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Mis Treintas: Intolerancia Diario, el amor que nunca olvidaré

Nos es fácil regresar al periodismo, después de haber estado alejado durante un tiempo de esta actividad. Realmente eres reconocido por lo que representas y no por lo que eres, esa es la verdad. Bastan tres meses fuera de los medios para que ya nadie se acuerde de ti.

A inicios del 2001 comencé a alternar mis actividades entre La Opinión, en donde asumí la jefatura de información, con la revista “Poder” de mi amigo Carlos Macías y mi actividad como corresponsal de Notimex en Puebla.

Un día mientras cubría una gira de trabajo del entonces gobernador, Melquiades Morales Flores, recibí una llamada a mi celular, era Javier López Díaz.

– ¿En dónde andas? Me preguntó.
– Ando en Tepeaca le conteste.
– Pepe Brito necesita un jefe de prensa para el Centro de Convenciones. ¿Te interesaría la posición?
– Claro que sí, le conteste.
– Pues te espera a las 14:30 horas, así que vente de inmediato para Puebla.
– Muchas gracias Javier, le dije.

No lo dude ni un instante, eran cerca de las 13 horas, así que tome un taxi, el cual me trajo desde Tepeaca hacia Puebla, para entrevistarme con un hombre, el cual definitivamente es una de las mejores personas que he conocido en mi vida.

Pepe Brito era querido por todo aquel que le conocía, era un empresario de la industria textil, el cual había sido secretario de Turismo, en la era de Manuel Bartlett, quien lo había designado el primer director del recién construido Centro de Convenciones de Puebla “William O’ Jenkins.

La oportunidad de trabajar al lado de este personaje era inmejorable y ha sido una de las mejores experiencias de mi vida, por la calidad humana de Pepe que en paz descanse, por su amor al trabajo y a Puebla.

Brito Zaragoza me contrató como jefe de prensa del Centro de Convenciones y ha sido uno de los trabajos que más disfrute en mi vida. Me lleva a trabajar como mi asistente a mi amigo, el también periodista Fredy Aco, quien me acompañó solo durante unos meses, porque recibió una invitación para integrarse a otras labores dentro de la máxima casa de estudios en nuestro estado, la Universidad Autónoma de Puebla, al lado del entonces rector, Enrique Doger Guerrero.

Para sustituirlo invite a mi entrañable amigo, Jorge Castillo para ayudarme como mi segundo de abordo al frente de este organismo. Jorge más tarde se convertiría en mi compadre.

La suerte me volvía a sonreír, ya no me iba nada mal en lo económico y estaba completamente recuperado de mi salud, pero estaba ansioso de nuevos retos.

Un día mientras caminaba otra vez sobre la avenida Reforma, una calle emblemática en mi vida, me volví a encontrar a Mario Alberto Mejía, con quien ya había colaborado en dos números para la revista “Intolerancia”.

Mejía me invitó un café y me comentó que estaba por lanzar un nuevo proyecto, un diario el cual llevaría el nombre de la revista y me invitó a colaborar con él.

Originalmente me ofreció cubrir la fuente empresarial y yo acepte con mucho gusto, era para mí, todo un reto trabajar al lado de Mario, a quien siempre he admirado.

Me fui de inmediato a las oficinas de Notimex, las cuales estaban a una cuadra y le platiqué a Mauricio García León que Mejía tenía un nuevo proyecto, que estaba por lanzar un nuevo periódico y que me había invitado para cubrir la fuente empresarial.

Una semana más tarde, Mario Alberto Mejía se puso en contacto conmigo para citarme en sus oficinas, por supuesto que acudí a su llamado y entonces recibí una noticia desagradable.

Mauricio García León había buscado a Mario Alberto Mejía para sumarse a su proyecto y pedirle cubrir la fuente empresarial, lo cual me había parecido una auténtica traición. Estaba enojado y entristecido, pensé que me había quedado fuera del proyecto, pero no era así.

Mejía me informó que ahora me quería para ser el reportero de la fuente política, lo cual implicaba para mí, una mayor presión, debido precisamente a que el periódico iba a estar dirigido a ese sector.

Por algunos segundos llegue a dudar en aceptar la invitación, la presión iba a ser tremenda, Mejía precisamente se había especializado en ese tema e iba a trabajar de manera directa conmigo en su papel de director editorial.

Luego de titubear un poco, terminé por decirle que sí, que aceptaba el puesto.

Mario Alberto me dijo que el periódico ya estaba por arrancar y que debía de renunciar a La Opinión, para integrarme de inmediato a la redacción y comenzar a trabajar en el número cero de la edición del diario.

Lo bueno fue que nos comenzaron a pagar a pesar de que el periódico tardó un mes más en salir a la venta.

Yo no estaba muy convencido de durar en la redacción, la cual estaba integrada en sus inicios por Adolfo Flores Fragoso, en la edición, Mauricio García León, Alfonso Ponce de León, José Antonio Machado, Víctor Arellano y otro personaje que también forman parte de mi vida y a quien siempre le tendré gratitud eterna, Enrique Núñez, quien compartía la dirección del diario con Mejía.

El 7 de mayo del 2001, salió a la circulación “Intolerancia Diario”, el proyecto periodístico que sin duda cambio mi vida y al cual jamás olvidaré.

Intolerancia marca un antes y un después dentro de mi vida periodística, aunque al inicio, muy pocos le auguraban éxito a nuestra publicación, pero como siempre, solo fue cuestión de tiempo para callar bocas.

“En la vida hay amores que nunca pueden olivarse”, eso es lo que dice la canción de Manzanero y eso es para mí “Intolerancia Diario”.

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Mis Treinta: Infierno y redención

Si algo afecta terriblemente a cualquier ser humano en su autoestima es quedarse sin empleo.

Arranque el 2001 en el piso, había tocado fondo, recién me recuperaba de la operación de vesícula biliar que estuvo a punto de costarme la vida, estaba endeudado y buscaba desesperadamente un empleo para poder llevar dinero a mí casa.

Mi esposa Claudia fue mi sostén en todos los aspectos de mi vida, toque varias puertas, pero ninguna se quiso abrir, lo cual aumentaba mi desesperación.

Todos los días compraba El Sol para buscar opciones de trabajo. Visite la Universidad del Valle de Puebla, la cual solicitaba un comunicador para hacerse cargo del departamento de difusión de esta empresa, vieron mi currículum y me dijeron que era demasiado amplio, que necesitaban a alguien con menos experiencia, porque yo iba seguramente quedar cobrar mucho. Sentí una terrible impotencia.

Mi amigo Erick Becerra, recibió la invitación para irse a trabajar al periódico Síntesis en un puesto de dirección, dejaba lo que ese entonces era Corporación Puebla con Carlos Martín Huerta y me habló para avisarme que había una vacante.

Consiguió que Carlos me diera una cita para hablar conmigo. Yo estaba feliz, ya había trabajado para Huerta Macías y pensé que no iba a haber problema para que pudiera darme la vacante de reportero, pero no fue así. Salí frustrado de la reunión, porque por más que le supliqué, Huerta no quiso darme la oportunidad. Llore lágrimas de rabia e impotencia, mismas que hoy me han hecho ser quien soy, nunca olvidaré ese momento.

Desesperado, acudí a los famosos anuncios del aviso clasificado, en donde te prometían 500 pesos diarios por trabajar solo unas horas. Acudí a la cita a unas oficinas viejas del Paseo Bravo, pero todo era una farsa, solo enganchaban y engañaban a la gente. Volví a sentirme el ser más miserable de este mundo.

Un domingo, mientras visitaba a mis padres en la colonia en donde nací, la Gonzalo Bautista, fui a comprar algunas cosas a la tienda y me encontré a un viejo amigo de la infancia de nombre Rubén, quien viajaba a bordo de una buena camioneta, llena de mercancía.

– Cómo has estado mi Ricardo, me preguntó
– Bien mi Rubén (El Cachala). Qué onda, a qué te dedicas viejo.
– Vendo ropa, me contestó.
– Oye se ve que te va bien, le dije.
– La verdad no me quejo, ya llevo como tres años dedicándome a esto y pues, ahí la llevo, compró la ropa en el tianguis de san Martín y luego vendo en varios lugares. ¿Tú a que te dedicas mi Ricardo?
– Yo ando sin chamba mi “Cachala” y pues, no sé de qué la voy a girar.
– Pues metete a vender ropa, no te va a ir mal, anímate.

Me despedí de mi viejo amigo de la infancia y sus palabras me retumbaban en la cabeza. Al llegar a la casa de mis padres de inmediato le platique a mi esposa, a la cual le gustó la idea, ambos le pedimos a mi padre que nos pudiera acompañar al tianguis para comprar mercancía.

Mi esposa tenía algo de dinero guardado, aunque le debíamos a sus tíos, al doctor y a mi amigo, dinero el cual me prestaron para mi operación.

El lunes en la madrugada partimos rumbo a San Martín, ahí conocí lo que era el famoso tianguis de ropa. Caminamos y caminamos para comprar mercancía, nos decidimos por pantalones de mezclilla, playeras, suéteres y chamarras.

Mi esposa era una vendedora natural y de inmediato comenzó a tener éxito, vendía en todo Grupo ACIR Puebla y la gente podía adquirir ropa en dos pagos, comenzó también a vender entre su familia y se expandió hacía varias dependencias estatales.

Por mi parte, yo también comencé a vender pantalón de mezclilla entre mis conocidos y no me iba mal, mi amigo había tenido razón, pero mi autoestima aún estaba baja. De a poco comenzamos a pagar nuestras deudas.

Mi amigo, el periodista Carlos Macías Palma comenzó a publicar su revista llamada “Poder” y un día me invitó a escribir en su publicación, me pagaba 500 pesos por reportaje publicado, trabajaba dos entregas para ganarme mil pesos y esa forma ayudar a mi economía.

Macías también me invitó a colaborar en su noticiero Tribuna de la Noche, el cual es transmitía de 23 a 24 horas, yo me sume con alegría a su propuesta y esperaba con ansias el poder hacer mi colaboración, aunque fuera de tan solo unos minutos. Nunca olvidaré a Carlos Macías Palma, de los pocos amigos que me tendió la mano en las horas difíciles. Gracias hermano querido.

Volví a buscar a Oscar López, quien me permitió regresar de nueva cuenta a La Opinión y mis ingresos comenzaron a mejorar, lo complementaba con la venta de ropa y los reportajes.

Un día, mientras caminaba otra vez por Avenida Reforma, me encontré a Mario Alberto Mejía, por quien salí de la dirección de Comunicación Social. Mejía me invitó un café. En ese entonces él ya era el director de la revista Intolerancia, la cual era la mejor de esa época.

Mejía me invitó a escribir para la revista y realice dos excelentes reportajes para esa impresión, los cuales también me pago. Uno sobre el padre de Félix Sánchez, el llamado “rey de la tortilla”, el cual apareció en portada y el otro sobre, el SIDA en la mixteca poblana.

El volver al medio hizo que entrará en contacto con viejas amistades, entre ellos mi querido Mauricio García León, a quien también le debo gratitud eterna.

Mauricio se había convertido en el corresponsal de Notimex en Puebla, la vieja agencia de noticias, en la cual había iniciado mi carrera.

García León había conseguido una segunda plaza para su ayudante dentro de la agencia y me la ofreció a mí, lo que acepte de inmediato, la paga no era mala, comenzaba la era de Fox como presidente de México y de Agustín Ortiz Pinchetti como titular de Notimex.

Deje el negocio de la ropa, para regresar de lleno al periodismo, solo mi esposa Claudia permaneció en él, aunque Javier López Díaz, le ayudó a conseguir un mejor empleo, dentro de la Dirección General del Trabajo, perteneciente a la Secretaría del Trabajo.

Nuestros ingresos comenzaron a mejorar y nos permitieron pagar las deudas. Estaba de vuelta dentro del periodismo, descendí al infierno, pero gracias a Dios, estaba de vuelta.

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Mis treinta: En la oscuridad

Estoy realmente convencido de que los momentos difíciles son los que realmente forjan el carácter de la gente y te enseñan a ver que estas hecho.

Como el “ave Fénix” debe de renacer de sus cenizas para sobrevivir, así sucede con los seres humanos. El ciclo eterno de ganar y perder, para después volver más fuerte.

El año 2000 arrancó con el optimismo de que entrabamos en una nueva era. El fin de un siglo y el inicio también de un nuevo milenio, los augurios no podían ser mejores, pero no fue así.

La armonía que había entre Rafa Quiroz y quien esto escribe se terminó por una serie de intrigas y una columna, escrita por Mario Alberto Mejía Martínez, terminó por derrumbar momentáneamente nuestra amistad.

Mejía, para bien o para mal, ha estado muy ligado a mi destino, es de esa clase de personajes, que se cruzan en tu vida para hundirte y más tarde también para redimirte.

La columna de marras de Mario hizo dudar a Rafa de mi lealtad y yo, sin pensarlo decidí presentarle mi renuncia en los primeros días de marzo del 2000. Otra vez la incertidumbre llegaba a mi vida.

De inmediato comencé a tocar puertas y regresé a La Opinión de Oscar López, un lugar que muchas veces fue mi casa.

Un incidente iba a cambiar de nueva cuenta mi vida. En abril arrancó la campaña a la presidencia de la República y también para el Senado y las diputaciones federales de ese año trascendental en la vida de México.

Mi antiguo patrón, Rafael Cañedo Benítez, había sido postulado como candidato al senado de la República por el PRI, llevando como compañero de fórmula a Germán Sierra Sánchez, ambos eran vistos como aspirantes a suceder a Melquiades Morales Flores en el gobierno de Puebla.

Yo estaba completamente ajeno a la campaña de Cañedo, cuando a los 15 días de arrancar el proceso, el hijo del entonces candidato al senado, de nombre también Rafael, hoy dueño de la Tropical Caliente, protagonizó un escandaloso incidente de tránsito, sobre la avenida Aarón Merino Fernández, casi esquina con Reforma.

Rafa Cañedo Carrión sacó la pistola y encañonó a uno de los elementos de seguridad vial que le habían intentado detener, luego de pasarse un alto.

El incidente fue ocultado por la mayor parte de la presa, no así por el siempre agudo periodista, Rodolfo Ruiz, quien publicó el incidente, el cual puso en riesgo la candidatura de Cañedo, quien tenía en la dupla panista integrada por Francisco Fraile y Ana Teresa Aranda a dos muy difíciles rivales, que contaban con todo el impulso del entonces candidato del albiazul a la presidencia de la República, Vicente Fox Quesada.

El escándalo amenaza la campaña priista, el entonces encargado de la comunicación social de la campaña de Cañedo, el periodista Theo Martínez esposo de la también periodista, Azucena Hernández, estaba totalmente rebasado.

Unos días después del incidente, mi querido Mauro González Rivera, me llamó a las oficinas de la dirección de Comunicación Social del gobierno en Reforma 703 y ahí me invitó a tomar la campaña de Cañedo, como encargado de Comunicación Social.

La paga era buena y Cañedo me conocía de los tiempos en ACIR, por lo que no dude en aceptar la invitación. Al día siguiente me presenté en las oficinas del entonces Comité Estatal del PRI de la 5 Poniente, el cual funcionaba como casa de campaña de los dos candidatos al Senado con el coordinador general de Cañedo, el joven, Pablo Fernández del Campo, quien había trabajado como secretario particular del empresario radiofónico cuando fungió como alcalde de Puebla.

Con Pablo hice una excelente amistad desde ese tiempo, aunque en realidad quien tomaba todas las decisiones, era la experimentada Silvia Tanús, quien más tarde se convertiría en mi “madrina”, ella era el verdadero cerebro detrás de Cañedo y sus decisiones.

Como encargada de prensa se quedó mi querida Azucena Hernández, a la cual apoyaba su amiga y compañera de universidad, Liz Cervantes, otra extraordinaria amiga y hoy consolidada periodista del diario Síntesis, juntos conformamos el equipo de presa de Cañedo.

Logré, a medias, un control de daños, luego del incidente provocado por el hijo del entonces candidato. El resto de la campaña trascurrió sin mayores incidentes, pero la experiencia no fue nada grata para mí. Ahí me convencí de que no había nacido para ser jefe de prensa de nadie, lo mío era hacer periodismo.

A mediados de la campaña, por ahí del mes de mayo, comencé a experimentar fuertes dolores en el vientre, además de mucho vómito, ya se me dificultaba comer algunas cosas y comencé a perder peso.

Aun así, el 2 de junio del 2000 Vicente Fox Quesada lograba la hazaña a de sacar al PRI de Los Pinos, la “ola azul”, había arrasado con todo a su paso, incluso con las candidaturas del PRI al Senado de la República en Puebla.

En el equipo “cañedista” nos fuimos a dormir muy tristes, Cañedo y Sierra habían perdido ante Fraile y “Anatere”, aun así, Rafael entraba al Senado como la primera minoría.

Sin embargo, al día siguiente las cosas habían cambiado, la fórmula priista al Senado de la República, de manera “milagrosa”, había regresado para obtener el triunfo dejando fuera a Ana Teresa Aranda, en beneficio de Germán Sierra, algo que se supo más tarde, se debió a una concertacesión entre priistas y panistas.

A los ocho días, acompañé a Cañedo a la entrega de su constancia de mayoría que lo acreditaba como candidato ganador de la contienda y senador electo, luego de esto fui citado al día siguiente en sus oficinas de grupo ACIR.

Yo esperaba mantenerme dentro del equipo del ya ahora senador electo, sabía de sus ambiciones de ser el sucesor de Melquiades Morales Flores y pensé que me necesitaba, pero no fue así. Nuevamente, Cañedo me volvió a decepcionar. Me pagó mi último mes de trabajo y me dio las gracias. No hubo nada más.

No puedo negar que me volví a sentir usado y traicionado por el empresario radiofónico, habíamos dado todo en la campaña y ni eso alcanzó para ser tomado en cuenta. Me sentí como si fuera un clínex, úsese y tírese.

El estrés de la campaña, junto con la decepción de ser usado y votado, agudizó mis problemas estomacales, hasta casi estar el borde de la muerte. La valiente intervención de mi esposa Claudia, de su familia y de un buen amigo, así como el consejo de Javier López Díaz, quien le recomendó a mi esposa que fuéramos a ver al doctor Jaime Justo Janeiro, salvaron mi vida, fui operado de emergencia en el hospital Betania, tenía la sangre contaminada y a punto de estallar mi vesícula biliar.

La recuperación fue lenta, estuve a días de morir, eran los últimos meses del aciago año 2000, que solo penas trajo a mi vida.

Me encontraba endeudado y sin trabajo, nada bueno se veía en mi destino en esos días. El 2001 también era incierto, se venía la cuesta arriba en mi vida y aún eran muchas las lágrimas que iba a derramar.

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Mis Treintas: El Aprendizaje

Concluido mi ciclo dentro del entonces Grupo ACIR Puebla vino un breve periodo de incertidumbre, eran pocas las alternativas y para los reporteros una de esas era incorporarse a las oficinas de prensa.

Conocí y traté a Mario Marín Torres desde que se desempeñaba como subsecretario de Gobernación y, como ya lo mencioné en otro de mis escritos, a fuerza de insistencia, poco a poco, me gané su confianza, de tal forma que me identificaba muy bien.

Al quedarme sin empleo, no dude en buscar al entonces candidato a la presidencia municipal de Puebla, quien me envió a entrevistarme con su entonces secretario particular, Javier López Zavala, ahí fue donde conocí a Javier.

Marín ganó sin muchos problemas la presidencia municipal de Puebla, imponiéndose al panista, José Antonio Díaz García (el mosco), el candidato ganador me invitó a trabajar de manera directa con él. Me convertí en su reportero personal, lo acompañaba a todos los eventos a los que asistía, pero inevitablemente esto provocó celos dentro del primer círculo de su equipo.

Valentín Meneses Rojas, el compadre, el hermano de Marín y entonces director de Comunicación Social de la recién iniciada administración, vio con recelo mi cercanía y decidió quitarme de esa posición, alegaba él y sus cercanos, que nunca había estado en campaña con ellos y que por lo tanto no me merecía ese lugar.

Javier Luna, el jefe de Prensa, me asignó a la oficina de Prensa de la dirección de Desarrollo Urbano, que en ese entonces presidia, Eduardo Macip.

Yo no tenía relación con él, ni siquiera nos conocíamos y eso complicó las cosas, no me gustó el cambio y no me sentía cómodo en ese lugar. Las cosas no iban nada bien.

La administración municipal apenas iba para su segundo mes cuando un día acudí a Palacio Municipal, al salir decidí caminar por Reforma, solo había dado unos cuantos pasos, cuando me encontré a un personaje que iba a cambiar mi vida, Rafael Quiroz Corona.

Rafa y mi esposa Claudia tenían familia en común; por lo tanto, ya nos habíamos visto en varias ocasiones, era el año de 1999 y también eran los primeros meses de la administración del entonces gobernador, Melquiades Morales Flores.

Rafa me saludó y me preguntó:
– ¿Cómo te va en tu trabajo?
– Pues más o menos Rafa, le dije, no estoy muy a gusto, no me acoplo, le dije.
– Vente a trabajar conmigo, me dijo, necesito alguien con tu perfil para complementar a mi equipo.
– ¿Con quién estas?, le pregunte.
– Con el gobernador Melquiades Morales Flores, Mauro (González Rivera), me pidió que me quedara a trabajar con él, como su segundo de abordo.
– Me encantaría, le respondí.
– ¿Cuándo te gustaría comenzar?, me dijo.
– Mañana mismo.

Al día siguiente, ya no fui a trabajar a la dirección de Desarrollo Urbano, ni fui a dar las gracias, algo que reconozco fue un error, una falta de cortesía, hacia Marín, quien me había tendido la mano.

Rafa me presentó con Mauro, quien me dio la bienvenida a su equipo, junto con su entonces secretario Particular, Jaime Maverick Molina.

Quedé como encargado del monitoreo de Medios de Comunicación del Gobierno del Estado y de la mano de Rafa Quiroz aprendí lo poco que se de análisis político.

Quiroz fue un gran maestro en muchos aspectos, fue un gran jefe, pero sumamente exigente, era perfeccionista, no dejaba escapar ni el más mínimo detalle y le gustaba que todo estuviera en orden, reitero, fue una etapa de mucho aprendizaje, el cual replique más adelante en mí día a día, pero sobre todo en mi práctica periodística.

La situación no era fácil, el gobernador Melquiades tenía muy acotado en su actividad a Mauro, de entrada había tres subsecretarios, Martín Márquez de medios regionales, Fernando Villa Salas de medios nacionales y amigo de su hijo Fernando Morales Martínez y Rafa, quien se encargaba del análisis, la imagen y el monitoreo, los choques en este equipo eran constantes.

Independientemente de esto, el entonces secretario de Finanzas, Rafael Moreno Valle, concentraba la asignación de los convenios de comunicación con los medios, lo cual menguaba la autoridad de Mauro, pero, además, el entonces secretario particular, Víctor Manuel Giorgana, también metía mano, así como el siempre hábil director de Atención Ciudadana, Ernesto Echeguren.

Todo el ambiente dentro de la oficina de Comunicación era complicado, las intrigas palaciegas y la disputa por el cariño del gobernador eran la constante, no obstante, reitero, al lado de Rafa aprendí mucho sobre la política aldeana.

La paga era muy buena, Mauro era muy extraordinario jefe lo mismo que Rafa, a lado de ambos viví un sismo brutal, el del 15 de junio de 1999 y las lluvias más terribles en la historia de Puebla, bautizadas por el entonces presidente de México, Ernesto Zedillo Ponce de León, como “la tragedia de la década”. Toda la Sierra Norte de Puebla quedó devastada por las precipitaciones de finales de septiembre e inicios de octubre de ese año.

Nunca olvidaré ese año al lado de mi amigo y maestro, pero la vida seguía y el destino nos iba necesariamente a separar.

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Mis treintas: El adiós

El extinto Grupo ACIR Puebla, hoy Cinco Radio, significó mucho en mi vida.

Ahí aprendí y viví lo que es ser reportero, también entendí como hacer radio, disfrute grandes momento con buenos amigo y comencé a ser parte del juego de poder que significan los medios de comunicación, además de que, por si fuera poco, conocí al amor de mi vida, mi esposa Claudia.

Pero como todo en la vida, hay siempre un principio y un fin.

De 1996 a 1998 estuve en la conducción, al lado de Javier López Díaz, y con compañeras como: Angélica Chevalier Ruanova, Juana Cortázar Iturriaga y Gladis Rabanales Lutman.

Al lado de mi amigo, Silvestre Salazar Aguilar, viví una de las mejores noches de mi vida.

Silvestre era el reportero policiaco más respetado de la época y juntos, recorrimos en una noche, gran parte de los centros nocturnos de Puebla, en donde pude constatar, el poder y respeto del cual gozaba el famoso, “Silver”. Lo tuvimos todo en una noche.

El 23 de junio de 1996 di cuenta de una tragedia como pocas veces se había visto en Puebla capital.

El rio Alseseca, afluente del Atoyac, se desbordó tras una intensa lluvia registrada una tarde, sobre el recién inaugurado bulevar Vicente Suárez, obra realizada por la administración de Rafael Cañedo Benítez, cerca de la XXV Zona Militar y de la unidad habitacional de La Margarita, se inundó y dejó un total de 7 muertos, debido a que la vía no fue bien construida y provocó la formación de una represa en la zona.

El tamaño de la tragedia era de dimensiones muy importantes, lo que más me impactó, fue ver coches arrastrados por la fuerza de la corriente y literalmente hechos “papilla”, al chocar contra las rocas.

Mi transmisión desde el lugar de los hechos fue impecable, fuimos los primeros en dar cuenta del tamaño de la tragedia. “Buenos Días con López Díaz” había sido el primer noticiero en dar a conocer estos hechos.

Meses más tarde estalló un violento motín en el Centro de Readaptación Social de Puebla (San Miguel), del cual también di cuenta, siendo el primer reportero en llegar a la zona y transmitir en vivo este hecho.

El motín duró casi tres días, hasta que fue sofocado a través de helicópteros que tomaron el lugar, en un operativo encabezado por quien más tarde sería el director de la Policía Judicial de Puebla, Adolfo Karam Beltrán, quien ingresó al sitió y lo recuperó a sangre y fuego.

Todos estos acontecimientos y la creación de “La RED”, consolidaron a López Díaz, como el principal líder de opinión de Puebla.

Ya era claro que Javier se había convertido en el primer lugar de audiencia, aderezado a su vez por la salida del cuadrante de algunos de sus competidores, como Jesús Manuel Hernández, quien salió de Grupo Oro para dejar su puesto a Fernando Canales, mientras Fernando Alberto Crisanto se expandía con la creación de un canal de Televisión por Cable, “Cablenoticias”.

Javier comenzó a salir de vacaciones y yo comencé a tomar su lugar en la conducción y a formar el noticiero, a la par de mantener mis actividades como reportero, debo de reconocer que fue una gran época, ahí aprendí armar un noticiero.

Todas las noches tenía una breve reunión con Rafael Cañedo Benítez, quien ya había dejado la presidencia municipal de Puebla y había retomado el control de su empresa.

Todas las noches se le reportaba como había estado el día, que noticias íbamos a llevar en el noticiero matutino y las actividades desarrolladas por el entonces gobernador, Manuel Bartlett.

Javier López Díaz, sin lugar a dudas, es un personaje innovador dentro de la radio poblana. En uno de sus viajes a los Estados Unidos, fue el primero en hablarme de una herramienta de comunicación, la cual iba a revolucionar el mundo, el internet, el cual denomino, “el quinto medio”.

Constantemente asistía a la convención mundial de la radio, para ver que, es lo que estaba revolucionando al mundo y trataba de buscar que se podía aplicar para el modelo mexicano y especialmente para su modelo poblano.

Pero a pesar de todos estos logros, Javier nunca se sintió seguro en su puesto y Rafael Cañedo contribuía y mucho en que así fuera.

Cañedo parecía a veces no valorar a Javier y la mejor muestra era la serie de “competencia interna” que le creaba.

A pesar de ser ya el número uno de la radio, Cañedo creó un noticiero alterno dentro del mismo grupo “Mujer…Es”, con Leticia Montgner al frente, lo cual no fue del agrado de Javier, a quien nunca le consultaba de sus decisiones.

En 1998, Javier viajó a la Habana, Cuba, para cubrir y estar presente en la histórica visita que Juan Pablo II al país caribeño en donde gobernaba, Fidel Castro, quien había salido de México a bordo del Gramna para establecer el régimen comunista en este bello lugar.

Yo me quedé al frente del noticiero y tuvimos una serie de enlaces durante este histórico encuentro, que quedaron para la historia.

López Díaz me sorprendió por su enorme capacidad para hacer crónica urbana y describir de manera impecable, las viejas calles de la Habana, así como la misa celebrada en la plaza central de Cuba, coronada con la imagen de Ernesto “El Che Guevara”.

A su retorno, Javier estaba tan contento con la forma en que había llevado el noticiero, que juntos platicamos sobre la idea de que yo tuviera un noticiero, “Buenas Tardes”, el cual se transmitiría a las 13 horas, por alguna de las estaciones del grupo. Mi dicha no tenía límite. Pero Rafael Cañedo tenía otros planes.

Meses después, un viernes, mientras leía “Momento Diario”, a través de la columna de Mauro González Rivera, me enteré de que el lunes, Valentín Varillas, iba a arrancar un noticiero en Grupo ACIR Puebla, a las 13 horas.

El golpe, por supuesto, para mí fue brutal, no podía dar cuenta de esto, me sentí traicionado y de inmediato, fui a ver a Javier para saber qué había pasado.

López Díaz solo me dijo que había sido una decisión ajena a él y sé que así había sido, pero yo no lo pude procesar con madurez en ese momento.

Reitero, me sentí traicionado y no valorado, tanto por Javier, como por la empresa.

A partir de ese momento mi actitud comenzó a cambiar, ya no iba con ganas al noticiero de la mañana, estaba recién casado, pero yo ya tenía en la mente irme de ahí, porque también entendí que en ACIR no había futuro para mí, ni mucho menos crecimiento.

Reconozco que tomé una mala decisión, debí de haber hablado directamente con López Díaz del tema, él siempre me había demostrado amistad y confianza, pero no lo hice y reitero asumí una actitud poco madura que terminó por confrontarme con mi amigo.

Un 30 de septiembre de 1998, Javier, cansado de mi actitud, me pidió que ya no fuera al programa y yo, enojado, decidí renunciar, lo cual él aceptó de inmediato.

Fue un arrebato que me costó muy caro, pero del cual también aprendí. No solo perdí momentáneamente una buena amistad, sino que me quedé sin trabajo y con un futuro muy complicado, aunque también hay que decirlo. No hay mal, que por bien no venga.

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Mis treintas: La revolución del fotoperiodismo en los 90ꞌs

Sin duda, los noventas estuvieron marcados precisamente por ser años de cambio, de innovación dentro del periodismo poblano y la foto no podía ser la excepción.

A inicios de la década de los noventa, específicamente en el año de 1992, se funda un periódico que iba a cambiar de manera radical la perspectiva de la fotografía en Puebla, el Diario Síntesis, propiedad de Armando Prida.

Síntesis tenía como jefe de fotógrafos a un personaje que revolucionó el fotoperiodismo en la entidad y que detonó el surgimiento de varios profesionales de la lente, quienes entraron en una sana competencia, su nombre Joel Merino.

Joel y Síntesis, hay que reconocer, cambiaron en los noventas la forma de ver las fotografías, las cuales, durante muchos años, habían servido solo para ilustrar los periódicos, pero muchas veces carecían de sentido o de mensaje.

Es verdad que “una imagen dice más que mil palabras” y esto se comenzó a convertir en realidad a partir de las fotos de Joel, quien tenía como compañero a Juan Carlos Rojas, ambos con una visión completamente de cómo se debía de hacer y de ver una fotografía.

De ahí surgió una camada de estupendos fotoperiodistas, como Rafael Durán, Rodolfo Pérez, Raúl Rodríguez Bautista, Rodolfo Benítez, Ulises Ruiz, Rafa Murillo y Pepe Castañares, solo por mencionar algunos que llegaron con una visión totalmente diferente de hacer foto.

Rafael Durán, sin duda, marca una forma y un estilo de hacer foto en Puebla, sobre todo en el tema político y también en el policiaco, en donde sin lugar a dudas se destaca por encima de varios de sus colegas y sin demeritar a ninguno.

Durán, junto con Joel Merino, comienzan a ejercer una especie de liderazgo sobre el resto de sus compañeros de profesión y como pocas veces había ocurrido en la historia de Puebla, los fotoperiodistas reclaman también como nota de ocho su trabajo.

En las viejas redacciones de los periódicos era un hecho inédito, el que una fotografía pudiera por si misma ser la nota de ocho en una redacción, las cuales eran dominadas por las notas o los reportajes redactados por los reporteros.

Tanto Rafael Durán como Joel Merino reclamaban el papel que la fotografía desempeñaba dentro del periodismo diario y por supuesto no les faltaba razón, muchas veces la foto, superaba por mucho, cualquier nota o cualquier entrevista, o eran en sí la verdadera información.

Ambos contribuyeron a cambiar la visión sobre la fotografía periodística y la defendían de una forma apasionada, de tal forma que comenzaron a cambiar la visión de las diferentes redacciones en la entidad, de tal manera que reitero, generaron una sana competencia en las redacciones, en donde el papel de la fotografía, comenzó a cambiar de rol.

Raúl Rodríguez Bautista, quien primero trabajó en El Universal de Puebla y más tarde en La Opinión Diario de la Mañana, creó la sección, “La foto tiene su chiste”, en la cual comenzó a plasmar la vida cotidiana y política de Puebla.

Era indiscutible que la fotografía comenzó a vivir una revolución a partir de estos personajes en los años noventa, como parte del gran cambio que experimentaba el periodismo.

Indiscutiblemente, la competencia modificó de manera diametral, la manera de hacer periodismo, en los medios escritos y también en los electrónicos.

La fotografía tendría un papel preponderante en el diario Intolerancia, el cual se fundó a inicios de este siglo, el cual también fue parte de una nueva revolución en los medios impresos de la entidad.

Desafortunadamente, con el surgimiento de los medios digitales (portales electrónicos), el fotoperiodismo vino a la baja, de tal forma que la competencia y el contenido de las imágenes comenzaron a perder su importancia dentro de este nuevo concepto de periodismo, que llegó como consecuencia del internet y el uso de las redes.

Sin duda la década de los noventa fue la etapa de la revolución de las imágenes, del fotoperiodismo poblano, en el cual brillaron de manera intensa, personajes, que sin duda revolucionaron en su momento, la lente en la entidad y que deben de ser recordados por las nuevas generaciones.

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Mis treintas: Los años “dorados” en ACIR y adiós Fermín

Si 1994 había sido un año turbulento para México, 1995 fue sumamente complicado en materia económica.

El país comenzaba a resentir el llamado “error de diciembre” y la grave crisis económica hundía al PRI en las elecciones celebradas el 6 de noviembre en Puebla.

Manuel Bartlett era arrasado en las urnas y perdía toda la zona conurbada, la cual se pintaba de azul.

El resultado electoral tampoco había beneficiado a Rafael Cañedo, el dueño del grupo radiofónico más importante del estado y quien a la sazón tendría que entregar la presidencia municipal al panista, Gabriel Hinojosa Rivero, quien el 14 de febrero de 1996 se convertía en el primer presidente municipal de extracción panista en la ciudad de Puebla.

Precisamente, el proceso electoral de 1995 fue el último año en que trabajamos juntos Fermín García y yo, como parte del equipo de López Díaz.

La relación entre Fermín y Javier se había deteriorado, merced a que García comenzó a trabajar en La Jornada de Oriente, a invitación de nuestro mutuo amigo, Oscar Victoria, quien lo llevó al semanario que encabezaba, Aurelio Fernández.

Como ya lo había mencionado, La Jornada de Oriente se había caracterizado por ser un semanario, muy incómodo para el gobierno, a través de sus reportajes, los cuales documentaban el despojó de tierras por parte de poderosos empresarios a ejidatarios de la zona de Angelópolis, los excesos de funcionarios públicos, el exceso de fuerza en contra de las comunidades como Nealtican, quien defendía su agua, misma que aún se utiliza para surtir una buena parte del suministro de la ciudad de Puebla.

Todo esto, comenzó a incomodar a Javier, cuya línea editorial distaba mucho de la que tenía la Jornada, por lo que comenzó a tener constante choques con Fermín, hasta que este último decidió salir del noticiero matutino y finalmente renunció a inicios de 1996.

Cuando Fermín dejo de colaborar en el noticiero, el cual se trasmití en ese entonces de 6 a 9 de la mañana, López Díaz me invitó para ocupar la vacante que había dejado Fermín y me incorporé para trabajar de lunes a sábado junto con Angélica Chavalier Ruanova en la conducción.

Tras la renuncia de Fermín García, también me quedé con sus fuentes y comencé a cubrir el Gobierno del Estado y el Congreso local, así como algunos partidos políticos.

Sin duda, fueron mis “años dorados”, mientras trabaje con López Díaz, el noticiero venía al alza, cada vez era mayor el número de auditorio el que nos escuchaba.

López Díaz le encomendó a Laura Hernández Villagrán hacerse cargo de coordinar a “La Red”, la cual crecía a pasos agigantados. Laura hizo un estupendo trabajo.

Javier se encargaba de darle un obsequio a cada una de las personas que hacían reportes y de esa forma, sus radioescuchas crecían día a día.

Claudia Hernández Villagrán, con quien dos años después me case, dentro de una historia de amor que ya ha durado 23 años, se encargaba de hacer la producción y esta era impecable, todo funcionaba como un “reloj suizo”, con precisión y al momento en que ocurrían las cosas.

Javier se dio cuenta de que me gustaban los deportes y que sabía mucho de ese tema, así que también me incorpore al espacio con Adolfo Kirk y Roberto Martínez Otero, aunque a las 6:30 de la mañana yo tenía un pequeño bloque en donde hablaba de los resultados del futbol internacional y de los más importante de lo ocurrido en el plano deportivo mundial.

El equipo iba a cambiarlo, personajes como Raúl Méndez Macías, Sandra Izcoa, Francisco Suárez Ovilla, Ignacio Dávila, entre otros, entraban a hacer servicio social y apoyar en el trabajo dentro de la redacción.

Israel Valero dejó de ser el reportero de deportes y entonces Javier me pidió que le pudiera recomendar a alguien para poder hacer este trabajo y no dude en llamar a mi amigo, Rafael Téllez Morales, a quien conocí en la redacción de La Opinión Diario de la Mañana.

Rafa y yo habíamos estudiando en la misma secundaria, la Federal No1 y teníamos amigos y conocidos en común, forjamos una gran amistad y le gustaba el mundo deportivo.

Mi mejor amigo, Ismael Bermejo también trabajó durante un tiempo con Javier, lo mismo que Oscar de la Vega, a quien conocí durante un curso que di en mi “alma mater”, la Universidad Madero.

Sin lugar a dudas, reitero, estos fueron mis “años dorados”, la conducción del noticiero, los amigos, el amor, todo eso representó para mi trabajar en ACIR, al lado de López Díaz.

La audiencia crecía, pero seguíamos solo en AM, entonces vino un anuncio que iba a fortalecer aún más al noticiero, “Buenos Días” se transmitiría de manera simultánea por AM y FM, Javier comenzaba a colocarse en la cima, eran los primeros pasos de a quien más tarde bautizaría como “el rey del rating”.

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Mis Treinta: La Opinión Diario de la Mañana, una escuela de periodismo

“La Opinión Diario de la Mañana”, sin duda es parte de la vida de varios de los periodistas de mi generación, los cuales pasamos por este lugar, el cual se convirtió en una verdadera escuela de periodismo.

En el periódico de Oscar López, nos encontramos en un momento Ruth Piedrhaita, Claudia Hernández Medina, Verónica Vélez, René Winder, Ismael Bermejo, Azucena Hernández, Ana Gabriela Fuentes, Jesica Baltazares, Iván Mercado y Jorge Castillo, solo por mencionar algunos, todos bajo la batuta del inolvidable, señor Ponce, Miguel Ángel Ponce.

En “La Opinión Diario de la Mañana” se respiraba el romanticismo de las viejas redacciones, un ambiente de camaradería y de bohemia, característico de los periódicos.

A muchos de nosotros todavía nos tocó redactar en las antiguas máquinas de escribir, en donde se metían las hojas de papel con su respectiva calca, para poder entregar la original al jefe de información, el señor Ponce, quien clasificaba las noticias y se encargaba del cabeceo, oficio que desempeñaba con la maestría de un artesano.

Aun puedo ver al señor Ponce, con su cigarro en mano, midiendo en sus hojas, parecidas a las de cálculo, la nota de ocho columnas, como solía hacerse en los periódicos de la época.

Al fondo del vetusto inmueble, ubicado en la 3 Oriente, en pleno Barrio de Analco, estaban las viejas rotativas, en donde se imprimía el periódico y casi al lado, el cuarto de fotografía, con mi querido Raúl Rodríguez Bautista y Rafael Durán, revelando sus rollos, el olor a gasolina y químicos, se mezclaba de una forma singular. Esa era la vieja Opinión.

Azucena Hernández estaba a cargo de La Opinión de San Martin Texmelucán, un semanario, el cual tuvo mucho éxito en esa región, todos los días viajaba hacia municipio para armar su edición.

Ismael Bermejo entró inicialmente para cubrir la fuente de la Universidad Autónoma de Puebla, su trabajo fue tan bueno, que de ahí nació la idea de fundar “La Opinión Universitaria”, el periódico hermano, que de inmediato se convirtió en un éxito editorial y que después fue dirigido durante muchos años por Ángel Ortega.

“La Opinión Universitaria” fue un semanario líder un producto más que innovador para la época.

Para mi, trabajar en “La Opinión” y también en el entonces “Grupo ACIR” representó, el mejorar sustancialmente mis ingresos, además de aprender a redactar para un diario, lo cual era completamente diferente a lo que se hacía en radio.

Desde la universidad me comenzó a gustar la vida nocturna y nada mejor que el ambiente de la redacción de un diario, para disfrutar la noche, con todos sus atractivos.

Todos los viernes, el señor Ponce comenzaba a pedir la cena. El cierre de edición se hacía generalmente entre las 12 de la noche y la una de la mañana y posteriormente había que revisar la primera plana para evitar que hubiera errores.

Salíamos a comprar las cemitas y los tacos y también “las diarias”, tres cervezas mínimo para abrir boca, para luego proceder a ir por “el fuerte”, una botella de brandy o de ron, para acompañar la larga velada.

En las antiguas redacciones se decía que “un periodista que no olía a alcohol, era como una flor sin aroma”.

Las largas pláticas con el señor Ponce incluían, por supuesto, temas de política, cine en donde era un auténtico conocedor, periodismo y por supuesto, sus anécdotas de juventud. “Todo tiempo pasado, jóvenes, siempre fue mejor”, nos decía.

A los 23 o 24 años de edad el escuchar y vivir todo ese ambiente, sin lugar a dudas, fue inolvidable.

El señor Ponce fue todo un maestro para muchos de mi generación y “La Opinión Diario de la Mañana”, como lo dije, se convirtió en una de las mejores escuelas de periodismo de la época.

Trabajé de manera ininterrumpida en este lugar de 1993 a 1998 y sin lugar a dudas, fueron cinco años de gran aprendizaje, para mi formación periodística, no hay nada como trabajar para un diario, eso que ni qué.

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Mis Treintas. El hombre que cambio la forma de escribir columna en Puebla: Mario Alberto Mejía

En la década de los noventas, los medios de comunicación electrónicos y escritos vivían, por primera vez, una auténtica competencia.

De un solo medio radiofónico en el cuadrante, como ya vimos la oferta en menos de tres años (1992-1995), creció a seis y cinco de estos en Frecuencia Modulada.

También se abrieron nuevas opciones en los medios impresos, El Sol de Puebla, enfrentaba además de competencia de Cambio y El Heraldo, la aparición de dos nuevos periódicos de “peso”, El Universal, de Rodolfo Ruiz, y el Síntesis, propiedad de Armando Prida, y dirigido por Mariano Morales.

Como ya lo mencioné, El Universal Puebla-Tlaxcala se convirtió en el mejor periódico de su época y dentro de esta casa editorial había un respeto casi ortodoxo por los géneros periodísticos, la nota, el artículo, el reportaje, la crónica y la columna.

Rodolfo Ruiz era y sigue siendo uno de los periodistas más completos de Puebla, agudo y con olfato, comenzó a escribir columnas políticas fuertes y bien documentadas, las cuales llamaban la atención de la clase política.

Antes de Ruiz, el columnista más influyente de Puebla era un periodista de sociales, Humberto Ferniza Rodríguez, quien escribía “Gente de Hoy y Siempre”, la cual daba cuentas de la vida de la “alta sociedad poblana”, la cual moría literalmente, por aparecer en la publicación de Ferniza.

Además, Ferniza sabía todos los “chismes” de la “crema y nata” poblana, lo que lo hacía un personaje sumamente poderoso. Quien no aparecía en la columna de este personaje, simplemente no existía.

Mauro González Rivera, “el jefe Magori”, como lo apodaban cariñosamente todos sus reporteros, era otro personaje influyente y con una columna poderosa.

Tanto Ferniza como Mauro eran demasiado “solemnes” por llamar de alguna manera sus columnas.

“El licenciado Pedrito Pérez bautizó a su hijo, el hermoso bebe, Carlitos Pérez, acompañada de su no menos distinguida esposa, Doña Lucía Santos García de la Cadena, quienes estuvieron acompañados para recibir la sacrosanta bendición por el distinguido magistrado, licenciado, Martín de los Santos y Pérez”, solo por mencionar algo.

Fue precisamente en El Universal de Rodolfo Ruiz en donde un periodista comenzó a escribir con un estilo irreverente, mordaz, agudo, ácido y crítico y quien cambio la forma de hacer columnas en Puebla: Su nombre, Mario Alberto Mejía Martínez.

A inicios de la década de los noventas, Mejía llegó a Puebla procedente de Huauchinango, para trabajar como productor del noticiero “Hechos”, que encabezaba Fernando Alberto Crisanto Campos.

Más adelante, junto con un grupo de colaboradores, creó el programa más irreverente de la época, el cual atentaba contra las buenas costumbres de la Puebla “levítica”, “Las Intimidades Colectivas”, en donde se hablaba abiertamente de sexo, prostitución, diversidad sexual y por supuesto de la doble moral de la sociedad poblana.

El programa rompía con todos los cánones establecidos, se hablaba abiertamente de orgasmos y se reproducían al aire los efectos del placer sexual, se invitaba a sexo servidoras para hablar de su profesión e incluso se llegó a invitar a proxenetas y “madrotas”, lo cual hoy sería imposible. El entonces arzobispo de Puebla, Rosendo Huesca Pacheco, pidió directamente que el programa saliera del aire y como era lógico se suspendió el programa.

Esto, por supuesto, no es una biografía de Mario Alberto ni mucho menos, solo son algunos de los antecedentes de Mejía.

Mario Alberto comenzó a reportear para el noticiero de Crisanto y muchos políticos lo comenzaron a invitar a comer o cenar, para contarle cosas.

Mejía dejó SI FM y aceptó la invitación de Rodolfo Ruiz para trabajar en El Universal, en donde demostró su buena prosa, a través de sus notas, pero sobre todo sus crónicas, en donde recreaba el ambiente político de la Puebla de Bartlett.

Las mejores crónicas del Congreso local, cuyo líder era Miguel Quirós Pérez, llevan el sello de Mario Alberto Mejía, lo mismo que de las sesiones del PRI estatal que encabeza en ese entonces, Ignacio Mier Velasco, hoy coordinador de los diputados federales de Morena, al cual Mejía bautizó después de la derrota priista de 1995, como “El General de las derrotas”.

Mario Alberto y Zeus Munive descubrieron el enorme fraude llevado a cabo por Manuel Bartlett para la conformación de la entonces Comisión Estatal Electoral, mediante el voto de la entonces diputada perredista, Laura Roldán, para elegir a dos consejeros adictos al bartlismo, Joel Cruz y Prócoro Carvajal, por indicaciones del entonces secretario particular de Mario Marín Torres, Javier López Zavala. Y como estas historias muchas más.

Pero el gran momento de Mario Alberto llegó cuando comenzó a escribir columna en las páginas del Universal y la llamó “La quintacolumna”, esto luego de que escuchó en noviembre de 1995, al entonces candidato perdedor de la contienda por la alcaldía de Puebla, Germán Sierra Sánchez, en entrevista con Javier López Díaz, el justificar su derrota por la existencia de “una quintacolumna” (traidores) priista que operó en su contra.

El estilo irreverente de Mejía, su sarcasmo, su prosa impecable, su ironía y porque no, hasta su desparpajo, marcaron una nueva época para la columna y para los columnistas poblanos.

El morbo de ver quien aparecía mencionado en la columna de Mejía, revivió a este género, hasta derivar ahora, en un exceso de columnistas, oportunistas y chantajistas, que han ya “choteado” el escribir columna en Puebla.

Mejía es un gitano, un torero de esos de época, de vena como dicen los taurinos, un Bon Vivant, alguien a quién amas u odias, pero que jamás pasara desapercibido, pero sin lugar a dudas, uno de los periodistas más influyentes de finales del siglo XX y principios del siglo XXI, así como un personaje muy influyente en mi carrera periodística.

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Ricardo Morales Sánchez
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Mis Treintas: La Red de López Díaz

Como ya vimos, a inicios de la década de los noventas, Puebla vivía una auténtica revolución en materia de medios de comunicación.

En los impresos había una lucha abierta para arrebatarle la hegemonía a El Sol de Puebla.

En el cuadrante, como ya lo mencioné, también se vivía una guerra por la audiencia y por quitar del primer lugar a Montero Ponce, el cual se debilitó, luego de que los Grajales decidieron, terminar su alianza con el periodista y trajeron de vuelta a Jesús Manuel Hernández.

A finales de 1992, el entonces presidente de la República, Carlos Salinas de Gortari, decidió entregar nuevas concesiones de radio para el cuadrante de FM en todo el país, entre ellas Puebla, en donde se vio beneficiada la familia Mastretta, a través del escritor, Héctor Aguilar Camín, cuñado de Sergio Mastretta.

Es así como nace La Radiante 105.1 de Frecuencia Modulada, la cual hace aún más grande la competencia, con periodistas como Rubí Soriano, Moisés Ramos, Luis Alberto González y Flor Coca en la conducción, quienes hacían todavía más dura la disputa por la audiencia.

Los contenidos de los noticieros radiofónicos se hacían cada vez más “libres”, pese a tratarse de un gobierno de “mano dura”, como el de Bartlett, en el cuadrante se hacía cada vez más uso de la libertad de expresión.

Empresas como La Radiante, de Mastretta, le daba voz a sectores que nunca antes habían tenido acceso a los micrófonos, como la 28 de octubre, organizaciones campesinas, el Partido Acción Nacional y el PRD, partido de izquierda de reciente creación, el cual surgió, luego de la división de la corriente crítica, la cual se salió de este partido, para conformar el Frente Democrático Nacional, el cual derrotó en las urnas a Salinas de Gortari, con su candidato, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, aunque la victoria les fue arrebatada a través de la “caída del sistema”, operada faltaba más, por Manuel Bartlett, quien en ese entonces era titular de la secretaría de Gobernación y estaba a cargo de la Comisión Federal Electoral. Esa era la situación del cuadrante a inicios de 1993.

López Díaz y su noticiero, “Buenos Días”, del entonces Grupo Acir, se transmitía solamente por la XEHR 1090 de AM y enfrentaba dos problemas: La competencia de las FM y el hecho de Rafael Cañedo, era el presidente municipal de Puebla, razón por la cual, no podía realizar critica en contra de las autoridades (Bartlett, obviamente Cañedo y el entonces rector de la UAP, José Doger Corte).

La libertad con la que se movía su competencia era una gran desventaja para Javier y para quienes formábamos parte de su equipo, pues teníamos que cuidar muchos intereses.

La situación no era para nada fácil, ni mucho menos cómoda. Javier sabía perfectamente que la receta era estar cerca de la gente, eso le quedaba claro.

La mayoría de su competencia hacia radio para elites, había un nicho de mercado, con las masas, la gente de las colonias populares y de las juntas auxiliares, nuestro pueblo.

Además de la “Ciudad despierta”, que comenzaba a estar en casi todos los puntos de Puebla, Javier comenzó a regalar pasteles, de Pastelería Mexicana, para todos los que cumplieran años ese día, pero aún no le alcanzaba para desplazar a Montero y sentía la presión de los Jesús Manuel, los Carlos Martín, los Crisanto y los Mastretta.

A Javier le gustaba convivir mucho con su redacción, con los que éramos cercanos a él. Desde hace tiempo, tenía la idea de premiar a la gente que hiciera algún reporte, era una forma de incentivar al radio escucha para reportar hechos o acontecimientos ocurridos en su propia comunidad.

Tanto Fermín García como yo éramos escépticos sobre la respuesta de la gente y la veracidad de los reportes que hicieran. Nuestro temor era fundado, ¿Cómo saber que era verdad y que sería mentira o broma? ¿Cómo filtrar esos llamados? De antemano sabíamos que mucha gente, gustaba de hacer muchas bromas cuando llamaba a la Cruz Roja o a las casas.

Así transcurrió el año de 1993 y arrancamos un muy turbulento año de 1994, el cual inició el primer día del año, con algo totalmente inesperado, el estallido aparente de una insurrección indígena en el estado de Chiapas, encabezado por quien a partir de ese momento conocimos como el comandante Marcos.

El país se comenzaba a convulsionar a finales del sexenio salinista, la “insurrección”, despertó los viejos sueños del romanticismo de 68 y lo principios de los setentas.

Pero la descomposición iba en escala, a la insurrección zapatista, prosiguió en marzo un discurso altamente revolucionario por parte del candidato del PRI a la presidencia de la República, Luis Donaldo Colosio, quien, durante la ceremonia del aniversario de este partido político, dirigió un mensaje el cual se tradujo como una clarísima critica al sistema.

Colosio no sobrevivió mucho a ese discurso el 23 de marzo de 1994 fue asesinado en Lomas Taurina, una colonia popular de Baja California, se dice que por Mario Aburto.

Pero aún faltaba más por ver, Colosio fue sustituido por su coordinador de campaña, Ernesto Zedillo Ponce de León, quien ganó las elecciones, aunque fue opacado en todo momento por el panista, Diego Fernández de Cevallos.

Meses más tarde moriría también asesinado el ex gobernador de Guerrero y secretario general del PRI, José Francisco Ruiz Massieu, cuñado del presidente Salinas y de su hermano Raúl, a quien se le adjudicó el homicidio.

Su hermano de José Francisco, Mario Ruiz Massieu, entonces subprocurador General de la República, renunciaba a su cargo y acuñaba la famosa frase, “los demonios andan sueltos”, acusando al sistema de bloquear la investigación de la muerte de su hermano.

De la mano dura de Bartlett, Puebla transcurría en relativa calma, esos convulsionados días, pero la madrugada del 21 de diciembre de 1994, la paz se acabó.

Bartlett se encontraba ya de vacaciones en París y la mayor parte de la gente se preparaba para la celebración de la navidad.

El 20 de diciembre, por la noche, Javier nos invitó a su casa a varios integrantes de la redacción a tener un pequeño brindis por la llegada de las fiestas decembrinas.

Fermín García y yo, nos quedamos hasta las 2 de la mañana con Javier y luego de varios brindis salimos rumbo a nuestros hogares, pero el sueño duró muy poco.

A las 4:30 de la mañana del 21 de diciembre, el teléfono de mi casa comenzó a sonar desaforadamente, del otro lado de la línea, López Díaz se oía excitado.

– Levántate rápido y vete a la casa de Alejandro Rivera, te está esperando para irse de inmediato a Atlimeyaya.
– ¿Qué pasó? – pregunte.
– El Popocatépetl está haciendo erupción, esa fue su respuesta.
– ¿Quién te dijo? Otra vez le pregunté, la gente, la red, los reportes me comenzaron a llegar a las 3:30 de la mañana, de inmediato me vine a Grupo Acir, en la calle hay mucha ceniza y apenas y se puede ver. Ya vete rápido con Rivera.

Ya no pregunte más, de inmediato me vestí y llegue a la casa de Alejandro Rivera, López Díaz era el primero en haber comenzado a transmitir en vivo la nueva erupción del coloso que vigila el Valle de Puebla.

Lees había ganado a todos el evento y tenía reporteros en todos los puntos, incluido yo, que me enlace desde san Baltazar Atlimeyaya con el hombre que en ese momento era quien conocía mejor que nadie el Popo y que muchos años antes había advertido que el volcán estaba entrenado en una fase eruptiva y todos los tildaban de loco, sus pronósticos se habían hecho realidad.

La red había demostrado su efectividad, gracias a la gente fuimos los primeros en transmitir el evento, mientras la competencia tardó horas en entender que es lo que pasaba. Así fue como nació La Red.

López Díaz estaba punto de convertirse en el “rey del rating”.

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Mis Treintas: El Universal Puebla-Tlaxcala

Si a inicios de la década de los noventas la radio poblana vivía una auténtica revolución, ni se diga lo que se presentaba en los medios impresos, en donde la aparición de La Jornada de Oriente y El Universal para luchar palmo a palmo contra el Sol de Puebla, Cambio, Momento y El Heraldo, significaron un cambio significativo en los medios de comunicación en la entidad.

A inicios de los noventas, el periodista Rodolfo Ruiz Rodríguez encabezó el medio más influyente de esa década, El Universal Puebla-Tlaxcala, el cual, pasó de ser un encarte en el medio nacional a un diario de circulación local y con notable peso dentro del círculo político y empresarial.

Ruiz contaba con el apoyo del presidente de este medio, Juan Francisco Ealy, y del director, Roberto Rock, así como con el financiamiento de la iniciativa poblana ligada a la derecha, encabezada por Jorge Espina Reyes y los hermanos, Juan José y Pablo Rodríguez Posada, así como otros importantes empresarios.

Estos personajes encabezaron un proyecto que haría época y se convertiría, de la mano de Ruiz, en la mejor escuela de periodismo de Puebla.

Por sus filas pasaron los mejores reporteros de ese tiempo, Martín Ruiz, Arturo Luna Silva, el mejor periodista de nota roja, quien posteriormente se convertiría en el jefe de redacción y columnista de este impreso, Carlo Pini, Isabel Tobón, Mónica Pimental, el hombre que revolucionaria la manera de hacer columna en Puebla y que marcaría una forma y un estilo personal, Mario Alberto Mejía, el mejor reportero de Finanzas, Alejandro Mondragón, Mauricio García León, Monika Arteaga, Beatriz Gutiérrez Müller, Edwins García, Blanca Patricia Galindo, Dulce Liz Moreno, Mónica Azcárate, uno de los mejores reporteros de crónica, Guillermo Pimentel, el mejor periodista deportivo a inicios de los noventas, Ricardo Hernández Esparza, quien dejo al grupo Tribuna, Pablo Arana, Miguel Valtierra, Erick Becerra, Carlos Villanueva, Fernando Pérez Corona, Zeus Munive, Alejandro Rodríguez y muchos más que marcarían una época dentro del periodismo poblana.

Nadie puede negar que El Universal Puebla-Tlaxcala fue el periódico más influyente de su tiempo, con un verdadero “dream team” de periodistas locales y también foto periodista, como Rafael Durán, Raúl Rodríguez Bautista, Rodolfo Pérez, Rodolfo (El gato) y muchos más que escapan a mi memoria.

Durante el sexenio de Manuel Bartlett Díaz, El Universal varias veces puso en jaque a la administración estatal, lo que muchos dicen que era para que la derecha poblana la cual estaba detrás del proyecto, obtuviera prebendas.

El periodista Mario Alberto Mejía ha afirmado en varias ocasiones, que Rodolfo Ruiz, permitía que se criticara a cualquier personaje de la administración estatal menos al entonces director de Comunicación Social, Raúl Torres Salmerón, con quien tenía una muy buena relación.

En el año de 1995, el empresario, Gabriel Hinojosa Rivero, cobijado bajo las siglas del Partido Acción Nacional, puso fin a la hegemonía del PRI en Puebla capital, de hecho, el albiazul ganó las presidencias municipales en una buena parte de la zona conurbada.

La relación entre la iniciativa privada de Puebla y el gobernador Bartlett se volvió tensa, el presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Jorge Espina Reyes, no era bien visto, ni mucho menos recibido en casa Puebla, comenzaba un periodo muy tenso entre las cúpulas empresariales el mandatario estatal, quienes manejaban los principales proyectos de obra pública en la ciudad, como la construcción del periférico en manos del consorcio poblano para la construcción, el centro de convenciones y la Feria de Puebla.

Bartlett tomó venganza de la iniciativa privada de Puebla y las “presas” fueron el Comité de la Feria, cuyo presidente era, Alfredo Miranda y la Junta de Mejoras, el cual estaba encabezada por Herberto Rodríguez Concha.

De todo esto dio cuenta a través de sus páginas El Universal, quien dio a conocer el escándalo por los desvíos de recursos de la Feria de Puebla, a la empresa PEI propiedad de Miranda López, quien pintó en un mismo año hasta seis veces este inmueble. Se auto vendía el producto.

Lo mismo ocurrió con la Junta de Mejoras, organismo el cual por ley recibía un porcentaje del presupuesto del Ayuntamiento de Puebla, para la realización de obras y financiamiento de publicaciones, como el inmortal libro “Las calles de Puebla” de Hugo Leicht.

Tanto a Miranda como a Rodríguez Concha se les acusó de desvío de recursos, la situación entre la iniciativa privada de Puebla y gobierno del Estado era tensa.

La derecha poblana pensó que iba a poder manejar fácilmente al nuevo presidente municipal de Puebla, Gabriel Hinojosa, quien pensaban iba a ser un títere, pero no fue así, el nuevo alcalde capitalino, no era para nada un hombre dócil y fácil de manipular.

Mario Alberto Mejía dejaba plasmadas sus mejores crónicas desde el Congreso local con la bancada panista en donde estaban entre otros, Felipe Puelles Espina, Jorge Enhlinger Coughlan, Ángel Alonso Díaz Caneja.

También dejaba en claro el fraude que era la recién creada Comisión Estatal Electoral, que era manejada por el operador electoral de Bartlett, José María Morfín Patraca, “El Chema” Morfín, Mejía y Munive evidenciaron a los famosos “Prócoros”, consejeros electorales a modo, financiados desde Casa Puebla por el entonces secretario de Gobernación, Mario Marín Torres y su operador, Javier López Zavala, quienes recibieron “dos melones y dos sandías”.

De ese tamaño era El Universal de Puebla en los noventas.

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Mis Treintas: En busca de la audiencia

Como ya lo vimos, a inicios de los noventas, los medios de comunicación poblanos vivían una auténtica revolución.

La competencia se hacía real tanto en la radio como en los medios impresos e incluso en las escuelas de comunicación.

En el entonces grupo ACIR Puebla, Javier López Díaz, luchaba por desbancar en el cuadrante al hombre que inicio los noticieros radiofónicos en Puebla, Enrique Montero Ponce.

Injustamente, Javier ha sido muchas veces menospreciado por su competencia; incluso, tontamente sus opositores alegaban que su incipiente éxito se debía a que regalaba pasteles. No, su fórmula tuvo mucho de sentido común, algo que a muchos les hace falta. López Díaz, se dio cuenta que había que estar cerca de la gente, así de fácil, así de sencillo.

A inicios de 1993 las transmisiones de su noticiero se hacían, ya desde el lugar de los hechos. “La ciudad despierta”, sin duda fue su primer éxito, trasmisiones en vivo por parte de todo su equipo, en colonias, juntas auxiliares, fiestas patronales, ruedas de prensa, ceremonias cívicas, ahí estábamos quienes componíamos su equipo.

Los noticieros “A tiempo” también cambiaron de nombre, se convirtieron en “Radar”, el nombre que aún conservan, bajo el mismo concepto, información cada hora, de lunes sábado.

El equipo comenzó a sufrir cambios, se fueron, Adolfo Flores Fragoso, Flavia Elizabeth Moncada, Antonio Cuéllar Montiel, Hilda González Bernal y Salvador González Jaramillo.

Para suplir estas bajas llegaron. Miguel Ángel Alfaro Barragán, Ana Jaqueline Valerio Venegas, Israel Valero, Raúl Méndez Macías, entre otros.

No era fácil hacer periodismo cuando tu jefe a la vez es un político, cuya carrera es ascendente y además es el presidente municipal en turno.

Rafael Cañedo Benítez era el alcalde capitalino y sostenía una relación “complicada” con el gobernador en turno, Manuel Bartlett Díaz, quien tenía acotado al edil, a través del contralor, Antonio Fernández Brito, gente del entonces titular de la Sedecap, Jorge Estefan, y también, a través del síndico municipal, Ricardo Méndez Haces, un empresario ligado más a la derecha poblana y cuyo éxito comercial se debía a su empresa “Dulces Anáhuac”, una de las principales exportadoras de la entidad, su producto “estrella” una paleta llamada “Chipileta”, se logró vender en más de 40 países en el mundo.

Pero retomando el tema, no era fácil hacer periodismo si tu jefe es el presidente municipal y un político en crecimiento.

Salvador González Jaramillo dejó el noticiero para irse a trabajar al ayuntamiento con Cañedo, “Chava” cubría la fuente municipal, Javier decidió que Miguel Ángel Alfaro cubriera la fuente del ayuntamiento, en tanto, yo me hice cargo de la iniciativa privada que había quedado acéfala por la salida de Hilda González Bernal.

Al principio no me gustó mucho cubrir la fuente de la IP, se trataba de un sector muy “especial”. Muchos de sus actores políticos estaban ligados a la derecha poblana o, mejor dicho, eran las verdaderas cabezas de la derecha poblana (Yunque).

Hay que reconocerlo, en ese entonces había verdaderos líderes empresariales, no la caricatura de los de hoy: el sector empresarial, tenía de verdad un peso específico en la vida política de la entidad.
El entonces vicepresidente del Consejo Coordinador Empresarial, Jorge Espina Reyes, comenzaba a despuntar, al igual que Carlos Solana Pumarino, presidente de la Coparmex.

Al término de la gestión de Humberto Ponce de León Ahumada, Jorge Espina Reyes se convirtió en presidente del CEE. Alfonso Tenorio Castilleros, ex presidente de la Canacintra, tomaba el control de la “influyente” cámara de la construcción.

Jóvenes egresados de la UPAEP y no es casualidad, operaban las oficinas de comunicación y las direcciones de los principales organismos empresariales de Puebla.

Mariano Muñoz era el titular de Comunicación Social del CCE, Rafael Cerezeda era el director de la Coparmex, Abel Hernández, dejaba las filas de Javier Sánchez Galicia, quien había sido mi maestro de publicidad y propaganda en la Madero y en ese entonces despachaba como subdirector de Comunicación Social del gobierno de Bartlett, para incorporarse como director de Comunicación de la CMIC, Gerardo Alfaro estaba a cargo de la comunicación de la Canaco y la Canacope.

Yo desconocía la fuente empresarial, la cual dominaba Alejandro Mondragón, quien había estudiado en la UPAEP y había sido director de la Coparmex, era el reportero “estrella” del periódico “El Financiero” en su edición Golfo Centro, que era dirigido por Socorro López Espinosa.

Yo tuve que hacer alianza y amistad con dos extraordinarios, en ese entonces jóvenes reporteros, Cirilo Ramos y Mauricio García León, más tarde también de manera coyuntural, establecimos alianza con mi querida Rubí Soriano, quien comenzó a manejar una serie extraordinaria de relaciones y de fuentes.

Cirilo trabajaba para El Financiero, Mauricio para Radio Oro y Momento, Rubí para “La Radiante” y yo para ACIR.

Jorge Espina Reyes estableció una muy buena relación con el gobernador Bartlett, de tal forma que llegó a tener derecho de “picaporte” en casa Puebla, tan es así que logró colocar a uno de los suyos al frente de la Feria de Puebla, el ex presidente de la USEM, Alfredo Miranda López.

La derecha poblana cogobernaba de la mano de Bartlett, pero vendría una ruptura con el gobernador y también una ruptura en el noticiero “Buenos Días”, que cambiaría las cosas.

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Mis Treintas: La revolución de los impresos

Como ya vimos, a inicios de los noventas, la radio vivía una auténtica revolución, con el surgimiento de varios noticieros radiofónicos que surgieron en el cuadrante, para competir contra la hegemonía de Montero Ponce y su Tribuna Radiofónica.

A inicios de 1992, con el inicio de la administración de Manuel Bartlett Díaz, también se comenzó a vivir un cambio en los medios impresos y en el periodismo de investigación, con el surgimiento de dos nuevos proyectos, La Jornada de Oriente y El Universal Puebla.

La Jornada de Oriente fue fundada por el economista, Sergio Cortés, Susana Rappo y Aurelio Fernández, a inicio de la década de los noventa.

Aurelio Fernández se anotó un éxito al contratar del mejor reportero de esa época, mi amigo Oscar Victoria, quien le dio un sello muy característico a este semanario, con reportajes “bomba”, que hicieron de este medio, consulta obligada en Puebla.

Entre los trabajos más destacados de Oscar se encuentra el caso de José Luis Huerta Galeote, un preso torturado en el año de 1991, dentro de las instalaciones de la entonces Procuraduría de Justicia del Estado, por el entonces director de la Policía Judicial, Armando Canto Huitzil, y algunos elementos de esta corporación.

A Huerta Galeote le introdujeron un clavo en el cráneo, mismo que le ocasionó lesiones graves al detenido.

La pluma de Victoria denunció los hechos, a través de la páginas de La Jornada, lo que derivó más adelante en una recomendación emita al gobernador, por parte de la naciente Comisión Nacional para la Defensa de los Derechos Humanos, quien condenó los hechos y solicitó el castigo de todos los implicados.

Otro magistral trabajo de investigación de Oscar fue el documentar la venta de los lavaderos de Almoloya, patrimonio histórico de Puebla, a la esposa del entonces gobernador de Puebla, Mariano Piña Olaya, Patricia Kurczyn, lo que valió a Oscar, ser perseguido y amenazado por parte del entonces mandatario.

Oscar se tuvo que exiliar por un tiempo a la Argentina, para evitar ser objeto de una venganza por parte del ya para ese entonces ex mandatario, quien, incluso, desapareció la escritura de la Notaria en donde había quedado inscrita la transacción.

Otro notable trabajo realizado por Oscar para La Jornada de Oriente fue el dar a conocer el robo en catedral, de las tablillas de Luis Lagarto, el iluminador más reconocido de finales del siglo XVI e inicios del siglo XVII.

Los codiciados objetos considerados auténticos tesoros, fueron sustraídos de la catedral, por dos sujetos que se descolgaron desde la cúpula principal del majestuoso inmueble y se llevaron estos codiciados objetos. El robo se supone se ejecutó por encargo.

Oscar Victoria invitó a trabajar también para La Jornada de Oriente a Fermín García, quien hasta la fecha se conserva en este periódico, que más tarde dejó de ser semanario, para convertirse en diario.

Fermín intercalaba su trabajo como reportero de López Díaz y de La Jornada, lo que derivó más adelante en su salida de Grupo ACIR.

Por su parte, Rodolfo Ruiz comenzaba a estructurar un proyecto que pasaría a la historia, El Universal Puebla, el cual se convirtió en el periódico más influyente de la época y en una auténtica fábrica de talento y forjadora de excelentes plumas, como la de Arturo Luna Silva y del inigualable quintacolmunista, Mario Alberto Mejía Martínez.

También ya en el lejano año de 1992 vería la luz, otro ya proyecto periodístico, el cual fue referencia en su momento, el periódico Síntesis, el cual innovó con el tema de sus atractivas fotografías y la lente de un referente del fotoperiodismo poblano, Joel Merino.

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Mis Treintas: Una generación de oro

No es porque yo haya pertenecido a esa generación, pero sin duda el grupo que compartió aulas de 1990 a 1994 en la Universidad Madero, marcó una nueva etapa para la propia institución y generó el prestigio de la carrera de comunicación de la UMAD, compitiendo con quien hasta ese entonces dominaba los medios de comunicación en Puebla, la UPAEP.

La generación del Madero, integrada por Dulce Liz Moreno, Blanca Patricia Galindo Tello, Fernando Pérez Corona, Edwins García, Ismael Bermejo, Rosa Elvira Tlatelpa, Rosario Sánchez Dorado (qpde) y su servidor, quienes en algún momento trabajamos dentro de los medios de comunicación de Puebla, marcamos un antes y un después para la UMAD, sin demeritar por supuesto, lo que más adelante han realizado otros egresados de esta institución y por supuesto, a quienes nos antecedieron.

Una conferencia realizada a inicios de 1992 cambio por completo la visión y la vida de mis compañeros de generación, quienes entendieron la importancia de comenzar a trabajar dentro de los medios, a la vez de continuar con sus estudios.

La Semana de la Comunicación de la UMAD reunió en una mesa sobre periodismo, a tres personajes, que sin duda influyeron y cambiaron el rumbo de este grupo de jóvenes estudiantes.

La mesa estaba integrada por Jorge Marcelino Alejo, en ese entonces uno de los periodistas más influyentes dentro de la fuente empresarial de Puebla y quien trabajaba para el periódico más importante, “El Sol de Puebla”, el subdirector de noticieros del grupo Oro y columnista, Carlos Macías Palma, y el director de “El Universal”, en ese entonces sección Puebla-Tlaxcala, Rodolfo Ruiz Rodríguez.

Mentiría si digo que me acuerdo sobre qué verso la charla, pero sin duda fue de sus vivencias dentro del periodismo y la importancia de trabajar lo más pronto posible en un medio de comunicación para poder adquirir experiencia.

Rodolfo Ruiz fue uno de los que más impactó con su charla, era un periodista ya consolidado y su medio, comenzaba a tomar relevancia informativa, con reportajes fuertes. Bien trabajados y buena información.

Al final de su participación, Ruiz invitó a todos los que escucharon su plática a realizar prácticas dentro del Universal y la respuesta fue brutal, Edwins García, Blanca Patricia Galindo y Dulce Liz Martínez, de inmediato le tomaron la palabra y se sumaron a su proyecto, al igual que otros estudiantes de semestres más avanzados como Roberto Desachy, Mónica Azcárate y mi querida Rubí Soriano, todos ellos, sin lugar a duda, jóvenes llenos de talento y ganas de salir adelante.

Dulce Liz Moreno, Blanca Patricia Galindo y Edwins García, de inmediato comenzaron a trabajar reportajes, dentro de una sección del Universal Puebla-Tlaxcala, que estaba bajo la coordinación de Ana Lydia Flores, “Los Olvidados”, misma que marcó huella y formó como periodistas estas tres extraordinarias mujeres.

Dulce Liz Moreno es autora de uno de los mejores reportajes que he leído en vida, el cual versaba sobre lo que había sido de “Los Pitufos”, la célebre pandilla poblana surgida a inicios de los años ochenta, conformada por niños y adolescentes que se asemejaba a los también “famosos” “panchitos” de la ciudad de México.

“Los Pitufos” eran originarios del barrio de San Antonio, la 28 Poniente y hasta la 32 Poniente y durante años fueron el terror de la sociedad poblana, hasta que algunos murieron, otros fueron a prisión y algunos más se tuvieron que ir de Puebla, los menos dejaron la actividad delictiva y se adaptaron a la sociedad.

Moreno rastreó sus vidas casi una década después y la plasmó, insisto, en uno de los mejores reportajes de los cuales tengo memoria.

Blanca Patricia Galindo y Edwins García se consolidaron como sólidas reporteras de la fuente del ayuntamiento de Puebla y la UAP. Más adelante Blanca llegó a ser la mano derecha de Rodolfo Ruiz y hasta su socia en los inicios del primer periódico digital de Puebla, e-consulta.

Fernando Pérez Corona y yo, ya trabajamos en “Así Sucede” y en Grupo ACIR, Rosario Sánchez Dorado, quien falleció el año pasado, daba sus primeros pasos dentro de ECO Diario, en donde también dio sus primeros pasos mi querido Erik Becerra.

Ismael Bermejo se sumaba al equipo de Pilar Bravo a la vez que hacía sus prácticas en la oficina de prensa de gobierno, manejada en ese entonces por Humberto Moreno, bajo el mando del entonces director de Comunicación Social de Manuel Bartlett Díaz, Raúl Torres Salmerón, quien venía de ser director de El Sol de Puebla y profesor de la escuela de Comunicación de la UPAEP, cuyos egresados dominaban por completo el ámbito de la comunicación poblana.

Javier López Díaz, director del entonces grupo ACIR, era egresado de la escuela de Psicología de la UPAEP; Carlos Martín Huerta, director de “Así Sucede”, corporación Puebla de Comunicación era egresado de la escuela de Comunicación de la UPAEP, Rodolfo Ruiz Rodríguez, director del Universal era egresado también de la universidad de la derecha poblana de la escuela de Ciencias Políticas. Fernando Alberto Crisanto Campos, había estudiado en la UPAEP y había concluido sus estudios en la Ibero Puebla.

De igual forma, la UPAEP dominaba con una joven generación de reporteros como Alejandro Mondragón egresado de esta casa de estudios, Cirilo Ramos, Verónica Vélez, Fermín García, Isabel Tobón, Juan Manuel García Dorantes, Lilia Vélez Yglesias, Miguel Ángel Alfaro (Qpde), Ceci Vargas, Erik Becerra y muchos otros cuyos nombres escapan a mi memoria.

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Mis Treintas: Una muy feroz competencia

A inicios de la década de los noventas arrancó una revolución en los medios de comunicación electrónicos en Puebla, principalmente en la radio, en donde comenzó una muy feroz competencia por el cuadrante.

En la pasada entrega mencione cómo un pequeño aparato, la telefonía celular, había sido un pase gigantesco para grupo ACIR y en especial para el noticiero de López Díaz, “Buenos Días”, por la facilidad de los enlaces en “vivo”.

Los constantes enlaces desde el lugar en donde se originaba la noticia, le comenzaron a dar más presencia al noticiero matutito y dar una ligera ventaja sobre su competencia, Tribuna de Montero Ponce, pero definitivamente estos últimos mantenían el liderazgo, merced a los años que llevaban de ventaja al aire y por transmitir a través de dos frecuencias, AM y FM.

Pero en el año de 1993 la competencia se volvió más “feroz” en la radio, surgieron nuevas alternativas informativas que iban a revolucionar el cuadrante y hacer que existiera una “fuerte competencia” en el cuadrante, no solo por los contenidos, sino por la influencia informativa y el poder.

De entrada, el Grupo Oro, de la familia Grajales, decidió romper su alianza informática con Montero Ponce, para crear su propio noticiero, con el regreso de Jesús Manuel Hernández a la radio, a través de la 94.9 de FM y la 1170, la segunda estación con más tradición en Puebla, después de la XEHR 1090 de AM.

Hernández armó un equipo muy fuerte y una ´solida inversión empresarial, que incluía en el arranque, automóviles Volkswagen para su equipo con las leyendas y logos de su noticiero y también el dotar a todo su equipo de telefonía celular para enlaces “en vivo”, lo cual equilibraba la situación con ACIR y “Buenos Días”, pero Javier solo transmitía en AM.

El equipo de Jesús Manuel tenía en sus filas a gente como Adolfo Flores Fragoso, Mauricio García León, René Winder Salazar, un muy joven Iván Mercado y más tarde Blanca Morales Garduño.

El noticiero de Hernández encuadraba perfectamente entre las clases medias poblanas, el círculo empresarial y la derecha poblana, que simpatizaba con su forma de hacer periodismo.

Pero no solo surgió esa competencia, una nueva frecuencia y otro noticiero, llegó a refrescar el cuadrante, el periodista Fernando Alberto Crisanto Campos, arribó a la 98.7 de FM, “Si FM”, con su noticiero Hechos.

Crisanto era un periodista consumado, de mucha experiencia y con una muy buena voz.

De inmediato conformó un gran equipo de colaboradores todos, también equipados con el equipo necesario, principalmente teléfonos celulares y un estilo de transmisión en “vivo”, sin notas grabadas y en el lugar de los hechos, para jugar parecía, con el nombre del mismo noticiero.

Entre su equipo de trabajo se encontraba una de las mejores voces de radio, Flora Molina y entre sus reporteros, gente como, Diana Hernández Juárez, quien precisamente había sido mi maestra de géneros periodísticos en la Madero, Oscar Victoria, mi mejor amigo, Bonfilio Mendoza, Luis Alberto González, hijo de Mauro González Rivera, director de Momento Diario, Hipólito González, Guadalupe Vicón y más adelante se incorporaría Luis Pavón Vázquez, con quien construí una gran amistad a la par de Iván Mercado.

Más tarde me enteré que la producción de ese noticiero, la hacía un personaje que más adelante sería clave en mi vida periodística y que ha estado presente en los últimos 20 años de mi historia, Mario Alberto Mejía Martínez, quien arribó a Puebla, proveniente de Huauchinango, en la Sierra Norte de Puebla.

Además del noticiero “Hechos”, Crisanto dirigía, como ya lo mencioné, uno de los mejores periódicos de la época, “Cambio”, en donde colaboraban una buena parte de su equipo.

De manera paralela, Carlos Martín Huerta dejaba el grupo Zoma, la entonces “Stero Rey” 92.5 de FM, para irse a la entonces “Corporación Puebla”, integrada por la Q Bonita 920, en donde originalmente inicie hacer radio y 91.7 de FM.

Ellos al igual que los demás, también contaban con teléfonos celulares para las transmisiones en “vivo”, pero adicionalmente, dotaron a su equipo con motocicletas, para moverse más rápido por toda la ciudad y contaban con un sólido equipo de trabajo encabezado por Verónica Vélez como jefa de información, Ruth Piedrhaita, Isabel Tobón, Fernando Pérez Corona, Fredy Aco, Jesús Ramos, Mario Romero, mi amigo de la infancia, y más tarde se incorporó Erik Becerra.

La competencia radiofónica se volvía “brutal”, el cuadrante se comenzaba a llenar de opciones y por supuesto, nos obligaba a todos, a buscar cada día a ser mejores.

Pero aún habría dos movimientos que terminarían por revolucionar a los medios de comunicación en Puebla, la llegada de otra nueva estación, “La Radiante” de Sergio Mastreta en el 105.1 de FM y el que, sin duda, fue uno de los mejores proyectos periodísticos impresos en Puebla, “El Universal” de Rodolfo Ruiz.

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Mis Treintas: La tecnología, desarrolla la competencia

A inicios de 1992, Manuel Bartlett Díaz se convertía en el nuevo gobernador de Puebla y con ello, arrancaba una nueva era para la entidad. Puebla comenzaba a salir de un marasmo en el cual se había hundido durante la década de los ochentas del siglo pasado y los medios de comunicación por supuesto, no fueron ajenos a esta nueva dinámica.

Mi arribo precisamente al entonces Grupo ACIR Puebla, propiedad del empresario Rafael Cañedo Benítez, a la sazón recién electo alcalde capitalino, va de la mano con la aparición del aparato que revoluciono la forma de hacer comunicación y sobre todo periodismo radiofónico, el teléfono celular.

El comienzo en Buenos Días con Javier López Díaz fue lento, empecé cubriendo los descansos de cada uno de los reporteros, lo que me permitió moverme por todas las fuentes, lunes gobierno y partido políticos, martes, ayuntamiento de Puebla, miércoles, las fuentes educativas, el jueves salud e iglesia, los viernes iniciativa privada y los sábados deportes y policía.

Nunca decía no a nada, siempre iba a todas, era un joven ambicioso y con ganas de sobresalir, me gustaba estar en la calle e incluso disfrute mucho el conflicto que surgió al interior de la planta automotriz, Volkswagen de México, una estrategia genial puesta en marcha por el propio Bartlett en complicidad con la empresa automotriz alemana, para modificar el contrato colectivo de trabajo de la armadora y adecuarlo al nuevo marco legal de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá (TLC).

Dormí varias veces en la explanada de la armadora alemana junto con los trabajadores, quienes ingenuamente creían que se trataba de un auténtico movimiento obrero, un despertar del proletariado ante el avance del neoliberalismo, el cual iniciaba su marcha hacia lo que hoy llamamos globalización.

El conflicto duró alrededor de 45 días y derivó en la desaparición del contrato colectivo de trabajo vigente, para dar paso a un nuevo esquema, se tuvo que recontratar a la totalidad de los trabajadores, bajo un nuevo esquema, el Bartlett neoliberal se había salido con la suya, le había hecho un nuevo servicio a la patria y al entonces presidente Salinas.

Me comenzaba a consolidar como un reportero “sólido”, pero me hacía falta ese gran golpe que me permitiera demostrar mi valor real.

Un día me encontraba en las instalaciones de la estación, allá por Plaza San Pedro, en la colonia Las Hadas. Eran cerca de las 12:30 horas cuando Javier entró corriendo a la estación y llamó a Yirath Aguilar, el coordinador de los entonces “A tiempo”.

– Rápido necesito que te vayas a las oficinas del destacamento Zaragoza de la Policía Federal de Caminos, me acaban de informar que detuvieron a unos narcos y con un buen cargamento.
– ¿Yo?, respondió Yirath, él nunca fue reportero.
– Pues busca a alguien, me urge que se vayan para allá y poder entrar en el “A tiempo de las 14 horas”, ¿a quién mandamos?
– Ahorita no tengo forma de poder localizar a nadie, pero está Ricardo ahí, ¿por qué no lo mandas?
– Llámalo, dijo.

De inmediato me presenté ante Javier, quien me puso al tanto del tema, pero eso no era lo importante, lo realmente relevante fue que de pronto sacó un aparato que por primera vez vi en mi vida. Se trataba de un teléfono celular propiedad de la empresa Iusacell de Carlos Peralta.

Era un aparato pesado, grande, de color negro y muchos botones, uno rojo y uno verde, que eran la clave para poder comunicarte. López Díaz era de los pocos, poquísimas personas que ya traía un teléfono celular, que apenas comenzaban a entrar al mercado y que representaban toda la revolución en materia de comunicación.

Todos recordaban la inolvidable crónica de la destrucción que el sismo de 1985 había provocado en la capital del país, trasmitida vía teléfono satelital por parte de Jacobo Zabludovsky, a través del teléfono de su patrón, “El Tigre”, Emilio Azcárraga.

López Díaz me dio una rápida capacitación de como marcar el teléfono y de cómo enlazar hacía la estación y de inmediato tome un taxi y me fui hacia las instalaciones de la Policía Federal, destacamento Zaragoza, allá por el rumbo del Parque Ecológico.

Fui el primero en llegar, no había ningún otro reportero y de inmediato, comencé a recolectar la información y tener todos los datos de inmediato me di a labor de redactar una nota, cuando de repente faltaban 10 minutos para las 14 horas comencé a sentir que algo vibraba de manera insistente. Era el celular de López Díaz.

– Qué pasó, mándame una guía, por favor. ¿Ya estás listo?
– Ya, Javier, ya estoy listo, te doy la guía y tú me dices, me quedó en la línea o me vuelven a llamar.
– No, te vuelvo a llamar.

A las 14 horas en punto entramos al aire, un reporte en vivo en el lugar de los hechos, lo que nadie antes había hecho a través de teléfono celular; incluso, tanta fue mi confianza, que me di el lujo de poner al aire al comandante en turno del destacamento Zaragoza, para dar todos los pormenores de la detención de estos narcotraficantes y la cantidad de droga decomisada.

Terminado el enlace me sentí muy orgulloso de lo hecho, de inmediato volvió a sonar el teléfono celular de Javier y lo contesté.

– Muchas felicidades, todo salió perfecto, tráeme de inmediato de teléfono y mucho cuidado, porque estos aparatos son muy caros, te veo en la oficina.
– Voy para allá, le conteste.

Llegue a las oficinas y entregue el equipo, Javier estaba muy satisfecho y confirmó que yo era su hombre para los enlaces en vivo, a partir de ese momento, me gane aún más su confianza, tanto así que pesar de mi corta edad 21 años, me consiguió mi propio teléfono celular, era la envidia de todos mis amigos y de toda la escuela, hasta los maestros se me quedaban viendo cuando sonaba mi teléfono.

Yo ya era el hombre de las transmisiones en vivo, todas las mañanas hacia reportes desde diversos lugares de la ciudad y aunque no tenía fuentes fijas, eso ya no me importaba, era ya el hombre de las confianzas de mi entonces jefe.

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Ricardo Morales Sánchez
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Mis Treintas: Primero noticias y Buenos Días…con López Díaz

Como casi siempre en mi vida, el comienzo en la redacción de Javier López Díaz no fue el mejor.

Su noticiero contaba con una redacción sólida, integrada por gente como Adolfo Flores Fragoso, Antonio Cuéllar Montiel, el propio Fermín Alejandro García Hernández, Salvador González Jaramillo, Irma González Bernal, Berenice Sánchez Nava, Alejandra Delgadillo Morán, Silvestre Salazar Aguilar y en la coordinación de los entonces noticieros “A tiempo”, con Flavia Elizabeth Moncada y Yirath Aguilar Miranda.

Yo era el nuevo en la redacción y formalmente no estaba bajo contrato, solo a prueba y sentía que perdía el tiempo, pues no salía de la oficina a buscar a la calle, me la pasaba encerrado en la redacción, dándole vueltas a los boletines y practicando el formato de noticias de los noticieros que encabezaba Javier, en donde las notas eran o tenían que ser, de no más de un minuto con todo y audio.

También aprendí a grabar y a operar los noticieros que se transmitían cada hora en la hora, desde las 8 de la mañana, hasta las 8 de la noche de lunes a sábado, como actualmente continúan.

Así transcurrieron tres meses y yo, ya estaba francamente aburrido y desilusionado de la decisión que había tomado, pensé que nunca iba a haber una oportunidad para mí.

La diosa fortuna, como casi siempre en la historia de mi vida, intervino. Jugando futbol en el seminario mayor con el equipo de la universidad, en contra de los Toros de la Ibero, sufrí una fractura de la falange del dedo pulgar de mi pie izquierdo, el que precisamente, es indispensable para poder caminar, ya que te da el impulso necesario para poder hacerlo. En pocas palabras no podía caminar y solo podía hacerlo con muletas.

Luego de ser enyesado, acudí hablar con Javier para agradecerle la oportunidad y decirle que no estaba en condiciones de seguir y me fui de Grupo ACIR, esa había sido mi primera experiencia y había sido un tanto cuanto frustrante.

Transcurrió un mes, luego de la fractura y por fin, me liberaron del yeso que me habían colocado en la pierna, pensé que me había ya quedado fuera del medio, era volver a empezar.

Un día caminaba por el pasaje del Ayuntamiento de Puebla, cuando vi a lo lejos a un personaje al cual ya conocía y que me caía muy bien, Miguel Ángel Alfaro Barragán (QEPD) y quien trabajaba con Carlos Martín Huerta Macías, en su noticiero que se transmitía en la entonces “Stero Rey” 92.5 de FM, la cual tenía sus oficinas en el edificio del Sanborns del Centro en el último piso.

Alfaro me saludó  muy cordialmente y me comentó que se iba a grupo ACIR y dejaba “Primero Noticias”, me dijo que me iba a recomendar con Huerta para ocupar su lugar. Acepté de inmediato.

Fui a ver a Carlos Martín y le comenté cual era mi experiencia, me dijo, que pagaba 350 pesos mensuales, lo cual me pareció mucho mejor a lo que inicialmente había percibido y de inmediato acepté.

Los siguientes meses y puedo así decirlo, fueron tal vez de los mejores en mi carrera periodística, su redacción estaba integrada por tres mujeres y yo, Verónica Vélez Macuil, Ruth Piedrahita y Claudia Hernández Medina, a quienes nunca voy a olvidar.

Hicimos un gran equipo, Vero cubría Gobierno del Estado, Ruth iniciativa privada y UAP, Claudia el Ayuntamiento de Puebla y yo, partidos políticos y Congreso del Estado.

Casi todos los viernes, al terminar el noticiero de la tarde, íbamos a comer los cinco a las fonditas de comida que proliferaban sobre la calle 2 Oriente, fueron buenos tiempos, hay que reconocerlo.

Ruth Piedrahita y yo, aún estudiábamos y ambos lo hacíamos en la Madero, así que éramos los últimos en ir a grabar al viejo edificio de la 2, el cual era literalmente de espantos.

Como a los seis meses de trabajar con Carlos Martín, iba cruzando el viejo pasaje del Ayuntamiento, cuando otra vez la diosa Fortuna tocó a mi puerta. Iba a toda prisa para enviar mi información para el noticiero de la tarde cuando de pronto me cruce con Javier López Díaz, quien caminaba rumbo al Palacio Municipal.

  • ¿A dónde vas?, me dijo.
  • Voy al noticiero de Carlos Martín, le respondí, ya llevó algunos meses trabajando con él y pues voy para allá.
  • ¿Por qué ya no me buscaste?
  • Pues porque, usted ya tiene su equipo completo y pues no pensé que me fuera a necesitar.
  • ¿Cuánto te pagan?
  • 350 pesos mensuales.
  • Vente conmigo, yo te voy a pagar el doble.
  • ¿En serio?, le pregunté.
  • En serio.
  • Ok solo déjeme comentarle a Carlos y lo busco, deme unos días por favor.
  • Te espero el próximo lunes me dijo, para que ya inicies, sino llegas, ya te la perdiste.

Me quede muy confundido, me gustaba mucho trabajar con Carlos Martín y su equipo, me sentía muy cómodo, el ambiente era sensacional, realmente había camaradería, pero la oferta era muy tentadora. Era un miércoles.

Finalmente, me arme de valor y el viernes le pedía a Carlos Martín, el poder hablar con él, le platique de la oferta que me había hecho López Díaz y le dije que la iba a aceptar.

Realmente me dolió darle las gracias y creo que a él también, aunque no creo que lo haya asimilado muy bien y más tarde esto derivaría en un episodio muy triste de mi vida y el cual nos alejaría para siempre.

Todavía alcance a recomendarle a alguien para ocupar mi lugar en su redacción, a mi compañero de salón, Fernando Pérez Corona, quien aseguraba que él, no iba a ser reportero.

El lunes me presente con López Díaz, a las 9 de la mañana en punto, cuando terminaba su noticiero en ese entonces.

Ahora si…ya era parte de su equipo.

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Mis Treintas: Debut y despedida

Había transcurrido mi primer semestre de la universidad, gracias a mis buenas calificaciones obtuve la tan ansiada beca para poder seguir con mis estudios. Mi “alma mater”, la Universidad Madero, había decidido otorgarme mi beca al 95 por ciento y solo tenía que pagar la inscripción, lo cual no era problema para mi padre.

Yo aún no ganaba el dinero suficiente para poderme mantener, pero el hambre de triunfo crecía día a día, así como mi confianza en poder convertirme en un buen reportero.

Diario iba a Palacio de Gobierno en avenida reforma en busca de noticias, ahí conocí a un personaje que siempre me llamó la atención, su nombre, Alejandro Casco, cada vez que llegaba a la antigua casona me saludaba y así me aprendí y se aprendió mi nombre, más tarde algunos amigos me dijeron que está persona, era de las famosas “orejas” (espías) de Gobernación. Nunca supe sí, sí o no.

Lo cierto es que cierto día Alejandro me hizo una propuesta.

  • Oye estoy por lanzar un nuevo noticiero de radio ¿Te gustaría trabajar conmigo? Es la estación 920 AM La Q´Bonita, yo siempre te veo ir y venir y creo que puede ser un buen reportero ¿Aceptas?
  • Claro que sí, le respondí.

Me citó unos días después, para conocer al equipo integrado por Arturo González Orduño y Sonia Hidalgo en la conducción, ahora si ya oficialmente tenía mi primer empleo como reportero, estaba feliz.

De inmediato busque a Pilar Bravo para platicarle que iba a comenzar a trabajar y que la agradecía mucho por haberme dado la oportunidad, aunque mi ¨vieja maestra¨, al parecer no compartía mi entusiasmo, aun así, me deseo suerte.

Era el segundo semestre de 1990, un domingo por la tarde marque por teléfono a la estación para pedir que me grabaran mis primeras notas de la fuente de gobierno, que era la que me asignaron. Yo era un “mar de nervios”, me equivoque varias veces al grabar mi nota y el operador comenzaba a desesperarse, al final, quedaron grabadas mis primeras tres notas, al día siguiente no perdí para nada la transmisión del programa. Ya estaba adentro.

Las semanas transcurrieron y por fin llegó mi primer pago, 135 pesos a la quincena, no era mucho, pero fue mi primer sueldo y nunca lo olvidaré.

Como todo en la vida, había días buenos y había días malos, pero el aprendizaje era lo más importante.

Una tarde, mientras esperaba a las afueras del salón de gobernadores del Palacio de Gobierno, Fermín García se me acercó. Yo ya había intercambiado algunas palabras con él, aunque era muy joven siempre fue un tipo muy serio, aunque de buen corazón.

  • ¿Cómo te va en tu trabajo?, me preguntó.
  • Pues más o menos, le dije.
  • ¿Te gustaría trabajar para grupo ACIR, con López Díaz?
  • Por supuesto, le dije.
  • Me parece perfecto, yo te aviso cuando puedes tener una entrevista con Javier.

No lo podía yo creer, tenía pocos meses en la 920 y de inmediato me llegaba una mejor oportunidad, apenas y podía creer en mi suerte, estaba feliz.

Pasaron los días y por fin vino la entrevista con Javier López Díaz, a quien no conocía en persona, solo lo había escuchado algunas veces y ya era la competencia principal de Montero Ponce.

Javier era un tipo impresionante, sus lentes, su voz inconfundible, su corbata y su camisa impecables, y sus, en ese entonces, más de 120 kilos de peso.

Yo llevaba ese día un folder en donde había puesto un pequeño currículum Vitae y en este metí mis calificaciones de la universidad.

  • ¿Cómo te llamas?, me dijo
  • Ricardo Morales
  • ¿Todavía estudias o nada más trabajas?
  • Estudio y trabajo, y pues me encantaría tener una oportunidad para trabajar con usted.
  • ¿Ya has trabajado en otros lugares?
  • Si, inicie en Notimex con Pilar Bravo, (alcance a observar que levantaba la ceja, cuando dije ese nombre) y actualmente trabajó para la Q´Bonita
  • Ok, me respondió ¿Y que traes es ese folder? Me volvió a preguntar.
  • Es mi currículum y mis calificaciones, les respondí.
  • Su respuesta me dejo helado, pero fue por demás aleccionadora. Tus calificaciones no me importan, en un trabajo lo único que importa es saber, si sirves o no sirves, me dijo y luego de clavarme su vista agrego – Te voy a poner a prueba unos meses, para ver si sirves o no sirves. ¿Aceptas?
  • Desde luego, le respondí.

Así fue como conocí al que más tarde bauticé como “el rey del rating”, Javier López Díaz, uno de los hombres que cambió mi vida y que me enseñó hacer radio.

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Mis Treintas: Una nueva generación

Comencé a reportear y mi primer amigo del medio acababa de llegar de Tehuacán y había comenzado a trabajar para Momento Diario, que dirigía Mauro González Rivera, su nombre, Carlos Clemente Aparicio.

“El Charly”, al igual que yo, no conocía absolutamente a nadie, pero tenía hambre de sobre salir y no era nada tímido, sabía hacer buenas relaciones y se metía sin miedo a “chacalear” las notas. Yo me le pegué a él y así conocí a otro amigo, que más adelante lo alcanzó en Puebla, Jesús Ramos, “el perrazo”.

Era claro que comenzaba a surgir una nueva generación de periodistas, cuya edad, estaba entre los 19 y los 23 años, aunque por supuesto antes ya existían personajes con un talento natural que les hacía sobre salir por encima de los demás como Fernando Alberto Crisanto, Socorro López Espinosa y Rodolfo Ruiz Rodríguez, todos ellos ya eran directores de Medios que comenzaban a modificar el “mapa” periodístico en Puebla.

Crisanto dirigía el que para mí era el mejor periódico en esa época, “Cambio”, Socorro tenía a su cargo la edición golfo-centro de “El Financiero” y Ruiz, la sección Puebla del periódico “El Universal”.

En radio, me cuentan porque nunca lo oí, que la primera competencia de Montero Ponce, fue un entonces joven de nombre, Jesús Manuel Hernández, quien era muy polémico, que se confrontó con el entonces gobernador Piña Olaya y se tuvo que ir de Puebla.

Jesús Manuel trasmitía en la entonces HR, propiedad del empresario Rafael Cañedo Benítez, y entre su equipo de reporteros contaba con dos personajes, Javier López Díaz y Carlos Martín Huerta Macías.

A la salida de Jesús Manuel Hernández, el 1 de diciembre de 1988 inicio transmisiones “Buenos Días…con López Díaz”; en ese entonces, Javier contaba con 27 años de edad.

El relevo generacional incluía a muchos personajes, cuyo común denominador era, el ser de los primeros egresados de la entonces carrera de moda, Comunicación, la cual se ofertaba como novedad en las escuelas privadas de Puebla.

De las primeras plumas jóvenes que recuerdo y con las cuales comencé a reportear estaban, Oscar Victoria (Primero Noticias), Mauricio García León (Momento Diario), Fermín García (Grupo ACIR Puebla), Ana Gabriela Fuentes (Grupo ACIR), Carlos Clemente (Momento), Jesús Ramos (Nuevo Día y el Atardecer), José Carlos Bernal (Cambio), Martín Ruiz (El Universal, sección Puebla), Isabel Tobón (Primero Noticias).

Más tarde también vendrían otros, en ese entonces jóvenes periodistas, como Miguel Ángel Alfaro Barragán (Primero Noticias), quien también veía de Tehuacán y ya falleció, Bonfilio Mendoza (Cambio) Edy Castro (Cambio), Alfonso Ponce de León (Momento), Ceci Vargas (El Financiero), Fredy Aco (Cambio), Valentina Báez (La Voz de Puebla), Salvador González Jaramillo (ACIR Puebla), Roberto Rodas Monzón (El Atardecer), quien después regreso a su natal Chiapas y me enteré de que había sido detenido y se encontraba en prisión, así como muchos que tal vez escapan a mi memoria.

Alejandro Mondragón y Cirilo Ramos destacaban ya en ese tiempo por encima de muchos, eran un poco más grandes de edad, y eran los mejores reporteros de la fuente de la iniciativa privada, ambos trabajaban para El Financiero, en su edición “Golfo-Centro”, que era uno de los mejores periódicos a inicios de la década de los noventas.

Una auténtica revolución se comenzaba a gestar en los medios de comunicación de la Angelópolis, la competencia se comenzaba a hacer brutal.

Los medios tradicionales como El Sol de Puebla, El Heraldo de Puebla y Tribuna Radiofónica comenzaban a experimentar por primera vez, la competencia de nuevos proyectos periodísticos, que tenían como principal característica, el contar con esta nueva generación de personajes, en su mayoría ya egresados, reiteró de la carrera de comunicación.

Muchos apenas comenzamos la carrera, otros estaban por egresar o ya habían egresado de la misma, pero ya algo comenzaba a moverse en las redacciones de Puebla, que se preparaba a su vez, para entrar a la última década que antecedía al nuevo siglo, el XXI.

Aun así, las oportunidades aún eran pocas y no era nada fácil poder tener acceso a los medios de comunicación, el privilegio de tener acceso a un micrófono, era algo que mis tiempos, se tenía que ganar a sangre y fuego, con muchos sacrificios y eso, lo iba a aprender pronto.

Buscaba una primera oportunidad y esta se iba a dar pronto.

 

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Mis Treintas: Un ángel llamado Oscar

Sin duda hay seres humanos, hay gente que nace tocada por Dios y cuya misión es ayudar, quizá hasta salvar almas, eso es lo que fue para mí Oscar Victoria, un ser que no se cansaba en dar, en brindarse, un amigo en toda la extensión de la palabra.
Oscar era el mejor reportero joven de esa época, él marcó un cambio generacional en el periodismo poblano y le abrió las puertas a muchos que hoy ejercemos esta profesión, rivalizó con los mejores de su tiempo y fue dos veces ganador del entonces premio estatal de periodismo.

Este personaje era casi como un hijo para Pilar Bravo, había trabajado con ella y al igual que a muchos, lo formó para ser un gran reportero, pero sobre todo para contar historias.

Victoria estudió comunicación en la universidad Iberoamericana, cuyo campus era conocido como “los gallineros”, muy cerca de la unidad habitacional Vicente Budib, cerca de la actual plaza Parque Puebla, por la vía del tren y rumbo a los estadios. En ese momento trabajaba para Carlos Martín Huerta en “Primero Noticias” y era compañero de jóvenes periodistas como Isabel Tobón, Sonia Hidalgo y Diana Kiss que le encantaba a Oscar.

Lo conocí porque solía visitar de manera frecuente a Pilar en sus oficinas y de inmediato me tomó afecto o más bien se apiado de mí, porque casi al instante se convirtió en mi mejor amigo y mentor.

Gracias a la paciencia de Oscar Victoria pude ir aprendiendo poco a poco a reportear y a escribir una nota, a conocer a los diferentes personajes de la política poblana, a las “vacas sagradas” del periodismo, como él solía llamar a los personajes que ya estaban consolidados dentro del medio.

A las Tribunas, como llamaba al cuarteto de reporteras de Montero Ponce, formado por su “mami” Pily (Pilar Bravo), Irma Sánchez, Silvia de Julián y Socorro Garate, cada una, las mejores en sus fuentes, política y gobierno, sector empresarial, educación y la UAP.

Oscar era compañero de salón en la “Ibero” de Mauricio García León, en ese entonces joven reportero de Momento Diario y de Lupita Montalbán, a quien mi amigo admiraba mucho y que trabajó para Javier López Díaz y terminó casada con él.

Mauricio era un joven brillante y sumamente ambicioso, aunque un tanto arrogante en su trato, más no así como persona. Siempre quería ser el primero, siempre quería ganar, le gustaba tener las exclusivas e incluso arriesgarse con notas explosivas del sector empresarial, tenía hambre de hacer un nombre periodísticamente hablando, con el tiempo también nos hicimos amigos y terminó siendo uno de mis mentores.

Oscar Victoria tenía un desparpajo y un encanto natural que lo hacía ganarse fácilmente a la gente, le bastaba un minuto para entablar una charla con cualquier persona, sin importar que la acaba de conocer.

Comenzamos a reportear juntos, gracias a él tuve mi primer contacto con otro personaje que más adelante sería clave en mi vida periodística, Fermín Alejandro García Hernández, joven reportero, la “estrella” de López Díaz y de su noticiero Buenos Días, el cual se transmitía en el en ese entonces “Grupo Acir Puebla”, propiedad de Rafael Cañedo Benítez y la principal competencia del Grupo Oro, en donde se transmitía el Noticiero de Montero Ponce “Tribuna Radiofónica” y “Oro Noticias” de la tarde y de la noche.

Aprendí muchísimas cosas de mi amigo Oscar, entre ellas a beber, mis primeras borracheras las tuve con él, con Mauricio García y en mi escuela con Ismael Bermejo, del cual ya platicaré más adelante.

Yo solía ir al entonces palacio de gobierno de Reforma por los boletines, ahí conocí a otros personajes inolvidable, quienes trabajaban en prensa de gobierno, el señor Ponce, Miguel Ángel Ponce, quien más tarde sería mi jefe en la Opinión Diario de la Mañana, al señor Castillo, Juan Castillo (Juanito) padre de mi compadre y amigo, Jorge Castillo, y a una joven que hacia su servicio social por esa época y que al igual que Fermín García, estudiaba la carrera de Comunicación en la Upaep, su nombre, Verónica Vélez Macuil.

Así comenzó a transcurrir el tiempo, poco a poco comencé a relacionarme con todos estos personajes, dos jóvenes más llegarían a mi vida, vía Oscar Victoria quien se convertirían en su amigo y también en parte, en su mentor, Fredy Aco, quien había llegado a Puebla desde la Sierra Norte, de Zongozotla, para estudiar en la Universidad Realística y más tarde a un joven tímido que siempre vestía de manera formal y solía caminar por la calle con su portafolios bajo el brazo, Erick Becerra.

A mí me comenzaba a llamar la atención trabajar en radio, era como un sueño el lograr oír mi voz, como yo oía a las de otros, a través de las ondas hertzianas.

Seguía con Pilar en Notimex, pero ya tenía ganas de buscar algo por mí mismo y que me permitiera ganar dinero para pagar mi universidad, estaba a la espera de una oportunidad, pero la par algo cambiaba en el periodismo poblano, se preparaba un relevo generacional en los medios de comunicación y una explosión como pocas veces se había visto en los últimos años.

A Oscar Victoria lo seguiré extrañando el resto de mi vida, ya es una estrella más en el cielo, vino con una misión a la tierra y cumplió cabalmente con ella. Algún día nos volveremos a encontrar amigo.

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Mis Treintas: La letra con sangre entra, técnica Bravo

A inicios de 1990 entre a estudiar periodismo, pero necesitaba desesperadamente comenzar a trabajar, para poder pagarme mi escuela.

Nunca había trabajado en mi corta vida, no tenía conocidos que me pudieran dar trabajo, pero mi papá sí. Su padrino Federico García había tenido un pequeño periódico en los años sesentas y setentas.

Gracias a su padrino, mi padre entró a trabajar en las delegaciones municipales, era el alcaide, la persona encargada de vigilar a los presos, tanto los que incurrían en faltas al bando de policía y buen gobierno, como a los que consignaban ante el ministerio público.

Ahí conoció a Alejandra Fonseca, quien tenía una organización que defendía a las sexoservidoras que trabajaban en las calles de Puebla. Mi padre conocía de la cercanía que tenía con el periodista más influyente de la época, Enrique Montero Ponce y no dudo en pedirle una oportunidad para mí.

Crecí oyendo a Montero, cuando mi padre me llevaba al colegio en su viejo Chevrolet Biscayne modelo 1961, mientras desayunábamos y en el trayecto a la escuela, era de cajón, escuchar la ya para entonces Tribuna Radiofónica.

Alejandra Fonseca le explicó a mi padre que era imposible que Montero Ponce me diera trabajo, pero le dijo que tenía una amiga que era una gran periodista y que precisamente trabajaba para Montero, Pilar Bravo, con la cual me recomendó.

Pilar era la mejor reportera de esa época, había estudiado periodismo en la Carlos Septién y también había vivido en Francia, sin duda era la “estrella” del noticiero de Montero, era temida y respetada.

A inicios del mes de marzo de 1990 conocí a Pilar, quien además de trabajar con Montero, era la corresponsal en Puebla de la Agencia Mexicana de Noticias (Notimex). Bravo era muy dura en su trato, no se andaba por la ramas, ni con contemplaciones. Me dijo que no había trabajo como reportero, pero que me ofrecía vender unos terrenos propiedad de su familia en San Felipe Hueyotlipan, a cambio de una comisión por cada terreno vendido, le dije que sí y vendí tres de 10 lotes.

Al terminar de vender los terrenos, Pilar me dijo que si estaba interesado en seguir con ella y aprender a reportear, le dije que sí y me citó al día siguiente en su oficina de Reforma entre la 5 y la 7 Sur.

Ahí conocí a Blanca Macías, hermana de Carlos Macías Palma, quien trabajaba como secretaria de Pilar y a Francisco Sánchez Nolasco “Paquito”, su segundo de a bordo en Notimex y quien a su vez trabajaba también como reportero de Momento Diario.

Ese fue mi primer contacto con gente relacionada con el mundo del periodismo.

Mi primera labor era monitorear los noticieros de radio, “A tiempo” de Grupo Acir Puebla, que pasaban cada hora, Oro Noticias de la tarde y “Primero Noticias” de la tarde con Carlos Martín Huerta Macías, que se transmitía de 14 a 15 horas en la entonces Stereo Rey.

Anotaba las noticias más importantes y se las comentaba a Pilar, iba por los periódicos y buscaba noticias que le pudieran interesar a mi jefa, del El Sol de Puebla, que dirigía Raúl Torres Salmerón, El Heraldo, de don Sergio Reguero, en Cambio de Fernando Alberto Crisanto, en Momento Diario de Baraquiel Alatriste y en la entonces naciente sección del Universal Puebla, dirigida por Rodolfo Ruiz.

A veces acompañaba a Pilar a reportear, eran los últimos dos años de la administración de Mariano Piña Olaya, pero yo solo la veía hacer su trabajo, todo mundo le abría a las puertas a la periodista de Tribuna, era sumamente influyente.

Un día me entregó mi primera grabadora y mi casete y me envió a Palacio de Gobierno, a “chacalear” entrevistas, a meter la grabadora y ver a quien entrevistaba. Esta demás decir que temblaba de miedo,
Todos me miraban como un bicho raro y no sabía ni siquiera a quien entrevistaban, ni siquiera me dirigían la palabra, era un choque de generaciones, un grupo de jóvenes reporteros, contra gente de más experiencia, como Carlos Macías Palma, de Radio Oro, y Gustavo Paz Bretón, del Sol de Puebla.

Al regresar a la redacción, Pilar me pidió que escribiera la nota y así lo hice, o al menos lo intente hacer. El resultado fue desolador, no puede escribir ni una cuartilla, Bravo me rompió la hoja y me puso una tremenda regañiza, a duras penas pude contener mis lágrimas de frustración e ira y así ocurrió varias veces durante muchos días.

Estuve a punto de renunciar y largarme de ahí, pero mi amor propio me exigió quedarme y demostrar que podía seguir adelante, aunque la experiencia tenía un costo bastante doloroso. Llegue a pensar que no servía para el periodismo, que esta no era mi vocación.

Días más tarde conocí un personaje que cambio mi vida para siempre. Su nombre Oscar Victoria.

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