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Azar no puede seguir siendo el fundamento de la Protección Ejecutiva

La Protección Ejecutiva es una profesión que ha estado llevando un desarrollo poco racional, apunta Ivan Ivanovich, CEO de AGS Group, y autor del libro Protección Ejecutiva en el siglo XXI: La nueva doctrina.

A lo largo de las décadas, esta actividad se ha enfocado en elevar su capacidad de respuesta ante un ataque, lo que, de acuerdo con los hechos, resulta totalmente ilógico. Al analizar los magnicidios, atentados y secuestros, cometidos en el siglo XX y lo que va del XXI, por ejemplo, los atacantes tuvieron éxito en casi todos los casos. Como consecuencia, los protegidos resultaron muertos, heridos o privados de su libertad. Tenemos inclusive algunos ejemplos donde una sola persona con solamente un arma logró derrotar a los servicios de seguridad más afamados del mundo: el Servicio Secreto de Estados Unidos y la seguridad israelí, en los atentados contra Ronald Reagan y Yitzhak Rabin, respectivamente. Sobra mencionar los atentados y secuestros que ocurren en América Latina con nutridos comandos de sicarios y armas de alto poder.

Ante tal fenómeno, cabe preguntarse el porqué de su existencia. A parte del factor sorpresa con que cuentan los criminales, así como la ventaja numérica y estratégica que buscan, los protectores, debido al impacto psicológico y fisiológico que sufren en esos momentos, difícilmente pueden concretar un pensamiento organizado y contundente que derive en acciones certeras, independientemente de lo entrenados que estén. Si bien no es imposible que el desempeño del cuerpo de seguridad sea el adecuado bajo situaciones de alto impacto, no se puede dejar a la probabilidad su actuación. Por tanto, el azar no puede ser el fundamento de una profesión tan importante como la Protección Ejecutiva.

Para alguien sorprendido bajo fuego, las posibilidades de sobrevivir oscilan entre mínimas y nulas. Entonces, ¿por qué seguir invirtiendo tiempo y dinero en sostener un modelo de trabajo peligroso, que históricamente no ha dado un buen resultado? Al estudiar los ataques, siempre se reconocen, por lo menos, tres fases de operación ejecutadas por los criminales:
• Recolección de información sobre la víctima.
• Vigilancia y seguimiento de la misma (puede durar varios meses).
• Instalación de los agresores en el punto de espera antes de ataque (como vimos en el caso del atentado contra Omar García, puede ser con varias horas de anticipación).

Frente a este tipo de eventualidades, anticiparse será siempre la mejor estrategia, en lugar de esperar las agresiones, estadio pasivo donde nuestras oportunidades son mínimas, es mucho más fácil y seguro interceptar el ataque en su fase de preparación. Es relativamente “simple” detectar la vigilancia hostil que dura varios meses, y, así, desarticular el ataque antes de que suceda. De no tener éxito en esta fase los agresores todavía pueden ser fácilmente sorprendidos en el lugar donde esperan antes del ataque, anulando, de esta manera, sus acciones con anticipación. Es importante señalar que para esto se necesitan cambios de estrategia y grupos especializados en contravigilancia y alerta temprana. Todo esto se explica y se detalla con amplitud en mi libro Protección Ejecutiva en el siglo XXI: La Nueva Doctrina.

Los criminales actúan con astucia e inteligencia: tratan de atacarnos donde estamos más vulnerables y cuando más lo estamos. Entonces, ¿por qué seguir su juego apostando por la reacción, cuando podemos sorprenderlos mucho antes, en el momento en que ellos están desprotegidos?

Un cambio radical en la manera de operar es necesario para que, con medidas simples, eficaces y discretas, protejamos las vidas de los ejecutivos, escoltas y ciudadanos. Ante las amenazas actuales, no necesitamos un operativo más fuerte sino uno más inteligente.

*Ivan Ivanovich,
CEO de AGS Group, autor del libro
Protección Ejecutiva en el siglo XXI: La nueva doctrina.
Representante IBSSA en México (Internacional Bodyguard and Security Services Association).

REDACCIÓN

noviembre 21, 2020 - 12:40 pm

Por: Staff

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