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Cuatro horas con Carlos Luna: Una isla rodeada de agua (Parte 3)

Por: Mario Alberto Mejía / @QuintaMam

Dos nombres desvelan al pintor y escultor Carlos Luna (Pinar del Río, 1969): Cuba y Fidel Castro. Del segundo es que se extiende en esta conversación larguísima en la que hay jabugo y tinto español, aunque no Ropa Vieja y mojitos. ¿Odia a Castro? No sé. No se lo pregunté. Debí haberlo hecho. De lo que tengo certeza es que cuando habla de él algo se mueve en su interior. Sus ojos de lince se encienden. Eleva la voz. Manotea en el aire indefenso. Algo es claro también: lo vomita. Y es que Fidel ha estado para bien y para mal cerca de seis décadas en la vida de los cubanos. Carlos Luna, pues, se extiende sobre el “Viejito de las marionetas” y cuenta cómo subestimaron a un hombre que se apoderó de todos: hasta de los pensamientos más íntimos de sus paisanos. Incluso aventura una teoría sobre el “supuesto bloqueo” que ha vivido la isla desde los inicios de la Revolución. Esta visión sobre la Cuba de Fidel es un intermedio necesario para entender en parte la obra de este guajiro natural.

—Las vanguardias artísticas son un gran tema…
—Ningún movimiento en la historia del arte es autónomo en sus nuevos planteamientos sin estar permeado del movimiento al que rechaza, al que suplanta.

Un movimiento niega al otro, pero queda muy “atachado” (pegado) al movimiento anterior que ha sido negado.

—El vanguardista mayor es Picasso. Terminó regresando a las cuevas de Altamira…
—A Altamira, a las piezas del Fayum, a todo el arte de Oceanía, al arte africano…

—Cuando la gente decía que Picasso pintaba como niño no sabía que lo que hacía era regresar al origen. Esto es muy freudiano.
—Hay una colección de arte africano que pertenece a un tipo californiano. Tiene piezas que Picasso tuvo en su taller como referencia para la creación de varias obras. No hay que ir muy lejos. Si a ti te gusta un Giacometti, dices “qué vanguardistas esas figuras esbeltas”, pero te puedo mostrar varias piezas de arte africano en donde vas a ver las referencias de Giacometti.

Te puedo mostrar a los togos de Mali, del periodo clásico yoruba, de los bantús, y vas a encontrar referencias de Modigliani, de Picasso y de muchos de los artistas de la vanguardia del siglo veinte: limpios, puros. Éstos artistas tomaron la forma, crearon su propio concepto, y se teorizó como nuevo. Tradujeron su idea a nuevas visiones, a nuevos enfoques de algo que ya existía.

Si miras a Picabia, si miras a Duchamp, todos estaban “atachados” (pegados). Encontraron una vía, una puerta de la que se podían agarrar y reinterpretar en una necesidad de expresarse ellos mismos. Cuando tomo algo del pasado no voy a reproducir ese pasado, sólo voy a aprender de él o a retomar aquello que me pueda ayudar en mi necesidad expresiva en el presente.

—Volvamos a tu obra. Hay un poeta, Jaime Moreno Villarreal, que ha escrito muy puntualmente sobre tu trabajo.
—Tienes razón. Es muy agudo. Jaime me vio dibujar una vez. Le dije: “Te voy a enseñar algo que me sirve porque dibujo rápido y adelanto”. La realidad es que descubrí que venía por un problema mío: una condición de mis ojos que he usado a favor. Cuando estoy viendo un formato grande en un espacio cerrado mi ojo tiende a reducirlo. Lo descubrió un doctor que me hizo un examen del cerebro. Me dijo que mi cerebro, cuando se concentra en un objetivo, tiende a desechar lo que no necesita para actuar. Y el ojo lo reduce.

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Un caballo llamado Fidel

Al cubano le gusta el “choteo”, ironizar de sí mismo, pero también puede ser “vale madrista”: “Ahí está hablando el loco”, “mañana pasa el loco”. Este tipo de comentario sonaba cuando Fidel salía en los medios. (Risas). Sí, pero el “loco” era muy disciplinado, y se encargó de chingar una sociedad por 56 años. El adagio romano de “divide y vencerás” lo aplicó muy bien.

Fidel entendió esencialmente que la estructura, que la institución que mantenía a Cuba, era la familia, y se encargó de romper esa estructura. Dividió a las familias. En las familias mayormente numerosas apareció un comunista.

—¿Castro se convirtió en el “Viejito que decía mentiras” de las marionetas?
—Siempre fue el “Viejito que decía mentiras”. (Risas). Porque además tenía la desgracia de tener más de gallego que de cubano. No sabe bailar, no es simpático, no dice buenos chistes. (Risas). Entonces el cubano se confió de eso. Como el cubano se reía del español, que era el conquistador, no vio esa figura mesiánica. Esa idea de la figura mesiánica la vendió él.

—García Márquez lo amaba.
—“Gabo” tenía una fascinación por el poder que lo eclipsaba. El genio que tenía como escritor, para mi gusto, lo perdía con esa pasión por el poder. Y Fidel era el ejemplo perfecto de un personaje, una novela, para él. Supe por otros amigos que “Gabo” hizo cosas en pro del sistema de Fidel, en pro de hablar bien de Fidel. Un día llegó a México diciendo que en La Habana acababa de ocurrir un homenaje a José Lezama Lima. Algo totalmente falso. Lezama Lima, al día de hoy, aún está prohibido.

—Paradiso es una novela inconseguible en La Habana.
—Inconseguible. Todavía está prohibida su venta.

—Además vivió un acoso brutal por ser homosexual.
—Por ser homosexual, por amar la belleza. Las dictaduras son enemigas cien por ciento de la creación. La libertad se vuelve disidente. La belleza es disidente. Los dictadores no aman la belleza. Los dictadores se aman a sí mismos.

Fidel es un ególatra. Él ama su discurso y su locura y su demencia. Si no estás con él, eres hombre muerto.

—Aunque hubo intelectuales y poetas que sobrevivieron en una época. Pienso en Nicolás Guillén y Alejo Carpentier.
—Tengo mis opiniones respecto a los dos. Creo que Guillén fue un gran poeta antes de pactar con el Sistema. Y Carpentier es un gran escritor… desde París.

—“El cubano que hablaba como francés”, se burlaba Neruda.
—Sí. Inventó una historia muy curiosa alrededor suyo que se volvió realidad. (Risas), Y él, en su locura, contó una historia… como Fidel, que con su locura megalómana contó una historia que se volvió realidad. Míralo ahí: es un viejito jorobado, sigue vivo…

—Muy vivo…
—¡Sigue vivo el maldito! (Risas). ¡No se muere!

—Y está pactando con Obama.
—Ése es otro juego del que tengo algunas ideas. Eso ya estaba muy armado. Si tú analizas, Cuba, antes del año 59, es el segundo producto interno bruto de América Latina. Es una pequeña isla donde hay una clase media alta muy pujante, muy productiva, y cultivada. Toda la sofisticación que andaba por el mundo terminaba en la “vida loca” de La Habana, en la sofisticación de La Habana, en la belleza de una ciudad que desde el siglo XVIII –a finales del XVII– crea la sociedad “Amigos del país”. Cuando se crea esta sociedad no es otra cosa que la conveniencia de que Cuba sea la “llave” del Golfo de México.

Los barcos de España tenían que pasar a La Habana. Reestructuraban su carga, dejaban la información que venía del imperio antes de salir a Puerto Rico, a México, etcétera. Un cubano se encarga de corromper el sistema y le paga al capitán del barco por la información que era para el capitán general, y antes de que esa información llegue a América sale a venderla allá. Cuando el barco va de vuelta a España o a Portugal o a Inglaterra, la información llega a La Habana. Está guardada en sellos, la copian, la reproducen y salen a Europa a venderla primero. Se hicieron fortunas, y de ahí viene todo el dinero que le permite a Cuba ser una república boyante en tan poco tiempo.

¿Entonces qué sucede? El gobierno norteamericano (estadunidense) es al final el imperio moderno. Y el imperio necesita hacer “taxable” (gravable) todo lo que se mueva. Igual que Roma, igual que Egipto, igual que cualquier imperio. Toda la ilegalidad que no funcionaba en los Estados Unidos era libre en La Habana. Además de que era “el gran experimento”: todo florecía.

Se “cae” La Habana, crece Las Vegas, y crece el negocio del Caribe. Tan sencillo como eso. Cuba era el segundo país con el producto interno bruto más alto, y en 56 años se vuelve el país más pobre de América después de Haití.

¿Con qué inundan La Florida? La Florida no era otra cosa que Miami Beach, con cuatro o cinco hoteles. Lo demás era pantano. ¿Con qué inundaron, con qué crearon esa necesidad de sentimientos, de necesidades emocionales? Con un exilio de cubanos con el dedo índice más chiquito, porque todos los años decían: “¡este año se caen, este año se caen!”… ¡El dedo de esos cubanos es de este tamaño! (Hace una seña. Risas).

Entonces tienen que llegar a Miami a empezar de cero. Y hacen que La Florida, particularmente Miami, que era una ciudad en un pantano, con dos o tres hoteles, sea la capital de América Latina. Lo que era Cuba en el año 59. El juego en La Habana dejó de ser libre y se volvió “taxable” en Las Vegas, en Atlantic City, en Miami. Al final, el imperio tiene negocios concretos. Yo no me engaño. Se creó una revolución.

La revolución de Fidel, ¿quién la paga? ¿Quién hace de Fidel una figura internacional? El New York Times. ¿De dónde salió el dinero? ¿De los tabaqueros de Tampa? Mentira. Ése era muy poco dinero. El dinero venía de las familias del norte, neoliberales, aparentemente demócratas, que estaban haciendo su juego. Y el juego está ahí. ¿Quién cuidaba a Fidel cuando iba a dar discursos a Estados Unidos? Pero, además, ¿a quién le vende y a quién le compra Cuba? El bloqueo es una gran mentira.

La Chrysler ha vendido carros toda una vida a través de sus sucursales en México, América Latina, donde quieras. ¿Cómo se mantiene Cuba? A través del exilio. Yo veía los estrenos de Hollywood al otro día en La Habana. Bueno, yo decía: ¿cómo entra la película si estamos bloqueados? Antes de salir de Cuba, tuve una colección de los periódicos Granma con los discursos de Fidel. Después del año 62, la única constante en el discurso, de manera espiral, es el bloqueo… El bloqueo… El bloqueo… Cuentas una mentira hasta que se hace verdad.

—Pero todo mundo está convencido del bloqueo. Nadie duda de eso.
—¿Cuál bloqueo? Si los productos americanos siempre han estado ahí. Al alcance de todos. El cine de Hollywood era “diversionismo” puro. Era la frase estúpida que siempre usaban. Querían decir contrarrevolucionario. Yo veía todas las películas norteamericanas,. Seguía viendo Mickey Mouse. También me “echaba” las caricaturas rusas, que eran muy malas, muy malas…

—En esos televisores rusos enormes a los que había que pegarles para que funcionaran…
—La televisión oficial estaba controlada por el gobierno. Los canales eran dos, pero eran muy pobres.

—¿Entonces es un mito genial?
—Para mí es un mito. Un gran negocio. ¿Quién se está beneficiando del tema? Tres o cuatro familias que de alguna manera han estado influenciando y condicionado el exilio también. Para mí el exilio tiene muchos matices ––con el mayor respeto para aquéllos que sí padecieron una situación trágica con las transformaciones de Cuba después del 59.

Pero hay un grupo de familias que aparentemente fueron las que más perdieron con la entrada de Fidel. Sus emporios en América Latina crecieron de manera salvaje, y ahora son los que propician el regreso.

—¿Los Bacardí?
—Entre otros… ¿Entonces? Cambia el perro, pero sigue siendo el mismo collar. O cambia el collar pero sigue el mismo perro. (Risas).

—¿Y los dueños del ron Havana? ¿Y los dueños de Cohiba?
—Son un grupo de familias. Un buen grupo de familias que han tenido el monopolio, y son los dueños del país. Es un juego. Obama es un peón. No creo en los presidentes, honestamente. No me interesan.

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Fuente: 24 Horas Puebla

Cuatro horas con Carlos Luna: El hombre que garabateaba paredes (Parte 2)

Por: Mario Alberto Mejía

Esta conversación con Carlos Luna se dio en el verano pasado y debió haberse publicado en los primeros números de 24 Horas Puebla, que, para entonces, estaba en gestación. Esto no ocurrió porque, como buen profesional, Luna quería mostrarle la entrevista a Claudia, su esposa, que siempre tiene una opinión de peso. Para que esto se diera, el talentoso Carlos A. Limón –gran lector, buen autor de ciencia ficción– tuvo a bien capturar la larguísima entrevista. ¿Resultado? Surgieron casi 90 mil caracteres con espacios. Una vez en sus manos, Carlos y Claudia la leyeron con lupa y así pasaron varios meses. Cuando por fin consideraron que estaba lo suficientemente consensuado, el material regresó a mí. Nuevo conflicto en la publicación: se atravesó cierto proceso electoral. Y es que una charla como la que el lector tiene ante sí merece toda la atención del mundo. Ahora que por fin ve la luz pública hay fiesta doble en Miami, donde reside Carlos, y en Puebla, donde resido yo.

En esta segunda parte hay tres temas torales: la tradición revolucionaria de la familia Luna, la esquizofrenia de su padre y el nacimiento de su vocación pictórica. En el primer caso, la estirpe del pintor se enfrentó en su momento a dos caudillos: Machado y Batista. Y más: estuvieron con Fidel en la Revolución Cubana y luego lo combatieron. De este último episodio nacieron la esquizofrenia de su padre y una serie de dibujos que en sus periodos de crisis garabateaba en las paredes de la casa. Cuando el niño Carlos Luna tuvo ante sí esos trabajos, algo dentro de él se movió y empezó a nacer el pintor que lo habita desmedidamente.

El hombre que garabateaba paredes
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*Calidez. Con unas raíces, por un lado del ambiente y la gente del Caribe, y por otra, la rigurosa tradición pictórica moderna, Carlos Luna obtiene lienzos de bello colorido.

—Hay un pasaje perturbador en tu vida: el de tu padre, quien sufría cierto tipo de esquizofrenia…
—Tengo empatía por los artistas outsiders: los artistas que tienen cierta condición mental y que trabajan obsesionados en su mundo.

—Van Gogh era un outsider…
—Era un outsider, literalmente. Mi padre, la familia de mi padre, estuvo involucrada en tirar a (Fidencio) Batista. En tirar a (Gerardo) Machado también. Apoyaron a Fidel (Castro Ruz) y después se subieron a la sierra a tirar a Fidel. Son parte de la comunidad de personas de la zona del Escambray, que se ubica en el centro de la isla.

Mi papá, después de la llegada de Fidel, sufrió mucho. Después de estar involucrada la familia se percató de algo que no es nítido. Protestan. Y les va mal. Luego se casa con mi mamá. En ese periodo comienza a deprimirse mucho.

Era muy común en las prácticas del sistema, en los primeros años, una forma de castigo. Si había un integrante de la familia que había protestado, a la mínima oportunidad se le aplicaban electrochoques. Y a mi padre le fue mal. Le dejó secuelas. Y mi papá lo único que tenía era una depresión.

—¿Entonces fue una esquizofrenia provocada?
—Sí. Totalmente. Mi papá estaba deprimido. Lloraba y no quería salir del cuarto. Entonces mi mamá, en su desesperación, acudió a las instancias de la época e internó a mi padre. Todo desembocó en ese triste proceso; como parte de la terapia le aplicaban electrochoques y lo tenían medicado todo el tiempo.

—Claro, la depresión es antirrevolucionaria. Es reaccionaria.
—Totalmente.

—Los poetas malditos franceses, con su spleen cotidiano, no hubieran vivido libres en la Cuba de Fidel.
—Exacto. No hubieran podido (Risas). En ese periodo enque tuvieron medicado a mi padre, cuando se iban los efectos del medicamento en la noche, mientras mi mamá dormía, él tomaba un lápiz o cualquier cosa y comenzaba a dibujar sobre la pared.

Por la mañana, cuando lo medicaban de nuevo, tapaban la pared. Un día, por alguna razón no lo hicieron, y entré a ver. Ahí se dio mi primer contacto con la creación “pura”, porque él no tenía la pretensión de ser un artista sino la necesidad de expresar cómo se sentía.

Las imágenes se me hicieron maravillosas. Eran imágenes del campo: caballos, un tipo corriendo, otro tipo con las manos en la cabeza, alguien en llamas, una mujer desnuda a caballo, un gallo cantando, fauna y flora copulando, perritos, gallitos, un carrito… Eran muchísimos dibujos.

—¿Con qué los dibujaba?
—Con lápiz y crayones míos. Todos dormían, menos él; y comenzaba a dibujar. Esa experiencia marcó muchas cosas de la estética de mi trabajo y un poco mi rebeldía respecto a la “poses” en el arte. Esa era una posición más intelectual, por decirlo de alguna manera. Algo más preconcebido.

La otra influencia importante viene de ver el altar de Juliana, mi abuela. Ella tenía, como todas las familias en Cuba, un altar donde estaba la triada obligatoria: la virgen de la Caridad del Cobre, santa Bárbara y san Lázaro.

También tenía unas reproducciones muy exquisitas de un grupo de Cristos. Tenía el Cristo de Velázquez, el de Andrea Mantegna, el de Grunewald… Además tenía un grupo de reproducciones del beato de Liébana sobre el Apocalipsis (de san Juan).

Me volvían loco esas imágenes, pero no sabía que eran arte. Sencillamente eran las imágenes religiosas de mi abuela, y me atraían.

—¿Bloqueaste a tu padre?…
—Básicamente, lo que hizo mi padre fue protegerme. Entendió que de niño tenía una personalidad muy activa: yo era inquieto, curioso, y una manera de protegerme fue poner “sobreorden” o “sobreautoridad” en las cosas.
Siempre tuve problemas con el tema. Entonces llega el momento en que todo hijo rechaza a sus “creadores” (los padres) y se rehace otra vez. Después les agradece.

Para mí fueron años muy conflictivos. Esos conflictos de redefinir mi identidad ante mis padres, o ante mi padre, hizo que “bloqueara” muchas vivencias muy simpáticas de él. Creo que mucho del humor en mi trabajo viene de ahí: de la “chispa” de mi padre. Era una “chispa” loca, fuera de control.

Todo el tiempo tenía un chiste en la boca, un comentario simpático en el que decías “¿de dónde sacaste eso, cabrón?”. Ese doble humor que no lo veo en mis hijos, pero sí en mi hija.

Ella tiene un humor negro tremendo. Pero hay algo dramático, de humor negro, mordaz. Eso está también en mi trabajo.

Y eso es de mi padre: reírse de la desgracia, hacer del peor momento algo chispeante.

Los piropos de mi padre para las señoritas eran increíbles.

—¿Qué tipo de piropos?
— “¡Si como caminas cocinas, hasta la ‘raspita’, mi reina!”, o “Arriba, mi reina, ¡a quemar cocos!”. Yo le decía: “Pa’, pero los cocos no se queman”. Y él respondía: “No, ¡pero se rayan!”. (Risas)

—¿Estudiaste Artes?
— Estudié Artes. A los 6 años fui campeón nacional de gimnasia en Cuba…

—¿Cómo, gimnasta?…
—Fui gimnasta. Hacía la “L” y el “Cristo”. Las argollas fueron mi gran ejercicio. Participé en el Campeonato Nacional. Mi papá quería que fuera médico porque él frustró su carrera en Medicina por meterse en la revolución.

Fui deportista desde muy chico. En el sistema educativo en Cuba había tres grandes escuelas: las de ciencias, las de deportes y las de artes. En ese orden de importancia. Con el tiempo, las de artes se volvieron las más importantes.

El sistema tenía en esos años un entrenamiento brutal. El entrenamiento técnico e intelectual eran muy sofisticados, y estuvimos expuestos a información de primera línea. Eso me permitió “quemar” muchas etapas muy rápido y entrar en contacto con el arte mexicano, con el arte prehispánico. La parte militar y trágica de los aztecas me parecían fabulosas. Octavio Paz lo explica muy bien en Los privilegios de la vista. De todo esto, en los primeros años del sistema educativo llega un gran libro a Cuba sobre (Rufino) Tamayo, publicado por la editorial Rivoli, con textos de Octavio Paz.

—Xavier Villaurrutia descubrió a Tamayo, pero Paz fue uno de sus promotores; ¿a qué edad leíste ese libro?
—Iba a cumplir exactamente 18 años cuando lo leí en la biblioteca. Fue un encuentro muy curioso porque en ese mismo periodo, en cuestión de un año, llegó a la biblioteca del Instituto Superior de Artes el libro de Tamayo, y al centro “Wilfredo Lam” le donan el libro Lo que el viento a Juárez, de (Francisco) Toledo.

—El Juárez de Toledo es el mejor. Es brutal, irónico, burlesco.
—El mejor Juárez. Esos dos libros me inspiraron, y en gran medida el de Toledo eso da “pie forzado” a mi serie de cuadros sobre (José) Martí. Sin embargo, después que salí de Cuba el tema de la imagen de Martí dejo de tener fuerza y, como en el caso de Toledo, que ridiculiza a Juárez, comencé a ridiculizar al innombrable: Fidel Castro.

— Los famosos bustos de Martí…
—¡Cómo ironicé con eso!

—¡Te inspiraste en Toledo!…
—Toledo abrió la puerta para ridiculizar o enaltecer al líder.

— Justo lo que hace Toledo: ridiculizarlo y enaltecerlo.
—Sí, ridiculizarlo, pero desde las artes plásticas. Desde los ya consagrados medios tradicionales de las artes plásticas, o de las artes visuales. Para mí fue como abrir una puerta. Sin embargo, Tamayo es un pintor extremadamente sofisticado dentro de la pintura mexicana, con el mayor respeto para Diego Rivera, para Siqueiros y para todos los demás.

—¿Entonces Tamayo podría ser realmente el primer pintor moderno que hubo en México? Suena a blasfemia.
—Pudiera ser. Con él me identificaba en esa tesis de ser contemporáneo sobre la base de una tradición. Él se sabe indio zapoteco. No tiene que pintar a un indio para decir que es un zapoteco. Yo no tengo que pintar a una morena bailando para decir que soy cubano.

Me pasó algo curioso cuando hice mi última exhibición en Puebla, allá por 2001, en el museo de Arte Virreinal. Iba todos los días al museo y les decía a los polis: “No digan que soy el artista”.

Un sábado había una pareja que no era de Puebla. Traían una carriola con un bebé e iban observando la exhibición. Yo los iba observando a la distancia como un espectador más. Podía escuchar por la acústica la conversación.

Entonces él decía: “El artista no puede ser mexicano, ¿no crees? Él tiene algo como del Caribe. No sé qué… A lo mejor Puerto Rico, Cuba. Hay una musicalidad en lo que hace… igual es de Veracruz. Igual y es jarocho”.

Seguimos caminando. Cuando entramos a la sala donde yo tenía las piezas de talavera y cerámica, entra alguien a esa parte y dice: “¡Carlos Luna, vine a Puebla, vine a ver tu exposición!”. La pareja se voltea, y el señor me dice: “¿Tú eres Carlos Luna? ¿El hijo o el papá? ¿Tú pintaste los cuadros?”. Sí, le dije, yo pinté los cuadros. “¿De dónde eres?”, me preguntó. Le dije que era de Cuba, pero que estaba aplatanado en Puebla. Entonces el tipo empieza a brincar y le dice a la señora: “¡Te lo dije, te lo dije! ¿Lo ves?”. (Risas)

Después de esa exhibición, que es justo antes de irme a Miami a vivir, Miguel Cervantes –y, en un momento también, Juan Soriano– me dijo: “Tienes que irte de México ya. Es importante que te vayas a otro contexto donde tu trabajo se abra a otras visiones y vuelvas a recontextualizar lo que para ti es importante como carrera o como medio expresivo.

Cuando llegué a Miami logré analizar que muchas de las reflexiones que hago vienen de pensar como muchos de los artista que admiro.

Por ejemplo, Tamayo se había alimentado de fuentes primigenias que se habían producido, pero no como arte. Se produjeron porque tenían una carga religiosa o porque había una tradición artesanal.

Eso me ayuda a reforzar esa tesis mía de ser “contemporáneo sobre la base de una tradición”, que a su vez yo percibía en otros creadores como Tamayo.

—Octavio Paz le llamaba “la tradición de la ruptura”
—Yo prefiero usar el termino “transformar” que “romper”. Cuando rompes, desechas.

Crear una cosa nueva es transformar lo que ya estaba en una nueva visión. Y esa nueva visión es una conquista personal que necesita imponerse y ganar espacio.

Es como el conquistador que domina a un pueblo, lo avasalla y al final termina influenciado por la cultura que ha conquistado. El conquistador termina siendo conquistado.

Cuatro horas con Carlos Luna: Un surtidor de imágenes que baila guaguancó (Parte 1)

Por: Mario Alberto Mejía

Como en una obra de teatro de Harold Pinter –escenografía escasa, luces tenues, dos actores solamente–, Carlos Luna y yo conversamos en el verano de 2015 en el contexto de una entrevista que duró cuatro horas.

El escenario no podía ser mejor: una mesa del restaurante El Desafuero, en Puebla, ciudad en la que el pintor nacido en Pinar del Río, Cuba, vivió varios y nutridos años.

Conocí a Carlos Luna cuatro veces. El entrañable Julián Ventosa Tanús me habló de su pintura, y por él la conocí. Sin saber que era cubano, apenas me puse frente a un lienzo suyo me llegaron ecos de las novelas de Cabrera Infante, matices de un viejo ron convertido en Cuba Libre, un aroma inevitable a los habanos Romeo y Julieta y, ya de salida el ojo, un aire de la obra de Wilfredo Lam.

La tercera vez lo conocí personalmente. Julián convocó a un grupo de amigos a una cena en El Desafuero. No pudimos platicar mucho porque los presentes sólo querían hablar de política. Así se nos fue la noche.

Finalmente llegó la cuarta vez. Del saludo pasamos a la entrevista que se volvió de inmediato una larga conversación sobre sus pasiones y amores: sus dos abuelas, la música, el baile, la pintura…

Carlos Luna es pintor, ceramista y escultor. Su obra, en efecto, tiene una deuda visible con la de un paisano suyo: Wilfredo Lam, quien durante su estancia en París se nutrió de lo mejor de Picasso, los pintores cubistas y el surrealismo. De regreso a Cuba, tropicalizó sus influencias. Cuando Luna abrió los ojos y descubrió a Lam cayó rendido ante su obra. Con el tiempo sumó otras enseñanzas y descubrió por sí mismo a Picasso, pero también a pintores oaxaqueños como Rufino Tamayo y Francisco Toledo, por ejemplo. Con los años, Carlos Luna maduró su obra y dejó salir su sello propio.

Como Marcel Proust, como José Lezama Lima, el pintor cubano padece asma desde niño. Su abuela Juliana, con quien pasó algunos de los mejores años de su vida, lo ayudaba cuando era víctima del hongus focus. “¡Respira, respira, contrólate!”, le gritaba para darle ánimos. Y así salía de sus crisis. Cuando Luna me narró esa escena no pude dejar de pensar en unas líneas vibrantes de Lezama Lima sobre el asma: “Vivo como los suicidas, me sumerjo en la muerte y al despertar me entrego a los placeres de la resurrección. Mi asma llega hasta mí en dos ondas: primero, desaparece por debajo del mar, y luego arriba al gran acuario donde todos los peces saborean el mundo. (…) Me consuela pensar en la infinita cofradía de grandes asmáticos que me ha precedido. Séneca fue el primero. Proust, que es de los últimos, moría tres veces cada noche para entregarse en las mañanas al disfrute de la vida. Yo mismo soy el asma, porque a la disnea de la enfermedad he sumado también la disnea de la inmovilidad. Aquí estoy, en mi sillón, condenado a la quietud, ya peregrino inmóvil para siempre. Mi único carruaje es la imaginación, pero no a secas: la mía tiene ojos de lince”.

Esta larga cita se reencuentra con Luna en la última imagen. Y es que este pintor, como la imaginación del gran poeta cubano, también tiene ojos de lince. Con ellos captura todos los días imágenes entrañables ligadas a sus dos abuelas, a su padre esquizofrénico, a sus pasos de baile en los barrios calientes de La Habana.

“Mijo, cántale a la vida, porque puede ser muy jodida”. Y vaya que Carlos le hizo caso. Ahí está su obra como muestra: la obra de un hombre infinitamente feliz. Juliana, su otra abuela, además de llenarlo de vida le contaba historias todo el tiempo. Y de ahí sacaba frases formidables. “Eres un espíritu viejo en un cuerpo niño”, le decía detrás de su vieja máquina de coser Singer. Aunque hubo días en que también le compartió tristezas: “No importa que yo no pueda salir de este país. Estoy como en una prisión, pero mi mente y mi espíritu son libres. Nadie los puede apresar.”

En esta primera entrega, Carlos Luna habla de las cosas vitales de su infancia, de sus abuelas entrañables, del guaguancó que lo hizo rehén en La Habana vieja y de esas primeras enseñanzas que lo han convertido en este surtidor que como el rayo de Miguel Hernández no cesa de generar imágenes.

Un surtidor de imágenes que baila guaguancó

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Danzón-Danzón Tecnica Mixta

—¿Cómo fue tu Habana para un infante difunto?
—Mi abuela Juliana me dio herramientas para redefinirme y declararme en mi individualidad como persona. Me dio seguridad. En mi experiencia, mis dos abuelas han sido muy importantes. De ellas aprendí cosas esenciales que han marcado mi vida. Siempre he pensado que estoy listo para ser abuelo.

Fue mi abuela Juliana quien estimuló mi carácter, mis decisiones. Me ayudó a “volar” con mi imaginación. “¡Tú puedes, tú puedes, tú puedes!”… “¡Respira, respira, contrólate!”… Eso me decía cuando me daban crisis de asma.

Por su parte, mi abuela Ramona, que fue una mujer que sufrió muchas tragedias, constantemente hacía del vivir una danza, un baile. Era una mujer que se levantaba cantando y bailando, y de la misma manera se acostaba a dormir. A pesar de haber padecido tanto, jamás dejó de cantarle a la vida. Ramona me decía: “Mijo, cántale a la vida, porque de otro modo la vida puede ser muy jodida. Es dura, es terrible, y todo lo que te queda es voltearte y sonreírle.”

Mi abuela Ramona tenía esa chispa, esa pasión por vivir. En cambio, mi abuela Juliana, con la que vivía más el diario y estaba más apegado, se concentraba en las pequeñas cosas. De ella aprendí la grandeza y lo monumental de los pequeños detalles. Ella me enseñó a ser curioso, a cuestionar, a preguntar. Hizo que el pensamiento fuera un músculo muy poderoso para mí. Ahora me doy cuenta la diferencia que hizo. Quizás se dio cuenta que tenía “hambre”, que podía hacerlo, y ella lo estimuló todo el tiempo.

Mi abuela Juliana cocinaba muy rico. Cuando llegaba del colegio ella tenía un dulcecito, una golosina para mí, y me contaba historias. De ahí viene mi placer por contar historias. Como pretexto cuento historias dentro de un cuadro para meterme en un problema estético. Ese gusto por el suceso cotidiano: desde un mantel bonito como motivo para crear otra cosa. La mesa de mi abuela era muy bella. Quizás de ahí viene el gusto por la losa poblana, por la talavera, y que haga tantas cosas con ella.

En la medida en que vas creciendo, que dejas de ser un niño para despertar a la realidad del mundo de los adultos, empecé a encontrarle el otro valor, la otra cara de la moneda de las enseñanzas de mis abuelos. Aprendí cómo pararme y enfrentar las cosas. Aprendí a confrontar las cosas: cómo apreciarlas.

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Aquella máquina Singer

Tengo varias frases que han sido constantes en mi vida: “Un hombre sin pasado es un hombre sin futuro”. “Si tú no sabes de dónde vienes, va a ser difícil definir en presente para dónde quieres ir”. “Soy contemporáneo sobre la base de una tradición”.

Crecí rodeado de tradiciones. Mi familia era un matriarcado. Mi abuela Juliana ponía las cosas en orden. Cuando se casa con mi abuelo, éste compra una máquina de coser Singer. Mi abuela había sido educada para ser un ama de casa exquisita: sabía cocinar, bordar, había estudiado en un colegio católico en La Habana para ser un modelo de esposa. Pero mi abuela decía: “soy católica, apostólica, romana y ‘chambelonera’, porque soy cubana”. (Risas).

A Juliana le encantaba el café. Era muy celosa con su café. Cuando mi abuelo compra la Singer, se la arman y le dice: “Mira, Juliana, aquí está la Singer, la mejor máquina de coser, bla-bla-bla…”. Entonces mi abuela le da un sorbo a su café, y le dice: “Genaro, si usted necesita compostura, contrate un sastre. Yo no coso para nadie”. (Risas). Te estoy hablando de 1937. Mi abuela volvió a coser el día que nací. Fue a verme al hospital. Vio que todo estaba bien, y dijo: “Él es especial”. Entonces sacó sus “agujitas” y se puso a tejer unas chambritas. (Risas).

Desconozco de dónde provenía esa pasión. Tenía muchos nietos. Y mi madre tuvo tres hijos más. Pero ella sembró en mí la pasión por vivir y por estar presente en el día a día. Mi abuela me dio estructura, me dio valores, me dio herramientas que me permitieron llegar a la vida adulta en temprano momento.

Mis dos abuelas fueron esenciales, pero hay mayor cúmulo de experiencias y anécdotas con Juliana, por haber vivido mi infancia con ella. Con ella comencé a percibir los diferentes matices que tiene la vida, a mirarla con diferentes prismas. Aprendí de todo: alegría, tristeza y violencia. Hay gente que me ha dicho: “No me gustan tus cuadros porque son muy felices”. ¡Soy un hombre feliz! No voy a hablar de algo que no soy. Otros me dicen: “Coño, tus cuadros son muy agresivos”. Bueno, a lo mejor tengo algo agresivo que decir. Otros dicen: “Oye, güey, esto es muy político”. En fin, ésa es la vida. Hay de todo. Y yo hablo de todo lo que he vivido.

Qué belleza…

Como cualquier otro niño en Cuba, nací y crecí escuchando música todo el día. A mis abuelas les fascinaban la música campesina y los ritmos tradicionales. Juliana prefería la música campesina. Mi padre escuchaba mucho a Benny Moré y a Ismael Rivera. Ya te podrás imaginar todo ese concierto diario. A todo esto hay que agregarle mi satisfacción al escuchar el bolero. No me quiero imaginar la sorpresa de los adultos alrededor de un niño tarareando y bailando boleros. Juliana siempre decía que era un espíritu viejo en un cuerpo niño.

Juliana me decía: “El dueño del barco eres tú. Haz que navegue”. Era una mujer inconforme con la educación oficial que se recibía en Cuba. El catecismo de odio que se impartía la irritaba. Su consejo era claro: “Ve a la escuela. Escúchalos, aprende, intégrate, pero mantén la riqueza que recibes aquí en tu casa, porque estás aprendiendo cosas que realmente vas a utilizar”.

Juliana me daba libros para leer la historia prohibida por el nuevo sistema. Con ella leí a Jose Martí por primera vez. Era un espíritu muy particular. Un día me dijo: “No importa que yo no pueda salir de este país. Estoy como en una prisión, pero mi mente y mi espíritu son libres. Nadie los puede apresar.” De ahí sale esta frase que comencé a decir ya estando en México : “Todo hombre nace libre, pero no todo hombre elige ser libre”.

—¿Ella qué estudió?
—Estudió artes y oficios. Estudió para ser un ama de casa perfecta.

—¿Dónde nació?
—En Pinar del Río. Ramona era de las Villas. En el centro del país.

—¿A los cuántos años muere?
—Juliana a los 78 años. Ramona a los 90.

—¿Mueren cuando ya estabas en México?
—En el caso de Ramona, sí. Es una pérdida importante que pude asimilar de manera diferente porque ya era un adulto con familia en México. En cambio la muerte de Juliana ocurre en un temprano momento de mi adolescencia. Viví su perdida de una manera diferente. Todavía la recuerdo con dolor y tristeza.

—¿Es la muerte que más te ha dolido en la vida?
—Es de las pérdidas que más he lamentado en mi vida. Todo se me fue al piso. Perdí la fe por vivir. No encontraba sosiego, y era un adolescente. No sentía la confianza para dialogar con alguien más. Me volví muy peleonero. También me refugié en la música. Siempre me gustó la rumba. De niño me escapaba al Cabildo de los Congos para ir a rumbear. Ya de adolescente comencé a visitar los barrios calientes de La Habana. Visitaba los barrios donde estaban los grandes músicos cubanos, los buenos “tumbadores”, los grandes bailadores de guaguancó. Es ahí, y en la pintura, donde me desahogo y encuentro sosiego por la pérdida de mi abuela.

—¿De qué barrios calientes me estás hablando?
—Del barrio de Belén, Los Sitios, Pogoloti, Cocosolo, San Leopoldo… Había una alta incidencia de delincuencia y gente que había pasado por las cárceles. En Cuba, en esos años, estar en desacuerdo con el régimen era infringir la ley, pero para sobrevivir había que infringirla, empezando por robar comida. Eran barrios en donde se vivía una filosofía de la calle. Habían muchos Pedro Navajas con estructuras y códigos sociales que se respetaban entre ellos. Como a mí me gustaba bailar rumba terminé colándome en esos barrios. Pensaban que era hijo o ahijado de alguien. Así comencé a tener amigos, familiaridad y hermandad en estos barrios. Y comencé a andar en ellos libremente.

Fuente: 24 Horas Puebla

Brigadistas, entre la necesidad y la pasión

Las campañas electorales generan empleos temporales, tal es el caso de aquellas personas que trabajan como brigadistas de algunos de los partidos políticos, que sin importar las inclemencias del tiempo están ahí para promover el voto a favor de los candidatos.

Durante el circular diario por las principales calles de la capital poblana, podemos ver las olas azules o rojas en apoyo a los dos principales candidatos a la gubernatura del estado de Puebla.

Entre porras, jingles de campaña, volantes y pegado de micro-perforados en los vehículos de los automovilistas, se genera una “batalla” marcada por el ritmo de la sincronización de los semáforos.

Ahí en un crucero, Efekto10 Noticias platicó con Alexis Daniel, quien nos dijo que la falta de estudios y de oportunidades, lo llevaron a “brigadear” en los cruceros a favor de uno de los candidatos a Casa Puebla.

Con un horario de 8 de la mañana a 2 de la tarde, participa junto con 20 personas de diferentes edades en la promoción de quien busca la llamada “minigubernatura”, por 100 pesos diarios, llegando a arriesgar su integridad física por los conductores imprudentes o groseros.

“Aquí andamos con lo de las brigadas, y como no hay chamba, pues fue el único lugar donde pudimos trabajar”.

Fuera de grabación, otra brigadista de “Dayana N” nos comentó que hay tres tipos de brigadistas, los que instalan propaganda, los que la cuidan y los que son “contratados” para destruir carteles, quienes usualmente trabajan de noche, aunque los partidos políticos, solo reconocen la existencia de los dos primeros.

Una de las grandes incógnitas es el pago que reciben los brigadistas. Si bien algunos reconocen que hay un precio por instalar determinada cantidad de propaganda, nadie habla abiertamente del tema.

El brigadista Javier Gómez señaló que en cuanto a lo económico “en algo nos ayuda, pero por lo regular, los partidos políticos dirán que el trabajo es mayoritariamente voluntario, los que trabajamos en esto no es por gusto político sino por necesidad, es muy raro que en verdad estén aquellos quienes realmente están a favor del candidato que representan”.

Los brigadistas son parte del paisaje electoral. Instalan propaganda, entregan volantes, con el fin de que los ciudadanos conozcan a los candidatos y puedan tomar una decisión el día de la jornada electoral.

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Foto: Es Imagen

Poblanos celebran el tradicional jueves de Corpus Christi

Miles de poblanos celebran el tradicional jueves de Corpus Christi, acompañados de “mulas”, “panzones” y muñecas conocidas como las “lolas” que son hechas de cartón, barro o cerámica, en las inmediaciones del centro histórico capitalino.

Efekto10 Noticias realizó un recorrido por las inmediaciones del Parián, sobre las calles 6 Norte desde o conocida antiguamente como la del Mesón, hasta llegar a la calle Juan de Palafox y Mendoza, donde se pudo observar a los cientos de puestos que expenden este tipo de artesanías, además de una gran variedad de antojitos mexicanos.

De acuerdo con los mismos expendedores colocados para la celebración del “Cuerpo de Cristo”, esta tradición tiene su origen en el siglo XVI y XVII cuando los entonces hacendados cargaban a sus bestias con la cosecha lograda en el año.

Así, más que en una fiesta litúrgica se convirtió en una expresión popular que hacía referencia al desfile que realizaban por la ciudad cientos de rancheros y pueblerinos que venían a ofrecer sus primicias; es decir, los diezmos, jalando a sus mulas, que estaban cargadas con las semillas y frutos de sus primeras cosechas.

Acompañando a la procesión venían los hombres engalanados y cargados de dinero, el cual dejarían a la iglesia como parte de su diezmo, el cual incluía también costales de maíz y frijol, productos de las primeras cosechas.

Durante este este recorrido, conocimos a Angélica Loza, quien se dedica a la elaboración de las llamadas “mulitas” y “panzones”, que están hechas a base de cerámica, desde hace más de 30 años se dedican a la elaboración de estas figuras.

“Hay una gran variedad de muñecas, se pueden encontrar muñecas de cabello corto, rubio o negro, con impresionantes labios rojos, en leotardo con muchas lentejuelas y escote en el pecho”.

Estas artesanías se expenden en diversos tamaños y precios, algunos van desde los 15 pesos hasta los 350 pesos. Ahora también se pueden rotular con el nombre que el cliente prefiera ya que pueden regalarse como broma o recuerdo.

Esta gran tradición reúne a comerciantes que venden antojitos mexicanos, juegos de canicas, panes, diversos factores como la disminución de espacios, tiempos y la crisis han repercutido en la disminución de sus ventas hasta en 50 por ciento, reportaron vendedores de la temporada.

De esta forma señalaron que a pesar de que los poblanos acuden a recorrer las calles, ya no compran tantos productos como antes, pues incluso se llevan los más económicos para no perder la tradición.

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Fotos: Es Imagen

Los hijos de la cárcel, inocencia en juego

Una cruda realidad al interior de penales en Puebla

Tania, tiene siete meses y lleva toda su vida en prisión. Ahí aprenderá a caminar, dirá sus primeras palabras, tendrá sus primeros juegos, sonrisas y llantos, pasará sus Reyes Magos o Navidad, incluso hasta sus primeras enfermedades.

La pequeña a quien se le cambió el nombre por protección, es uno de los 14 niños que viven en los Centros de Reinserción Social (Cereso) en Puebla, acompañando a sus madres reclusas.

Por ellos mismos, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, revisa que se protejan sus derechos en Puebla.

Todo parece indicar que Tania no verá jamás a su mamá fuera de los muros y enrejados del Cereso de San Miguel, el más grande del Estado poblano.

Shyrley Aparicio Apatlan, está consciente y toma con madurez los 77 años y medio de prisión que le fueron sentenciados por los delitos de secuestro y homicidio.

Pero la reconforta que tres años estará acompañada por su más pequeña hija, que ahora carga con orgullo, tan grande como el moño rojo que abarca casi toda su regordeta cabecita para adornar su escaso pelo y de este modo recibir a su papá.

Según estadísticas proporcionadas al reportero mediante la ley de transparencia por la Secretaría de Seguridad Pública en Puebla, de los 14 niños en prisiones, 11 se encuentran en San Miguel, la mayoría bebés como Tania.

En Puebla se permite la estancia de niños hasta tres años que acompañen a sus madres.

Pero la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) ya revisa el reglamento del Cereso en Puebla, para saber si se violan los derechos humanos de los niños que viven con sus madres internas.

Y es que el Artículo 32 del Reglamento de los Ceresos para el estado de Puebla, establece que los niños que residan con su madre interna no podrán permanecer ahí después de cumplir los tres años.

Sin embargo, una reclusa por medio de un amparo, ha logrado tener a su hijo hasta los cinco años, y la lucha sigue en los más altos tribunales.

En tanto, la Secretaría de Seguridad Pública Estatal (SSPE) a cargo de Jesús Rodríguez Almeida, guarda con recelo la información al negar una entrevista sobre el tema.

En Puebla existen 344 mujeres internas en los 22 centros de reinserción social, 11 de ellas purgan alguna condena en el CERESO de San Miguel acompañadas de sus bebés, el resto están en Tepeaca, Huejotzingo e Izúcar de Matamoros.

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Un cambio de vida

Shirley, con Tania en brazos, bien dormida pero sin faltarle su moño y mejor ropita blanca, recibe a su esposo en el patio del área femenil del penal de la capital poblana.

Desde la ciudad de México donde vive y trabaja, llega con bolsas con repleta de comida como casi todos los visitantes.

Pero sobresale una llena de pañales, mantitas, biberones, Gerbers, y uno que otro medicamento pediátrico.

Entusiasmado abraza a su pequeña quien seguirá durmiendo en caso toda la visita y solo despertará para ser alimentada con el preciado Gerber.

Shyrley, ignora porque fue trasladada hasta Puebla donde a nadie conoce, desde Aguascalientes, donde fueron cometidos los delitos que le imputaron.

Con cierta desconfianza accedió amablemente a platicar, pero se esfumó cuando contó cómo le llegó a cambiar la vida, así le brillaron sus ojos enmarcados por unas cejas pintadas y esbozó una sonrisa en el duro rostro.

Mujer de pocas palabras y carácter fuerte, como ella misma se dijo, señaló que por el contrario de lo que se pudiera pensar, la vida no se le ha complicado con la llegada de la bebé, sino la ha venido a mejorar por mucho.

Shyrley de 37 años de edad, fue detenida en 2008 en Aguascalientes acusada de ser la líder de una banda de secuestradores y del asesinato de una niña de nueve años de edad a quien tenían plagiada.

Apenas hace tres años fue sentenciada a la pena máxima 77 años y medio de prisión por ambos delitos, por lo que está consciente que será difícil volver a ser libre, aunque afirma que jamás tuvo el rol que le achacaron en el proceso, pero sí reconoce su participación en el plagio.

Ahora la vida para esta mujer -quien tiene cierta fama en el área femenil del penal-, como las manecillas del reloj, giran en un solo sentido: cuidar a su hija como lo haría cualquier madre.

El día se le va con los constantes los cambios de pañales, darle sus comidas a sus horas, consolarla cuando llora y jugar.

En su celda está acompañada de otras cuatro madres con bebés, así que los llantos son constantes, pero nadie se queja.

“Me embarace aquí, tuve un embarazo normal, con los cuidados necesarios y me programaron mi cesárea a la semana 36. Nació muy sana y gracias a Dios hasta la fecha es sana”, dijo orgullosa aunque guarda un Paracetamol en su celda por cualquier eventualidad.

Tania, como cualquier niña de su edad acude a su pediatra cada dos meses, pero la diferencia es que va con su papá solamente.

Shyrley sabe que tendrá a su bebé hasta los próximos dos años cinco meses, pero afirma que la disfrutara a lo máximo.

Además está consciente de que tiene que hablarle con la verdad: “no voy a ser como las demás compañeras que les dicen que están trabajando lejos, siempre es bueno decirle la verdad y le contaré como me hizo feliz en sus primeros años de vida”.

Y es que ahora, por el traslado tan lejano no puede ver a sus otras dos hijas de 12 y 14 años de edad, que viven con familiares en Aguascalientes.

“Hasta aquí nadie me visita, están muy lejos es difícil y entiendo, por lo menos mi bebé me da esa felicidad de ver a alguien”.

─¿Te arrepientes?

─Es que dijeron cosas que yo no, le aumentaron, lo único que sí sé, es que comete uno decisiones equivocadas que te arruinan la vida, pero ahora al menos tengo a mi bebé que me ayuda sin saberlo.


Bajo amparo

Karina Velázquez Atienza, consignada en 2001 y sentenciada a 50 años, por ser responsable del secuestro y homicidio de la estudiante Marisol Catalán, ganó un amparo para que su hija Ana José, estuviera acompañándola en San Miguel, hasta los cinco años.

Por cuestiones escolares, la niña gracias al amparo entra los sábados y sale los domingos por la tarde.

En febrero de 2016, la SCJN anunció que analizará el Artículo 32 del Reglamento de los Cereso en Puebla que establece, que los menores vivan con su madre interna, hasta los 3 años de edad.

Presuntamente es un reglamento que podría violar los derechos de los infantes al ser separados de la madre a muy corta edad, pero también al permanecer dentro de la prisión.

La ponencia presentada por el ministro Arturo Zaldívar Lelo de Larrea, ante los ministros de la Primera Sala, resolvió la solicitud de reasunción de competencia 61/2015, para determinar si dicho reglamento viola los derechos de los niños en la situación referida.

El artículo 32 a revisión, podría resultar contrario al principio de interés superior del menor de edad y el derecho a la protección de la familia.

En este sentido, dos personas que procrearon a un hijo al compurgar una sentencia en prisión y el niño vivió en el centro de reinserción hasta cumplir los tres años de edad, ante la imposibilidad de que permanezca con su madre reclaman la inconstitucionalidad del reglamento.

El ministro Zaldívar Lelo de Larrea consideró de la mayor importancia y trascendencia atraer el caso, ya que su resolución implicará efectuar un pronunciamiento en relación con los principios constitucionales de la más alta jerarquía.

“Está primero el interés superior del menor y la protección a la familia”, dijo.

Un Día del Niño en prisión

Guadalupe Domínguez, baja del camión CREE- Madero, que va atiborrado, acompañada de unas gemelitas de tres años de edad y un niño de ocho.

Mientras tanto, otro familiar, un joven adolescente, baja dos pesadas bolsas con comida, donde sobresalen las Coca Cola de tres litros. De este modo llegan casi al mediodía para pasar el Día del Niño en prisión.

Como ellos, decenas de familias con niños, llegan a San Miguel cada fin de semana, pequeños que lo ven con toda normalidad y día de paseo entrar al reclusorio.

Son enormes las filas para el ingreso, sobre todo de las personas que llevan los bultos, los que son revisados minuciosamente en la entrada, no solo con un aparato de rayos x, sino a bolsa por bolsa por los custodios.

Pero también cada persona es revisada por diversos custodios o custodias, sin ninguna discriminación, mujeres, hombres, niños, niñas o desde un bebé, hasta a ancianos.

Doña Guadalupe, explicó que cada semana desde hace tres meses acude con sus hijos a ver a Erick Hernández, y hasta el momento no han sufrido restricción alguna.

“En un principio se les hace difícil a los niños, más cuando se les hace la revisión, pero después se acostumbran”, dijo al señalar que siempre se les habló con la verdad que su pariente cometió un delito y por eso está en la cárcel.

─¿Qué dicen los niños?

─Les da miedo, pero se acostumbran

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Historia detrás de un volante

Originaria de Huauchinango, Rocío Negrete Zamora es de las pocas mujeres que desde hace 7 años se dedica a manejar un taxi en la ciudad de Puebla.

“Rocío Negrete Zamora para servirle, me dedico a mi taxi, me mantengo de ser taxista del Consejo Taxistas del Estado de Puebla, y en ese ramo nos mantenemos en el mayor tiempo de nuestra vida, tenemos 7 años en este empleo”.

Su trabajo como taxista la ha colocado en situaciones de discriminación que le llegan de usuarios y usuarias por considerarla una conductora no apta o fuera de lugar en un sector donde ha sido explotado por hombres.

“Pues no mucho verdad, pero sí hemos visto que la gente del mismo sexo la ven a uno manejar no quieren subirse, mejor espero otro y nos dejan ahí con un palmo, los hombres también me lo han hecho, pero en su mayoría damos más confianza a los hombres pues damos un poco de más confianza en el volante y no con la adrenalina más alta como ellos”.

Para Rocío “La Vaquera” como todos la conocen el estar detrás de un volante no es una de sus principales actividades ya que ella es jugadora de básquetbol profesional y que incluso ha llegado a poner el nombre de México en lo alto en diferentes países.

“Pues en mis tiempos libres al basquetbol le hemos jugado durante muchos años y hemos dado muy buenos resultados a Puebla y Tlaxcala, jugamos en lo que antes era Abejas Poblanas, jugamos en liga mexicana durante tres años y con el profesor Jorge Palou, jugamos un internacional con Nebraska donde se le ganó por primera vez en Puebla y en el Liga Mexicana sacamos el primer lugar en canasteo”.

Gracias al basquetbol representó en El Salvador y en participará en la categoría master en Colombia.

“Sí, apenas recientemente se nos dio la oportunidad de representar a México en El Salvador en categoría master, ahorita el nuevo proyecto es ir a Colombia, está programado el viaje del 12 al 18 de mayo”.

La falta de apoyo por parte de las autoridades son uno de los principales obstáculos a los que se tiene que enfrentar ya que en la mayoría de ocasiones los gastos corren por cuenta propia y son los amigos y los conocidos quienes le brindan un poco de ayuda económica.

“Trabajamos y andamos pidiendo ayuda con amigas, conocidos y algunas que otras empresas particulares que son quienes nos llegan a ayudar con algo, pero nosotros tenemos que solventar el gasto, pero ahora que representamos para Colombia en la Selección Nacional para mí es un orgullo representar a Puebla en categoría master, lamentablemente no contamos con apoyo, esperemos que alguna asociación o una empresa nos quiera representar voluntariamente”.

Como jugadora de basquetbol ha recibido diferentes que portando el numero 4 siempre ha recibido los primeros lugares, combinando el basquetbol y la ruleteada es así como pasan los días de está guerrera poblana que a diario trabaja en busca de ser mejor cada día.

La deportista
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Las Mambas Negras, sexys jugadoras poblanas de la LIBF

Para muchos hombres el futbol americano es un deporte de gran fascinación, pero al conocer a las Mambas Negras, equipo de la Liga Iberoamericana de Bikini Football (LIBF), representantes de la Angelópolis, les llamará mucho más la atención, ya que reúne a las más bellas mujeres del ámbito deportivo, expertas en distintas disciplinas como fitness, karate, bailarinas, aerobics y físicoculturismo, entre otras actividades.

Las Mambas Negras nacen el 15 de diciembre del año 2014, fue a través de un casting como se conformó el equipo, donde tuvieron que cumplir con los requisitos principales: aptitud deportiva e imagen, ya que liga debe aprobar su ingreso.

Para Zyanya Murcie Vidal, el futbol americano ya es toda una tradición familiar, mostrando su afición a este deporte, sin importar que es bailarina en el emparrillado ha mostrado su fuerza y su coraje.

“Soy nose-guard en la de defensa, y war en la ofensa, bueno, mi familia se dedica al futbol americano, entonces, yo supongo que ya lo traía en la sangre, realmente no tuve inicios deportivos como tal, yo soy bailarina de ballet, entonces, nada que ver con esto, pero siempre me ha gustado verlo, me ha gustado ver a mis hermanos, a mi papá jugar, entonces es un estilo de vida que fui adoptando, porque ya no me que quedó de otra por así decirlo, fue un gusto adquirido y cuando me decidí entrar aquí al futbol americano fue como para mantener esa tradición familiar, para mantenerme unida con mi familia”.

Dentro de este equipo de sexis deportistas conocimos a Karina Oropeza, quien ya jugaba tocho y al enterarse de la conformación de este equipo no dudó en integrarse al equipo, para demostrar su belleza y temperamento, a pesar de lo que le pueda pasar en la cancha.

“Yo soy corredora y line Baker, bueno, a mí me encanta este deporte o sea, se me hace muy padre y muy completo, te exige mucho físicamente y también mentalmente, es de mucha estrategia y también muy fuerte y también el plus de que lo juegas y también está esta parte de te tienes que ver bonita, como que no cortas la parte de que te tiene que ver femenina, con la parte de que es un deporte de contacto bien padre”.

“Nos ha tocado de todo, por ejemplo a mí los dos primeros partidos, me acuerdo que yo decía que no quiero que me bajen el calzón y fui a la única que le bajaron el calzón, entonces es mejor llegar sin pensar lo que te pueda pasar, porque yo creo que te pasa”.

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Otra bella jugadora es Graciela Moreno, desde pequeña le gustó este deporte y no dudó en ningún momento el poder practicarlo, aunque su máxima preocupación era por de lucir bien en bikini.

“Juego de corredora y a la defensa de line Baker, pues siempre me gustó el futbol americano, lo había visto desde niña, no me había percatado que existía para mujeres, entonces se dio la oportunidad de entrar en esta modalidad de bikini, y pues me animé porque, pues no es lo mismo salir vestida, que en bikini y además de jugar bien el futbol, te tienes que ver bien, esa era la preocupación.

Y detrás de un equipo existe un entrenador e Iván Murcia tiene que realizar esta ardua actividad, pero alguien lo tiene que hacer, lo que le ha llenado de satisfacciones dentro de la cancha.

“Soy el entrenador en jefe de las Mambas Negras, nosotros nos encargamos del entrenamiento de las chicas, la cuestión física y táctica, así como todo lo que conlleva, la planeación, los juegos que vienen próximamente.

A diferencia de futbol americano varonil, las jugadoras no tienen tanta protección como los hombres y el juego depende más bien de la habilidad, astucia y fuerza de cada una de estas guerreras, ya que su uniforme consta solamente de short corto (tipo cachetero), top tipo bra, calcetas, tenis con tacones, coderas y rodilleras, casco tipo de hockey, shoulders, guantes y protector bucal, lo que hace un deleite para los ojos de los caballeros.

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“Yoyo” Garduño, el luchador poblano (AUDIO)

Si alguien pensaba que los luchadores no se juegan la vida en los cuadriláteros que lo piense dos veces, Juan Ramón Garduño Anaya, mejor conocido como el “Yoyo Garduño”, hijo de Ramón Ladislao Garduño Vázquez, de quien le heredó el nombre, desde los 4 años comenzó en el arte de la lucha libre, siendo tanto su gusto por el arte del pancracio que llegó a lastimar a sus hermanos.
“A la edad de 4 años cuando supe que mi padre era luchador, ya te imaginarás, mi padre fue lo máximo, fue mi ídolo, empecé a crecer con esa idea, empecé a hacer mis pininos en la casa ya sabes, fue motivo de problemas, a mi hermano le rompí la boca y le abrí la lengua, le partí la lengua, fue una niñez muy activa”.
Después de varios años de entrenamiento por parte de su padre, hizo equipo con otros gladiadores, debutando un 10 de noviembre en la ciudad de Orizaba, Veracruz, bajo el nombre del “El Moro”, haciendo dupla con su hermano, quien llevaba el nombre de “Stranger”, su primo el “Ninja Blanco” y su cuñado “Shassari”.
“Padrísimo, porque en el ambiente luchístico, nos conocían como los hijos del Yoyo Garduño; claro, con nuestros nombres del ‘Moro’, ‘Stranger’ y Fernando era mi primo y lo hicieron mi pareja, el Ninja Blanco, entonces hicimos una fama tremenda entre el ‘Moro’ y ‘Ninja Blanco’ para ‘Stranger’ que era mi hermano y ‘Shassari’”.
Ya en el ámbito profesional llegó a luchar con varias figuras reconocidas siendo una de ellas, Pedro, el Perro Aguayo, a quien le llegó a ganar en más de una ocasión, así como Octagón, El Súper Muñeco y la leyenda, el Huracán Ramírez.
“Luego ya me aventé un mano a mano con el Perrito Aguayo, luego ya fueron tres luchas seguiditas, primero, dos contra dos, luego tres contra tres, y luego un mano a mano; en ese entonces yo le gané, nos dimos un agarrón padrísimo, que cuando me dieron mi copota hermosa, casi de mi tamaño, que me la quita y que la rompe arriba del ring con la pierna y que me la avienta, y todavía se para en las cuerdas y agarró la copa y se la estrelló en la espalda”.
Uno de los personajes a quién más admiró, fue el luchador Fishman con quien tuvo la oportunidad de compartir el ring en el municipio de Tepeaca.
“Para mí era ‘Fishman’, su físico, su traje, todo, cuando vi ese físico, y lo vi sin mascara y lo vi muy pegado con la Lola González y luego ya sabes por ahí andas investigando y ya te dicen es un pirata, es un bucanero”.
Dentro del arte de la lucha libre encontró a muchos amigos, pero también hubo con quien se dio hasta con la cubeta, como lo fue “Escudo Negro”, llegando a sufrir ambos luchadores lesiones de consideración, así como con el “Súper Muñeco”, con quien perdió la cabellera.
“Con ‘Escudo Negro’, allá en el Xonaca, una vez nos dimos hasta con la cubeta, dos veces yo le rompí la pierna y él me zafó el hombro y la clavícula, si tú ves aquí no está normal, en está fue la clavícula con una llave y yo le rompí la rodilla”.

A lo largo de estos años como luchar sufrió constantemente lesiones, pero a pesar de estas, no han sido impedimento para seguir arriba del ring, y niega que sea una farsa como muchos los aseguran.

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Los tacos del Pasaje, una añeja tradición poblana (AUDIO)

Doña María Joaquina Armenta Urbano, desde hace más de 44 años, se dedica a vender tacos, pero no son unos tacos cualquiera, son los ya famosos tacos de Doña Mary o los tacos del Pasaje del Ayuntamiento.
“Yo soy María Joaquina Armenta Urbano, me dedico a mi negocio a trabajar, a venir a vender, a trabajar para mantener a mis hijos”.
Oriunda del municipio de Libres llegó a la ciudad de Puebla con sus 8 hijos, donde conoció a Don Mauro con quien procreó 2 hijos más, nos comenta que en alguna ocasión al pasar por el zócalo de la ciudad recibió la invitación por parte de los voceadores para vender sus tacos junto al local de Don Hernaldo Fernández, iniciando de este modo con la tradición culinaria.
“44 años, pues mi venta fue en la Central de Abastos, yo venía caminado, me pararon ahí en zócalo, ahí estaban los voceadores, y los voceadores fueron los que me eligieron para venir a vender aquí al pasaje, y de ahí el señor Hernaldo Fernández es el que me dio permiso para vender junto a él, por él estoy acá”.
Son por lo menos 17 los guisados que puede uno encontrar, entre los más famosos son los de milanesa, pata de puerco, chicharrón, mollejas, entre otros…
“Pata de puerco, chicharrón, mollejas, riñones, huazontles, chiles rellenos, hay de variedad, pancita, lo que más se vende es bistec, chicharrón y la pata”.
Desde muy temprano se levanta a preparar los ingredientes que lleva cada uno de los exquisitos tacos, acompañada de su hija Maricela.
“Yo me levanto al 10 para las 4 de la mañana yo y mi hija Maricela, y entre las 2 guisamos y entre las dos trabajamos y venimos a vender y mi otra hija la que me viene ayudar a vender llega cuando ya terminamos de guisar y ya tenemos listas las canastas y nos ayuda a la despachada”.
A lo largo de estos años han sido muchas las personalidades que han degustado los famosos tacos, entre diputados, magistrados y presidentes municipales.
“El licenciado Pacheco, Jorge Murad y así, han pasado a echarse su taquito; ahora, el señor Tony Gali también me aprecia mucho y ha venido a comer sus tacos, todos han venido y me han felicitado por mis tacos, por mi trabajo y por mi limpieza”.
Servidos con doble tortilla por si lleva mucha hambre si usted es capaz de llegar al segundo taco puede tener consecuencias mayores, una de ellas es que ya no coma durante el resto del día o en caso extremo que se vuelva adicto y cada mañana regrese por uno de la caminata matutina.
“Yo llego a las 9 de la mañana y a esta hora me voy a las 4 de la tarde, cuando está muy buena la venta a las 3 o 3:30 ya no hay nada, pero cuando está baja la venta me voy más tarde”.
Doña Mary, como todo mundo la conoce, ha sido una mujer trabajadora, que toda su vida ha vendido los famosos tacos de guisado y ha sido reconocida y admirada por su trabajo.
Los tacos son un alimento muy nutritivo, si quieres estar fuerte y sano come tacos desde temprano.

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