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Si no conocemos a Villa bandolero, no entendemos al Villa revolucionario

México tuvo una historia llena de imprecisiones, mitos y falsedades desde que Francisco Villa fue asesinado en 1923 hasta los años 80, cuando la obra de Friedrich Katz, Paco Ignacio Taibo II, Pedro Salmerón y otros autores, tomó la historiografía con una mayor seriedad.

En ese sentido, “logramos conocer a un personaje importante en la historia, Francisco Villa, quien tiene el atributo de haber surgido de la parte más baja del pueblo y que por su inteligencia, memoria y código de conducta se convirtió en personaje central cuando se derribó la dictadura de Victoriano Huerta, y por lo mismo, de la Revolución Mexicana”.

Así se expresó el investigador Jesús Vargas Valdés, originario de Parral, Chihuahua, al hablar con Notimex de su más reciente libro publicado, “Villa bandolero” cuya particularidad es que aborda una etapa nunca antes trabajada (1894-1910). No es una biografía sino la reconstrucción del Villa-Bandolero anterior al Villa-Revolucionario.

Vargas hace una propuesta de lo que fue la niñez de Villa, con base en fuentes secundarias, como periódicos, y la parte de 1894 a 1910 la sustenta en documentos judiciales.

Fue difícil, porque a Doroteo Arango, nombre real del personaje, se le identifica con ese nombre solamente en los primeros años, cuando era buscado por alguna de sus fechorías.

“De ahí en adelante, sobre todo cuando pasó al norte de Durango y a Chihuahua, ya no usa su nombre de pila, sino cualquier otro que se le ocurría. Así, fue muy difícil encontrar documentos referentes a él, sólo documentos con nombres distintos. Logré cubrir de 1898 1910 con el último expediente que hallé, donde se le acusa de cometer el hurto de 28 reses”.

El entrevistado añadió que ese expediente, encontrado en Parral, Chihuahua, hace años, es muy extenso. “Bandolero en ese momento, ahí aparece como Manuel Flores y se le sigue un largo proceso, hasta que se determinó que Manuel Flores, Francisco Villa y Doroteo Arango eran la misma persona”, añdió Vargas.

En ese expediente encontró que Arango ya sabía escribir, porque contiene un escrito firmado por él como Francisco Villa; ahí se habla de la primera mujer con la que vivió, demuestra su táctica de usar nombres supuestos, y además, que recurría a múltiples identidades, porque no solamente usaba un nombre que no era suyo, sino que además, mandaba a otros para hacer negociaciones a su nombre.

Ese controvertido personaje no se dejaba conocer y no hay fotografías de él antes de 1909. Era escurridizo, no daba lugar a que le siguieran la pista, sobre todo cuando ya de 1900 en adelante comenzó a formar sus bandas.

Para hablar de Villa el bandolero, Jesús Vargas no se remite sólo a Doroteo Arango sino que integra en la investigación a Ignacio Parra y a Heraclio Bernal. Esos dos hombres fueron bandoleros muy famosos de la etapa porfirista, y siempre se les estudió separadamente.

El entrevistado establece una genealogía entre Parra, Bernal y Arango para sustentar que la formación de Doroteo Arango no fue la de un bandolero que descubre la vida a partir de su propia experiencia, sino que la fue conformando a partir de dos generaciones que lo antecedieron, de Parra y la de Bernal.

Para cualquier investigador, un atractivo enorme es abordar un tema que nadie más ha trabajado, y este es el caso y la motivación que el autor tuvo para hurgar y luego escribir este libro. Vargas Valdés es de los primeros en investigar la etapa de 1894 a 1910 aunque no se circunscribe a ese lapso, sino que va más adelante, como él mismo lo explica:

“Investigué hasta dar con datos precisos que me permitieran sustentar la hipótesis de que Francisco Villa, todavía cuando ya era revolucionario, en lo personal seguía actuando como bandolero en términos de razonamiento, trato y deducción de las cosas; nunca se desprendió de su personalidad bandolera, los demás siempre lo miraron como bandido y no como revolucionario, ese fue un estigma que lo acompañó hasta el día de su muerte”.

Francisco Villa fue asesinado el 20 de julio de 1923 en Parral, Chihuahua, y había nacido el 5 de junio de 1878 en San Juan del Río, Durango. Este libro es punto de partida, denso a pesar de sus escasas 221 páginas, para conocer una historia desconocida. El autor define al libro como “la oportunidad de conocer algunos hechos de la Revolución Mexicana desde otra perspectiva, y de conocer al Villa humano”.

Es una de las características más relucientes del libro, que da a conocer a un personaje en la intimidad, cómo reaccionaba ante situaciones que lo denigraban, que lo irritaban porque no se sentía tratado justamente. “Fue un hombre que luchó toda su vida y que en el juicio de la historia, este libro contribuye a fortalecer la idea de que fue un patriota que no buscó lujos ni riquezas”.

En la medida de sus posibilidades y con la deficiente formación y educación que recibió, “se convirtió en un gran hombre porque destacó en la parte militar, donde brilló. Pero a final de cuentas Pancho Villa es una hechura del pueblo, un personaje que estuvo en el momento, el lugar y con las condiciones precisas para sobresalir con toda su capacidad para desentrañar las dificultades que se le presentaban como revolucionario”.

Si no conocemos a Villa bandolero, no vamos a comprender al Villa revolucionario que a final de cuentas son uno solo. Hasta 1980, fue un personaje construido a través del mito y la leyenda, y sobre todo a partir de la premeditación de presentarlo como un tipo salvaje. Hasta que se puso su nombre en letras de oro en el Congreso, se le revaloró”, concluyó el autor.

Por Juan Carlos Castellanos C.

agosto 27, 2018 - 8:30 pm
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Por: Staff

Cultura