habrá riesgos de nuevos contagios? La respuesta es sí habrá riesgo, con un contagiado que quede por ahí todo podría suceder nuevamente. Recordemos que una sola persona en China ocasionó este desastre global. Entonces ¿Cómo podemos garantizar que la pandemia estará bajo control? Cuando pasen cualquiera de las siguientes situaciones: haya un tratamiento efectivo que hasta el momento se desconoce; cuando haya una vacuna probada la cual aún no existe y puede tomar hasta 18 meses su desarrollo, producción y distribución; o cuando una parte importante de la población hubiese producido anticuerpos para combatir al virus en forma natural.

¿Podemos sobrevivir en aislamiento social mientras se encuentra un tratamiento o se desarrolla una vacuna? No podemos. Creo que sucederán situaciones que nos obligarán a salir de las casas antes de que la pandemia esté controlada. En pocas semanas buena parte de los que viven al día como los dueños de pequeños negocios, comerciantes informales, meseros, acomodadores, albañiles, carpinteros, mecánicos, entre otros, ya no tendrán recursos para nada. Tenemos reservas limitadas de alimentos, combustibles y demás bienes de consumo primario. Si comienza a haber escasez de esos productos básicos habría discusiones, enfrentamientos, rapiña y violencia que podrían escalar y salirse de control.

Como no podemos esperar a que se desarrolle una vacuna o surja un tratamiento ¿Qué nos queda? Permitir que nuestros organismos creen sus propias defensas contra el virus. El aislamiento es la peor estrategia para lograr ese objetivo porque los anticuerpos se producen en organismos infectados.

¿Entonces debemos abortar el aislamiento social y salir todos a contagiarnos? No, eso sería un suicidio. Hemos aprendido de la enfermedad algunas cuestiones como que las poblaciones que aportan el mayor número de muertes son de adultos mayores y los que tienen sus defensas comprometidas por diversas enfermedades. Esos grupos de riesgo deben aislarse del mundo y esperar a que surja un tratamiento o una vacuna. El resto, la inmensa mayoría, tenemos mejores posibilidades de sobrevivir al contagio de coronavirus.

¿Qué probabilidad tengo de sobrevivir al contagio si soy una persona sana? Las cifras oficiales de la Organización Mundial de la Salud muestran que aproximadamente 4 de cada 100 casos confirmados muere a consecuencia del virus. El problema es que no sabemos cuántos contagios ocurren realmente ya que ningún sistema de salud tiene la capacidad de diagnosticar al 100% de su población. La única muestra de que disponemos en la que se hubiese diagnosticado a todo el universo poblacional es la del Crucero Diamond Princess. Con 2700 personas a bordo entre pasajeros y tripulación se contagiaron un poco más de 700. Alrededor de 2 mil personas a bordo ni siquiera adquirieron el virus y únicamente murieron 8, es decir, solamente un poco más de 1 de cada 100 infectados perdió la vida.

Si tomamos como muestra representativa el caso del Diamond Princess, debido a la varianza estadística, la tasa de mortandad es del 1.5% como máximo y del 0.5% como mínimo entre aquellos que se contagian. Eso significa que habrá muertes pero serán muchas menos que el 4% que muestran los datos de la OMS.

El aislamiento nos ha servido para adquirir conciencia de la enfermedad, reducir nuestra interacción social, mejorar hábitos de higiene, cuidar a la población más vulnerable y con todo eso evitar que ocurra una catástrofe como en Italia. Eso está muy bien, ahora tenemos que plantearnos la posibilidad de asumir el riesgo de regresar a nuestras actividades pronto, antes de lo previsto. Habrá muertes, sin duda. Habrá presiones para nuestro muy debilitado sistema de salud, es evidente. Los gobiernos pagarán costos políticos por esta decisión, así será, fueron electos para optar por el mal menor no para mantener alta su popularidad.

¿Existe una mejor alternativa que levantar el aislamiento social antes de lo previsto? No encuentro ninguna. Los gobiernos pagarán el costo político durante o después de la crisis sanitaria y la sociedad solamente está aplazando el contagio. Considero que el costo político se reducirá si se logran bajar los efectos económicos perniciosos y si se evitan la rapiña y la violencia social. Boris Johnson en el Reino Unido intentó optar por una estrategia diferente al aislamiento social pero la corriente pudo más que su gobierno. En un entorno de histeria colectiva no hay manera de presentar un pensamiento lateral capaz de contener el miedo e ir a contracorriente. El presidente López Obrador quiso pero no pudo explicar un plan alternativo, solo alcanzó a externar algunas muestras de su rechazo al aislamiento como los besos a la niña o las imágenes religiosas “que lo cuidan”; ni cómo ayudarlo.

Llevamos una semana encerrados. En ese tiempo hemos aprendido cosas importantes sobre los efectos del aislamiento, quizá ya sea tiempo de permitirnos pensar diferente y evaluar otras alternativas.

Foto: Es Imagen / Jacqueline Steffanoni

El desprestigio del presidente y una sociedad sin alternativas

Durante la campaña por la presidencia de la República en 2018, todos sostuvimos interminables discusiones sobre quién sería la mejor opción para gobernar al país. Cada 6 años se desatan esos mismos debates, solo que en 2018 el tema central giraba en torno a uno de los candidatos que había logrado convencer a millones de que él era la solución a los problemas de México, que la corrupción de las altas esferas del poder era el origen de todos los males y que él, con su estilo desenfadado, desarticulado e improvisado, lograría transformar al país para el bienestar de millones. Han pasado casi 2 años de aquella histórica jornada electoral y quedan muchas dudas sobre la viabilidad de las promesas del aguerrido candidato. Lo que se ha enraizado es su estilo popular e incontinente hasta convertirse en el símbolo de su propia decadencia.

A pesar de que en el ejercicio del cargo Andrés Manuel López Obrador ha dado muestras de que no es capaz de ser el presidente que ofreció ser, me incomoda que al presidente de México se le llame con sobrenombres como “el cacas”, “el chupa cachetes” y últimamente como el “agarra nalgas”. Los motes son consecuencia de sus excesos y abusos del lenguaje y de conductas que no son propios de un Jefe de Estado, más bien nos recuerdan al jefe de una banda de un barrio suburbano.

Tengo la impresión de que el respeto a la figura del Presidente de México se pierde conforme avanzan los sexenios pero se regenera con la llegada de un nuevo presidente. Es un ciclo de muerte y renovación que ocurre cada 6 años en nuestro sistema político. Sí, cada 6 años, no al segundo año y menos después de una elección donde la sociedad optó por un cambio para mejorar. México pasó de “lord peña” a ser gobernado por “el cacas”, triste epitafio que se escribe como consecuencia de un estilo irresponsable, hasta autodestructivo.

Los apodos de AMLO son la cara de una realidad oculta, reflejan la existencia de algo que subyace en el interior de la conciencia colectiva: México se ha quedado sin alternativas. Lo escucho en los grupos focales y lo leo en las encuestas. Gran parte de la gente siente que el gobierno le ha quedado a deber el cambio prometido, así lo resume un señor del norte del país: “aún no se siente el aliviane”. Sin embargo, la gente tampoco está dispuesta a devolverle su confianza a los partidos tradicionales, el recuerdo de la corrupción, del abuso y de los privilegios es todavía muy fuerte. De continuar esta tendencia, las elecciones del 2021 tendrán una abstención como nunca antes, quizá por debajo de las proporciones que vimos en las elecciones del 2019 en Baja California y Puebla, con 30 y 33 por ciento de participación respectivamente.

Lo que ocurre cada vez que una sociedad se queda sin alternativas es que los límites se ensanchan, se hacen más amplios para darle lugar a propuestas que en otro tiempo nunca habrían ganado el favor popular. En 2018 se rompieron los límites del antiguo sistema político conformado por un bloque dominante bipartidista y se abrió paso un tercero en discordia, el mismo que se presentó con un estilo de hacer política rechazado por los electores en las 2 elecciones previas. Se ensancharon los límites.

Un crítico del neoliberalismo como Zygmunt Bauman señala que “la caída del Muro de Berlín inspiró y propagó una mentalidad de ˋfinal de la historiaˊ como la entonces expresada por Fukuyama. La secular rivalidad entre fantasmas (se refiere a las ideologías), que degeneraba una y otra vez en una guerra fratricida, había llegado por fin a su término…, o eso parecía insinuarnos la situación. Y el vencedor, el espectro neoliberal, se había quedado solo en el planeta… Al menos eso es lo que creían los profetas y apóstoles del neoliberalismo.” Luego explica las consecuencias políticas del ascenso neoliberal; “el triunfo ostensible del modo democrático de convivencia terminó acarreando en la práctica un languidecimiento y un deterioro popular en la confianza en los logros de la democracia… la gente está perdiendo interés en las elecciones y por todo lo que hoy en día se considera controversia política; existe la sospecha muy extendida de que las elecciones se han convertido en un engañabobos.”

Sin duda que los estilos populistas llegaron a revolucionar el escenario democrático y tomaron por asalto el poder. Figuras como Donald Trump, Jair Bolsonaro, Boris Johnson, Víctor Orbán o Andrés Manuel López Obrador, entre otros líderes políticos surgidos recientemente, son beneficiarios del agotamiento de alternativas al que se refiere Bauman.

Pero es posible que su paso por el poder sea tan efímero como su ascenso. Son tiempos de líderes desechables que surgen y se agotan casi tan rápido como irrumpieron en el escenario. En México están los ejemplos de políticos que llegaron a gobernadores de sus estados despertando la simpatía y la esperanza de gran parte del electorado. Recordemos los casos de Rafael Moreno Valle en Puebla, Aristóteles Sandoval en Jalisco, Rodrigo Medina o Jaime Rodríguez “El Bronco” en Nuevo León, por citar algunos que ganaron con una mayoría significativa y hoy son rechazados por sus gobernados. El caso del presidente Barack Obama que al final de su mandato fuera objeto de severas críticas y descalificaciones de un electorado que perdió la confianza en su proyecto y optó por el estilo brabucón de Trump.

El escenario político mexicano atraviesa por un momento de ausencia de alternativas. Un presidente popular y populista que ha perdido el respeto de una parte de la base electoral que lo llevó al triunfo. Un gobierno federal y una serie de gobiernos locales electos bajo las siglas de MORENA que tampoco han demostrado que son el cambio prometido. Un electorado que se niega a voltear al pasado y con ello traicionar las convicciones que lo llevaron a optar por un cambio. Y una tendencia mundial a desechar líderes políticos y a ensanchar los límites de tolerancia hacia nuevos estilos de hacer política.

Las estrategias electorales deberán considerar las nuevas condiciones del escenario. Imaginar que Morena ganará en el 2021 como lo hizo en el 2018 es una falacia, al igual que suponer que el PAN o el PRI van a recuperar los votos que pierda MORENA solo porque no les queda de otra a los electores. Estamos en un momento en el que los límites se ensanchan.

Si la situación de la autollamada cuarta transformación no mejora, surge la pregunta ¿Cuál será el estilo de político que habría de surgir para que la sociedad mexicana continúe creyendo en alternativas? Sin opciones, la reacción social puede ser radical y optar por figuras más autoritarias, más populistas, más violentas, más irracionales, más mesiánicas.

Solo para iniciados

Las citas son del libro de Zygmunt Bauman y Leónidas Donskis, “Maldad Líquida”, Ed. Paidós, México 2019.

El paro y la violencia

El paro del 9 de marzo no va a resolver el clima de violencia contra las mujeres, de ninguna manera. Imaginar que será así es una tontería. Tampoco será una manifestación que busque derrocar al régimen, sus efectos no son políticos sino sociales.

Entendamos que la violencia contra la mujer la provocan dos cosas: la cultura y un entorno de confrontación en el que se ha perdido el respeto a todo.

• La cultura machista que coloca en una posición de superioridad al varón y de sometimiento a la mujer.
• El entorno colectivo de confrontación con un estado de ánimo exacerbado que se torna violento a la menor provocación, en donde ya no hay respeto por nada, ni por la dignidad humana, ni por los más vulnerables (ancianos, infantes, mujeres), ni a la autoridad civil, ni a Dios y sus ministros, ni a la Ley, en una palabra, ya no se respeta ni la vida misma.

La única manera de comenzar a resolver el entorno social de violencia contra las mujeres es cambiando la cultura y bajando el estado de confrontación.

El paro servirá para poner en la agenda de toda la sociedad esta impronta: o hacemos algo o nos lleva el carajo. Luego vendrá el proceso de reflexión colectiva: ¿Qué debemos hacer? ¿Cómo podemos contribuir a cambiar la cultura? ¿Cuáles son los mensajes correctos hacia los hombres y hacia las mujeres para comenzar a hacer este cambio de cultura? ¿Cuál es el papel de los gobiernos ante esta situación? ¿Cuál es el papel de las iglesias, las escuelas, las empresas, las organizaciones sociales y civiles? ¿Qué medidas deben tomar las mujeres para proteger su integridad en tanto se contiene este episodio de violencia en contra de ellas? ¿Qué debemos hacer los hombres para reducir y combatir la violencia de otros hombres contra mujeres?

Esas y otras preguntas deben comenzar a responderse el próximo 9 de marzo en un proceso de reflexión colectiva, de lo contrario ni el paro, ni la bandita morada o blanca, ni las muertes emblemáticas de Abril, Ingrid y Fátima habrán servido de algo.

Ya es hora de que el presidente de México se baje de su pedestal y comience a gobernar para todos. Este es un momento decisivo en el que puede pasar a la historia como un verdadero Jefe de Estado, si decide conducir el cambio de cultura y ponerse a la cabeza de la solución. Eso requiere que deje de alimentar la confrontación y el linchamiento que solo contribuyen a incrementar el problema. La violencia contra las mujeres no es un asunto político y no debe de politizarse porque la política nos divide. Al señalar a “los conservadores” como los instigadores de la rebelión, el presidente convierte al paro del 9 de marzo en una causa política que debe de ser combatida por sus huestes. Grave error, así no avanzamos presidente.

Tienen razón los que afirman que la violencia contra las mujeres no es solo una conducta de hombres. La cultura machista también la reproducen mujeres, eso significa que cambiarla no se consigue mediante una batalla entre géneros.

Sí al paro del 9 de marzo. Sí a una reflexión colectiva que nos una y nos mueva a la acción. Sí a la participación de todos los partidos políticos, las iglesias, los maestros, profesionistas, empresarios, líderes sociales, periodistas, estudiantes, deportistas, artistas, obreros, burócratas. Solo unidos podemos cambiar el entorno de violencia que está matando a las mujeres y nos está matando el futuro a todos.

Un país de jodidos

Hace algunas semanas escribí un párrafo dedicado a los jodidos que apoyan a López Obrador. Se trató de un guiño provocador, un llamado a examen de conciencia, así lo hice a pesar de que el texto no requería de ese párrafo para comunicar su mensaje principal. Aquí el párrafo referido: “el avión presidencial es un vehículo que reafirma la superioridad moral de los jodidos. Y utilizo esa palabra “jodidos” para evitar menospreciar a los pobres, porque la pobreza es una dimensión humana que merece respeto y a todos nos compromete, pero la hipocresía no, y en mi concepto los jodidos son hipócritas, sátrapas y vulgares holgazanes. Si usted no es uno de esos no se dé por aludido o aludida.” En esta entrega haré una descripción un poco más detallada del perfil de esta gente y sus implicaciones en el contexto de la nueva cultura que la cuarta transformación pretende imponer.

Existe un grupo de mexicanos que apoya al presidente de la República seducidos por la idea de empobrecer a los ricos. Son felices imaginando un país de jodidos como ellos. Creen que los asiste el derecho por haber sido despojados históricamente. Justifican su condición social y económica actual en el mito de la inmoralidad de los “de arriba”. Son incapaces de reconocer sus carencias de carácter, detestan la libertad y la competencia porque les obligan a trabajar y a esforzarse. Saben que si se unen a López Obrador pueden compartir con él la victoria política a pesar de que su realidad no mejore.

El pago que este segmento recibe es moral. Su ego crece conforme el presidente subyuga a los empresarios y a los políticos del régimen anterior. Ese es el mensaje cifrado de la cena en la que López Obrador prácticamente obligó a los empresarios a comprar boletos de su rifa. Imagine usted, amable lector, la devoción que despertó en los jodidos que su presidente le sirviera tamales y atole a los “de arriba”, los obligara a ser cómplices del absurdo y les negara la exención de impuestos. Esa cena fue otro acto simbólico de sometimiento del poder económico al poder político. La 4t utiliza estos recursos para alimentar el delirio de superioridad moral de los jodidos.

El retroceso económico que registró el país durante 2019 no hace mella en el ánimo de los jodidos. Al contrario, se alegran de que sean los ricos los primeros afectados por el nulo crecimiento ya que, aseguran, ellos siempre han estado mal y su vida no cambia con una economía próspera o estancada.
Todo indica que los jodidos son un segmento con trabajos estables pero de bajos ingresos, quizá burócratas, obreros sindicalizados, jubilados o desempleados perenes. Gente cuya condición no se ve tan afectada con los ciclos económicos. Tampoco tienen conciencia de las implicaciones que una economía estancada o en retroceso ocasiona entre los segmentos sociales de menores ingresos y capacidades. Los jodidos tienen por norma reaccionar a impulsos emocionales, lo suyo no es la reflexión, impedidos de razonar por el desprecio que sienten ante el éxito y la prosperidad ajena.

El discurso oficial ha constituido una narrativa de jodidos. El presidente de México ha puesto de moda una corriente kitsch para los de abajo que exalta la fealdad y justifica la mediocridad. Las decisiones arrebatadas sostenidas con argumentos baladís, clasistas, revestidas con un lenguaje del populacho, reivindican el espíritu de los jodidos y lo convierte en una nueva categoría estética.

Siempre que me meto en estos embrollos recurro a los libros para aclarar las ideas. Dice Umberto Eco “¿Existen expresiones universales para lo bello? No, porque lo bello es distanciamiento, ausencia de pasión… A saber, un juicio estético implica un distanciamiento: yo juzgo bella una cosa aunque no la posea; dejo de lado mis pasiones. En cambio, parece que lo feo implica una pasión, precisamente el disgusto, la repulsión; ¿cómo puede haber un juicio estético de fealdad si no existe la posibilidad de distanciamiento?”. Al parecer, el acto deliberado de exaltar el espíritu de los jodidos es una provocación para justificar la ausencia de resultados. El gobierno de la 4t no puede ser juzgado con las mismas categorías que se juzga a los gobiernos neoliberales porque representa una estética que produce repulsión, disgusto y apego. Sin distanciamiento no es posible el juicio.

En la filosofía ya hay quien hubiese pensados estas cosas, al respecto continúo con Eco: “Sin embargo, en contra de Platón, que recomendaba evitar representar lo feo, a partir de Aristóteles se ha admitido en todas las épocas que también la fealdad de la vida puede ser representada de un modo bello o sostener una determinada tesis moral. Y, como decía Buenaventura… la imagen del diablo es bella si representa bien su fealdad”. Esto significa que ser jodido es una nueva aspiración social en los tiempos de la 4t, porque quien es, siente y reacciona como jodido, representa la nueva moral de la nación regenerada; es honesto. Por lo tanto, no hace falta la prosperidad material, ni la belleza del entorno, ni un gobierno que tome buenas decisiones, ni obras funcionales, ni un uso correcto del idioma, ni la seguridad en las calles, ni un sistema educativo pertinente, ni respeto a las mujeres, esas y otras carencias a cambio de la pretendida honestidad. Y si a caso alguna insuficiencia quedara en evidencia siempre se podrá culpar a otro, al neoliberalismo.

Quizá algunos de ustedes consideren una verdad de Perogrullo lo que acabo de escribir. A mí me parece que aclara la enorme contradicción intelectual a que nos somete el discurso del presidente López Obrador. La lógica es otra, muy distinta y alejada de aquello que nosotros -los que no pensamos como jodidos- consideramos objetivo y real.

Solo para iniciados

Definición de kitsch: “la esencia de lo kitsch consiste en el cambio de la categoría ética por la categoría estética. También puede ser aquello que finge la condición del arte sin llegar a conseguirla… es la obra que, para justificar su función estimuladora de efectos, se pavonea con los despojos de otras experiencias y se vende como arte… Si lo kitsch es tan ambiguo, resulta que lo que fue kitsch en el pasado puede convertirse en arte en el presente.”

Definición de Perogrullo: personaje ficticio a quien se atribuye presentar obviedades de manera sentenciosa.
Citas del libro “A hombros de Gigantes Conferencias en la Milanesina 2001 – 2015” de Umberto Eco, Ed. Lumen, 2018. Capítulo “La fealdad”, páginas 63 a 100.

Del mito a la superstición y el fanatismo

En el artículo de la semana pasada se quedaron algunos cabos sueltos. Decíamos que “la estrategia de comunicación obradorista es implacable porque manipula la naturaleza humana y hace presa fácil a los más débiles -no necesariamente a los más ignorantes- y los convierte a su nueva religión de Estado.” Muchos me han preguntado a quiénes me refiero cuando hablo de los más débiles.

La debilidad a la que hago referencia es la natural propensión humana a creer en mitos. Desde temprana edad nuestra conciencia fue imbuida con mitos de diversas clases. En internet encontré esta definición de mito: “Narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico. Historia ficticia o personaje literario o artístico que encarna algún aspecto universal de la condición humana. Persona o cosa rodeada de extraordinaria admiración y estima. Y persona o cosa a la que se atribuyen cualidades o excelencias que no tiene.” Se describen cinco clases:

• Mitos teogónicos: Relatan el origen y la existencia de los dioses
• Mitos cosmogónicos: Intentan explicar la creación del mundo
• Mitos etiológicos: Explican el origen de los seres y de las cosas
• Mitos escatológicos: Son los que intentan explicar el futuro, el fin del mundo
• Mitos morales: Son los que describen la lucha del bien y del mal, ángeles y demonio, etc. Aparecen en casi todas las sociedades.

En muchas personas sucede que del mito surgen la superstición y el fanatismo. Dice el Diccionario de la Lengua Española que superstición es una “Creencia que no tiene fundamento racional. Fe desmedida o valoración excesiva con respecto de algo”, y fanatismo lo define como “apasionamiento y tenacidad desmedida en la defensa de creencias u opiniones, especialmente religiosas o políticas.” Solo con las definiciones se puede concluir que los más débiles son los más propensos a la superstición y al fanatismo.

Valga decir entonces que quienes creen en López Obrador y lo idealizan como el sacerdote de la honestidad son por definición (de la RAE) personas supersticiosas y fanáticas. Aunque no lo he probado en forma científica, la intuición, la lógica y sobre todo la experiencia, me llevan a concluir que es así.

Existen en el internet muchos videos que dan cuenta de manifestaciones de fervor religioso cuando algunas personas están cerca de López Obrador. Le besan las manos, lo abrazan, hasta besan objetos que toca como las camionetas en las que se traslada. Lo tratan como si fuese una figura revestida de santidad, no como a un político.

Muchos de los simpatizantes del presidente que por accidente leen estos artículos (pues no son muy afectos a la lectura), me dedican sendos escritos plagados de insultos y frases que repiten una y otra vez como si fueran rezos o mantras: “prianista”, “lávate el hocico antes de hablar de AMLO”, “¿dónde estabas, por qué no criticabas a los de antes?”, “AMLO es el único que está luchando contra la corrupción”. Y los más recientes; “no hay crecimiento pero no hay deuda”, “la inseguridad venía desde antes, es culpa de Calderón”, “no se arregla en un año lo que destruyeron en 80, hay que darle tiempo”, entre muchas otras que son del dominio público.

Más allá de la broma o del insulto, subyace en esos mensajes -cuando son manifestaciones genuinas de mexicanos conversos en la nueva religión de Estado- un deseo de reivindicar la imagen de su líder quien les representa y encarna los anhelos que creían perdidos. Nadie debería de emitir un juicio sobre el corazón de esos mexicanos que creen ciegamente en López Obrador. Pero el juicio de la historia debe de ser implacable sobre aquellos que los manipulan para que actúen de esa manera.

La nota del fin de semana fue la frase “fuchi caca los corruptos”. Un presidente hablando a una comunidad indígena como un abuelito se dirige a una criatura de 3 años para mostrarle lo que no ha de meterse en la boca ¿Se da cuenta el caro lector de la manipulación y la falta de respeto del presidente hacia el pueblo? El ejemplo basta para exponer de cuerpo entero a un hombre que se asume como un mediador entre lo sagrado (la honestidad) y el común de los mortales. Esta es la forma grotesca en que elige exponer su homilía y difundir su evangelio a un pueblo que considera como menor de edad.

No es nueva la idea de que el estilo de AMLO es mesiánico. No pretendo descubrir el hilo negro, simplemente quiero profundizar en la idea y contribuir al debate político desde una perspectiva que ayude a abrirle los ojos a los menos débiles.

Concluyo. Hemos tenido presidentes con diferentes defectos y virtudes pero el actual es una pieza de artesanía. López Obrador tiene un pensamiento del pasado, en el presente utiliza las técnicas más modernas para manipular a las masas y compromete el futuro como ningún otro en la historia reciente. Así lo escribió un lector en Facebook, Michel Chaín: (AMLO es un) “líder premoderno en un país moderno, pero en un entorno posmoderno, arrasa políticamente usando medios posmodernos como las posverdades y las fakenews, y prometiendo asegurarse de que nos quedemos en la premodernidad”.

Entre la fantasía y la mentira

Conforme pasan los meses de este gobierno crece más mi fascinación por la capacidad de Andrés Manuel López Obrador de manipular a las masas. Es fácil argumentar que la ignorancia hace presa del pueblo. Otros dirán que es lógico después de tantos gobiernos corruptos que abusaron del poder. Los más inocentes dirán que el deseo de salir de la pobreza es la causa eficiente de la popularidad del presidente de México. La realidad es que ni la ignorancia, ni la corrupción, ni las malas condiciones de vida son el origen del poder de López Obrador. La explicación está en el diseño y ejecución de una estrategia de manipulación implacable pero sumamente perversa. Veamos de qué se trata.

Dice Yuval Noah Harari en su celebrado libro “De animales a dioses” que las sociedades humanas crecieron, fundaron ciudades y organizaciones gracias a los mitos colectivos. “Cualquier cooperación humana a gran escala (ya sea un Estado moderno, una iglesia medieval, una ciudad antigua o una tribu arcaica) está establecida sobre mitos comunes que solo existen en la imaginación colectiva de la gente.”

En el fondo lo que nos diferencia del resto de animales es nuestra capacidad de crear mitos, creer en ellos y cooperar gracias a ellos. Noa Harari lo pone así “La gente entiende fácilmente que los primitivos cimienten su orden social mediante creencias en fantasmas y espíritus… Lo que no conseguimos apreciar es que nuestras instituciones modernas funcionan exactamente sobre la misma base… Los hombres y las mujeres de negocios y los abogados modernos son en el fondo poderosos hechiceros. La principal diferencia entre ellos y los chamanes tribales es que los abogados cuentan relatos mucho más extraños.” Todo gira alrededor de contar historias y convencer a la gente de creer en ellas. “La dificultad no estriba en contar relatos sino en convencer a todos y cada uno para que se los crean… Piense el lector lo difícil que habría sido crear estados, o iglesias o sistemas legales si solo pudiéramos hablar de cosas que realmente existen como los ríos, árboles y leones”.

Mircea Eliade en su “Tratado de historia de las religiones” nos habla de las hierofanías como el fundamento de las religiones que se define como “algo que representa lo sagrado”. Según Umberto Eco “sobre lo absoluto se puede filosofar, respecto a lo sagrado la filosofía a lo sumo puede reconocer su existencia, o al menos su aparición como constante psicológica de la mente humana”. Lo que reconocen tanto Eco como Eliade es la necesidad humana de ver lo sagrado y de ahí nace la exigencia de una hierofanía, de una forma visible que adopta lo sagrado para ser comprensible. Los humanos hemos inventado diferentes hierofanías, las hay cósmicas (el cielo, las aguas, la tierra, las piedras); otras biológicas (el sol, los ritmos lunares, la vegetación y la agricultura, la sexualidad, etc.); las tópicas (lugares consagrados, templos, etc.), hasta las antropomórficas (con forma de hombres o mujeres). Alrededor de estas hierofanías se construyen mitos y ritos que requieren de quien los administre, entonces surge la figura de los hierofantes o los sacerdotes a quienes se les atribuye la capacidad de hacer “aparecer” lo sagrado.

Por generaciones milenarias hemos sido entrenados para admitir, primero, la existencia de “algo” sagrado que se manifiesta de diferentes maneras y segundo, que hay individuos revestidos de autoridad que actúan como mediadores entre lo sagrado y el común de los mortales. Lo sagrado para efectos prácticos es lo que se opone a lo profano, una dialéctica simple y eficaz.

Ahora solo hay que armar el rompecabezas en el contexto de una estrategia de propaganda política que utiliza y manipula los elementos culturales que hemos señalado. Recordemos que la dificultad no es contar el relato sino hacer que lo crean, de ahí el ingenio perverso de utilizar a las hierofanías como método político.

¿Qué es lo opuesto a lo sagrado en la retórica obradorista? La corrupción. Entonces ¿qué es lo sagrado? La honestidad. Como la honestidad no se puede ver se requiere de una hierofanía; “el hombre honesto” y un hierofante (el que hace aparecer la honestidad), ese es Andrés Manuel López Obrador. En consecuencia, quien está del lado de AMLO será honesto y el que está en su contra será corrupto. Una vez establecida la dialéctica se adaptó a la idiosincrasia de los mexicanos:

• MORENA: el movimiento político que apela a la virgen morena del Tepeyac
• Promesa: la regeneración nacional
• Mandamientos: “no robar, no mentir, no traicionar, al pueblo”
• Evangelio: la cuarta transformación
• Tributo social: estar del lado correcto de la historia para trasformar a México
• Liturgia: las mañaneras, las asambleas informativas, las consultas ciudadanas

Ahora ya tiene una explicación de por qué el propio presidente López Obrador comparó a su gobierno con el cristianismo y a sí mismo con Jesús, lo dijo el 26 de octubre del 2019 en Sonora.

La estrategia de comunicación obradorista es implacable porque manipula la naturaleza humana y hace presa fácil a los más débiles -no necesariamente a los más ignorantes- y los convierte a su nueva religión de Estado. Utilizó como vehículo para la implantación de su mensaje en la mente de millones de mexicanos, las tácticas del populismo establecidas por Ernesto Laclau y otros: presentar a un enemigo (el prian, la mafia del poder, la oligarquía rapaz); presentar un diagnóstico catastrófico de la realidad nacional y anunciar una crisis; utilizar significantes vacíos como símbolos que le ayudaran a consolidar una base popular (el avión “que no tiene ni Obama”, las pensiones de ex presidentes, la casa oficial de Los Pinos, entre otros); incorporar un lenguaje sencillo con frases del uso popular (me canso ganso, fifí, lo que diga mi dedito, entre muchas).

Regreso con Noah Harari: “los tipos de cosas que la gente crea a través de esta red de narraciones son conocidas en los círculos académicos como ficciones, constructos sociales o realidades imaginadas. Una realidad imaginada no es una mentira… A diferencia de la mentira, una realidad imaginada es algo en lo que todos creen y, mientras esta creencia comunal persista, la realidad imaginada ejerce una gran fuerza en el mundo.” La realidad de López Obrador solo la imagina el pueblo bueno que López Obrador creó en torno a sí mismo, al resto de los mexicanos nos parece una fantasía.

Solo para iniciados

Imprescindible el libro de Yuval Hoah Harari “De animales a dioses, breve historia de la humanidad”, Editorial Debate, México 2014. Para quienes tengan interés de conocer más sobre las religiones el libro de Mircea Eliade es como una biblia “Tratado de historia de las religiones”, Ediciones Era, México 2016.