Mis Treintas: Intolerancia Diario, el amor que nunca olvidaré

Nos es fácil regresar al periodismo, después de haber estado alejado durante un tiempo de esta actividad. Realmente eres reconocido por lo que representas y no por lo que eres, esa es la verdad. Bastan tres meses fuera de los medios para que ya nadie se acuerde de ti.

A inicios del 2001 comencé a alternar mis actividades entre La Opinión, en donde asumí la jefatura de información, con la revista “Poder” de mi amigo Carlos Macías y mi actividad como corresponsal de Notimex en Puebla.

Un día mientras cubría una gira de trabajo del entonces gobernador, Melquiades Morales Flores, recibí una llamada a mi celular, era Javier López Díaz.

– ¿En dónde andas? Me preguntó.
– Ando en Tepeaca le conteste.
– Pepe Brito necesita un jefe de prensa para el Centro de Convenciones. ¿Te interesaría la posición?
– Claro que sí, le conteste.
– Pues te espera a las 14:30 horas, así que vente de inmediato para Puebla.
– Muchas gracias Javier, le dije.

No lo dude ni un instante, eran cerca de las 13 horas, así que tome un taxi, el cual me trajo desde Tepeaca hacia Puebla, para entrevistarme con un hombre, el cual definitivamente es una de las mejores personas que he conocido en mi vida.

Pepe Brito era querido por todo aquel que le conocía, era un empresario de la industria textil, el cual había sido secretario de Turismo, en la era de Manuel Bartlett, quien lo había designado el primer director del recién construido Centro de Convenciones de Puebla “William O’ Jenkins.

La oportunidad de trabajar al lado de este personaje era inmejorable y ha sido una de las mejores experiencias de mi vida, por la calidad humana de Pepe que en paz descanse, por su amor al trabajo y a Puebla.

Brito Zaragoza me contrató como jefe de prensa del Centro de Convenciones y ha sido uno de los trabajos que más disfrute en mi vida. Me lleva a trabajar como mi asistente a mi amigo, el también periodista Fredy Aco, quien me acompañó solo durante unos meses, porque recibió una invitación para integrarse a otras labores dentro de la máxima casa de estudios en nuestro estado, la Universidad Autónoma de Puebla, al lado del entonces rector, Enrique Doger Guerrero.

Para sustituirlo invite a mi entrañable amigo, Jorge Castillo para ayudarme como mi segundo de abordo al frente de este organismo. Jorge más tarde se convertiría en mi compadre.

La suerte me volvía a sonreír, ya no me iba nada mal en lo económico y estaba completamente recuperado de mi salud, pero estaba ansioso de nuevos retos.

Un día mientras caminaba otra vez sobre la avenida Reforma, una calle emblemática en mi vida, me volví a encontrar a Mario Alberto Mejía, con quien ya había colaborado en dos números para la revista “Intolerancia”.

Mejía me invitó un café y me comentó que estaba por lanzar un nuevo proyecto, un diario el cual llevaría el nombre de la revista y me invitó a colaborar con él.

Originalmente me ofreció cubrir la fuente empresarial y yo acepte con mucho gusto, era para mí, todo un reto trabajar al lado de Mario, a quien siempre he admirado.

Me fui de inmediato a las oficinas de Notimex, las cuales estaban a una cuadra y le platiqué a Mauricio García León que Mejía tenía un nuevo proyecto, que estaba por lanzar un nuevo periódico y que me había invitado para cubrir la fuente empresarial.

Una semana más tarde, Mario Alberto Mejía se puso en contacto conmigo para citarme en sus oficinas, por supuesto que acudí a su llamado y entonces recibí una noticia desagradable.

Mauricio García León había buscado a Mario Alberto Mejía para sumarse a su proyecto y pedirle cubrir la fuente empresarial, lo cual me había parecido una auténtica traición. Estaba enojado y entristecido, pensé que me había quedado fuera del proyecto, pero no era así.

Mejía me informó que ahora me quería para ser el reportero de la fuente política, lo cual implicaba para mí, una mayor presión, debido precisamente a que el periódico iba a estar dirigido a ese sector.

Por algunos segundos llegue a dudar en aceptar la invitación, la presión iba a ser tremenda, Mejía precisamente se había especializado en ese tema e iba a trabajar de manera directa conmigo en su papel de director editorial.

Luego de titubear un poco, terminé por decirle que sí, que aceptaba el puesto.

Mario Alberto me dijo que el periódico ya estaba por arrancar y que debía de renunciar a La Opinión, para integrarme de inmediato a la redacción y comenzar a trabajar en el número cero de la edición del diario.

Lo bueno fue que nos comenzaron a pagar a pesar de que el periódico tardó un mes más en salir a la venta.

Yo no estaba muy convencido de durar en la redacción, la cual estaba integrada en sus inicios por Adolfo Flores Fragoso, en la edición, Mauricio García León, Alfonso Ponce de León, José Antonio Machado, Víctor Arellano y otro personaje que también forman parte de mi vida y a quien siempre le tendré gratitud eterna, Enrique Núñez, quien compartía la dirección del diario con Mejía.

El 7 de mayo del 2001, salió a la circulación “Intolerancia Diario”, el proyecto periodístico que sin duda cambio mi vida y al cual jamás olvidaré.

Intolerancia marca un antes y un después dentro de mi vida periodística, aunque al inicio, muy pocos le auguraban éxito a nuestra publicación, pero como siempre, solo fue cuestión de tiempo para callar bocas.

“En la vida hay amores que nunca pueden olivarse”, eso es lo que dice la canción de Manzanero y eso es para mí “Intolerancia Diario”.

riva_leo@hotamil.com
Twitter: @riva_leo

julio 18, 2021 - 6:00 pm

Por: Ricardo Morales Sánchez

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