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Apoya Secretaría de Cultura presentación del libro «El Arte del Antiguo Egipto y el Arte Mesoamericano»

Con el apoyo de las secretarías de Cultura e Infraestructura, Margarita Martínez del Sobral, presentará su libro “El Arte del Antiguo Egipto y el Arte Mesoamericano”, el próximo jueves 23 de enero, a las 17:00 horas, en el auditorio del Museo Internacional del Barroco.

La obra integra una hipótesis -resultado del análisis y rigor pertinente tras años de investigación- que en Egipto y en Mesoamérica existió un idéntico sistema de diseño basado en la numerología astronómica, que permitió el dimensionamiento de la arquitectura y el arte.

En “El Arte del Antiguo Egipto y el Arte Mesoamericano”, se encuentran cánones astronómicos y matemáticos utilizados por ambos pueblos, que demuestran que tanto la arquitectura como las obras de arte de ambas ciudades no fueron producto de coincidencias o improvisaciones.

Bajo la dirección de Martínez del Sobral, quien es doctora en arquitectura, fueron restaurados algunos sitios como la Santa Iglesia Catedral y el Convento del Carmen (siglo XVIII), el convento franciscano de la Concepción de la Inmaculada (siglo XVI), y diversas iglesias de la diócesis del municipio de Tehuacán.

Tras la publicación en 2012 de su obra “Numerología astronómica mesoamericana en la arquitectura y el arte”, a cargo de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), ganó los siguientes reconocimientos: Premio de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem), la XVII Bienal Panamericana de Arquitectura de Quito, y el Premio “John Ruskin”.

Antonio Rincón, egresado UDLAP ganador del XII Premio Nacional de Literatura para Jóvenes Fenal-Norma 2020

Luis Antonio Rincón García, egresado de la Licenciatura en Comunicación de la Universidad de las Américas Puebla, generación 1997, continúa cosechando éxitos con su trabajo literario, esta vez siendo seleccionado como el XII Premio Nacional de Literatura para Jóvenes Fenal-Norma 2020.

Este reconocimiento, el cual será entregado en la Feria Nacional del Libro de León edición 2020, dará pie a que El sueño del cóndor, la obra con la que resultó ganador, sea publicado por la Editorial Norma. Luis Antonio comentó en entrevista que este es uno de los premios más importantes de novela juvenil que hay en México, por lo que, para él “significa un honor, mucha emoción y también una especie de luz en el camino: te da la certeza de que no vas tan errado, de que algo estás haciendo bien. Claro, también es el resultado de mucho trabajo, de un ejercicio de revisión constante, de la suma de historias que no llegaron a buen fin, pero que te dieron “músculo narrativo”, y, ya cuando esté el libro, te abre la posibilidad de que seas leído, pues más allá de que irá antecedido por el prestigio del premio, gracias a la Editorial Norma, al Instituto Cultural León y a la Feria Nacional del Libro de León, seguramente llegará a muchas manos”.

El sueño del cóndor narra la historia de Ayún, un joven que vive en Almazor, un pueblo ficticio ubicado en la cordillera de los Andes. Él, como la mayoría de los jóvenes de su comunidad sueña con bajar a la ciudad para seguir estudiando. Nada más que el camino de descenso está lleno de pruebas físicas que requieren de fuerza, concentración y equilibrio y Ayún tiene paralizada las piernas por un accidente que tuvo de pequeño. Para lograr la hazaña cuenta con el apoyo de su abuelo —que entretiene a los almazorinos con unas historias extraordinarias—, de Aruma —un amor de toda la vida— y de varios amigos. Pero en contra tiene los prejuicios de los demás y algunas limitaciones autoimpuestas.

Por otro lado, es importante recordar que en 2019 Luis Antonio Rincón García fue reconocido con el Premio Bellas Artes de Obra de teatro para niñas, niños y jóvenes Perla Szuchmacher 2019 por su obra Tras la pista de Azul y ha publicado otras obras como El salto de los duendes, La tragedia de Jason, Las raíces de la ceiba, La magia de Sawa Oko, Kayum Mapache” El hechizo más poderoso y Perseo TS, siendo guiado así, a través de la narrativa que entretiene a los más pequeños de la familia.

Reflexionando sobre su proceso de escritura y sobre su vínculo con la narrativa infantil, Luis Antonio Rincón mencionó que, su interés se centra en armar buenas historias que sean entrañables, que atrapen a los lectores o espectadores, y, de ser posible, se queden a vivir en sus corazones. En este mismo sentido, Luis Antonio comentó que por cuestiones de azar se vinculó con este público, al trabajar escribiendo obras de teatro guiñol para el proyecto Teatro Petul, en el que trabajaron personalidades como Marco Antonio Montero y Rosario Castellanos y que abordaban problemáticas sociales de las zonas indígenas de Chiapas, éstas llegaron a tener mucha influencia sobre su trabajo.

“A lo largo del tiempo se ha retomado ese proyecto para abordar temas como la muerte materna e infantil, el alcoholismo y la violencia intrafamiliar. Quizá es por el trabajo que realicé con Petul (una marioneta) que me quedó una especie de impronta, la cual me invita o exige abordar temáticas sociales complejas a través del teatro, por ejemplo, Tras la pista de Azul es una obra que habla sobre el secuestro de niños, así que quizá, lo más lógico y cómodo para mi subconsciente, fue entrarle al tema a través de una obra de teatro” complementó.

El egresado UDLAP ha sido acreedor de diversos premios y reconocimientos, entre ellos resaltan, el 1er. lugar en el Concurso Internacional de Cuento Corto Infantil AMEI en el 2006, en el 2009 ganó el Premio Nacional de Novela Ignacio Manuel Altamirano, en el 2014 ganó el Premio Porrúa de Cuento Rincones Mágicos de México, en el 2015 ganó el 6º Concurso Internacional Invenciones y en el 2016 ganó el XIII Concurso Valladolid a las letras en Cuento Infantil, a los cuales se une el XII Premio Nacional de Literatura para Jóvenes Fenal-Norma 2020.

Invita la Secretaría de Cultura al recorrido guiado por la exposición “De lo sublime a lo surreal”

Para brindar un recorrido guiado por la exposición “De lo sublime a lo surreal”, la artista Rocío Borobia visitará este viernes 17 la Casa de la Cultura “Profesor Pedro Ángel Palou”.

El encuentro, a desarrollarse en la sala Sergio Pitol, estará abierto al público en general a partir de las 17 horas y permitirá a los asistentes tener un panorama más amplio de la colección, integrada por 23 piezas que evocan un viaje al interior del espíritu humano, a través del imaginario filosófico de luz y sombra que moldea en cada obra.

La exposición, que permanecerá hasta el 30 de enero, muestra la evolución y conocimiento adquirido por más de 40 años. La complejidad en su técnica se apropia de elementos oníricos y fantásticos que desplazan los sentidos fuera de la conciencia, rebasando la lógica de lo real.

Rocío Borobia participó en congresos, exposiciones y talleres en Egipto, Portugal, Japón, Australia, Tailandia, Francia y Alemania; y con muestras individuales en el Centro Cultural México-Israel; Museo Regional de Nuevo León; Museo Regional de Antropología Carlos Pellicer, en Villahermosa, y en el Museo Palacio de los Poderes, de Guanajuato.

El acceso al recorrido con la también autora de los libros “Un arte sin límites” y “The Alchemy Corner”, es libre, en la sede de la Casa de la Cultura “Profesor Pedro Ángel Palou”, ubicada en 5 Oriente 5, Centro Histórico.

México recupera tres piezas arqueológicas

México logró la recuperación y repatriación de tres piezas arqueológicas —fabricadas en distintos momentos y por distintas culturas mesoamericanas— que se encontraban en Alemania.

De acuerdo con un análisis del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), se trata de un fragmento antropomorfo de barro, de 33 centímetros de altura, elaborado en la Costa del Golfo de México en su región denominada como Mixtequilla, actual estado de Veracruz, fabricado durante el periodo conocido como clásico tardío (500-900 d.C.).

Una urna de barro —de 20 centímetros de altura— con un rostro antropomorfo de origen zapoteco en buen estado de conservación, que fue fabricado en Oaxaca durante el periodo conocido como clásico temprano (200-500 d.C.).

Así como una figura antropomorfa de barro que, se presume, pertenece a la región de Campeche. Su origen y autenticidad están por confirmarse.

Las piezas fueron entregadas voluntariamente sin necesidad de entablar acción judicial, gracias a las gestiones de la Embajada de México en el país europeo, informó la Secretaría de Cultura en un comunicado conjunto con Relaciones Exteriores y el Gobierno de México.

Llega a Puebla muestra del festival “Cinema Planeta”

Del 15 al 26 de enero, la Cinemateca Luis Buñuel de la Casa de la Cultura “Profesor Pedro Ángel Palou Pérez”, proyectará la muestra del Festival “Cinema Planeta”, compuesta por 13 largometrajes y tres cortometrajes.

En alianza con la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), la asociación civil “Cinema Planeta” promueve la protección al medio ambiente con la organización de cine clubes, conferencias, muestras de cine, funciones al aire libre, talleres, conciertos y rodadas ciclistas.

Con una programación de 17:00 y 19:00 horas, las cintas provenientes de México, Estados Unidos y Canadá abordan temáticas como la biodiversidad a nivel mundial, la producción del maíz, el desequilibrio ecológico, la deforestación y la contaminación, la destrucción del planeta a manos de los humanos, entre otras.

Entre los documentales a exhibirse en la 5 Oriente 5, del Centro Histórico, están: Nahui Ollin, Sol de Movimiento (2017), El maíz en tiempos de guerra (2018), La era de las consecuencias (2016), Júba Wajiín. Resistencia en la montaña de Guerrero (2018) y Hasta que nos dure la memoria (2018). La entrada a las proyecciones es gratuita.

Comienza Cinefilia 2020

Con cuatro proyecciones, una función especial y el taller Análisis y construcción del personaje dentro de la ficción, reanuda actividades el Programa Cinefilia del Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla (IMACP), encabezado por Miguel Ángel Andrade Torres.

El miércoles 15 de enero se compartirá Varda por Agnés, documental de la directora francesa Agnés Varda, pionera del cine feminista. Asimismo, el miércoles 22 de enero se proyectará Niebla de culpa, del director Francisco Laresgoiti, película mexicana que tuvo su estreno en salas comerciales el pasado 30 de noviembre y aborda el problema del analfabetismo, contando con las actuaciones de Alma Moreno, Marina de Tavira, Marco Treviño y Rafael Sánchez Navarro.

Ambas proyecciones se llevarán a cabo en la Sala de Cine del IMACP, Reforma 1519, Barrio de San Sebastián, a las 16 horas. Además, estos mismos materiales se reproducirán en el Centro Cultural Nopalli (4 Oriente, 210 Centro), los jueves 16 y 23 de enero, a las 19:30 horas, respectivamente.

Por otra parte, en el recinto Musa Cultura Visual en la 2 Oriente 809, Centro, el viernes 17 de enero a las 19 horas se llevará a cabo una función especial para proyectar 12 cortometrajes universitarios con el objetivo de visibilizar las obras realizadas por estudiantes de cine del Municipio de Puebla y para impulsar el contacto directo con el público poblano, coadyuvando con su formación como cineastas.

También, durante el mes de enero se compartirá el taller Análisis y construcción del personaje dentro de la ficción, con el objetivo de que los participantes conozcan y comprendan las herramientas y procesos para la construcción de un personaje verosímil y congruente desde la ficción, dentro de la narrativa del cine.

Con estas acciones, el IMACP refrenda su compromiso para la difusión de la cinematografía y para la profesionalización de los interesados en la producción de este arte.

Para consultar los detalles de la programación visitar las redes sociales del IMACP, disponibles en @IMACP para Facebook y Twitter.

Muere el cineasta Jaime Humberto Hermosillo

El cineasta Jaime Humberto Hermosillo, director de filmes como La pasión según Berenice, La verdadera vocación de Magdalena y De noche vienes, Esmeralda, falleció este lunes a los 77 años, lo confirmó Alejandra Frausto a través de su cuenta de Twitter.

“Murió Jaime Humberto Hermosillo, uno de nuestros grandes cineastas. Películas como La tarea, Naufragio o María de corazón, son parte esencial de la filmografía nacional. Descanse en paz.”

La Secretaria indicó que ya instruye al Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine), para que prepare un homenaje al cineasta.

Nació el 22 de enero de 1942 en Aguascalientes. Se distinguió como uno de los directores más audaces y arriesgados de la cinematografía nacional. Estudió en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC), donde desarrolló sus primeros cortometrajes, mostrando sus obsesiones sobre la familia, los prejuicios y la ruptura de la moralidad.

Debutó en cine con La verdadera vocación de Magdalena (1972), para luego realizar El señor de Osanto (1974), El cumpleaños del perro (1975), La pasión según Berenice (1976), Naufragio (1978) y Amor libre (1979).

Algunas de sus cintas más representativas son: Doña Herlinda y su hijo (1985), Intimidades de un cuarto de baño (1991), La tarea prohibida (1992), De noche vienes, Esmeralda (1997), Ausencia (2003), Dos auroras (2005), Rencor (2006), Juventud (2010) y Un buen sabor de boca (2017).

«Familia de medianoche», documental mexicano cercano a los Óscar

Familia de medianoche es un documental de 2018 que empezó a tener su corrida en 2019, el cual narra la historia de los Ochoa: una familia que maneja una ambulancia clandestina en las noches, aprovechando el enorme vacío que existe no sólo en cuanto a unidades disponibles en Ciudad de México sino también en el marco legal —donde las ambulancias compiten por llegar primero a los accidentes—.

Este trabajo marca el debut formal de Elena Fortes como productora, después de 11 años de estar al frente de la Gira de Documentales Ambulante, siendo un debut con gratas noticias: en diciembre de 2019 el largometraje entró a la terna de preseleccionados a mejor documental por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos.

El documental, dirigido por Luke Lorentzen —quien al mirar a una familia jugando en la calle decidió entablar una conversación, sin sospechar que sería el inicio de un acompañamiento cercano cada noche, durante varios meses, para conocer los entresijos de una ambulancia particular—, fue uno de los documentales con mejor promedio de asistencia en la pasada edición de la gira.

Lorentzen acude de forma observacional, entregando tomas interesantes. Se vuelve un miembro más de la tripulación, consiguiendo captar casos y escenas impactantes que ocurren a diario en la Ciudad de México.

Familia de media noche no sólo retrata de forma contundente la vida nocturna de una ambulancia, también muestra los matices y ritmo de un sistema de salud público.

Por su parte, la familia Ochoa abrió las puertas de su ambulancia para que la cámara —y los espectadores— fueran testigos de las dificultades, satisfacciones y complejidades que se gestan en el interior del sistema de salud en la Ciudad de México, buscando crear conciencia de la urgencia de atención y cambios en este sector.

Como visionario y trascendente, recuerdan a Pedro Ángel Palou Pérez a dos años de su muerte

A dos años de la muerte del profesor Pedro Ángel Palou Pérez, la directora de la Casa de la Cultura, Margarita López Melo, lo recordó como un “visionario y trascendente hombre de la cultura”.

Incansable promotor de la creación de las Casas de Cultura en el estado y de las bibliotecas públicas; escritor, investigador y autor de numerosos títulos que forman parte del patrimonio cultural de la entidad, su libro más importante es del «5 de Mayo de 1862», con el que logró sensibilizar a los gobernadores, por lo que se hizo una edición trilingüe”, expuso López Melo.

Para honrar su memoria y como un homenaje a su labor a favor del arte y la cultura para las y los poblanos, la Casa de la Cultura -recinto que fundó en 1974-, ubicado en la 5 Oriente 5, del Centro Histórico, lleva su nombre.

“Seguimos vigentes en este legado importante que el profesor Palou nos dio. La Casa de la Cultura sigue viva, está vigente; no deja de haber actividades culturales todos los días, muestras artísticas, conciertos, musicales, danzas y una gran variedad de manifestaciones”, precisó López Melo.

Destacó que al cierre de 2019 se contabilizaron más de 283 mil visitantes en las más de 360 actividades distribuidas en las diferentes salas para exposiciones, la Cinemateca Luis Buñuel, el patio y pasillos del espacio que en el que también se celebraron festivales, ceremonias, exposiciones, ferias artesanales.

“Los proyectos de Casa de la Cultura no son de un día para otro, la idea por lo que se creó este recinto es que perviva para siempre; 45 años de trabajo continuo dice mucho para la labor que hizo este personaje tan importante para todos los poblanos y mexicanos, que a dos años de su muerte lo seguimos extrañando y nos sigue haciendo falta”, expresó.

Para honrar la memoria del profesor Pedro Ángel Palou Pérez, en el marco del segundo aniversario luctuoso, este sábado 11 de enero en la Casa de la Cultura se instalará una ofrenda floral a las 9:00 horas.

Posteriormente, el dueto Piel Canela y el cuarteto de guitarras Much´meyal, a las 11:00 y 12:00 horas, respectivamente, compartirán sus cantos y melodías para recordar al escritor, investigador y autor de numerosos libros.

Albergará Casa de la Cultura la exposición «Oaxaca, una mirada entrañable»

Del 10 al 31 de enero, la Casa de la Cultura “Profesor Pedro Ángel Palou Pérez”, en su sala Héctor Azar, albergará la muestra “Oaxaca, una mirada entrañable” de la artista Claudia Saphiro.

Las 16 fotografías de la artista originaria de la Ciudad de México, aluden a la magnificencia de la naturaleza y la del hombre, en donde la vida y la muerte se tocan y son el contraste último y primigenio de la vida mazateca.

Las obras de Claudia Saphiro, que han participado en 25 exposiciones individuales y más de 80 colectivas, crean un lenguaje poético visual basado en el cuerpo humano, donde adquieren cualidades escultóricas y pictóricas, para permanecer en el tiempo.

«Oaxaca, una mirada entrañable” puede visitarse de 9:00 a 18:00 horas, con entrada libre. Para más información visitar las redes oficiales de la Secretaría de Cultura Puebla y Casa de la Cultura de Puebla, en Twitter y Facebook.

Convoca Secretaría de Cultura al seminario «La república de las letras en la Puebla virreinal”

Con la impartición de 15 conferencias con entrada libre, la Secretaría de Cultura y el organismo Museos Puebla desarrollarán el seminario “La república de las letras en la Puebla Virreinal. Libros, letrados, lectores, bibliotecas e impresores (siglos XVI-XIX)”, a partir del 10 de enero y hasta el 24 de abril.

La Biblioteca Palafoxiana albergará este primer ciclo de conferencias que busca privilegiar y difundir el análisis interdisciplinario de manifestaciones de la cultura letrada novohispana, rescatando aspectos históricos, artísticos, literarios, clásicos y bibliotecológicos, principalmente en la Puebla de los siglos XVI-XIX.

Las conferencias que se ofrecerán los viernes de 16:00 a 18:00 horas -en 5 Oriente 5, Centro Histórico-, estarán a cargo de 15 distinguidos especialistas quienes abordarán desde el Humanismo del siglo XVI, hasta la construcción nacional de las primeras décadas del siglo XIX.

Los módulos en los que se dividirá el seminario son: El Humanismo y el Renacimiento en Puebla, 1550-1650; El barroco y la era dorada de las letras en Puebla, 1650-1750; La Ilustración Católica en la ciudad de los Ángeles, 1750-1810, y Aires de cambio, hacia una nación soberana e independiente, 1810-1850.

Es importante mencionar que los interesados que cuenten con el 80 por ciento de asistencia durante los tres meses que durará el seminario, obtendrán una constancia que acreditará su participación. Solo deben cumplir con un sencillo registro con el personal de la Biblioteca Palafoxiana a su ingreso.

El seminario que es abierto al público en general, pretende crear un espacio de convivencia, reflexión y comunicación entre la comunidad estudiantil, académica, estudiosos y especialistas en la materia.

En la organización del seminario también participan el Centro de Estudios de la Cultura “Profesor Otilio Montaño Sánchez”, El Colegio de Morelos; Decanato de Artes y Humanidades, Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP); Facultad de Filosofía y Letras de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), y la Biblioteca Franciscana y Archivo Histórico de la Provincia del Santo Evangelio de México, de la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP).

Más de 22 mil personas visitaron la exposición World Press Photo

Durante cuatro semanas, y por primera vez con entrada gratuita, el Gobierno de la Ciudad, a través del Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla (IMACP), encabezado por Miguel Ángel Andrade Torres, compartió con 22 mil 119 visitantes la 62 edición de la exposición World Press Photo.
 
La muestra estuvo integrada por 140 imágenes de 43 fotógrafos y fotógrafas provenientes de 25 países y estuvo dividida en ocho categorías, Temas contemporáneos, Noticias generales, Proyectos a largo plazo, Deportes, Naturaleza, Retratos, Noticias del momento y Medio ambiente.
 
En esta edición resaltó la participación de los fotoperiodistas mexicanos Yael Martínez, ganador del segundo lugar en la categoría de Proyectos a largo plazo, y Pedro Pardo, premiado con el tercer lugar en la categoría Noticias del momento.
 
Asimismo, en el marco de World Press Photo 2019, albergada en la Galería de Arte del Palacio Municipal, el Departamento de Exposiciones organizó cuatro actividades gratuitas con el objetivo de fortalecer el acercamiento de la ciudadanía con la muestra fotográfica; el Concierto del Ensamble Arius, el Taller fotografía urbana: retrato callejero, el Taller Foto, papel y tijera, así como una charla con el fotógrafo Pedro Pardo.


 
Del mismo modo, la exposición participó en la quinceava edición del Programa Noche de Museos Puebla.

En enero, 15 museos del estado tendrán entrada libre para poblanos

Con el fin de acercar la cultura y apoyar la economía familiar, un total de 15 museos del estado tendrán entrada libre para las y los poblanos durante enero.

Para hacer efectivo este beneficio que promueve la Secretaría de Cultura, a través del organismo Museos Puebla, los visitantes deberán comprobar su residencia en el estado con una identificación oficial (INE). En el caso de los menores de edad y estudiantes, es admisible la credencial de sus centros educativos.

Los museos de Puebla capital, San Andrés Cholula y Tehuacán que participan en esta iniciativa son los siguientes:

• San Pedro Museo de Arte

• Museo Regional Casa del Alfeñique

• Museo José Luis Bello y González

• Museo Taller Erasto Cortés

• Biblioteca Palafoxiana

• Museo de Arte Ex convento de Santa Rosa

• Museo de la Evolución Puebla

• Museo de la Evolución Tehuacán

• Museo Regional de Cholula

• Museo Internacional del Barroco

• Museo Infantil

• Museo de la Música de Viena

• Museo de la Música Mexicana Rafael Tovar y de Teresa

• Marionetas Mexicanas Casa del títere

• Museo del Automóvil

El detalle de horarios y direcciones de los recintos participantes, puede consultarse en la página en Facebook de la dependencia: Secretaría de Cultura Puebla.

Reto Lector 2020 fomentará amor por los libros

A fin de fomentar la lectura a nivel nacional y promover redes de lectores que impulsen el amor por los libros en la sociedad, a través del diálogo, la convivencia y el pensamiento crítico, se lanzó el Reto Lector 2020. Latitudes sin fronteras.

El objetivo es revertir las estadísticas del Módulo sobre Lectura (Molec) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) que indican que en nuestro país ha disminuido la lectura en un 84.2 por ciento. Para lograrlo, se realizará un recorrido por las culturas del mundo y se programarán círculos de lectura mensuales.

Para participar, será necesario comprar uno de los libros sugeridos mes con mes en la mesa del Reto Lector de cualquiera de las sucursales participantes del grupo editorial organizador: “Será un viaje en libro a través del tiempo y el espacio, que permitirá conocer las diferencias y los puntos de encuentro entre las distintas civilizaciones de la humanidad».

En enero, el tema será América Latina; en febrero, España y Portugal; en marzo, Japón, China y Corea; abril, África e India; mayo, Rusia y Cuba; junio, Inglaterra y Australia; julio, Estados Unidos y Canadá; agosto, Italia y Francia; septiembre, México; octubre, Israel y Medio Oriente; noviembre, Alemania; y diciembre, países nórdicos.

El segundo requisito es acudir durante los 12 meses a los círculos de lectura que se llevarán a cabo el último sábado de cada mes en las sucursales Bosque de Chapultepec, en la Ciudad de México; Prisciliano Sánchez en Jalisco; Plaza Cumbres en Nuevo León; El cantador en Guanajuato; San Luis Potosí y Querétaro.

En el primer Círculo de Lectura se entregará un Pasaporte de Registro, que el coordinador del Reto Lector deberá sellar en cada una de las visitas. Al final del año, el que acumule más participaciones —ocho Círculos de Lectura será la asistencia mínima— podrá ganar un paquete de libros y otros accesorios con valor de hasta tres mil pesos. El año pasado hubo 29 ganadores en las 13 librerías participantes.

La lectura como placer, por José Emilio Pacheco

[Ha llegado un nuevo año y con él se cierra una década en la historia de la humanidad. No cesa el avance de las nuevas tecnologías, el desarrollo de la comunicación a través de las redes sociales, ni tampoco los distintos forcejeos políticos que azotan al mundo. Pero la voracidad del llamado progreso no ha podido darle fin a uno de los pilares fundamentales de la sensibilidad humana: los libros. En el año 1995 la maestra Carmen Arriaga Soto, fundadora de la Escuela Alexander Bain (hoy extinta), le pidió a José Emilio Pacheco (Ciudad de México, 1939-2014) la autorización para publicar el texto La lectura como placer, en el cual reflexiona lo que para él ha significado y significa el acto de leer. Gracias a la generosidad del poeta, éste fue publicado en forma de plaquette para conmemorar el 40 aniversario de la escuela de Arriaga Soto y constó de un pequeño tiraje de 2,500 ejemplares. Para que este raro pero fantástico texto de Pacheco no quede sepultado en el olvido, a continuación lo reproducimos en su totalidad.]

La lectura como placer

José Emilio Pacheco

I

“La literatura”, dice Katherine Anne Porter, “es una de las pocas felicidades del mundo”. Reivindicaba así el derecho de leer como un espacio de goce que debe estar al alcance de todo ser humano por voluntad propia, en modo alguno como algo impuesto u obligatorio. Leer con la naturalidad con que respiramos y hablamos. Leer como una parte indispensable de la vida, como un medio para vivirla de la mejor manera posible.

Unos cuantos años han transcurrido entre el derrumbe del muro de Berlín y las inexpresables tragedias de Bosnia y Ruanda. Ya este breve periodo también puede caber entre un título de Dickens y otro de Balzac: Grandes esperanzas y Las ilusiones perdidas. Por vez primera desde que se inventó la idea del progreso y la edad de oro se situó ya en un pasado inmemorable sino en un porvenir al alcance de la razón y el esfuerzo humano, sentimos que nos estamos quedando sin futuro: el mañana, tememos, será necesariamente peor que este presente asediado por nuestras lamentaciones.

Abrir el periódico, encender el televisor, escuchar la radio producen cada día la sensación de que en todas partes se ha roto el pacto social, volvemos al estado de naturaleza, recaemos en la barbarie. Algunos, como Leonardo Sciascia, atribuyen todo esto a la erosión de la palabra escrita.

II

Un mundo sin lectura es un orbe en que el otro sólo puede aparecer como el enemigo. No sé quién es, qué piensa, cuáles son sus razones. Sobre todo, no tengo palabras para dialogar con él. Por lo tanto sólo puedo percibirlo como amenaza.

El futuro dejaría de serlo si pudiéramos predecirlo. La historia reciente ha desmentido a todos los profetas, lo mismo a quienes aseguraron el apocalipsis que a los que vaticinaron un porvenir de fraternidad, libertad y prosperidad para el planeta entero. Aprendamos la lección de la arrogancia vencida y seamos humildes. No puedo hablar de lo que vendrá y lo ignoro, sólo me es posible referirme a este presente que se me escapa y mientras me ocupo de él se vuelve parte del insaciable pasado.

III

Al tratar el tema es imposible rehuir el verse en el papel de alguien que hace un siglo, en noviembre de 1894, se hubiera presentado en público a intentar la defensa de la diligencia y el barco de vela frente a sus aniquiladores: el ferrocarril y el trasatlántico. Y sin embargo está en la naturaleza del progreso el devorar a sus propios hijos. Hoy nadie que pueda pagarse el avión se sube a un tren, los trasatlánticos fueron desplazados por el jet y sólo se emplean para cruceros. De cualquier modo nada se pierde y todo se transforma. Lo que desaparece de la vida cotidiana —tranvías, fuentes de sodas con mostradores de mármol, la mainstreet tradicional, la granja no tecnologizada— reaparece como Disneylandia, como la nostalgia de lo que no vivimos y nunca fue nuestro. La idealización del pasado ocupa el lugar de la memoria. Esperemos que dentro de veinte años no haya un parque temático dedicado a los libros.

IV

No es posible hablar de estos temas sin plantearse la siniestra duda: defender hoy el libro y la lectura, ¿no equivale a negar la realidad abrumadora y hacer el elogio de la diligencia y el barco de vela? ¿No significa ponerse con los brazos abiertos en medio de las vías sólo para ser arrasado por la locomotora del progreso?

La mínima honradez exige poner las cartas sobre la mesa y presentar mis credenciales. Soy un producto de la imprenta y un adicto a la letra. No pretendo hablar a nombre de nadie sino de mí mismo. Cuando empecé a escribir me enseñaron que el yo era odioso; lo elegante y lo educador resultaba emplear siempre el nosotros. En el fondo de esta regla de buena conducta literaria estaba la ilusión de que existía una comunidad de personas ilustradas o que aspiraban a serlo. Compartían un vocabulario y un código y unas cuantas ideas generales en torno a lo que en este terreno era el bien común.

Ahora lo arrogante y muchas veces intolerable es hablar en primera persona del plural. Antes de decir nosotros, me objetarán con qué derecho me concedo la pretensión de opinar a nombre de quienes no son yo. Es decir, el resto de la humanidad que incluye entre muchos otros millones a los angloamericanos, las mujeres, los jóvenes, las multitudes de todas partes que no han tenido acceso a los libros.

V

Así pues, no miento cuando digo que deseo para todos los habitantes de este siglo y el próximo los beneficios y los placeres que yo mismo he obtenido de los libros y la lectura.

Tampoco falto a la verdad si afirmo que desde la perspectiva más estrecha y egoísta no me pasaría nada en caso de que a partir de hoy no volviera a publicarse jamás una página impresa.

De lo ya acumulado es tan abundante lo que me falta por leer que, aun en el caso más optimista, cuanto me queda de vida no me alcanzará para hacerlo. Como todo escritor, quisiera pensar que mis mejores libros aún están por delante. De todos modos ya he hecho lo que he podido y aun si no hubiera nadie para imprimir mis textos los seguiría escribiendo para mí solo. Siempre he estado de acuerdo con quienes suponen que la actividad literaria lleva su recompensa en su ejercicio.

Al decir lo anterior me siento en ilustre compañía. Hace noventa años Henry Adams también pensó que ante el desarrollo tecnológico, tan adelantado a nuestro desenvolvimiento espiritual e intelectual, no quedaban en el mundo entero más de cien personas capaces de apreciar el arte y el pensamiento, y estos pocos bastaban para constituir un público que justificaba sus esfuerzos.

Racionalmente sabemos que los temores del año 2000 y el peso del nuevo milenio son convenciones que no existen en otras culturas ni en otros calendarios como el hebreo, el chino y el musulmán. Sus días y sus años tienen otras fechas más antiguas o más nuevas, pero siempre menos aterradores.

De nuestros sentimientos nada puede apartar los colores del sol poniente. El sistema de sonido anuncia que es hora de irse. Van a cerrar el edificio que fue nuestro. Al salir a la intemperie seremos extranjeros en el mundo nuevo, sobrevivientes de otro siglo al que se culpará de todo. Con el mismo desdén con que nos referimos a los decimonónicos, la gente nueva que poblará el siglo XXI nos llamará vigesémicos.

VI

Debo equilibrar el tono sombrío de mis palabras anteriores con otra comprobación. Si cuando empecé a escribir, hace más de 35 años, hubiera tenido el honor de dirigirme a ustedes, mis dudas y temores hubiesen resultado muy semejantes o quizás aun más pesimistas. Parecía un suicidio embarcarse en una labor condenada a la extinción bajo lo que Walter Benjamin llamó la tempestad del progreso. Para 1970, me decían, ya no habrá libros, los diarios y las revistas se habrán extinguido, no quedará sobre la tierra un solo lector.

Un mínimo repaso de lo escrito y publicado en las décadas que nos separan de aquellas profecías muestra cómo se equivocaron quienes auguraban la muerte de la lectura y el fin de la letra impresa. Esta aclaración intenta poner las cosas en perspectiva, en modo alguno negar lo que sucede y apartar la vista de los problemas.

Nunca, en ninguna época de la historia, se ha escrito y publicado tanto como ahora. Tampoco nunca hemos sido tantos seres humanos ni se ha abusado a tal extremo de los recursos tan limitados del planeta que nos sustenta. Una consecuencia inevitable de la explosión demográfica es la explosión bibliográfica que paradójicamente se diría la mayor amenaza contra el porvenir de la lectura. Sucede algo parecido a lo que ocurre con la televisión: disponer de 500 canales significa condenarse a no ver realmente ninguno. Entre tantas otras cosas, nuestra era es el tiempo de la desatención. Pasamos por todo sin detenernos en nada. El exceso de información sustituye al saber y lo deteriora. Me alarma y me duele lo que sucede en Sarajevo. Si me piden que explique por qué ocurre encontraría graves dificultades para dilucidarlo. No tengo antecedentes, carezco de perspectiva. Soy como los relojes digitales en que sólo aparece el instante como si no fuera parte de un proceso que viene del pasado y avanza hacia el futuro.

VII

Para la mayor parte de quienes leemos, los libros son la literatura. Basta visitar la librería de un centro comercial o pasearse por una feria del libro para darnos cuenta de que la narrativa, la poesía, el ensayo y el drama constituyen apenas un sector muy reducido del universo bibliográfico, casi una isla en el océano de manuales de autosuperación o de computación, dietas, horóscopos, guías para la sexualidad o para invertir en la bolsa de valores.

Sin embargo todos —libros, nolibros e ilegibros— tienen algo en común: están escritos, bien o mal pero están escritos. Mi hipótesis de trabajo sería que, contra lo que escuchamos a toda hora, el texto en sí mismo no está amenazado. Al contrario, jamás ha tenido la difusión y la omnipresencia de que goza ahora. Esos 500 canales de televisión difunden textos. También los propagan las estaciones de radio y los billones de discos compactos que se están escuchando en este momento. Quizá la historia de la literatura en todas las lenguas contenga menos palabras que las aparecidas sólo el día de hoy en las pantallas de quienes se hallan suscritos a la internet. Nos envuelve la telaraña de los textos que ya han perdido el sustento tradicional del papel.

El papel como lo conocemos tiene menos de siglo y medio. Hacia 1860 empezó a elaborarse a partir de la pulpa de madera. Pese a todos los esfuerzos de reciclaje, estremece pensar en las hectáreas de bosque consumidas por las ediciones dominicales de los periódicos –que son en cerca de un ochenta por ciento de anuncios– y lo que es aún más horrible, aterra recordar que nuestras tentativas literarias también han exigido la desaparición de muchos árboles indispensables para nuestra supervivencia como especie. Para mitigar cualquier sentimiento de culpa, recordemos que el papel de imprimir es nada si se compara con las cantidades de celulosa invertidas en servilletas, clínex, rollos higiénicos, envolturas.

VIII

En el curso de los ochenta el mundo orgánico se pobló con una nueva flora y fauna inorgánica que hoy es parte de nuestro entorno. Computadoras, impresoras y fotocopiadoras personales, faxes, módems, antenas parabólicas, videocaseteras y videocámaras, discos compactos, aparatos de sonido, audiolibros, teléfonos celulares. Todo tan nuevo e inesperado como debe de haber sido para la generación de Henry Adams el cable submarino, la luz eléctrica, el teléfono, el fonógrafo, el cinematógrafo, el ferrocarril subterráneo o los rayos x.

Contra las profecías lanzadas veinte años atrás por Marshall McLuhan, que después de todo no era un enemigo de los libros sino un profesor de literatura, se creyó que procesadoras e impresoras conciliaban la galaxia de Gutenberg con los medios electrónicos.

Por vez primera en la historia, sin mayor entrenamiento técnico y sin movernos del escritorio, ustedes y yo podemos producir en pocas horas un libro, digamos de aforismos o de haikús, desde la redacción hasta la impresión y enviarla gratuitamente a los cien últimos lectores de los que hablaba Henry Adams.

IX

Así pues, no hay nada que temer: la literatura y la poesía pueden sobrevivir a despecho de todas las exigencias comerciales, los tabloides televisivos e impresos, las películas sangrientas sobre asesinatos en serie. Como en las artes marciales, las artes de la palabra han tomado su fuerza precisamente del impulso enemigo. Para el ámbito de los negocios y la política jamás ha sido tan importante escribir bien. La claridad, la economía y la precisión de un párrafo enviado en un fax pueden y deben equivaler a media hora de conversación telefónica.

Si las palabras tienen hoy una dimensión nunca soñada y la importancia de saber escribir la reivindican aun y sobre todo las grandes corporaciones que manejan el mundo, ¿de qué nos lamentamos? Al quejarnos, ¿no defendemos un privilegio inalcanzable para la inmensa mayoría que habita este planeta?

Después de todo, la poesía, la narrativa y el drama son anteriores en muchos siglos a la invención de la imprenta. El libro que durante un breve tiempo fue su vehículo puede desaparecer y la literatura seguirá prosperando porque es parte de la humanidad y la acompañará hasta el final.

X

La gente no lee, decimos una y otra vez. No lee pero emplea muchas horas de su vida envuelta en un mar de historias que salen de una máquina electrónica de narrar. Contempla imágenes pero al hacerlo también escucha textos sin los cuales el relato en imágenes se vuelve incomprensible. No un sabio chino de la dinastía Tang sino un publicista neoyorquino de los veinte dijo, para aplicarlo a su oficio, “una imagen vale más que mil palabras”. Si alguien lo cree al pie de la letra vamos a rogarle que nos cuente una película vista en un avión sin ponerse los audífonos o hablada en una lengua extranjera exhibida sin subtítulos. Por supuesto, no tengo nada contra las imágenes: soy un ávido consumidor de ellas. Pero creo que sólo dicen más cuando las mil palabras nos han dado un contexto. Una de las fotografías realmente dramáticas de la revolución mexicana es aquella de la soldadera asomada al estribo de un vagón que mira con ojos desesperados un horizonte para nosotros fuera de cuadro. Si las palabras no nos han proporcionado al menos una vaga idea de lo que fue esa revolución y del papel que las mujeres desempeñaron en ella, si no sabemos lo que significa el término “soldadera”, la imagen puede resultar tan muda como una página en alfabeto cirílico o un ideograma oriental para quienes desconocemos el código.

La gente, insistimos, se ha olvidado de la poesía, la poesía en que encarna el idioma y lo mantiene en circulación para que no se estanque y se pudra. Sin embargo esa misma gente vive, e incluso camina, escuchando canciones. Sus letras constituyen poemas buenos o malos, están escritas en versos rimados o ritmados, los primeros recursos mnemotécnicos de cada idioma, sus armas iniciales para volverse memorable. Nunca antes de la electrónica las manifestaciones rítmicas del lenguaje tuvieron una ubicuidad comparable.

En los países más desarrollados del mundo o en el nuestro donde la mayor parte de la población vive bajo el umbral de la miseria, se considera un gran éxito que un libro de sus mayores poetas, los más estudiados, celebrados y difundidos, venda más de mil ejemplares. No obstante, una lectura pública de poemas suele congregar a miles de espectadores. Diez mil personas, casi todas jóvenes, asisten a un teatro para escuchar y aplaudir a los poetas y muchas veces pedirles que repitan un número como si fueran cantantes de ópera o de rock. En el vestíbulo, casas editoras grandes y pequeñas ofrecen en venta los libros y folletos en donde están impresos los mismos poemas que leídos —muchas veces sin arte ni gracia— por sus autores causaron tanto entusiasmo. Se creería, en un cálculo muy pesimista, que al menos el uno por ciento de los asistentes se llevará a casa un libro. Es decir, al terminar la ceremonia, se venderán los consabidos mil ejemplares. No es así: se compran quince o veinte a lo sumo.

XI

Vuelo a mi principio y al comienzo del siglo. ¿No tendré que aceptar ante el lector de estas reflexiones que soy el sobreviviente de un pasado abolido, el vestigio de otra época, incapaz de admitir, porque no conviene a sus intereses, que la literatura ha vuelto a sus orígenes orales, a la oralidad en que vivió por muchos más siglos de los que dependió de la imprenta? ¿No sonaré como el barbero de 1910 que ante la aparición de la hoja de afeitar y la rasuradora eléctrica insistía en que nada cumplirá sus funciones con la eficacia de la navaja libre? ¿Cómo el periodista del otro fin de siglo, habituado a mojar la pluma en el tintero y a ver que sus artículos se compusieran letra por letra, que frente al linotipo capaz de producir renglones en lingotes de plomo creyó muerto el arte tipográfico y al ver la máquina Remington la juzgó una mecanización enemiga del pensamiento claro y la buena prosa?

Sin miedo al anacronismo ni a la opción por las causas perdidas, quiero proponer no tanto una defensa sino un elogio del libro y la lectura. Si toda la ética se resume en la frase “No hagas a los demás lo que no quieras para ti mismo”, a nadie le hace daño mi propuesta: Haz cuanto esté a tu alcance para que los demás obtengan el placer que los libros te han dado día tras día durante más de medio siglo.

Ezra Pound habló en un poema de lo que serían los Estados Unidos si los clásicos tuvieran más circulación. Pienso por mi parte en lo que México sería si los mexicanos tuvieran en el campo literario el cinco por ciento de la sabiduría técnica y la información histórica que poseen acerca del futbol.

Sin duda el desnivel se debe a que el futbol es un espectáculo de masas y un gran negocio y la literatura no, excepto para uno entre cada mil escritores. Ni siquiera vale la pena comparar el dinero invertido en una y otra actividad o los espacios que los periódicos, la radio y la televisión dedican a las artes frente a las secciones consagradas a los deportes que han dejado de serlo para transformarse en variantes de la guerra.

Aprovechemos otra vez la fuerza del contario. Pensemos en la estrategia futbolística aplicada a la lectura. Nunca es tarde para empezar, pero todo se facilita si el hábito comienza en los primeros años. Se dice que quien ha adquirido desde muy temprano la alegría de leer puede tener la certeza de que nunca será completamente desdichado. No es lo mismo aprender naturalmente nuestra lengua materna que asistir a horas fijas a un laboratorio de lenguas y presentar exámenes.

XII

Recurro de nuevo al “yo” antes odioso y ahora indispensable. Leo y escribo porque tuve la fortuna, en un lugar tan dolorosamente injusto como es México, de nacer en una familia que tenía si no grandes recursos al menos los suficientes para comprar libros. Como es natural, no empecé leyéndolos. Primero desarrollé el gusto, innato en todos nosotros, por escuchar historias y luego quise imaginármelas a partir de la letra impresa.

Por obra de ese azar que hace de cada persona un ser único que no existió antes ni se repetirá, me tocó pertenecer a la última generación de la radio y a la primera de la televisión. La radio de entonces era lo que es hoy el televisor: un manantial de relatos. Ni la oralidad ni las imágenes me apartaron de la lectura. He visto miles de películas, escuchado discos también por millares. Son incontables los cómics, las revistas y los periódicos que he tenido bajo mis ojos. A pesar de ello no he pasado un solo día sin un libro en mis manos.

XIII

No creo, pues, que los medios sean necesariamente enemigos. La televisión ha estimulado a algunos a cometer crímenes y a otros a ir a la biblioteca o a la librería para leer acerca de lo que han visto.

Mi buena suerte, la misma que deseo para todos, fue tener abuelos, padres y profesores que nunca me impusieron la lectura como una obligación o como una carga sino justamente como un placer. La palabra “placer” se ha vuelto sospechosa y en este caso tendería a despertar resonancias del consentimiento e indisciplina. Se trató en realidad de lo contrario. Desde que a los cinco años aprendí a leer de corrido, me compraban un libro, cada semana. No podía obtener otro hasta que demostraba haberlo leído y entendido. Por fortuna no hubo nada en mí de niño prodigio. El aprendizaje de la lectura fue lento y gradual. Comencé por lo más sencillo y tardé mucho en llegar a los que llamamos libros “serios”, como si los otros no lo fueran también.

XIV

Quizá la prudente ración del libro por semana contribuyó a que no me canse de admirar la obra maestra de la tecnología que es en sí mismo el libro como objeto: una cajita en que se guardan páginas luminosas e inertes. Puedo llevarlo a todas partes y no necesita baterías. Es frágil y resistente. El fuego, el agua y los insectos pueden destruirlo, pero está a prueba de averías y descomposturas internas.

Si en vez de emplear la electricidad lo activo con la imaginación, las hojas que llamé inertes y en donde líneas negras se acumulan sobre papel blanco se transforman también en un escenario de colores, un gran teatro del mundo, una máquina de contar historias, una nave que me permite salir del acuario donde me confinan todas mis limitaciones personales, sociales y temporales; me lleva a todos los sitios y todas las épocas; toca como en un walkman interior la música encerrada; me permite, como en el soneto de Quevedo, entrar en conversación con los difuntos y escuchar con los ojos a los muertos.

La imagen del acuario no me parece inválida. Nací en una fecha y en un lugar determinados. Moriré no sé cuándo pero también en un sitio preciso. No me pertenece lo que hubo antes ni lo que habrá después ni lo que sucede en los infinitos ámbitos en que no estoy, no he estado ni estaré nunca. No soy sino un grano de arena infinitesimal dentro del otro grano de arena al que llamamos el planeta Tierra. Sin embargo, gracias a la lectura, el universo entero está potencialmente a mi alcance.

Se objetará con razón que lo mismo sucede si enciendo la pantalla de mi computadora o de mi televisor. En la primera el disco óptico y el hipertexto me conceden la maravilla hasta hace poco inaccesible de tener al mismo tiempo el cuarteto de Mozart, la información sobre su vida y su música y las imágenes en color de la Viena del siglo XVIII. En la segunda pantalla el satélite me lleva desde el escenario de los hechos el genocidio de hoy, el asesinato político o el accidente con cien muertos. Mientras voy de mi casa a mi trabajo puedo escuchar cuentos de Borges o poemas de Octavio Paz incomparablemente bien leídos por grandes actrices y actores.

Todo esto es prodigioso y cuando nos quejamos de los tiempos que nos tocaron olvidamos injustamente estos beneficios, desconocidos y aun impensables para quienes nos antecedieron en la tierra. Nuestra justificada crítica del progreso tiene un límite muy sencillo: pensar en lo que era la vida humana cuando no existía la anestesia.

XV

Lo que me extraña es que en la era de la privatización hemos expropiado la intimidad. No hay relación tan íntima como la que dos personas, dos desconocidos casi siempre, pueden establecer por medio de la palabra escrita. Sólo así decidimos lo que nunca diríamos cara a cara y en voz alta y mucho menos ante cámaras y micrófonos. Esta inconcebible cercanía se pierde en cualquier otro medio que no sea la página.

Los prodigios del cine, la televisión y el video me presentan un espectáculo. Ocurren por definición fuera de mí. Parte de su inconsciente encanto es la impunidad que me garantizan: esto, supongo, nunca me pasará. Los otros funcionan como pararrayos en que se descargan los males de la vida. Por tanto me encuentro a salvo de la tempestad. Si algo me desagrada cambio de canal. Me quedan otros 499 para escoger. En cambio la lectura hace que las cosas sucedan dentro de mí. Por un instante yo soy el otro. La distancia queda abolida. Puedo entender la experiencia ajena porque momentáneamente la he vuelto propia. Si esto ocurre con la narrativa, el proceso de la lectura poética es más complejo y por tanto exige más atención y concentración. Hago mías las palabras de otra persona, me las digo con esa voz interior que nadie conoce, pues no se parece a las que escuchan mis semejantes ni a la que recogen las grabaciones.

Si no leo, me faltan las palabras, mi propia lengua se vuelve un idioma extranjero y hallo enormes dificultades para pensar. Nada sabemos del siglo que ya está aquí. Sólo podemos intuir que, si desaparecen los libros y la lectura como hasta hoy los conocimos o si, como podría ser más probable, quedan en manos de una minoría que a partir de ellos ejercerá sin límites su poder, el mundo se volverá un lugar mucho más siniestro de lo que es ahora.

La única predicción segura es la más obvia: el porvenir no será como lo imaginamos. Ni la violencia ni la devastación de los recursos naturales pueden continuar. Para eliminarlas es indispensable reducir la distancia entre quienes disponemos tanto de libros como de procesadoras e hipertextos y quienes no tienen ni siquiera un mendrugo que llevarse a la boca. Ellos poseen tanto derecho como nosotros a alimentar sus cuerpos y sus mentes. Si el sufrimiento lleva a la violencia que se autorreproduce en una espiral sin fin, esperemos en este crepúsculo del siglo que con la generalización del placer de la lectura a la cual tanto pueden contribuir los nuevos medios, este mundo atroz también se convierta para todos en un lugar habitable y hospitalario como ahora son para unos cuantos los libros.

Los cinco mejores libros mexicanos de 2019

Este año fue uno con mucha actividad literaria, desde autores consagrados hasta las jovenes promesas que pudieran formar el nuevo cánon literario mexicano en un futuro no tan lejano. Es por eso que hemos decidido hacer un listado con las que consideramos las cinco mejores obras del 2019. A continuación la presentamos.

5. Raras. Ensayos sobre el amor, lo femenino, la voluntad creadora (Océano / Turner) – Brenda Ríos

Este libro de ensayos nace de una inquietud íntima. Todas las artistas presentes en la compilación son un paradigma para imaginar la naturaleza del cuerpo y de la mente femenina: Amy Winehouse, María Moreno, Elena Garro, Clarice Lispector, Sharon Olds, Andrea Arnold, Jean Rhys y Chantal Maillard, entre varias más. 25 perspectivas, visiones, lenguajes, puntos de partida. 25 mujeres, en este caso, que coinciden en la pasión creadora.

4. Alberca vacía (Argonautica) – Isabel Zapata

Cada ensayo que compone el libro nos deja entrever a Isabel Zapata: sus lecturas, su cosmogonía, su sentir. Un diálogo constante con autores que han jugado de alguna manera un papel en su formación, y distintas reflexiones sobre la memoria, las traducciones, la fotografía y varios temas más. La vastedad temática es digna de reconocerse. Cada ensayo es una alberca que el lector debe atravesar bajo los parámetros y riesgos que cada uno ofrece.

3. El vendedor de silencio (Alfaguara) – Enrique Serna

Esta novela narra la historia de Carlos Denegri, un periodista con falta de escrúpulos que fue el líder de opinión más influyente de México, reportero estrella del diario Excélsior y con una red de contactos internacionales envidiada por todos los periodistas. Aunque ganaba inmensas cantidades de dinero por publicar alabanzas en su columna, se hizo más rico aún por medio de prácticas inmorales e ilegales. La novela de Enrique Serna, escrita bajo un amplio trabajo de investigación, es también una muestra del machismo mexicano y un epitafio a la dictadura perfecta.

2. Desierto sonoro (Sexto Piso) – Valeria Luiselli

Un matrimonio en crisis viaja en coche junto con sus dos hijos pequeños en línea recta por el mapa de Estados Unidos, desde Nueva York hasta Arizona. Ambos son documentalistas y cada uno se concentra en su proyecto personal. Él va tras los rastros de la última banda apache en caer frente al poderío militar estadunidense; ella busca documentar la diáspora de niños que llegan a la frontera sur del país en busca de asilo. Esta intensa y conmovedora novela de Valeria Luiselli muestra que la autoficción que plantea puede ofrecer una especie de refugio en un mundo donde la gente parece nunca voltear a ver con empatía a nadie, y en un país que optó por seguir con una política migratoria de seguridad nacional en lugar de hacer un giro radical hacia los derechos humanos.

1. La distorsión (Literatura Random House) – Rafael Toriz

Se ha acuñado el término de bildungsroman para referirse a los textos donde la moral y la psicología del personaje principal se van formando al mismo tiempo que se desarrolla la obra —normalmente de la juventud a la adultez—. La crítica literaria podría encerrar este texto de Rafael Toriz en dicha categoría, pero el autor desafía esta encapsulación académica y va más allá de la autorreferencialidad. Si bien es una obra en la que describe una serie de sucesos que definitivamente fungieron un papel esencial en su formación personal, es difícil describirla sólo como un mero recuento de anécdotas. Es el despertar de la rebeldía juvenil, del deseo sexual, del descubrimiento de nuevas formas para la expresión, tanto empíricas como artísticas. La prosa de Toriz está llena de ironía, irreverencia y malas palabras, aspectos que le dan una soltura natural que agiliza su lectura.

Foto: Es Imagen/ José Castañares

Julián Herbert narra fragmentos de “Canción de tumba”

De viva voz, el escritor Julián Herbert (1971, Acapulco) narra algunos fragmentos de su libro Canción de tumba en el cual aborda la leucemia que padeció su madre, su estancia en el hospital y finalmente su muerte; así como la situación de un país sumergido en la corrupción.

El disco de casi una hora de duración, forma parte de la colección Voz Viva de México, de la Dirección de Literatura de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), acompañado por un cuadernillo de 60 páginas, del cual, este año se realizó un tiraje de mil ejemplares e incluye los mismos textos que el autor lee.

“Me da una lástima bárbara. Especialmente hoy, cuando veo a mamá desguanzada e inmóvil sobre su cama de hospital con los brazos llenos de moretones por agujas, conectada a venopacks traslúcidos manchados de sangre seca, transformada en un mapa químico mediante letreritos que publican a pluma Bic y con errores ortográficos la identidad de los venenos que le inyectan”.

Esta edición incluye una presentación por parte del también escritor y artista visual León Plascencia Ñol: Notas para una canción, quien describe las charlas que sostuvo con Herbert durante ese proceso que lo llevó a la escritura del libro, misma que detalla como una narrativa de autoficción en donde el narrador tiene el mismo nombre que el autor, escrita en una prosa con pespuntes aforísticos y líricos.

“Sorprende la capacidad de Herbert para narrarnos la agonía y la enfermedad de su madre, pero también, como si fuera una gran metáfora del mundo, de la patria, la agonía y la enfermedad de nuestro país”.

Plascencia recuerda que desde el primer momento la publicación de la novela tuvo un éxito notable, pese a que en su primera edición sólo salió en España porque se creía que en México no tendría lectores; y que al obtener un premio hizo más notable su “Canción de ultratumba”, una “canción de amor por la madre muerta».

Medio siglo del apando

[En este 2019 se cumple medio siglo de la aparición de El apando, un libro clave de uno de nuestros escritores más nobles y congruentes con su trabajo literario…]

El 30 de septiembre de 1969, hace 50 años, es publicado El apando de José Revueltas (1914-1976) bajo el sello de Era, en la colección “Alacena”.

La Cárcel Preventiva de la Ciudad de México, también conocida como El Palacio Negro de Lecumberri, fue testigo e inspiración para la creación de esta novela, cuyos personajes Polonio, Albino y El Carajo encuentran cobijo en aquella vetusta construcción carcelaria. El tiraje de la primera edición fue de 3,000 ejemplares numerados. El relato fue escrito durante los meses de febrero y marzo de 1968.

De acuerdo con el Glosario de Criminología, de Enrique Figueroa Alfonzo (IURE Editores), apando se define como “la celda de castigo dentro de una prisión”. Por su lado, J. L. Franco ―en su El Canerousse / Diccionario de la Cárcel, coeditado por Almadía/Salario del Miedo― dice que apando es un “lugar donde se atrapa a alguien; se encierra como castigo para escarmentar”.

Zona fuera de la moral: García Ponce

Escribe José Revueltas en El apando: “… atrapados por la escala zoológica como si alguien, los demás, la humanidad, impiadosamente ya no quisiera ocuparse de su asunto, de ese asunto de ser monos, del que por otra parte ellos tampoco querían enterarse, monos al fin, o no sabían ni querían, presos en cualquier sentido que se los mirara, enjaulados dentro del cajón de altas rejas de dos pisos, dentro del traje azul de paño y la escarapelada brillante encima de la cabeza, dentro de su ir y venir sin amaestramiento, natural, sin embargo fijo, que no acertaba a dar paso que pudiera hacerlos salir de la interespecie donde se movían, caminaban, copulaban, crueles sin memoria, mona y mono dentro del Paraíso, idénticos, de la misma pelambre y del mismo sexo, pero mona y mono, encarcelados, jodidos”.

A dos años de la muerte del escritor duranguense, en abril de 1978 en Proceso el crítico literario Vicente Francisco Torres recordaba al autor de Los motivos de Caín con una entonces inédita plática:

―¿Hasta qué punto está relacionada tu obra con tu biografía?

―En un sentido social, sí. Mis experiencias literarias son siempre experiencias políticas, desde Los muros de agua hasta Los errores o El apando. Como dice (ahora no recuerdo el apellido)… que a veces los escritores viven por experiencia literaria y no por experiencia existencial: viven para escribir y no escriben para vivir. Hay algo de mí en eso. La vida social y política, la lucha, me han servido para impregnarme de la realidad del país.

Juan García Ponce (1932-2003) escribió sobre la novela de Revueltas en un texto que compilan Norma Klahn y Wilfrido H. Corral en su libro Los novelistas como críticos editado en 1991 por el Fondo de Cultura Económica: “El apando, ese sitio aislado al que se busca separar de todo, es la celda de castigo en la cárcel, es la prisión dentro de la prisión, el último reducto en el que se niega la libertad, si esto fuera posible, si la libertad, tal como altamente nos lo muestra el relato, no fuera la expresión de la necesidad y como tal no es reductible a nada, se expresa incluso en nuestra capacidad de negarnos, de escoger la muerte que se nos muestra en la obra como una manera de buscar la vida”.

García Ponce cataloga El apando como “breve novela y enorme relato”: “No hay puntos y aparte en El apando, no hay pausas, respiros, hay una sola continuidad dentro de las que todo ha pasado y está siempre volviendo a pasar. Lo que pasa en El apando no tiene nombre, es innombrable, se coloca en esa zona que ya no es humana o que todavía no es humana y que precisamente por eso, enseñándonoslo en toda su inhumanidad, nos muestra al hombre. Esa zona está fuera de la moral, fuera de la civilización”.

Presos y policías son lo mismo: José Agustín

José Agustín (1944): “Desde Lecumberri, José Revueltas publicó su compacta, densísima, obra maestra El apando, que dice: presos y policías son lo mismo, la cárcel sólo es un reflejo de la sociedad entera, de ahí el título de El apando, que son las celdas de castigo, la cárcel dentro de la cárcel”.

El periodista Rodolfo Rojas Zea, en el prólogo del volumen Los Muros de Agua y Dormir en tierra, editados bajo el sello de Promexa en 1979, señala acerca de El apando: “Extraordinaria novela corta, su prosa, alegórica y rigurosa, dibuja sujetos y situaciones con los trazos enérgicos y sutiles de un poderoso lenguaje más cercano a las tintas y al aguafuerte que a la pintura, aunque, para seguir con la metáfora, muchas de sus páginas bien podrían ser la representación escrita, coincidente y causal, del arte pictórico, de Goya, El Greco o Durero”.

José Revueltas nació en Durango el 20 de noviembre de 1914 en plena Revolución Mexicana y, justamente en ese mismo mes pero de 1968, es detenido y encarcelado en la prisión porfiriana, donde es acusado de diez delitos. Antes ya había conocido la cárcel, pues como lo señala la investigadora Edith Negrín en el libro Un escritor en la tierra / Centenario de José Revueltas (Fondo de Cultura Económica, 2014): “Siempre por su activismo político, el escritor descubre la experiencia del presidio en 1929, cuando tiene cerca de 15 años. Es aprehendido en un mitin en el Zócalo de la ciudad, acusado de rebelión, sedición y motín y pasa seis meses en un reformatorio juvenil… La estadía en la correccional es la primera de una serie de reclusiones. Las principales: dos deportaciones a las Islas Marías, en 1932 y 1934-1935”.

Nobleza y modestia de Revueltas: José Joaquín Blanco

En 1941 José Revueltas publica Los Muros de Agua y 28 años después sale a la luz El apando. En tres décadas las obras de Revueltas están aglutinadas “en 26 volúmenes, de los cuales diez recogen las siete novelas y tres colecciones de relatos. De acuerdo con la integrante del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM, Edith Negrín, El apando es “la obra de mejor factura entre las narraciones del autor”.

José Joaquín Blanco, en su libro José Revueltas (CREA y Terra Nova), expresa: “Fue el libro más amado por toda una generación. Forma parte de la antología más rigurosa de la prosa en lengua castellana… Revueltas ratificó su nobleza y su modestia: no escribió de sí mismo ni elaboró una sola línea para su pedestal. Aprovechó la cárcel para ver el mundo, para atrapar la visión de los hombres en condiciones tales que la común hipocresía, los convencionalismos o la rutina disimulan, y la prisión resalta…”

Por su obra El luto humano, Revueltas fue merecedor del Premio Nacional de Literatura en 1943. En 1967 es reconocido con el Premio Xavier Villaurrutia por su obra literaria publicada en dos volúmenes por Empresas Editoriales con un epílogo de José Agustín, quien escribió: “Revueltas es, ante todo, el mejor ejemplo del escritor lúcido, combativo y humilde: toda soberbia está lejanísima de su personalidad y eso le ofrece comunicación con todo y con todos”.

No conocía el rencor: Rosaura Revueltas

Su hermana Rosaura publica el libro Los Revueltas (Grijalbo, 1979), donde retrata a José: “Se parecía mucho a Silvestre. Era un ser humano limpio, honesto y confiado como un niño. No conoció la envidia ni el rencor; pero sí la indignación y el desaliento. Tenía un inagotable sentido del humor. Yo no sólo lo admiraba como ser humano, sino también como escritor”.

Agrega la actriz Rosaura Revueltas: “José tenía que contar con nuestro auxilio para caminar. El pobre estaba acostumbrado a este estado de cosas casi desde que salió del penal de Lecumberri, donde estuvo recluido dos años y medio”.

Jose Revueltas muere en 1976, tenía 62 años de edad. Apunta Negrín: “Intacta la brillantez de la mente y el cuerpo devastado por la intensidad de sus pasiones, la continua actividad política, las reiteradas cárceles. Tuvieron su parte asimismo el invencible alcohol y las inevitables enfermedades. Cuando fallece tenía la escritura, la visión del mundo y el sitio y el campo cultural sellados por el Movimiento Estudiantil de 1968, el último en el que participó”.

“Cárcel Preventiva de la Ciudad de México. Febrero-Marzo (15), 1969”, se lee en la página 56 de El apando. La investigadora Negrín cierra este repaso bibliográfico: “Las líneas están separadas solamente por puntos y seguido. La presentación tipográfica refuerza el confinamiento que habitan los personajes”.

Por Rubén Martínez Cisneros

Los patita de perro, 25 años roqueando para niños

Los patita de perro es el grupo de rock para niños que lleva 25 años creando música con “letras suspicaces y hábiles para conectar con el adulto”, pero también temas sensibles y profundos como la muerte o la separación familiar, aunque otras con críticas a una cultura clasista.
     
El baterista del grupo, Charly Pata, precisó en entrevista con Notimex que a lo largo de ese tiempo han creado más de 120 temas, y «no hay uno que no toque un tema importante. Nunca nos sentamos a preparar letras, en realidad son muchas experiencias de vida, sentimientos guardados de la infancia, los tres tuvimos una muy bonita infancia a pesar de vivir en Puebla —risas—, siempre hay una mirada crítica, una duda. Nunca hay un diseño de letras. Nacho las escribe y los patita hacemos la música, los arreglos. Pancho propone armonía”, dijo.
     
En este sentido, temas sensibles como la muerte toman forma en la canción “Cuando yo me muera”, en donde una niña pregunta a sus padres qué pasará cuando ella muera, “entonces la mamá le contesta que estarán juntas”, o la canción “Siempre estaré yo aquí”, que habla de una familia que se desintegra porque el niño muere de Sida luego de ser contagiado por la mamá; “¿y por qué lo hicimos?, porque unos fans se acercaron a decirnos que su hijo tenía Sida”.
     
También está el “Rap de Santa Claus” en la que se critica a la cultura clasista en donde este personaje es para ricos; no de una manera destructiva, sino para defender las tradiciones mexicanas como los Reyes Magos. En tanto, la canción “Córrele” habla sobre la violencia y los derechos de los niños.
     
Charly Pata comentó que desde hace 25 años han visitado diversos lugares del país, en donde han observado situaciones de “inequidad mortal” en los pobres y mujeres, por lo que canciones como “Mamá soltera”, “La niña futbolista”, “Siempre estaré yo aquí” están hechas pensando en la equidad, en darle el valor a las personas por quienes son, las cuales dan la oportunidad a los hombres de tomar otra posición; “queremos levantar la voz para decir: ‘también nos estamos educando y queremos que sea igual para todos’”.

Letras alejadas de la fantasía

No obstante, Los patita de perro también realizan parodias a otros temas infantiles o de otras canciones como “Corazón de Coca”, en alusión a “Corazón de roca”, pero con un mensaje sobre el consumo desmedido de comida chatarra, o la canción de “40 y 20”, de José José, para saber de matemáticas.
     
«Nos alimentamos de la música de otros compañeros, de músicos, que nos gusta y late, es ese alimento para nosotros crear nuestra propia música, pero hacer copias de los demás, no. Bueno eso siempre se ha dado», explicó por su parte Pancho Pata.
     
A este respecto, Charly Pata puntualizó que no han tenido la necesidad de interpretar las canciones originales de otros músicos, aunque sí lo podrían hacer, pero defienden su idea y estilo musical, y respetan las de los demás.
     
«No podríamos tocar a Cri Cri, jamás; no podríamos tocar a Tatiana, no nos saldría nunca. Ellos tienen su nicho, nosotros el nuestro, y lo que sí intentamos es evolucionar en lo que hacemos. Si se da alguna vez, tal vez, sería por curiosidad», aclaró.
     
A lo largo de 25 años, Los patita de perro han vivido toda clase de experiencias, como cuando en Tamaulipas sólo alcanzaron a tocar tres canciones porque comenzó una balacera, o cuando personas adultas buscan subir al escenario y cantar, “el clásico borracho con su botella de alcohol”, durante un concierto en el Cervantino.
     
«En una ocasión, un lambiscón político nos dijo que no tocáramos cierta canción, o ‘eso ya no lo digas, o ahí está el licenciado, digan algo para él’. Hemos visto ese uso faccioso de todos los escenarios, o cuando una vez una presidente municipal y su gente aventaron papitas y juguetes de plástico a niños pobres, algo desafortunado porque los niños se pelearon”, recordó.
     
Así, el grupo de rock mexicano continuará celebrando sus 25 años lo que resta del año y hasta mediados de 2020, a través de más conciertos a nivel nacional, así como por Sudamérica, a lo que se suma la música de la barra infantil de «Once Niños», “y nos esperan otros 25 más para seguir compartiendo, seguiremos en esto”, apuntaron Charly y Pancho Pata.

Por Evangelina del Toro

Elena Garro, pionera en abordar violencia de género

La conversación «Elena Garro: La señora en su balcón» expuso a la guionista y dramaturga mexicana, pionera en abordar temas de la existencia desde una perspectiva femenina en un país marcadamente machista a mediados del siglo XX.

Como parte del ciclo «Mujeres que escriben teatro» del programa La Metro en el Metro, que se lleva a cabo en el auditorio Un paseo por los libros en el Pasaje Zócalo-Pino Suárez del Sistema de Transporte Colectivo (STC) Metro, Estela García Galindo, docente de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), compartió que en las 15 piezas teatrales realizadas por Garro Navarro (1916-1998), abordó la violencia contra las mujeres y puso en tela de juicio el destino de casarse y tener muchos hijos.

Durante la conversación, la académica del Departamento de Humanidades de la Unidad Azcapotzalco de la Casa abierta al tiempo señaló que, la también periodista, cuentista y novelista mexicana, reivindicó la figura de Felipe Ángeles al considerarlo, más que un traidor, un personaje que aportó su saber militar durante la Revolución mexicana, un reconocimiento otorgado ahora por historiadores prominentes.

Explicó que la puesta en escena La señora en su balcón es un buen ejemplo de la exploración del universo femenino a través de tres momentos de la vida de los personajes: Clara, su protagonista, la cuarentona más centrada; la joven de 20 años y la niña de ocho; “la constante en las tres etapas es que está aburrida de la vida, evidencia su fastidio y cuestiona su destino como mujer y su mala relación con los hombres”.

La maestra recordó, además, que Elena Garro introdujo en su novela Los recuerdos del porvenir el cimiento del realismo mágico que posteriormente Gabriel García Márquez recreó en Cien años de soledad. No obstante, quien también cultivó la poesía —inédita en gran parte— llegó a rechazar esta identificación por considerarla una etiqueta mercantilista, según algunas biografías.

Recientemente, el Fondo de Cultura Económica (FCE) publicó parte de su obra en tres tomos. Algunos de sus títulos más conocidos y estudiados son Los recuerdos del porvenir (1963), novela ganadora del Premio Xavier Villaurrutia; Un hogar sólido (1958), Andarse por las ramas (1958) y Los pilares de doña Blanca (1958), piezas dramáticas montadas por el grupo Poesía en Voz Alta; y La semana de colores (1964), reunión de cuentos al que pertenece “La culpa es de los tlaxcaltecas”.

Participa Secretaría de Cultura en la última noche de museos 2019

Con seis espacios, la Secretaría de Cultura, a través del organismo Museos Puebla, participará en la última Noche de Museos del 2019, que se llevará a cabo el sábado 28 de diciembre.

Las sedes que se integran a esta iniciativa, ubicadas tanto en la capital como en el municipio de San Andrés Cholula, son:

San Pedro Museo de Arte, 4 Norte 203, Centro Histórico.

José Luis Bello y González, 3 Poniente 302, Centro Histórico.

Museo de la Revolución Mexicana Casa de los Hermanos Serdán, 6 Oriente 206, Centro Histórico.

Museo Regional Casa del Alfeñique, 4 Oriente 416, Centro Histórico.

Museo Internacional del Barroco, Bulevar Atlixcáyotl 2501, Reserva Territorial Atlixcáyotl.

Museo Regional de Cholula, 14 Poniente 207, San Juan Aquiahuac, San Andrés Cholula.

La Noche de Museos llega a su última edición del presente año, con la participación de más de 20 recintos que mantendrán sus puertas abiertas al público con entrada libre de 17:00 a 21:00 horas.

El detalle de las sedes participantes, puede consultarse a través de la página de Facebook de la dependencia: Secretaría de Cultura Puebla.