El ACOSO deja una huella irreparable


Dejando Huella por Gaby Bazán

El contexto machista y violento en México es aterrador, las mujeres para salir a las calles en su cotidianidad piensan desde la forma de vestir, el tipo de bolsa y zapatos que utilizarán, cuál será la ruta más segura para transitar, entre otros muchos pensamientos agobiantes. Es una toma de decisión diaria que refleja el tipo de cultura sobre las cuales nos construimos desde experiencias desagradables al salir de casa con miedos que nos persiguen cada momento.

Las calles de nuestro país están plagadas de acoso, un tipo de violencia que mucho se menciona, pero poco se entiende, acompañado de controversias políticas y mediáticas que generan confusión. Y es que el acoso son esas violencias normalizadas y permitidas, que para cada mujer tienen su justa medida y gravedad de afectación desde su perspectiva de vida, pero que sin duda nada cambia la violencia que hay detrás de ellas, ya que de cada conducta que fomenta acoso seguirá siendo violencia.

Esto deriva de la discriminación y desigualdad que viven las mujeres desde la cultura trasmitida, considero que aquí es donde podemos constatar que para un hombre no es lo mismo transitar en el espacio público (calles, trabajo, etc.) que para una mujer. Desde este punto se complejizan los discursos que hacen probar el acoso sexual como parte de una agresión que deja afectaciones psicológicas y una huella de miedo irreparable.

Hoy hablo de esas huellas que dejan los gestos sugestivos que molesten, piropos o miradas morbosas no deseadas acerca de la apariencia, burlas, bromas, comentarios o preguntas incómodas con connotación sexual, manoseos o todo contacto físico innecesario, forcejeos entre las invitaciones a encuentros no deseados con favores, así como la presión para tener relaciones sexuales; que resultan casi imposible de verificar que sucedieron, lo único existente es el recuerdo y la palabra de quien lo vivió, por tanto muchas mujeres prefieren aguantar y callar. Marta Lamas, en su libro, “Acoso” se refiere a Catherine MacKinnon como pionera de esta lucha en su publicación “Sexual Harrasment of Wotking Women” (1979), quien sentó las bases teóricas de la jurisprudencia desde su postura feminista, instalando que el acoso sexual laboral mantenía la relación de dominación patriarcal.

El acoso es un delito que de acuerdo con la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, se define como «una forma de violencia en la que, si bien no existe la subordinación, hay un ejercicio abusivo de poder que conlleva a un estado de indefensión y de riesgo para la víctima, independientemente de que se realice en uno o varios eventos». Estas conductas de carácter sexual que invaden el espacio de la libertad psicosexual y se replican, aunque sea en un solo evento, conllevan a un estado de indefensión y riesgo para las víctimas.

Para erradicar el acoso se requiere de la suma de esfuerzos y acciones de toda la sociedad, por eso visibilizar el tema, identificar estas acciones, así como aceptar que si en algún momento has acosado a alguien te detengas. Sí has presenciado que alguien lo hace ¡no lo toleres! e infórmate qué hacer y ante quién denunciar.

Recuerda que un elemento crucial para reconocer cuando alguien ejerce estas conductas es el CONSENTIMIENTO, ya que deben ser deseadas por ambas personas, permitidas o toleradas de forma explícita por las y los que participen de ellas.

La historia de las mujeres está llena de huellas dolorosas y de miedo por estas conductas, ya basta de fomentarlas, permitirlas y tolerarlas difunde esta información para que muchas personas puedan comenzar a fomentar espacios seguros en donde podamos convivir sin temores y por una vida libre de violencia.

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Foto: Es Imagen / Katia Fernández

abril 17, 2022 - 12:15 pm

Por: Gaby Bazán

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